Con Todas las cosas que nos salieron mal, Comic Sans da un paso adelante sin perder el descaro que define a la banda. El cuarteto donostiarra convierte desamor, precariedad laboral y pequeñas derrotas cotidianas en himnos de midwest emo atravesados por pop-punk, math rock y mucho sentido del humor. Un álbum que afianza su identidad sonora mientras demuestra que, a veces, reírse del desastre también puede ser una forma de catarsis.
Comic Sans entiende la música como un espacio de desahogo desde el que convertir experiencias personales en relatos compartidos. En su nuevo álbum, esa idea toma forma a través de ocho canciones que canalizan desamor, incertidumbre laboral y frustraciones cotidianas desde una mirada honesta, irónica y generacional. Lejos de repetir fórmulas anteriores, la banda aprovecha este álbum para ampliar su lenguaje sonoro y explorar nuevas estructuras dentro de su particular cruce entre géneros. Desde lo sonoro hasta lo lírico, el disco encuentra equilibrio entre la técnica y la espontaneidad, entre la complejidad instrumental y una frescura que los define desde sus inicios. El resultado es un diario maldito donde el caos, el humor y la vulnerabilidad conviven para dar forma al trabajo más sólido y personal de Comic Sans hasta la fecha.
Para quienes no os conocen aún, ¿cómo describiríais vuestra música y vuestra propuesta en una frase?
Nuestra música está enmarcada dentro del subgénero midwest emo, incluye sonidos del punk, del post-hardcore, del pop, el indie e incluso el math rock, cañero y melódico a partes iguales. Ante todo, nos consideramos un grupo divertido de escuchar y cantar, sobre todo en directo.
Vuestro nombre, Comic Sans, es llamativo y divertido, una tipografía que se usa mayormente de forma irónica. ¿Qué os llevó a elegirlo y cómo creéis que representa vuestra música o personalidad como banda?
La forma de elegirlo fue bastante fortuita. Manza trabajaba de camarero y, cuando tenía que hacer el menú del día, al seleccionar la fuente vio la Comic Sans y le pareció un buen nombre. Todos estábamos de acuerdo. Representa bastante el espíritu desenfadado y accesible de la banda. ¡Qué mejor forma de no tomarse demasiado en serio a uno mismo que con la Comic Sans!
Todas las cosas que nos salieron mal es vuestro tercer álbum. ¿Qué lo diferencia de trabajos anteriores y qué queríais transmitir con él?
Este trabajo tira más hacia los sonidos del pop-punk, no queríamos hacer una copia del segundo álbum. Hemos usado efectos y estructuras que no habíamos usado hasta ahora y hemos puesto más cuidado en las letras, en tratar temáticas que vayan más allá del desamor. Si en Éramos felices y no lo sabíamos hablábamos más sobre la nostalgia de la infancia y la adolescencia, este disco trata más sobre las desavenencias de la vida adulta.
En referencia al título, ¿cuál es la cosa más absurda o inesperada que os salió mal mientras lo grababais?
Una de las guías que llevamos como referencia estaba grabada en una tonalidad distinta. Diego grabó el bajo y luego tuvo que irse del estudio por trabajo. Después, cuando llegó la hora de grabar las guitarras, fue el momento del desastre; menos mal que la magia del estudio puede salvar nuestras torpezas.
“Ante todo, nos consideramos un grupo divertido de escuchar y cantar, sobre todo en directo.”
¿Cómo ha sido el proceso creativo en grupo para este disco? ¿Hubo debates o diferencias fuertes sobre la dirección musical?
El proceso fue complicado porque vivimos en ciudades distintas. El grupo de WhatsApp era un hervidero de vídeos de trozos de canciones y audios. Por suerte, todos vamos bastante a una en lo que a la dirección musical respecta, así que la parte de las diferencias nos la pudimos ahorrar.
El disco se describe como un “diario maldito” donde volcáis frustraciones personales y generacionales. ¿Cuánto hay de autobiográfico en las letras y cuánto es ficción o exageración?
Todo es bastante autobiográfico, todos hemos tenido bastantes desastres amorosos, laborales y de la vida en general. Alguna licencia hay y luego está la mítica de juntar experiencias similares en una misma canción, pero hay poca ficción, no sé si por suerte o por desgracia.
¿Qué es más terapéutico para vosotros: tocar un riff complicado o soltar una frase sarcástica en la letra?
Lo que más nos sirve es la parte instrumental, disfrutamos mucho cuando todo empasta bien entre los cuatro por muy complicado que suene. En el fondo estamos en esto para pasarlo bien y estar tocando temas tan atléticos es definitivamente terapéutico.
¿Quién es el miembro más impaciente o perfeccionista a la hora de grabar, y quién el más relajado?
Ander es el más perfeccionista, siempre hace repetir a los demás las cosas para que salgan como deben, aunque en general todos somos bastante relajados, intentamos maximizar el disfrute.
El single Spiderman 2 habla de decepciones en salidas con amigos. ¿Alguna anécdota real que inspirara esta canción?
Esta canción está basada en varias experiencias reales saliendo de fiesta por Madrid. Aplicaría a cualquier ciudad grande en la que estés un poco fuera de lugar. Nosotros somos más de latas en la calle o de antros de barrio.
“Cuando empezamos teníamos una gran urgencia por sonar como los grupos que nos gustaban. Ahora estamos abriendo más nuestro abanico.”
La banda mezcla midwest emo, pop-punk y math rock. ¿Cómo ha evolucionado vuestra relación con estos géneros desde que empezasteis?
Cuando empezamos estábamos totalmente obsesionados con estos géneros, teníamos una gran urgencia por sonar como los grupos que nos gustaban. Ahora estamos abriendo más nuestro abanico de influencias, intentando incorporar sonidos que se salgan un poco de la fórmula. Pero en el coche seguimos cantando a toda voz los grandes clásicos del emo.
Cosas que salen mal abre el álbum con un tono popero, mientras que temas como Gasolina mutante son más largos y complejos. ¿Cómo elegís el orden de las canciones en un disco?
Nos costó elegir el orden al no ser un disco conceptual o con conexiones entre temas. Fue un intento de ordenarlo por moods: empezar más poperos y accesibles y dejar para el final los temas más densos como Gasolina mutante. Una especie de premio para quien se escuche el disco entero.
Cada canción tiene momentos coreables y riffs frenéticos. ¿Cómo equilibráis la técnica musical con la accesibilidad para el público?
El público es muy diverso, hay gente que disfruta con los riffs, cuanto más enrevesados mejor. Y hay otra gente a la que lo que le gusta es gritar los estribillos o los gang vocals con nosotros. Al final, como ofrecemos un poco de las dos cosas y podemos contentar a mucha gente, accesibilidad asegurada.
En entrevistas anteriores habéis dicho que lo más importante al tocar es divertiros y no andaros por las ramas. ¿Cómo mantenéis esa filosofía cuando trabajáis en algo más serio como un álbum completo?
En la composición es fácil porque lo que hacemos nos gusta mucho, es muy divertido tocar lo que nos gusta. Respecto al estudio, estar grabando en Sant Feliu, con su playa y sus tabernas legendarias, hace muy fácil que el proceso sea divertido. La semana de grabación fue prácticamente una semana de vacaciones en el Mediterráneo con comida rica, cócteles y helado por el paseo marítimo.
En Godzilla vs Rayquaza habláis de estar en paro mirando patos en el parque. ¿Alguna vez habéis tenido un momento así en la vida real?
Muchos, más de los que nos gustarían. Es una sensación extraña la de estar deambulando por un parque o por una calle en horario laboral, con todo el mundo atareado y tú sintiéndote en dique seco. Definitivamente no son unas vacaciones.
“Uno no puede elegir lo que le pasa, pero sí cómo afrontarlo. En estas situaciones, el humor es nuestra mejor herramienta, somos partidarios del disfrute.”
Muchas canciones abordan el desamor y la frustración laboral. ¿Qué importancia tiene para vosotros reflejar experiencias generacionales en vuestra música?
No conocemos otra forma de expresarnos. No somos grandes escritores tampoco, sacamos la inspiración de las cosas que nos pasan. Somos generacionales por accidente.
Estos no son los droides que buscáis habla de la precariedad en la industria musical. ¿Cómo vivís vosotros la situación de la música independiente en España?
Me da la sensación de que eso de la música independiente es un concepto bastante borroso hoy en día. En el entorno en que intentamos movernos hemos conocido a muchos de nuestros mejores amigos. Músicos y personas increíbles que se dejan la piel en programar fiestas y bolos con bandas alternativas por todo el Estado. Existen grupos con propuestas fresquísimas, aunque casi siempre se mueven por los márgenes: centros sociales, gaztetxes, festivales pequeños, etc. Bajo la etiqueta de independiente existen también quienes parece que no comulgan con estas prácticas de apoyo mutuo, que miran más por sus propios intereses. También quienes quieren aprovecharse de la precariedad de muchas músicas y músicos para prometerles algo mejor, arrastrándoles a los circuitos más hegemónicos: macrofestivales o salas monopolísticas que matan la cultura y la música independientes de verdad.
A pesar de que el disco habla de frustraciones, hay bastante humor en las letras. ¿Os ayuda a afrontar mejor esas situaciones?
Sin duda. Uno no puede elegir lo que le pasa, pero sí cómo afrontarlo. En estas situaciones, el humor es nuestra mejor herramienta, somos partidarios del disfrute.
¿Qué canción del disco consideráis la más difícil de tocar en directo y por qué?
Cada uno diríamos una distinta, cada uno nos complicamos la vida de una forma en cada tema. Para Ander la más complicada es Spiderman 2 porque hay que tocar ese riff y cantar a la vez, y le cuesta. Para Mickele sería Godzilla vs Rayquaza, porque se inventó una batería muy intrincada y la tocamos bastante más deprisa que en el disco.
Finalmente, ¿qué esperáis que el público sienta o se lleve después de escuchar Todas las cosas que nos salieron mal?
Esperamos que acaben el disco con una sonrisa y con ganas de volver a escucharlo, a ser posible en directo. Lo mejor que te puede pasar como músico es que la gente haga las canciones suyas, que les emocionen y se identifiquen con ellas, ya sea en lo lírico o en lo instrumental.
