Hace unos días nos encontramos con Patricia y Paul en una cafetería del centro de Barcelona para hablar de su nuevo álbum, Humble. Bastaron un par de minutos de conversación para ver su honestidad y su amor por los ‘atzuris’, sus fans. Los dos componentes de Atzur son tan distintos como sus países de origen, España y Austria, pero los une algo mucho más fuerte que la nacionalidad: la pasión por su música y un proyecto que va más allá de triunfar en la radio; ellos buscan conectar desde la verdad.
Su segundo álbum es un grito a descubrir quién eres, a darte el valor que mereces y a no achantarte ante un mundo que intenta constantemente minimizarnos. Tras Strange Rituals (2023), Patricia y Paul vuelven más fuertes que nunca, resurgidos de sus propias cenizas, demostrando que podemos escoger nuestra propia aventura y seguir nuestro camino. Sus dos discos reflejan perfectamente sus personalidades: uno es introspectivo, tímido y reservado; el otro, pura energía, atrevido y sin filtros.
Humble es también una definición de humildad muy distinta a la que solemos imaginar: no es desde la arrogancia, sino desde el ‘sé quién soy y lo que valgo’. La conversación con ellos fue de esas que te acompañan días después, porque más que una entrevista parecía una charla entre amigos, en la que descubrías no solo un álbum, sino también la fuerza de un proyecto que nació en una app de citas y que hoy llena salas gracias a la autenticidad de su música y a la conexión real con sus Atzuris.
Os conocisteis a través de una app de citas y a raíz de eso surgió vuestro proyecto musical. ¿Cómo fue ese encuentro y cómo llegó a lo que es ahora?
Patricia: Nos conocimos en la app, sí. Paul ya tenía algún grupo de música, yo nunca había tenido uno, pero había estudiado en el liceo y hacía música para mí. Nos conocimos y empecé a ir a conciertos suyos y a giras que hacían. Me di cuenta de que yo también podía hacer eso. Le enseñé algunas canciones que tenía y le interesaron, así que decidimos probar suerte.
No empezó directamente con la idea de hacer un grupo, fue más empezar una conversación sobre lo que queríamos cada uno y las ideas que teníamos: quiero hablar contigo de estos temas, que conozcas esto que hago y que me des tu opinión, pero no fue con esta idea de grandeza. Fue algo más orgánico, como conocer a una persona que entiende el lenguaje que tú hablas.
No empezó directamente con la idea de hacer un grupo, fue más empezar una conversación sobre lo que queríamos cada uno y las ideas que teníamos: quiero hablar contigo de estos temas, que conozcas esto que hago y que me des tu opinión, pero no fue con esta idea de grandeza. Fue algo más orgánico, como conocer a una persona que entiende el lenguaje que tú hablas.
Vuestro álbum debut, Strange Rituals, era un viaje emocional, casi terapéutico, en el que mostrabais una exploración interior tras pasar una mala temporada. En cambio, Humble es el ave fénix que ha resurgido de sus cenizas y se muestra más fuerte y más seguro. ¿Cómo ha sido este proceso?
Patricia: Strange Rituals vino porque perdí a mi padre y estaba de luto y no soy de esas personas que buscan hundirse más, así que traté al álbum como algo más terapéutico. He visto que a mucha gente le ha acompañado, no solo a gente que estaba pasando por lo mismo que yo, sino que lo trasladaban a otros aspectos de su vida.
Con Humble empezamos a hacer canciones sobre las cosas que sentíamos, obviamente como la mayoría de los artistas; necesitas expresar algo y haces canciones. Y de golpe nuestro exmanager nos timó y nos robó, fue como salir de una relación tóxica. Te das cuenta de que tú puedes salir de situaciones empeorado o más débil o puedes salir fortalecido, que fue nuestro caso. Algo tan negativo es lo que nos ha hecho coger carrerilla y nos ha catapultado. Esto, en cierto modo, definió lo que iba a ser el álbum. No teníamos una idea preconcebida de cómo queríamos que fuese, pero sucedió esto y fue el hilo conductor.
Con Humble empezamos a hacer canciones sobre las cosas que sentíamos, obviamente como la mayoría de los artistas; necesitas expresar algo y haces canciones. Y de golpe nuestro exmanager nos timó y nos robó, fue como salir de una relación tóxica. Te das cuenta de que tú puedes salir de situaciones empeorado o más débil o puedes salir fortalecido, que fue nuestro caso. Algo tan negativo es lo que nos ha hecho coger carrerilla y nos ha catapultado. Esto, en cierto modo, definió lo que iba a ser el álbum. No teníamos una idea preconcebida de cómo queríamos que fuese, pero sucedió esto y fue el hilo conductor.
En este nuevo trabajo se os percibe más directos y menos contemplativos. ¿Fue una decisión consciente o algo que surgió de manera natural al escribir?
Patricia: Como dúo indie, al principio te das cuenta de que te ningunean y crees que has de pasar por el aro, pero luego vimos que podíamos crear nuestro propio universo y nos está funcionando genial. Es como decir: vale, ya está, yo llevo mi propio caballo. No voy por una carretera de feria dejándome llevar. Cojo las riendas; eso es un poco lo que representa el álbum. Surgió todo de forma natural. Con Strange Rituals nos trabajamos mucho e hicimos mucha terapia, y ahora ya podemos decidir por nosotros mismos qué queremos y cómo lo queremos.

Si antes el foco estaba más en entender lo que dolía, ahora parece más en qué hacer con lo aprendido. ¿Qué fue lo más importante que os llevasteis del camino recorrido hasta aquí?
Patricia: Autoconfianza, fe en una misma y en los sistemas que una crea, que incluyen esas personas que has visto que van a la una contigo. Humble no es desde el punto de vista de la arrogancia, sino desde el punto de vista de ‘soy humilde, sé lo que valgo’. Si alguien me dice que le gusta lo que hago, le voy a dar las gracias, no le voy a decir que es una mierda; de esta manera la conversación puede elevarse y podemos llegar a ideas más interesantes, no la estamos cortando. Hay que ser humilde en el sentido de sacarnos todas estas manías, constructos de la sociedad, e ir al grano, que es muy interesante, es la esencia de las personas. Es un álbum que busca ir a lo auténtico, a lo que somos, sin todas estas capas de prejuicios ni inseguridades impuestas.
Hay muchas situaciones en las que veo a gente que sabe que es buena, lo noto. Y pienso: lo sabes, ¿no? ¿Por qué te justificas? Dilo. Eres buena. Se ve, lo reconocemos. Y este álbum va de eso: de asumirlo como punto de partida. Partimos de la base de que ya somos buenos, y desde ahí podemos avanzar. Porque si antes hay que pasar por todo el ‘no, pero demuéstralo’, ‘no, pero trabájatelo’, se bloquea todo. Cuando eso ya está resuelto, es cuando de verdad ocurre la magia, cuando aparece la energía creativa.
Hay muchas situaciones en las que veo a gente que sabe que es buena, lo noto. Y pienso: lo sabes, ¿no? ¿Por qué te justificas? Dilo. Eres buena. Se ve, lo reconocemos. Y este álbum va de eso: de asumirlo como punto de partida. Partimos de la base de que ya somos buenos, y desde ahí podemos avanzar. Porque si antes hay que pasar por todo el ‘no, pero demuéstralo’, ‘no, pero trabájatelo’, se bloquea todo. Cuando eso ya está resuelto, es cuando de verdad ocurre la magia, cuando aparece la energía creativa.
Me gusta mucho la idea de que no por decirlo en voz alta eres menos humilde. ¿Cómo surge este concepto en el contexto del álbum?
Patricia: Creo que, especialmente como mujer, hay algo casi nostálgico en reconocer tu propio valor. Parece absurdo, porque arrogante sería decir que vales más que los demás. Pero decir ‘esto lo hago bien’ no lo es. Igual dentro de cinco años lo miro y me da cringe, pero eso también significa que he evolucionado. Intento mirarme con amabilidad: lo que hice tenía sentido en ese momento. Me interesa más encarar la vida desde ahí, sin ese impulso de rebajarte constantemente porque desde la lástima no hay crecimiento.
El lenguaje importa muchísimo: lo que dices, lo manifiestas. Si vas por la vida repitiendo que no vales nada, eso pesa. Cuando decides cortar con patrones que te dañan (en relaciones, en la industria, en sistemas que no funcionan), llegan personas alineadas contigo. Con el álbum nos ha pasado eso: crear nuestra propia estructura, nuestra familia profesional, y decir ‘esto somos ahora’. Si conectas con ello, bienvenida. Si no, también está bien. Pero este es nuestro momento presente, y lo honramos.
El lenguaje importa muchísimo: lo que dices, lo manifiestas. Si vas por la vida repitiendo que no vales nada, eso pesa. Cuando decides cortar con patrones que te dañan (en relaciones, en la industria, en sistemas que no funcionan), llegan personas alineadas contigo. Con el álbum nos ha pasado eso: crear nuestra propia estructura, nuestra familia profesional, y decir ‘esto somos ahora’. Si conectas con ello, bienvenida. Si no, también está bien. Pero este es nuestro momento presente, y lo honramos.
Por otro lado, el sonido también ha cambiado bastante. ¿Qué os ha llevado a optar por canciones más explosivas y enérgicas?
Paul: Creo que Rosalía, de alguna manera, hizo esto ahora mismo con su nuevo álbum, en el que no hay ni lenguaje ni género. Fue nuestra aproximación, simplemente hicimos lo que se sentía bien y lo que fue mejor para cada canción. Si una exigía un sonido más fuerte que hiciera que la tierra se moviera, entonces se lo dábamos; y si otra solo exigía un piano con trompetas bajas, así era. Fue lo mejor para cada canción. Aparte, con Strange Rituals empezamos a ir mucho de tour, entonces pensamos que queríamos escribir para el directo, queríamos que la gente saltara, gritara y bailara con las canciones y queríamos sentir esa energía mucho más fuerte también en el nivel de producción.
Patricia: Cuando salió el primer álbum, yo nunca había tocado directos; él sí, pero en otro contexto. Era la primera vez que hacíamos tour con Atzur, no conocíamos al fan, no sabíamos la reacción que tendrían y para nosotros es muy importante esa reacción porque no somos un grupo de Spotify, de background, no somos de playlist; somos grupo de directo, de gente, de crear conexiones. A raíz de ese tour vimos cómo conectábamos mejor y cómo queríamos hacerlo. Cuando hacemos música no pensamos en si va a quedar bien para la radio o para plataformas; pensamos en si va a llegar a la gente o no. El sonido siempre va en vista al directo. Escuchas la canción en el estudio, cierras los ojos y te imaginas en el escenario, ves las luces, sientes a la gente… ese es básicamente el proceso del álbum. El otro era más para adentro, sentía que me iba a morir y había que gestionarlo. Este ha sido más de querer abrazar a la gente, querer estar ahí.
Patricia: Cuando salió el primer álbum, yo nunca había tocado directos; él sí, pero en otro contexto. Era la primera vez que hacíamos tour con Atzur, no conocíamos al fan, no sabíamos la reacción que tendrían y para nosotros es muy importante esa reacción porque no somos un grupo de Spotify, de background, no somos de playlist; somos grupo de directo, de gente, de crear conexiones. A raíz de ese tour vimos cómo conectábamos mejor y cómo queríamos hacerlo. Cuando hacemos música no pensamos en si va a quedar bien para la radio o para plataformas; pensamos en si va a llegar a la gente o no. El sonido siempre va en vista al directo. Escuchas la canción en el estudio, cierras los ojos y te imaginas en el escenario, ves las luces, sientes a la gente… ese es básicamente el proceso del álbum. El otro era más para adentro, sentía que me iba a morir y había que gestionarlo. Este ha sido más de querer abrazar a la gente, querer estar ahí.
“No somos un grupo de Spotify, de background, no somos de playlist; somos grupo de directo, de gente, de crear conexiones.” Patricia
¿Hay alguna canción del álbum que sintáis que os representa mejor que ninguna otra en este momento vital?
Patricia: Para mí, ahora mismo, es Hate Me. Es una especie de punto final, o de punto y seguido muy claro, a todo un proceso que empezó con Now I’m Happy. Fue bastante irónico porque cuando decíamos ‘estamos bien’, fue cuando descubrimos que nos estaban estafando. De alguna manera, esa canción abrió la puerta a todo lo que vino después, así que casi le doy las gracias por eso. Pero Hate Me es otra cosa: es la canción de drop the mic. Es llegar a ese momento en el que dices: tengo clarísimo a dónde quiero ir, sé cuáles son mis capacidades, sé dónde estoy y también sé que voy a seguir evolucionando. No voy a ser la misma persona siempre, iré a otros sitios, pero ahora mismo esto es lo que quiero y esto es lo que soy. Es muy presente, muy afirmativa.
Hay una parte de la canción que funciona casi como un mantra: “even if you don’t love me, new people will love me”. Y es verdad, cuando haces eso atraes a la gente adecuada. Al final, el álbum dice exactamente eso: esto es lo que hemos hecho, esto somos ahora. Si conectas con ello, genial, bienvenida. Y si no, tampoco pasa nada, hay millones de artistas y cada uno tiene sus gustos. Pero este es nuestro momento. Es una canción muy de posicionarte. De decir: quiero esto y voy a por ello. ¿Te gusta? Perfecto, pasa y siéntate. ¿No te gusta? Todo bien también, sigue tu camino. Nosotros seguimos el nuestro y ya veremos a dónde nos lleva.
Hay una parte de la canción que funciona casi como un mantra: “even if you don’t love me, new people will love me”. Y es verdad, cuando haces eso atraes a la gente adecuada. Al final, el álbum dice exactamente eso: esto es lo que hemos hecho, esto somos ahora. Si conectas con ello, genial, bienvenida. Y si no, tampoco pasa nada, hay millones de artistas y cada uno tiene sus gustos. Pero este es nuestro momento. Es una canción muy de posicionarte. De decir: quiero esto y voy a por ello. ¿Te gusta? Perfecto, pasa y siéntate. ¿No te gusta? Todo bien también, sigue tu camino. Nosotros seguimos el nuestro y ya veremos a dónde nos lleva.
Venís de países, contextos y trayectorias distintas. ¿Qué ha sido lo más difícil, y lo más bonito, de construir una identidad común? ¿Qué aporta cada uno al proceso creativo?
Paul: Cuando empezamos a hacer música juntas, yo tenía una forma bastante estructurada de trabajar: primero el ritmo, luego una línea clara y después las letras. Patricia, en cambio, era más de ‘lo quiero todo y lo quiero ya’. Y me encantó porque, como batería, me dio mucha más libertad. Venía de una manera muy cerrada de componer y, con ella, con ese encuentro cultural, nuestra escritura se abrió muchísimo.
También a nivel lírico nos sale de forma muy natural mezclar inglés y español. No fue algo conflictivo ni forzado, más bien todo lo contrario: las dos llegamos con la mente abierta y la idea de fusionar, de ver qué pasaba. Y para mí ese es el gran acuerdo: una mezcla positiva de culturas. Eso se nota mucho cuando tocamos en directo. Tocamos por toda Europa, desde el sur hasta el norte y el este, en lugares tan distintos como Sevilla o Polonia, donde el público no podría ser más diferente. Y aun así hay una reacción colectiva que se repite, algo muy fascinante.
Patricia: Creo que tiene que ver con cómo escribimos la música desde un lugar honesto. Cuando haces algo honesto, no puedes engañar a nadie. En el proceso creativo no hay egos. Si una llega con una idea clara, se prueba. No hay jerarquías ni ‘tú quédate en tu sitio’. Todo es muy orgánico, muy tranquilo. Al principio, el mayor reto fue encontrar un idioma común –¿hablamos en inglés, alemán, español?–, pero te das cuenta que da igual. Si realmente quieres decir algo y la otra persona quiere entenderte, de alguna manera siempre acaba funcionando.
También a nivel lírico nos sale de forma muy natural mezclar inglés y español. No fue algo conflictivo ni forzado, más bien todo lo contrario: las dos llegamos con la mente abierta y la idea de fusionar, de ver qué pasaba. Y para mí ese es el gran acuerdo: una mezcla positiva de culturas. Eso se nota mucho cuando tocamos en directo. Tocamos por toda Europa, desde el sur hasta el norte y el este, en lugares tan distintos como Sevilla o Polonia, donde el público no podría ser más diferente. Y aun así hay una reacción colectiva que se repite, algo muy fascinante.
Patricia: Creo que tiene que ver con cómo escribimos la música desde un lugar honesto. Cuando haces algo honesto, no puedes engañar a nadie. En el proceso creativo no hay egos. Si una llega con una idea clara, se prueba. No hay jerarquías ni ‘tú quédate en tu sitio’. Todo es muy orgánico, muy tranquilo. Al principio, el mayor reto fue encontrar un idioma común –¿hablamos en inglés, alemán, español?–, pero te das cuenta que da igual. Si realmente quieres decir algo y la otra persona quiere entenderte, de alguna manera siempre acaba funcionando.
En septiembre arrancó el Humble tour, que abarca muchas ciudades en Europa, desde Budapest hasta Oviedo. ¿Qué sensaciones os produce llevar vuestra música a públicos tan diversos?
Patricia: El sentimiento clave es que estamos superfelices. Tener música que funciona en tantos sitios y que mueve a tanta gente hace que te des cuenta de que, aunque parta de cosas muy personales, acaba siendo universal. Hay personas que vienen después de los conciertos y no te hablan de la guitarra o del sonido, sino que te dicen directamente: este concierto me ha cambiado la vida, o, esto era justo lo que necesitaba. También ves cómo se relaciona la gente entre ellos.
Recuerdo, por ejemplo, a unas personas que nos vieron en el Primavera, viven en Suecia y volaron hasta Cracovia solo para vernos. Ahora vendrán también a Barcelona (están loquísimos y los queremos mucho). Ahí te das cuenta de algo que creo que es una falacia muy extendida en la industria, sobre todo cuando eres emergente: esa idea de que hay pocos sitios y que es como un juego de las sillas. No es así. La mesa es infinita. Cada cual puede coger su silla y crearse su espacio. Me gusta pensar que nuestra mesa es grande, cabe todo el mundo. Eso se nota mucho en los conciertos.
Da igual si el público es de Praga, Oviedo o Madrid: la reacción es distinta pero hay una esencia común, una especie de explosión colectiva que ocurre siempre. En Madrid acabas el concierto y la gente se te tira encima; en Polonia hacen cola, se acercan con cuidado y te piden permiso. Y nos encantan todos. A mí me encanta abrazar a la gente si está cómoda con ello. Al final no son ciudades aisladas, es una comunidad de ‘atzuris’ (como nosotros les llamamos) que se va expandiendo. Los conciertos se convierten en un safe space, un lugar donde hay sitio para todos. Y es muy bonito ver que la gente conecta con eso, venga de donde venga.
Recuerdo, por ejemplo, a unas personas que nos vieron en el Primavera, viven en Suecia y volaron hasta Cracovia solo para vernos. Ahora vendrán también a Barcelona (están loquísimos y los queremos mucho). Ahí te das cuenta de algo que creo que es una falacia muy extendida en la industria, sobre todo cuando eres emergente: esa idea de que hay pocos sitios y que es como un juego de las sillas. No es así. La mesa es infinita. Cada cual puede coger su silla y crearse su espacio. Me gusta pensar que nuestra mesa es grande, cabe todo el mundo. Eso se nota mucho en los conciertos.
Da igual si el público es de Praga, Oviedo o Madrid: la reacción es distinta pero hay una esencia común, una especie de explosión colectiva que ocurre siempre. En Madrid acabas el concierto y la gente se te tira encima; en Polonia hacen cola, se acercan con cuidado y te piden permiso. Y nos encantan todos. A mí me encanta abrazar a la gente si está cómoda con ello. Al final no son ciudades aisladas, es una comunidad de ‘atzuris’ (como nosotros les llamamos) que se va expandiendo. Los conciertos se convierten en un safe space, un lugar donde hay sitio para todos. Y es muy bonito ver que la gente conecta con eso, venga de donde venga.

En 2023 fuisteis teloneros de Giant Rooks, en 2024 hicisteis el tour de Strange Rituals y ahora tenéis un tour europeo con veinte ciudades. ¿Cómo ha cambiado para vosotros la experiencia de girar como cabezas de cartel respecto a cuando erais teloneros?
Paul: Cuando piensas en las expectativas de un show, sobre todo cuando eres telonera, siempre hay una parte de incertidumbre. Nunca sabes muy bien cómo va a reaccionar el público. En este caso, tocar con Giant Rooks fue increíble: la banda es fantástica y sus fans también, y de alguna manera sentimos que esto es exactamente lo que queremos hacer. Aun así, cuando haces tus propios conciertos y vas a países o ciudades en los que nunca has estado (en Europa occidental, en España o en Alemania), aunque sepas que la gente ha comprado una entrada para verte, sigues pensando: ¿les gustaré después del concierto?
Para mí, el mayor cumplido que alguien puede darte es que compre una entrada, se desplace y te regale cuatro horas de su sábado por la noche. Hoy en día, el tiempo es lo más valioso que tenemos, así que estar ahí físicamente es un honor enorme. Si echo la vista atrás y pienso en nuestros primeros conciertos pequeños y luego veo dónde estamos ahora, me parece una locura. Siempre lo quise, pero nunca imaginé que llegaría a pasar así.
Patricia: También es muy importante definir tus propios parámetros de éxito. No los que vienen de fuera, sino decidir qué significa triunfar para ti. Nosotros siempre decíamos: si vamos a cualquier sitio de Europa y vienen cien personas, eso ya es nuestro éxito. Y cuando llega, saborearlo. No pensar enseguida en lo siguiente, sino decir, qué fuerte, qué bonito. Primero cien, luego doscientas, luego cuatrocientas… y en cada etapa sentir gratitud.
Yo, metafóricamente, le doy un beso en la frente a cada persona que viene a nuestros conciertos. Siento muchísima gratitud: por la gente, por el universo, por todo. Es muy fuerte escribir una canción en tu habitación, pasando por lo que sea que estés pasando, y luego ver a alguien cantarla con emoción, aunque no haya vivido lo mismo que tú. Ahí te das cuenta de que ha conectado desde otro lugar pero igual de profundo. Por eso somos un grupo de directo. Eso no te lo da una playlist ni un número de reproducciones. Puedes sacar un álbum y tener likes, pero para mí una canción no existe de verdad hasta que la toco en directo y veo la reacción de la gente. Ahí es cuando cobra sentido.
Para mí, el mayor cumplido que alguien puede darte es que compre una entrada, se desplace y te regale cuatro horas de su sábado por la noche. Hoy en día, el tiempo es lo más valioso que tenemos, así que estar ahí físicamente es un honor enorme. Si echo la vista atrás y pienso en nuestros primeros conciertos pequeños y luego veo dónde estamos ahora, me parece una locura. Siempre lo quise, pero nunca imaginé que llegaría a pasar así.
Patricia: También es muy importante definir tus propios parámetros de éxito. No los que vienen de fuera, sino decidir qué significa triunfar para ti. Nosotros siempre decíamos: si vamos a cualquier sitio de Europa y vienen cien personas, eso ya es nuestro éxito. Y cuando llega, saborearlo. No pensar enseguida en lo siguiente, sino decir, qué fuerte, qué bonito. Primero cien, luego doscientas, luego cuatrocientas… y en cada etapa sentir gratitud.
Yo, metafóricamente, le doy un beso en la frente a cada persona que viene a nuestros conciertos. Siento muchísima gratitud: por la gente, por el universo, por todo. Es muy fuerte escribir una canción en tu habitación, pasando por lo que sea que estés pasando, y luego ver a alguien cantarla con emoción, aunque no haya vivido lo mismo que tú. Ahí te das cuenta de que ha conectado desde otro lugar pero igual de profundo. Por eso somos un grupo de directo. Eso no te lo da una playlist ni un número de reproducciones. Puedes sacar un álbum y tener likes, pero para mí una canción no existe de verdad hasta que la toco en directo y veo la reacción de la gente. Ahí es cuando cobra sentido.
Puedes tener doscientos mil oyentes en Spotify, pero de todas esas personas, ¿cuántas van a venir a verte?
Patricia: Aquí es donde la industria tiene que evolucionar. Igual que pasa en la moda: tienes el prêt-à-porter y la alta costura. No mezclas Zara con Gucci, y no porque uno sea mejor o peor, sino porque son lenguajes diferentes, aunque ambos sean moda. En la música falta todavía hacer ese mismo ejercicio de diferenciación. Sigue existiendo la idea de que si eres un artista muy digital o centrado en el streaming, eres ‘peor’, y no va de eso. Cada uno escoge su aventura. Pero quizá ya es momento de empezar a decir claramente: esto es un grupo de directo y esto es un grupo de streaming. Porque luego vienen las quejas de que en los festivales la gente no conecta o no responde, y a lo mejor la solución es contratar grupos que funcionen en directo, no proyectos que viven sobre todo en plataformas. El streaming no siempre se traduce en una experiencia en vivo, y no pasa nada por reconocerlo.
Igual que hay grupos de directo, hay gente de directo. Hay gente que en su casa no se pone a escuchar música, pero le encanta ir al concierto por la experiencia.
Patricia: Estas personas te pagan la entrada, compran merch y, desde cierto punto de vista, te das cuenta de que el streaming como artista casi no da dinero, cero coma… no sé cuánto exactamente. Es la gente la que lo hace auténtico y real.
“Para mí, el mayor cumplido que alguien puede darte es que compre una entrada, se desplace y te regale cuatro horas de su sábado por la noche. Hoy en día, el tiempo es lo más valioso que tenemos.” Paul
En España tenéis seis fechas en marzo: Barcelona (el 5), Bilbao (el 6), València (el 7), Madrid (el 12), Sevilla (el 13) y Oviedo (el 21), con paradas en Porto y Lisboa de por medio. ¿Cómo es para vosotros tener tantos conciertos aquí?
Patricia: Me encanta. Tenemos una perspectiva bastante europea, así que poder ir de gira en España como grupo indie, todo autogestionado, es genial. Ver ciudades donde las entradas se agotan meses antes, en salas de cuatrocientas personas, es increíble. Te levantas cada día y piensas, hoy ya es un buen día.
Me gusta hacer algo que no sea el pop esperado en español para un artista indie. La gente tiene hambre de novedad, de descubrir quién eres, y eso se nota. Algunos fans no entienden el inglés y nos escriben para preguntar qué significan las letras, pero aun así sienten la música, lo perciben aunque no entiendan las palabras, y eso también forma parte de cómo producimos nuestras canciones: las letras son importantes, pero lo técnico también; eso hace que puedan sentirse universalmente.
Ir de gira por España es un pack: la energía, la comida, la gente, la conexión… todo es transparente y auténtico. A nivel global, nuestros fans están unidos por un hilo invisible, algunos extrovertidos, otros más introvertidos, pero todos compartiendo la experiencia. Y claro, nos encanta estar aquí, en España, compartiendo todo eso.
Me gusta hacer algo que no sea el pop esperado en español para un artista indie. La gente tiene hambre de novedad, de descubrir quién eres, y eso se nota. Algunos fans no entienden el inglés y nos escriben para preguntar qué significan las letras, pero aun así sienten la música, lo perciben aunque no entiendan las palabras, y eso también forma parte de cómo producimos nuestras canciones: las letras son importantes, pero lo técnico también; eso hace que puedan sentirse universalmente.
Ir de gira por España es un pack: la energía, la comida, la gente, la conexión… todo es transparente y auténtico. A nivel global, nuestros fans están unidos por un hilo invisible, algunos extrovertidos, otros más introvertidos, pero todos compartiendo la experiencia. Y claro, nos encanta estar aquí, en España, compartiendo todo eso.
Hay también conciertos en ciudades en las que nunca habíais tocado. ¿Os da respeto? ¿Qué esperáis que se lleve el público?
Patricia: Cuando tocamos en mercados nuevos, voy totalmente abierta a aprender. No es un ego masturbation show, sino ir a entender, a sentir la energía de la audiencia y adaptar el concierto a ello. Obviamente hay un show preparado pero se adapta a cada público. Cuando ya has tocado en un lugar, conoces un poco la vibra y sabes qué esperar. Pero en un mercado nuevo, estás más nerviosa porque todo es sorpresa.
Paul: Para mí fue fascinante descubrir que los primeros dos shows vendidos después de la gira de verano eran en Múnich y Hamburgo. Nunca habíamos tocado allí antes y fue un shock, pensé: ¿por qué no vinimos antes?”. Es realmente loco. En Madrid, mucha gente ya nos había visto, pero Hamburgo… ¿En serio?
Patri: Es ir sin expectativas, solo para conocer gente nueva, disfrutarlo y sorprendernos. No queremos ofender a nadie, pero sí, es toda una experiencia.
Paul: Para mí fue fascinante descubrir que los primeros dos shows vendidos después de la gira de verano eran en Múnich y Hamburgo. Nunca habíamos tocado allí antes y fue un shock, pensé: ¿por qué no vinimos antes?”. Es realmente loco. En Madrid, mucha gente ya nos había visto, pero Hamburgo… ¿En serio?
Patri: Es ir sin expectativas, solo para conocer gente nueva, disfrutarlo y sorprendernos. No queremos ofender a nadie, pero sí, es toda una experiencia.

