Muchos empezaban el año diciendo que 2026 era el nuevo 2016. Pero no para Bad Gyal. Aunque la artista lanzara Slow Wine Mixtape hace diez años, sus tres conciertos en el Palau Sant Jordi de Barcelona para presentar Más cara, su nuevo álbum, han dejado una cosa clara: en todo este tiempo ha aprendido a dominar el escenario, ha perfeccionado las coreografías, ha trabajado su voz, su producción, su puesta en escena y se ha transformado en la superestrella global que siempre había querido.
Poco queda de esa Alba Farelo que producía desde casa, con más intuición que técnica y más ambición que conocimiento. Ahora llena estadios (los próximos, Madrid, València, Sevilla, Bilbao y A Coruña), colabora con productores reconocidos y se corona frente a decenas de miles de personas. Alba ha arrancado el concierto casi con prisa: el Palau se ha venido abajo a gritos cuando han sonado los primeros acordes de Un coro y ya, unos graves reconocibles al instante, a los que han seguido tracks también del nuevo álbum como Más cara y Gatitas. Muchas bailarinas en el escenario, un público entregado y Alba comandando detrás de un antifaz translúcido y tacones de aguja que no le impiden bailar sino todo lo contrario.
Sorprende, en tan pocos minutos, ver a una Bad Gyal tan segura de sí misma: casi no queda rastro de ese autotune que reverberaba más que el eco de una cueva, ni de esos contoneos tan calculados que la asemejaban más a una escultura clásica que a una artista en movimiento. Tal vez sea por el lema del álbum, por esos diez años a sus espaldas, o porque su madurez como artista y como persona la han hecho comprender que sí, como ella misma reza en sus letras, es el pussy k mana.
En el Más cara tour, Alba ha venido a ofrecer espectáculo (como siempre, sí, pero da un paso más): en Perro empuña un cuchillo con el que se pasea amenazante por el escenario; en Te daré somete a uno de sus bailarines para demostrar quién manda; en De por vida, más hacia el final del concierto, se sube a una mesa giratoria en la que baila y canta; y en Fuma, una de las últimas canciones, la locura se desata entre ella y los bailarines. Y entre esas primeras y las últimas, también reserva un hueco a modo de medley para cantar éxitos anteriores a este último álbum (aunque no se va muy atrás en el tiempo, eso de la nostalgia no va con ella): Chulo pt. 2, Flow2000 o Bling Bling hacen que el público enloquezca y las coree a todo pulmón, arropando a Alba con el furor incontenible del directo.
A pesar de poner la directa y tener un show calculado al milímetro, la artista también encuentra un momentito para tomarse un respiro y hablar con sus fans: “Sabéis que os quiero mucho, que siempre os voy a agradecer apoyarme desde el principio. Hoy rematamos un finde épico, qué placer hacerlo con vosotros. ¡Nos fuimos!”. Efectivamente, “épico” es un buen adjetivo para describir ese concierto que, como ya viene siendo tradición, corona por todo lo alto con un himno intergeneracional, Fiebre.





