La artista catalana Areté d’Empordà convierte sus ideas en piezas de cerámica en Can Art Fair Madrid junto a Kave Gallery, que estará abierta al público del 5 al 8 de marzo en el Centro de Creación Contemporánea de Matadero. A través de sus manos y encontrando las sinergias adecuadas entre artesanía, diseño y arte, Montse incentiva al espectador a redescubrir el significado de cada una de sus obras e invita a imaginarlas dentro de sus hogares.
Kave Gallery, la plataforma impulsada por Kave Home, se consolida en la feria Can Art como el puente artístico para apoyar y dar visibilidad a artistas emergentes, situando la marca dentro del territorio cultural y generando un espacio de diálogo entre arte contemporáneo, diseño y el ecosistema mediterráneo. Su participación demuestra el interés por ir más allá del producto y conectar la nueva Outdoor Collection con una reflexión artística sobre la materia, el paisaje y la forma de habitar.
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¿De dónde surge tu pasión por la cerámica y cómo has llegado hasta aquí?
Vengo del mundo de la danza, que me cerró las puertas muy al principio. Después accedí al mundo de la moda. Luego empecé en la rueda de trabajar en multinacionales, pero siempre tuve la necesidad de volver a sentir el trabajo de forma corporal, y al mismo tiempo siempre estaba haciendo cosas con las manos. Justo cuando estaba entrando en mi última etapa en el mundo de la moda, me interesé por las flores en mi tiempo libre, y descubrí un problema y una carencia en los jarrones florales.
Siempre veía que cuando la forma se adecuaba a la flor, el color no era el correcto, o que el peso era insuficiente y teníamos que poner piedras dentro de las bases para que fuesen más estables. Por eso empecé a preguntarme cómo podía ser una buena base y empecé a estudiar cerámica. Al comenzar a estudiarla, sentí algo muy fuerte que hacía muchos años que no sentía, hasta el punto de sorprenderme la cantidad de pasión que me ofreció.
Has comentado tu relación con las flores, los jarrones y tu iniciación con el barro, ¿crees que el diseño siempre debe tener un valor funcional?
Me gustaban mucho las flores y por tanto las floristerías, así que acabé ayudando a unos floristas a hacer eventos, y fue ahí cuando descubrí que el diseño tiene que tener siempre una parte funcional, pero también debería de ser siempre bello. Creo que el diseño, la artesanía y el arte deberían estar unidos. Mi trabajo me da siempre mucha estabilidad y el arte, al mismo tiempo, me ofrece una parte muy etérea, entonces intento estar en el medio.
¿Qué desafíos enfrenta una artesana contemporánea?
Los desafíos de mi vida que más me molestan son las formalidades burocráticas en las que acabo haciendo doce horas de papeleo. Más allá de eso, el desafío al que nos enfrentamos los artesanos, artistas y diseñadores es que tenemos el deber de enseñar a nuestro cliente la verdad. Tenemos el poder de mostrar la verdad y difundir, ya sea un oficio, un diseño o un tipo de arte, ya que somos divulgadores. En mi opinión no creo que la sociedad tenga la culpa de ser inculta, a lo mejor son los cultos los que tienen la culpa por no dar el brazo a torcer y enseñarles.
Tienes una relación cercana con la Costa Brava, ¿qué papel juega el Mediterráneo en tus obras y por qué es importante para ti?
El concepto del Mediterráneo es muy amplio y siempre digo que atarlo a un solo territorio me parece muy limitante. Para mí es importante porque, sobre todo en invierno, me da un estado de aburrimiento y tranquilidad que me encanta y que me propicia a ser más creativa.
En Can Art Fair, Kave Gallery ha trasladado proyectos artísticos que se pueden considerar ‘privados’ y los ha expuesto al público en un contexto ferial, ¿consideras que de esta forma el diseño encuentra una nueva forma de habitar en un nuevo territorio?
Está bien descontextualizar las obras porque en el momento en el que salen de tu taller, ya se están descontextualizando. Me gusta pensar que el público, cada vez que está delante de una de mis obras, piensa y siente algo, y la persona que tiene al lado piensa y siente lo contrario. Eso no depende de mí como artista porque en el momento que ya no me pertenecen y pasan a exhibirse en una exposición o a pertenecer a una colección privada, sé que cada una tendrá un significado diferente para un nuevo dueño.
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¿Qué te ha enseñado el barro sobre la paciencia y el tiempo?
El barro es un arte muy paciente y me recuerda a una frase que dice que hay que tener tiempo para todo. Hay muchos factores que influyen en el barro, no es una regla de dos más dos; si sopla el viento tengo que correr, si no sopla me tengo que esperar, entonces es tratar mucho la paciencia y ver y comprobar todos los estados que posee. Me gusta mucho ver los procesos por los que va pasando, cómo empieza en un estado de humedad, cómo pasa a un estado duro y todas las fases que recorre hasta su punto final.
¿De qué manera tu formación en moda sigue presente en tu manera de modelar?
He llegado a la conclusión de que me gusta hacer piezas muy clásicas y vestirlas, como si fueran los vestidos de una gala de premios. Hasta tuve un profesor que me dijo que mis piezas parecían las solapas de un abrigo. En mi estudio comienzan desnudas y luego las hago pasar por vestuario. Al modelar, primero paso la figura clásica por la técnica del torno, que es algo muy técnico, como el proceso de diseñar un traje o una pieza de moda, y luego ya la empiezo a decorar dependiendo de lo que la pieza me pida.
Tu vida ha estado marcada por el arte, la cerámica, la moda, la danza, ¿cuánto crees que es de importante valorar estas pasiones artísticas en el mundo actual?
Es fundamental y es un trabajo que se debe ejercer desde la cuna por parte de todos. Yo con mi hijo voy a conciertos de música clásica y a exposiciones, ya que creo que el arte se tiene que educar desde abajo. Estudiarlo y reconocerlo es muy difícil porque no es algo tangible, no es como si estudias la tabla de multiplicar y al cabo de una semana la recitas sin problema; con el arte es un largo proceso que puede no ser visible al principio pero que con los años va ganando poder.
El diseño sobre todo favorece al bienestar, por ello ¿qué valor crees que le aporta una pieza artística a un hogar?
Esencia, totalmente esencia. Las casas están muy desprovistas de esta cualidad últimamente, porque cuando entras en una y en otra, no sabes si es la misma. Por ejemplo, mis piezas intento que petrifiquen el movimiento, pero según la posición y dónde se colocan, son muy cambiantes. Depende de cada uno el espíritu que le quiera dar a esa casa.
¿Cómo crees que se debería de impulsar y valorar plataformas como Can Art Fair y Kave Gallery que apuestan por el valor de la artesanía y el arte?
En París, por ejemplo, cuando hay una feria de arte o una exposición, existen puntos en la ciudad donde el arte está más a pie de calle y la gente se puede acercar y apreciarlos. Esos pequeños detalles son los que pueden dar cabida a que alguien le llame la atención y se interese, creando proximidad ciudadana y dinamizando el arte. Normalmente, a la gente, si no le explicas cómo se hace una pieza, no llega a interesarse, por eso nuestro papel como artistas, y también el de espacios como Kave Gallery y Can Art Fair, es aproximar el arte y el diseño a la gente y hacerles partícipes de él. En mi taller, por ejemplo, la gente cuando entra lo primero en lo que se fija es el torno, cuando estás en el oficio y le estás enseñando la magia de cómo se hacen las cosas el producto adquiere otra dimensión.
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