Carla Fuentes, que empezó su trayectoria artística como ilustradora, ahora se centra en la pintura, aunque sueña con poder combinar ambas. Construye sus obras desde la quietud: ir al estudio cada día, pintar y dejar que las ideas vayan apareciendo. Su trabajo, enfocado en la figuración, consiste en series donde los cuadros dialogan entre sí. Desde En boca cerrada también entran moscas hasta Flores rotas o su proyecto más reciente, Los conductores, que expone hasta el 24 de enero en la galería Río & Meñaka (Madrid), su interés se ha centrado en reflexionar sobre la comunicación y los vínculos desde una mirada nostálgica, autobiográfica e íntima.
Sus personajes, de rasgos poco comunes, ¿pero a quién le gusta lo normativo?, buscan incomodar suavemente al espectador y alejarse de la imagen perfecta. En Los conductores, los coches se convierten en símbolos de libertad que trasladan recuerdos. En un mundo dominado por las pantallas y la inmediatez, la artista reivindica la experiencia de ver el arte en persona y no solo a través de las redes.
Hola, Carla, bienvenida de vuelta. En 2022 te entrevistamos y hablamos sobre tu proyecto En boca cerrada también entran moscas. ¿Cómo dirías que ha evolucionado tu manera de crear desde entonces?
En estos dos, tres años, mi manera de crear más o menos ha sido la misma, aunque creo que sí se nota una ligera evolución técnica. Intento buscar un tema sobre el que indagar y de ahí generar una colección en la que todos los cuadros dialogan de una manera u otra entre ellos, aunque también funcionen de forma individual.
Desde la colección de las moscas ha habido otra por medio, Flores rotas, que trataba sobre las relaciones y sobre lo que significan las flores y el acto de regalarlas. En En boca cerrada también entran moscas, mi intención era hacer un doble retrato sobre la manera que tenemos de comunicarnos a través de las redes, y Los conductores es claramente una exposición nostálgica a través de los coches. Quizá ese ha sido el recorrido evolutivo a nivel vital que he estado experimentando.
Desde la colección de las moscas ha habido otra por medio, Flores rotas, que trataba sobre las relaciones y sobre lo que significan las flores y el acto de regalarlas. En En boca cerrada también entran moscas, mi intención era hacer un doble retrato sobre la manera que tenemos de comunicarnos a través de las redes, y Los conductores es claramente una exposición nostálgica a través de los coches. Quizá ese ha sido el recorrido evolutivo a nivel vital que he estado experimentando.
Te graduaste en Diseño de Moda y Bellas Artes. Empezaste como ilustradora pero ahora tu trabajo se centra en la pintura figurativa. ¿Qué te impulsó a dar ese giro?
Siempre he pintado y, desde un principio, aunque mi fuente de ingresos fuese la ilustración, he creado mis propias colecciones pictóricas ajenas a lo comercial. Mi primera exposición, Los sentados, hace ya diez años, la hice en uno de los mejores momentos a nivel de trabajo de ilustración. No creo que haya dado un giro ni aparcado la ilustración porque me parece un oficio muy bonito, simplemente la vida me ha dado más tiempo para dedicarle a la pintura. Compaginar ambas cosas sería genial.
Para Los conductores has utilizado el óleo. ¿Qué tiene esta técnica que te guste?
Llevo muchos años pintando con óleo. Cuando estudié Bellas Artes le cogí manía porque me parecía una técnica antigua y que no sabía usar, pero con los años le cogí cariño, hice mis experimentos y creo que no podría dejarla. Cuando aprendes a pintar en óleo, no hay vuelta atrás. Es muy gratificante y puedes conseguir muchos matices y muchas capas increíbles sobre el lienzo.
Dices que la pintura hay que verla en directo y no a través de una pantalla. En una sociedad donde las redes sociales están tan presentes, ¿qué papel juegan para ti en tu carrera como artista?
En redes hay que estar. Si no estás en ellas, no existes, directamente. Y más cuando tu trabajo está hecho para ser visto y tener espectadores. Creo que se pueden tener únicamente de un modo profesional y también servir de portafolio, pero no sustituir el ir a los museos o ver la pintura con su tamaño real, tal y como fue esa obra concebida. El tamaño también es una decisión importante del artista (en mi caso lo es); mis cuadros son generalmente de formato grande y creo que la experiencia cambia significativamente cuando los ves en la realidad y puedes acercarte a mirar cómo están hechos. Los ojos miran diferente a una pintura cara a cara que en la pantalla de un teléfono. Es terrible ser testigo de cómo todo lo que vemos se ha reducido a algo tan pequeño y tan lleno de ruido y estímulos.

En esta generación existe mucha presión, y vivimos constantemente compitiendo con los demás, y comparándonos mucho también. ¿Cómo vives tú este fenómeno? ¿El arte ayuda a soportarlo?
A mí me ayuda a superar la presión el acto de ir todos los días a mi estudio, entrar allí, coger los pinceles y ser capaz de estar más de cuatro horas concentrada haciendo una única cosa que es pintar. Un acto total de meditación. Y es tan maravilloso que siento que es lo único que quiero hacer en este mundo. Pero cuando levanto la cabeza de ese ensimismamiento y me enfrento al móvil y a la vida real, ahí todo cambia, ahí sí empiezan los malestares y todas las comparaciones.
No es un mundo fácil y hay que tener suerte y saber relacionarse. Hay mucha gente con talento queriendo ser artistas. Es una tarta pequeña para mucha gente golosa. Creo que si todo eso te puede y no eres capaz de pintar tranquila, entonces es mejor retirarse. Si pintar sigue siendo lo que más te gusta, entonces vale la pena un día más en el estudio.
No es un mundo fácil y hay que tener suerte y saber relacionarse. Hay mucha gente con talento queriendo ser artistas. Es una tarta pequeña para mucha gente golosa. Creo que si todo eso te puede y no eres capaz de pintar tranquila, entonces es mejor retirarse. Si pintar sigue siendo lo que más te gusta, entonces vale la pena un día más en el estudio.
Hablemos de los rostros que vemos en los cuadros. Dices que buscas incomodar al espectador con caras poco comunes que tienen una expresión neutra. ¿Por qué?
Me gustan las caras raras, salir de los cánones establecidos de perfección y simetría y ofrecer al que mira algo más inquietante, diferente. Para cosas bien hechas y bonitas ya está la fotografía. Para mí, la pintura tiene que generar otros estímulos. Busco siempre un tipo de rostros que me llaman también la atención en la vida real. Creo que si miras mis cuadros, todos los retratos tienen mucho en común. En estas últimas colecciones he empezado a incluir modelos reales, gente que tiene esos rasgos que más me gustan.
Desde pequeña te han gustado mucho los coches porque significan empezar una nueva etapa de la vida que marca la vida adulta y la libertad. ¿Cuál fue tu primer coche y qué significó para ti?
Cuando me saqué el carnet, me compraron un Micra negro, allá por el 2004. Y cuando vives en un pueblo en el que no hay nada, tener coche lo es todo. Estoy segura de que este sentimiento es algo común. Te da una libertad que antes no tenías y vas a sitios a los que siempre habías querido ir por tu propio pie. Podía viajar con poco dinero, incluso dormir en el coche. Fui a ciudades donde no había estado con quien yo quería. La vida en las ciudades es muy diferente, pero cuando vienes de un pueblo, creo que este sentimiento de conseguir el carnet significa todo.

¿Hay alguna historia en un coche que te haya inspirado a la hora de crear alguna de tus obras?
Todos los coches que he retratado en esta exposición tienen un significado especial, si no para mí, para los personajes que forman parte de ella. El Peugeot 306 gris es el coche al que más cariño le tiene Roberto, uno de los retratados. Era el automóvil de su tío, con el que viajaba en su infancia. El Corvette naranja es el coche de la abuela de una amiga estadounidense, y comenta que aún lo conduce y lo luce por las calles de Austin. Y el Mazda rojo MX5 es uno de los coches favoritos de mi padre. Casi todos tenemos una pequeña historia que nos une a un coche.
Los coches tienen un valor sentimental, como cuando te mudas de casa y dejas atrás todos los recuerdos y momentos vividos. ¿Te consideras una persona sensible y nostálgica?
Me siento más nostálgica ahora, cuando creo que ya tengo un buen pasado al que echar de menos. Esta colección es un homenaje a la Carla de veinte años, cuando empecé a pintar y ya hice algunos primeros cuadros de coches. Esa manera de pintar, fresca y espontánea, sin miedo, sin proporciones… se pierde con los años. Hay una frescura en todo aquello que ya de forma natural no tengo. En esta colección me he forzado a eso, a volver aquellas líneas más crudas, más sencillas. Y he pensado que hacerlo con los coches y algunos retratos podría ser interesante, ya que juntos, en díptico, funcionan como un viaje desde el pasado hasta el presente.
En esta exposición utilizas los coches como medio para expresar la nostalgia. Si no los hubieras elegido, ¿qué otro objeto o tema habrías considerado dibujar que te evocara el mismo sentimiento?
Las piscinas me producen un sentimiento de nostalgia también. Las piscinas grandes de zonas de apartamentos donde se baña mucha gente en verano.
Decías que los coches ya no tienen color, son todos de tonalidades apagadas y tristes. En cambio, en tus obras vemos colores vivos. Háblanos más de esto.
Tiendo siempre a los colores saturados. Pero el color, en general, se está perdiendo. Las casas, los coches, la ropa, los bares… nada tiene color. Se premian los beiges y los neutros. El negro. La gente no pinta sus casas con color, ni pone papeles. Tampoco compra muebles de colores. Los coches hace cincuenta o sesenta años eran de colores, ahora son todos blancos, grises y negros. Cada vez se ven menos y desaparecerán. Y por inercia de esto, a veces, quiero hacer los cuadros con menos colores. Pero he pensado que no es buena idea, por eso sigue siendo un homenaje mi pintura al color. A los rojos. Creo que es una zona en el arte más interesante donde estar, donde hay color.

De las dieciocho obras, ¿cuál es la que más te ha gustado hacer y la que tiene un significado más personal?
La última, la más grande. Se titula Ciego de estrellas saliendo de Barraca. Es una mezcla entre un recuerdo y un sueño, y es la más loca. Me gusta porque es la que introduce a las siguientes.
Tu último libro, Flores rotas, recoge en ciento noventa y cuatro páginas las pinturas al óleo que mostraban lo que significan las flores en nuestra sociedad, su valor y el papel que juegan en las relaciones. ¿Te has planteado hacer lo mismo con Los conductores?
Sí. Cuando termine la serie, haré un libro. Ya tengo pensado cómo será y su maquetación. Me gusta recoger las colecciones en libros para acompañar también a las obras de pequeños textos y reflexiones que hacen entender mejor todo el concepto del proyecto.
Después de esta exposición, ¿qué te depara el futuro? ¿Tienes planes en cuanto a nuevos proyectos artísticos?
Mi idea es seguir pintando y exponer en ferias y galerías. Hacer proyectos con otra gente interesante y seguir con la dirección de arte en el mundo del cine, que es otra rama que me encanta.





