Entre todas se encargaron de reunir elementos que recordaran, por alguna razón, al territorio que tenían en mente para el proyecto. Desde frutas y flores que, por suerte, pudieron comprar apuradamente, hasta objetos personales de los propios integrantes del equipo –de viajes anteriores, conseguidos en mercados de pulgas, encontrados paseando… Para reflejar “la libertad y la sensación de estar en otro lugar, el poder de transportarnos que tienen los objetos”, algo que, teniendo en cuenta las circunstancias, se hace muy necesario.
Aunque es más habitual ver el nombre de Aylen Torres ligado a las instantáneas de moda, no es la primera vez que hace este tipo de fotografía. “Los bodegones forman parte de mi trabajo desde siempre”, nos dice. En sus editoriales siempre suele haber algún bodegón o paisaje para ayudar a contextualizar la historia. Sin embargo, reconoce que es la primera vez que dedica una serie exclusivamente a los bodegones. Puede ser que, contra todo pronóstico, la cuarentena se haya convertido en un buen momento para sacarle partido a la creatividad.
La artista tiene otro ejemplo: ahora, además de organizar sus fotos, mirar viejos proyectos y buscar inspiración, está trabajando en una serie de collages. Creatividad, curiosidad y tiempo libre pueden dar buenos resultados, pero eso sí, como confiesa Aylen, sin presionarse más de la cuenta: “si te ocurre que quieres pasar todo un día mirando una serie, también me parece válido, es el momento de no meterse presión, de no calcular, de hacer los proyectos que quieras hacer realmente”.






















