Con un sol resplandeciente y el mar Mediterráneo a pocos pasos de distancia, da inicio la 37.ª edición de 080 Barcelona Fashion en su nuevo hogar. La primera jornada de desfiles nos da la bienvenida con el retorno de Manuel Bolaño a las pasarelas con su firma Bolaño, y una propuesta donde la oscuridad y profundidad del negro desprenden un delicado y nostálgico romanticismo. Una dualidad que logra contener dentro de sí la esencia característica de la marca y un innegable deseo de romper con lo establecido, pero no de forma agresiva, sino con el cuidado, la paciencia y el cariño indispensables en el buen ejercicio de la moda.
Textos y música en francés ambientan la pasarela momentos antes del gran retorno de Bolaño a la misma, tras ocho años de ausencia. Algo romántico y delicado es lo que se espera si tratamos de deducir cómo lucirá la colección con tan solo la elección musical como pista y contexto, y aunque la respuesta a nuestras hipótesis no dista mucho de estos dos adjetivos, la definición de los mismos cambia, se renueva y se oscurece. La decisión de presentar una propuesta mayoritariamente negra, siendo este uno de los colores menos predilectos del diseñador, es la primera de una serie de dicotomías que se exploran en Plan B y que, dentro del contraste y choque de opuestos, logran crear una armonía que se mantiene presente desde el primer look hasta el último.
Si bien la colección cuenta con una evidente inspiración clásica y victoriana, principalmente en lo concerniente a siluetas y tipologías de prenda, la disrupción creada al mirar hacia abajo, al calzado, se extiende en detalles cuidadosos pero significativos a lo largo de la colección. Los tacones Pleaser, con su innegable carga de sensualidad y sexualidad, comparten protagonismo con vestidos y prendas exteriores de aspecto clásico, en ocasiones casi recatado; un breve pero poderoso resumen de las dimensiones que la figura femenina puede contener en sí misma, sin llegar a resultar discordante.
Un vestido de pequeños volantes y cuello Peter Pan puede convivir con media de rejilla y botas extralargas de charol; un romántico vestido con cintura ceñida y lazos en la zona frontal puede dejar al desnudo toda la parte posterior del cuerpo y la elegante transparencia de un tul plisado puede dejar al descubierto la provocativa lencería que se esconde en el interior. Estas estéticas aparentemente opuestas encuentran el balance perfecto, un balance que depende en su mayoría del ojo, la mano y la mente que los sabe unir, que sabe hallar el equilibrio entre business in the front and party in the back.
La monocromía da lugar a la exaltación de otras cualidades dentro de la elaboración de las prendas más allá de su color, y en el caso de esta colección, la amplia y acertada elección de los materiales se ve potenciada por la predominancia del negro en todas sus variantes. Dentro de los looks se cuentan numerosas fuentes de inspiración de elementos que gustan al diseñador, procedentes tanto del mundo del arte como de su vida personal. Al ser esta una zona de confort en el proceso creativo, esa incomodidad, esa sensación de desafío y reto tan importante en el oficio, procede esta vez del uso de su color menos favorito para la mayoría de las prendas.
Difícil decir que se hace evidente su desagrado por el negro, pues el tratamiento dado al mismo es resaltable, y el juego de texturas, contrastes y transparencias sacan a relucir lo mejor de la ausencia de color; sin embargo, la breve pero significativa aparición del rosa y el gris demuestra que la propuesta funciona igual de bien con color que sin.
El primer look, la icónica y viral chaqueta con cuatro cabezas de osos en su variante negra llevada por la modelo Marta Español, una favorita del diseñador, y el último look, un romántico vestido con crinolina entre victoriano y lolita, resumen el ADN dual de la marca, capaz de generar momentos e imágenes que permanecen fácilmente en la mente de quien los percibe y asimismo construir un universo técnico pero emotivo, radical pero sutil, oscuro pero lleno de luz.













