Mil quinientos grados Celsius es lo que se necesita para fundir el acero. El punto de fusión del prejuicio, ese que alude a la transferencia de cualidades emocionales, solo lo conoce Christian Lagata. Una muestra afilada de sus virtudes como creador de nuevas anatomías es su exposición Metal del verano, en el C3A de Córdoba, que se puede visitar hasta el 17 de mayo.
Con destellos afilados en plata, óxido y metal, las esculturas industriales de Lagata, compuestas de residuo, resignifican el espacio liminar entre lo habitable y lo inhabitable. Revelando zonas ocultas y técnicas, el descubrimiento de una nueva anatomía, con costillas de metal, no imposibilita la esperanza de poder anidar incluso en la violencia. El jerezano ha intervenido la sala T3, desde sus esquinas más populares hasta sus zonas técnicas, en un ejercicio que estructura nuevas vías de cohabitar lo periférico así como el encuentro del refugio incluso en el residuo. Se alza en la sala una invitación a reconocernos como partes de la estructura, como un residuo más de un mundo postindustrial que vertebra el hogar en la frontera entre la violencia y la familiaridad. Metal del verano no es una provocación, es una invitación. Dejaos fundir.

Christian, me permites empezar por preguntar, ¿quién es Christian Lagata? ¿Por qué creas, cuál es la fuerza motora?
Nací en 1986 en Jerez de la Frontera, en Cádiz, y vivo en Madrid desde hace ya diecisiete años, donde tengo mi taller, en el que vivo. Mi fuerza motora es, como la de la mayoría de artistas, intentar encontrar a través de lo que hacemos una serie de respuestas. El arte nos permite acercarnos de una manera más íntima a una serie de cuestionamientos que de otra manera sería más complicado.
Esa búsqueda de respuestas ¿cómo la expresas con los materiales? ¿Siempre has trabajado el mensaje a través de los materiales o texturas industriales?
Es cierto que en mi práctica hay una repetición de este tipo de materiales, sobre todo industriales o menos nobles, más relacionados con los desechos u objetos encontrados. Mi práctica viene dada por una necesidad de contar algo y el material aparece como consecuencia. Estudié fotografía y empecé a acercarme a la escultura de una manera mucho más autodidacta. Me parece que ese proceso de trabajo es muy rico a la hora de tener respuestas.
Tu última obra, Metal de verano, bebe del poema de José Manuel Caballero Bonald que alude a la transferencia de cualidades ambientales. ¿Por qué te interesa esa sinapsis, ese estado de transición o contacto/diálogo entre materiales? ¿Qué comunica el estado de transición?
Caballero Bonald es un poeta que nació en Jerez de la Frontera, como yo. Me interesa mucho esa idea de mi origen en uno de los lugares donde más horas de sol hay en toda la península. En ese contexto, guardo mis primeros recuerdos y acercamientos con los materiales o con los objetos en este tipo de escenarios, como pueden ser los solares en desuso, los descampados o fronterizos. Me interesaba colocarlos en otro lugar y explorar la idea del calor aplicado a los materiales y cómo los transforma en otra cosa. Me parece que hay algo muy interesante en eso, una metamorfosis en el material y en los objetos gracias a la luz y el calor.
En este caso, no solo lo exploro conceptualmente sino también en el tratamiento del material. La pieza Gran serpiente, pequeña serpiente son unas formas tubulares, con formas antropomórficas, en las que aplico el calor al acero inoxidable directamente para generar una serie de colores que te remiten a lo animal. Me interesan mucho ese tipo de juegos: un material aparentemente frío y cortante se puede convertir en algo más cálido, incluso en la idea de lo animal.
En este caso, no solo lo exploro conceptualmente sino también en el tratamiento del material. La pieza Gran serpiente, pequeña serpiente son unas formas tubulares, con formas antropomórficas, en las que aplico el calor al acero inoxidable directamente para generar una serie de colores que te remiten a lo animal. Me interesan mucho ese tipo de juegos: un material aparentemente frío y cortante se puede convertir en algo más cálido, incluso en la idea de lo animal.
¿Te consideras un material más de la obra?
Me gusta pensar que el cuerpo forma parte de las esculturas, también por la idea de tener una relación directa con la propia arquitectura en la ciudad o con los objetos y elementos arquitectónicos. Vamos impregnándonos en todo este tipo de elementos y se van quedando en los materiales.
¿Es la arquitectura una prolongación del ser o al revés?
Hay una relación muy estrecha entre el cuerpo y la arquitectura. El origen de la arquitectura viene de esa relación directa con el cuerpo y para facilitar la vida. Claro que también me interesa la idea de cómo habitar estos espacios, visualizar el cuerpo en diferentes espacios en un solo espacio. Esa idea de intentar llegar a otros lugares a través de la propia arquitectura.
Con Metal de verano, intervienes o revelas espacios del edifico C3A de las zonas técnicas del centro que no suelen verse. ¿De dónde nace ese interés por la arquitectura oculta? ¿Te ha revelado algo de ti mismo que no conocieras?
Con los espacios ocultos, quise vincular esa idea de lo inaccesible a los espacios mentales, nuestra propia conciencia, enfatizando la idea de la arquitectura como una propia extensión del cuerpo y espiritual. Hay una frase de Juhani Pallasmaa que me marcó mucho, “la arquitectura nos conecta con la muerte”. En la frase reside la idea de dialogar con los espacios de una manera más allá de lo estructural, y eso me parece muy poderoso.
¿Cómo definirías tu invitación a aquellos que se adentren en tu exposición en una frase?
No lo haría.
Lo mejor que puedes hacer. Otra pregunta, ¿somos residuos? ¿Involucrarías materiales orgánicos en tu obra alguna vez o consideras el material industrial parte de nuestra nueva biología?
Hay una relación muy estrecha y una manera muy metafórica de considerar el cuerpo con este tipo de objetos, escenarios o materiales. Me gusta el vínculo del cuerpo y el tiempo. Cuando miro un elemento que me encuentro en el suelo que tiene ya cierta patina, una vida dada y un deterioro, me gusta pensar en el cuerpo. El cuerpo ha estado ahí, ha dejado una huella.
Hablando de tiempo, pasado y futuro, tu último trabajo se presenta mucho más afilado y agresivo que Tablao. Escenario de formas en el arte contemporáneo andaluz. ¿Encuentras en lo afilado modos de cuestionar el límite más eficiente? ¿Existe el arte eficiente?
Metal del verano es una evolución con más experimentación técnica, más introspección personal. Siempre me gusta arrojar luz sobre esa idea de lo cortante, sobre lo que aparentemente puede ser muy frío y cortante, darle esa vuelta y llevármelo a la idea del calor, darle una segunda lectura. Es cierto que la parte orgánica tiene peso y es lo que te lleva a esa idea del cobijo, pero sigue habiendo esa intención de cuestionar dónde poder encontrar ese cobijo. Pero no creo que sea especialmente más agresivo. Hay más tripa, por así decirlo, esa idea de...
De lo crudo.
Exacto, de lo crudo. Esa es la palabra.
Según el comisario de la exposición, Marc Navarro, construyes desde el recoveco y el desecho, sugiriendo estructuras esenciales para el cobijo. ¿Dónde sueles encontrar cobijo habitualmente? ¿En qué medida estamos abocados al amparo?
Me gusta cuestionar y proponer la idea de encontrar cobijo donde no es habitual. Paseo mucho, y en la deriva, en el pasear, encuentro muchas veces respuestas o una ayuda inesperada en el modo de cuestionar. Me gusta pasear por espacios fronterizos entre la naturaleza y, de repente, la M30. En ese lugar con muchísimo ruido, donde hay mucho tráfico de coches, donde se supone que hay una agresividad muy latente, me gusta pensar que dentro de todo ese ruido y todo ese caos, en esos conductos de ventilación, puedes encontrar cobijo.
¿En qué medida debemos reeducar nuestro modo de cohabitar? ¿Cómo lo sugieres en Metal del verano?
Ahora se vive una situación muy fuerte con todo lo que está pasando, a nivel social y político. De repente los espacios que habitamos, con todo el tema de la crisis de la vivienda, se transforman. Hay una presión muy latente y, de alguna manera, mentalmente necesitamos escapar, encontrar cobijos en otros lugares. Todo ello bajo el sentimiento profundo de urgencia. En este tipo de obras también se ve esa idea de la arquitectura de urgencia, de construir con poco, como hacen los animales, la arquitectura no humana. La paloma es un ejemplo de resistencia de la ciudad: se hace un nido con un trozo de paja o de rama, pero igual te pilla un palo de Chupa-Chups u otros desechos y restos.
¿En qué encuentras belleza?
Me tranquiliza mucho encontrar belleza en lugares y situaciones en las que normalmente no las encontramos, como ese ejercicio de entregar el ojo para llegar a ese tipo de regalos.
¿Qué denuncias? ¿Qué celebras?
Me gusta pensar que a través de lo que hago denuncio situaciones en las que vivimos actualmente, como todo este tipo de denuncias sociales, políticas y vitales incluso. Y celebro la posibilidad de autoconciencia.
¿El arte nos salvará?
El arte nos puede ayudar a entender.














