Antonio Llamas es un artista y coleccionista cuya práctica se sitúa en la intersección entre la arqueología afectiva, la memoria material y la poética del hallazgo. Desde hace años recorre mercadillos, librerías de viejo y contenedores en busca de un tipo muy particular de tesoro: páginas dedicadas arrancadas de libros que, tras haber cambiado de manos o de destino, han terminado olvidados o a punto de desaparecer. Su gesto de rescate convierte estas dedicatorias en objetos autónomos capaces de revelar historias invisibles.
En la exposición Habent sua fata libelli, presentada en Navesierra, Madrid, del 11 al 21 de diciembre, Llamas reúne esta colección como si fuera un archivo arqueológico: un conjunto vibrante de pequeñas huellas del pasado que, al ser contempladas juntas, dialogan entre sí y con nosotros, invitándonos a fabular, a imaginar vidas ajenas y a reflexionar sobre el destino imprevisible de los libros y de quienes los escriben y los reciben. Hemos tenido el placer de entrevistarlo y así adentrarnos en su proceso, su mirada y su carrera para comprender mejor cómo nace y se despliega una obra construida a partir de lo que otros dejaron atrás.

Presentas Habent sua fata libelli, una exposición que rescata dedicatorias escritas en páginas de libros. En la creación de la exposición, seguro que hubo un primer hallazgo que marcó un antes y un después. ¿Recuerdas cuál fue la primera página dedicada que rescataste?
Sí, recuerdo la primera dedicatoria a raíz de la cual tuve de inmediato la certeza de que en adelante iba a rescatar todas las que encontrase. La encontré un domingo en el rastro de Madrid. Era especialmente misteriosa, triste. Parecía una despedida, aunque podría no serlo. Pero viéndolo ahora en perspectiva, no fue tanto la dedicatoria en sí por su contenido, sino el gesto, lo que de alguna forma me dio el impulso. Esa especie de clarividencia cotidiana, simple, según la cual adquieres el convencimiento instantáneo de que vas a hacer algo que deberías haber hecho hace mucho tiempo.
No reflexioné mucho al respecto, sencillamente me decidí a rescatar un mensaje abandonado e iniciar un proyecto que lo más probable es que, en caso de quererlo, podía –y puede– ser infinito, que suelen ser los proyectos que más me interesan; los proyectos que tienen esa potencialidad de poder extenderse infinitamente, aunque finalmente encuentren un aparente cierre o final. De hecho, este proyecto no está ni acabado ni cerrado. Seguirán acumulándose dedicatorias, las seguiré conservando, y espero que surjan más oportunidades para mostrarlas en público o para utilizarlas de otras formas. Esta es la primera vez que se exponen al público gracias a la iniciativa, el apoyo y el trabajo de Aida y Guille, de Navesierra.
No reflexioné mucho al respecto, sencillamente me decidí a rescatar un mensaje abandonado e iniciar un proyecto que lo más probable es que, en caso de quererlo, podía –y puede– ser infinito, que suelen ser los proyectos que más me interesan; los proyectos que tienen esa potencialidad de poder extenderse infinitamente, aunque finalmente encuentren un aparente cierre o final. De hecho, este proyecto no está ni acabado ni cerrado. Seguirán acumulándose dedicatorias, las seguiré conservando, y espero que surjan más oportunidades para mostrarlas en público o para utilizarlas de otras formas. Esta es la primera vez que se exponen al público gracias a la iniciativa, el apoyo y el trabajo de Aida y Guille, de Navesierra.
En la exposición invitas a los visitantes a leer estas dedicatorias y reflexionar sobre ellas. ¿Cuál ha sido tu encuentro favorito en un libro? ¿Y el que más te ha hecho pensar?
Siendo sincero, creo que no tengo un encuentro favorito o una dedicatoria que me haya hecho pensar más que otras. O probablemente sí, pero ya no lo recuerdo. Una característica que me gusta mucho de este proyecto es que, gracias también a mi pésima memoria, en cuanto pasa un poco de tiempo, olvido la mayor parte de las dedicatorias, y cuando las vuelvo a ver y a leer, realmente lo siento como un nuevo descubrimiento.
Además, el proyecto lo inicié en 2018, y, como decía antes, no lo considero acabado ni cerrado; seguiré acumulando más dedicatorias y buscando otras formas de exponerlas o de trabajar con ellas. Por eso, las impresiones que me han causado han ido variando a lo largo de los años. Por otra parte, el impacto que te pueden provocar las dedicatorias tiene mucho que ver con la interrelación entre ellas. Es decir, en esa acumulación, en la repetición de ver una, y después ver otra, y luego otra, es donde surgen, a mi parecer, los pensamientos o ideas más interesantes.
Además, el proyecto lo inicié en 2018, y, como decía antes, no lo considero acabado ni cerrado; seguiré acumulando más dedicatorias y buscando otras formas de exponerlas o de trabajar con ellas. Por eso, las impresiones que me han causado han ido variando a lo largo de los años. Por otra parte, el impacto que te pueden provocar las dedicatorias tiene mucho que ver con la interrelación entre ellas. Es decir, en esa acumulación, en la repetición de ver una, y después ver otra, y luego otra, es donde surgen, a mi parecer, los pensamientos o ideas más interesantes.
Cuando pensamos en los libros, solemos verlos como objetos completos, con su historia y su contenido intacto. Pero en tu exposición, rescatas páginas sueltas con dedicatorias. Cuando separas estas páginas y los libros pierden su condición original, las dedicatorias parecen adquirir autonomía. ¿Cómo vives tú esa transformación?
Siempre me he tomado el proyecto como una cuestión casi arqueológica, rescatar una pieza, un diminuto fragmento, para que pueda ser ‘analizado’. Igual que se extrae un trozo de cerámica, o de hueso, de la tierra o de los escombros y no hay mayor problema en sacarlo, moverlo de ‘su lugar’, lo mismo ocurre en este proyecto con las dedicatorias. Para mí es muy satisfactorio; no siento ninguna pena por el libro, por el objeto mutilado. Al contrario, me parece una consecuencia, si no lógica, al menos sí bastante positiva.
El foco de atención se transforma; el valor, en cierto modo, cambia de lugar. Estas páginas escritas a mano no estuvieron ahí desde el principio del libro en cuestión. Es totalmente falsa e ilusoria esa supuesta unicidad entre libro y dedicatoria, y más aún cuando el libro con esa dedicatoria ya no está en manos de quien la recibió, del dedicado. El libro que porta una dedicatoria y que se encuentra en la librería de viejo, en el mercadillo, en el contenedor, es una mercancía casi siempre ‘rebajada’ en su categoría o estatus de consumo, no por el hecho de que porte la dedicatoria, sino por el hecho de que el libro ya tuvo un dueño. Y la dedicatoria, a no ser que pertenezca al autor o autora (y siempre que este autor o autora sea famoso o reconocido), no le da un mayor valor económico ni de ningún otro tipo al libro, lo cual es bastante significativo de cómo funciona el objeto cultural también como mercancía.
En general, no tengo un gran respeto por la supuesta unidad de ‘las obras artísticas’ ni de los objetos. Creo que la división, la ruptura, el fragmento que a priori resultaba secundario o subsidiario suele ser mucho más fructífera y necesaria que lo inmóvil o lo intacto. Además, la hoja arrancada del libro permite mucha más fantasía, fabulación, preguntas, teorías. Se convierte en el único punto de atención, aislado para así poder ser completado por quien lo observe.
El foco de atención se transforma; el valor, en cierto modo, cambia de lugar. Estas páginas escritas a mano no estuvieron ahí desde el principio del libro en cuestión. Es totalmente falsa e ilusoria esa supuesta unicidad entre libro y dedicatoria, y más aún cuando el libro con esa dedicatoria ya no está en manos de quien la recibió, del dedicado. El libro que porta una dedicatoria y que se encuentra en la librería de viejo, en el mercadillo, en el contenedor, es una mercancía casi siempre ‘rebajada’ en su categoría o estatus de consumo, no por el hecho de que porte la dedicatoria, sino por el hecho de que el libro ya tuvo un dueño. Y la dedicatoria, a no ser que pertenezca al autor o autora (y siempre que este autor o autora sea famoso o reconocido), no le da un mayor valor económico ni de ningún otro tipo al libro, lo cual es bastante significativo de cómo funciona el objeto cultural también como mercancía.
En general, no tengo un gran respeto por la supuesta unidad de ‘las obras artísticas’ ni de los objetos. Creo que la división, la ruptura, el fragmento que a priori resultaba secundario o subsidiario suele ser mucho más fructífera y necesaria que lo inmóvil o lo intacto. Además, la hoja arrancada del libro permite mucha más fantasía, fabulación, preguntas, teorías. Se convierte en el único punto de atención, aislado para así poder ser completado por quien lo observe.
“La hoja arrancada del libro permite mucha más fantasía, fabulación, preguntas, teorías. Se convierte en el único punto de atención, aislado para así poder ser completado por quien lo observe.”
El título es muy significativo: los libros tienen su propio destino. ¿Por qué crees que te han encontrado a ti estas páginas?
No creo que me hayan encontrado, no lo veo en un sentido místico. Considero que la noción de destino es mejor pensarla en un sentido más terrenal, más pragmático. El ‘destino’ solo sucede en el encuentro y en la posterior decisión de hacer algo al respecto. El destino es en realidad una ilusión narrativa, una ficción para ordenar o explicarnos la mezcla de azar y decisiones. Pensando en esta frase de que los libros tienen su propio sentido, personalmente la interpreto más como que el objeto, el libro, no se agota en sí mismo, no se culmina ni se acaba por el mero hecho de existir como producto cultural. Al contrario, al igual que ocurre seguramente con cualquier otro objeto, sus posibilidades son matemáticamente infinitas.
Walter Benjamin hablaba de la vibración del pasado en los objetos antiguos, esa que aún muestra su historia. Muchos de tus libros y dedicatorias provienen de vidas pasadas y momentos concretos. ¿Fue esa vibración la que llamó tu atención?
Sí, sin duda creo que esa huella ‘anónima’ o al menos desconocida es lo que me impactó como para decidirme a arrancar con el proyecto. Toda esa carga de pasado me parece que tiene infinitas posibilidades, pensamientos, ficciones, teorías, y eso es lo que más me gusta. Yo tan solo he mediado al respecto, me he dedicado a recopilar, a guardar, a conservar, y eso también me gusta mucho del proyecto, que lo creativo no nace de lo que ‘yo’ haya podido idear, sino de los objetos en sí, que cargan con esa vibración que mencionaba Walter Benjamin.
Muchas de estas dedicatorias muestran fragmentos íntimos de vidas interrumpidas o recuerdos olvidados. ¿Qué te interesa más de ellas: su dimensión histórica o su carga poética y afectiva?
Ambas, todas puestas en relación. La dimensión histórica, la afectiva, el tipo de papel, el paso del tiempo por ese papel, el tipo de letra, el uso del lenguaje… Creo que todos esos elementos mezclados permiten una reflexión interesante para quien se acerca a ellas.

Al observar estas páginas, el espectador accede a detalles normalmente ocultos, casi como si se asomara a un secreto privado. ¿Cómo esperas que se establezca esa relación entre tu colección y quienes la observan?
Sobre todo guiados por la imaginación. No hay ‘una verdad’ que descubrir en estas dedicatorias, no hay algo artístico que contemplar como mero espectador. Requiere sí o sí de una relación directa de quien mira y lee, y las interpretaciones dependen de quien mire y de quien lea.
Algunas dedicatorias parecen sobrevivir a rupturas, muertes u olvidos. ¿Sientes que rescatar estas páginas es también darles una segunda vida?
Sí, y sobre todo es colocarlas en un espacio de observación imprevisto, un lugar para el que no estaban destinadas estas dedicatorias cuando fueron escritas. Y ese estar fuera de sitio creo que es lo que, contradictoriamente, permite poder ponerlas en primer término, que adquieran protagonismo y visibilidad.
La memoria, los objetos y los rastros humanos aparecen recurrentemente en tu obra. ¿Qué papel juegan en tu trabajo?
Principalmente, los proyectos en los que estoy involucrado son en su mayoría expresamente cinematográficos, dentro del colectivo del que formo parte, Espíritu Escalera; de hecho, aunque este proyecto lo haya hecho más en solitario, sin duda es también un proyecto de Espíritu Escalera porque se nutre de los intereses e intenciones que volcamos o exploramos en el resto de proyectos.
La memoria y el rastro es cierto que juegan un papel muy importante en lo que me interesa y en lo que nos interesa dentro del colectivo. Seguramente por pensar que el pasado no es un escenario muerto y estanco, sino algo que explica y provoca el presente y el futuro, que se enreda con ello. Y también por pensar que el pasado no es algo monolítico, sino al contrario, todo un cúmulo de fragmentos, en el que los fragmentos que suelen destacar oficialmente, desde una mirada ideológica dominante, suelen ser en realidad los menos interesantes, o los que menos permiten explicar o comprender las cosas para así poder superarlas o transformarlas.
Me gustaría decir que este proyecto también lo considero cinematográfico, y no lo digo como algo simplemente retórico. Me lo tomo de la misma forma que cuando afrontamos un cortometraje, una película, etcétera. En cierta forma, todas estas dedicatorias son escenas, guiones incipientes, secuencias, imágenes; narrativa a fin de cuentas.
La memoria y el rastro es cierto que juegan un papel muy importante en lo que me interesa y en lo que nos interesa dentro del colectivo. Seguramente por pensar que el pasado no es un escenario muerto y estanco, sino algo que explica y provoca el presente y el futuro, que se enreda con ello. Y también por pensar que el pasado no es algo monolítico, sino al contrario, todo un cúmulo de fragmentos, en el que los fragmentos que suelen destacar oficialmente, desde una mirada ideológica dominante, suelen ser en realidad los menos interesantes, o los que menos permiten explicar o comprender las cosas para así poder superarlas o transformarlas.
Me gustaría decir que este proyecto también lo considero cinematográfico, y no lo digo como algo simplemente retórico. Me lo tomo de la misma forma que cuando afrontamos un cortometraje, una película, etcétera. En cierta forma, todas estas dedicatorias son escenas, guiones incipientes, secuencias, imágenes; narrativa a fin de cuentas.
¿Cómo ha influido tu trayectoria artística anterior en la forma en que abordas esta exposición en Navesierra? ¿Hay un hilo común que conecte tu trabajo anterior con la reflexión sobre los libros y sus dedicatorias?
Para poder hacer esta exposición, sobre todo ha sido indispensable y esencial el apoyo de la propia Navesierra, de Aida y de Guille, que son los que me dieron la oportunidad de poder pensarla y hacerla, y es con ellxs con quien se ha desarrollado la idea de cómo exponer por primera vez estas dedicatorias. Su generosidad y su creatividad son las que han posibilitado encontrar la forma de invitar al público a que se acerque a esta colección de dedicatorias.
Sin duda, considero que hay un hilo común con proyectos previos y también con otros que están en marcha, y parte de ese hilo común seguramente consista en un interés por levantar o propiciar proyectos que provoquen, interpelen, generen un lugar de conflicto y confrontación con quien se acerca a ellos. Pero, como digo, lo interesante ha sido pensar por primera vez cómo exponer las dedicatorias, cómo usar el espacio. Porque, como decía al principio, el proyecto no está acabado, espero que pueda exponerse en más lugares, de otras formas, que tenga otras vías de exhibición de otros tipos (sonoras, editoriales, visuales, etcétera), pero este primer paso que ha podido dar el proyecto de hacerse visible al público gracias al apoyo, al pensamiento y a la creatividad y el trabajo de Navesierra, de Aida y Guille, es lo que más me alegra y de lo que más agradecido estoy.
Sin duda, considero que hay un hilo común con proyectos previos y también con otros que están en marcha, y parte de ese hilo común seguramente consista en un interés por levantar o propiciar proyectos que provoquen, interpelen, generen un lugar de conflicto y confrontación con quien se acerca a ellos. Pero, como digo, lo interesante ha sido pensar por primera vez cómo exponer las dedicatorias, cómo usar el espacio. Porque, como decía al principio, el proyecto no está acabado, espero que pueda exponerse en más lugares, de otras formas, que tenga otras vías de exhibición de otros tipos (sonoras, editoriales, visuales, etcétera), pero este primer paso que ha podido dar el proyecto de hacerse visible al público gracias al apoyo, al pensamiento y a la creatividad y el trabajo de Navesierra, de Aida y Guille, es lo que más me alegra y de lo que más agradecido estoy.


