Rostros enloquecidos, heridas, amputaciones y una serie de manifestaciones gráficas realizadas a partir de la segunda mitad del siglo XX forman parte de un imaginario que representa la decadencia del ser humano en la sombría etapa que llega después de la guerra, donde la sociedad y el individuo se ven reducidos a la mínima expresión, eliminando cualquier atisbo de belleza. Una reflexión que nos muestra cómo el cuerpo se transforma en un lugar en el que se hace presente la dualidad entre el bien y el mal, la responsabilidad y la ética.
Finalmente, la muestra exhibe piezas realizadas desde los años sesenta hasta la actualidad. Obras que cuestionan la identidad, donde la persona reclama la falta de libertad defendiendo sus derechos fundamentales y denunciando la opresión y las contradicciones que existen en la sociedad; unas contradicciones que distorsionan y deforman la imagen de nuestros cuerpos que, bajo una falsa apariencia de libertad, se ven cosificados por un dogma dictatorial.
La muestra presenta la imagen del cuerpo como un lugar de lucha y conflicto. Una necesidad que ya desde la prehistoria utilizaba autorretratos, representaciones, marcas o escenarios ritualísticos para dejar constancia de la propia existencia, de saber que en algún momento un lugar fue habitado, o manifestando el vestigio de un período sociopolítico.













