Damos inicio a una nueva edición de
080 Barcelona Fashion con una firma que se está posicionando cada vez más dentro del panorama nacional e internacional y que retorna a las pasarelas catalanas cuestionándose sobre qué es real y qué es un sueño. Con una de las películas más importantes de la historia del anime como fuente de inspiración, y su historia personal entrelazada con una narrativa más fantástica,
404 Studio propone un estudio del subconsciente y de la evolución del mismo a través de la transformación de colores, la alteración de las prendas y la experimentación con los tejidos de punto, elemento insignia de la marca.
Para los amantes del anime y para los entusiastas del buen cine en general, Paprika es una de esas obras infaltables dentro del ranking de las mejores películas jamás hechas. Dirigida por Satoshi Kon y con una trama que ha llegado a inspirar la creación de otros grandes hitos cinematográficos, como lo es Inception, de Christopher Nolan, esta historia, donde el robo de un aparato futurista que permite ver y adentrarse dentro de los sueños de los demás desata el caos al nublar la línea entre el mundo onírico, las pesadillas y el mundo real, ha impactado a generaciones y a incontables artistas y creadores. Veinte años después de su estreno, vemos cómo una de estas mentes inspiradas por la obra, la de Anaïs Vauxcelles, de 404 Studio, decide trasladar su interpretación del mensaje de la gran pantalla a las pasarelas.
Esta adaptación y reflexión acerca de la nebulosa línea existente entre el universo inconsciente de los sueños y el mundo real, tan consciente como nuestro cerebro nos lo permite, es abordada de dos formas distintivas a lo largo de la colección, una más literal y la otra más matizada y simbólica. Esta última resulta ser la más interesante, añadiendo a la dicotomía de lo real y lo ilusorio la propia historia y evolución personal de la diseñadora y su relación con la moda. En ese paso de tener una visión más inocente e ingenua de lo que es esta industria a vivir un repentino despertar al encontrarse con la, a veces, cruda realidad, muchas de las prendas de la colección parecen haber vivido este choque, quedándose a medio camino entre una cosa y otra.
Vestidos blancos adornados con estrellas rosas que se tornan negros de repente, cambiando la diversión por la seriedad; traviesos y diminutos sets de dos piezas que son cubiertos en su totalidad por un tejido que deja ver lo que hay debajo, pero que les resta luz, color y protagonismo; o prendas en bonitos y vibrantes tonos pastel que comienzan a ser invadidas por un incipiente pero presente estampado de pata de gallo, sinónimo de prendas más adultas y formales. Es como si la ilusión de vestirnos para un universo onírico lleno de color, libertad y diversión estuviera siendo interferida y alterada poco a poco por el inevitable enfrentamiento con la excesiva seriedad del mundo real. Una dualidad más que presente a lo largo de nuestras vidas. El soñar por la noche y el despertar por la mañana. El ser un niño lleno de ilusión y el convertirse en un adulto estoico. El iniciar como diseñador emergente y el darse cuenta de lo que implica el camino al éxito.
La parte más iconográfica de la colección viene representada con motivos que recuerdan y hacen alusión a los vórtices que asociamos con los viajes en el tiempo o a las espirales usadas para la inducción de estados hipnóticos. Estos motivos aparecen tanto en bolsos cilíndricos, donde el inicio y el fin en espiral recuerdan a una especie de agujero de gusano que nos llevará de un mundo a otro, como en técnicas de tejido, donde los patrones típicos del crochet se transforman en formas circulares que evocan estos elementos. También aparecen en la deconstrucción de ciertas prendas, donde cortes y tiras se envuelven en las piernas de quien las lleva. Los looks y su estilismo evocan el cuerpo envuelto en telas, en sueños o en pesadillas.