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Si en las últimas semanas se ha escuchado un nombre, desde luego, ha sido el de Villano Antillano, y para quien no sepa de qué va la cosa, solo tiene que escuchar la Session 51 del icónico productor argentino Bizarrap –la penúltima hasta la fecha después de publicar hace unos días su colaboración con el artista Quevedo– siendo esta, cuanto menos, la más aclamada por la diversidad. Aún así, pocos conocen a la persona detrás de esta figura, que sin ir más lejos, se ha convertido en todo un referente del panorama musical urbano; y desde aquí venimos a conocer, aunque sea un pedacito más de su vida mientras hablamos del valor de su identidad, de su relación con el ego y de muchísimo más.

Villano Antillano está aferrada a un poder que nadie le puede arrebatar, conscientemente exprime el valor reivindicativo del rap, y junto a la agresividad que convive en su interior por todo lo que se ha cohibido durante su vida, exterioriza sus emociones a través de la música. Pronto lanzará su próximo álbum, aunque todavía no hay fecha concreta, y ahora que se siente en total conexión consigo misma, su modo de componer y hacer arte en general ha explotado a la máxima potencia. ¡Vamos a por ello!
Vamos a empezar por una pregunta que se estarán haciendo muchas personas alrededor del mundo ahora mismo, ¿quién es Villano Antillano?
Soy una rapera trans puertorriqueña, aries y ascendente en leo, que hace música de todo tipo, o más bien que hace música del movimiento. Mis amigxs siempre me definen como una mujer muy poderosa.
Hablemos de aries a aries entonces (risas). Me gustaría empezar por el final, hace nada colaboraste junto a Bizarrap en la Session 51, y ahora estás experimentando el momento más mediático de tu carrera musical. ¿Lo imaginabas así, con tantos ojos encima de ti?
Sí, un poco (risas), pero era algo que me llegaría en cualquier momento. Lo estoy disfrutando mucho porque es el inicio de una nueva etapa, y lo vivo con mucho amor, mucha luz y agradecimiento. También porque sé que estoy siendo un referente para muchas personas.
¡Total! Y además esto de despertar expectación e incomprensión a partes iguales no es la primera vez que te pasa. En alguna ocasión ya has comentado que te da igual como las personas cisheterosexuales perciban tu música pero, ahora que colaboras con Bizarrap y teniendo en cuenta el público tan amplio que le escucha, ¿no sentiste vértigo en ningún momento?
¡Claro que sí! Pero mira, he cambiado esa perspectiva sobre la percepción de los heterosexuales con mi música, porque muchas de las personas que me escuchan son mujeres cishetero, y aunque no forman parte del colectivo se sienten representadas por mi figura y por lo que hago. Siento que ahora hablo más de cómo ser una fémina, de la feminidad, de cómo ser mujer ante este sistema de opresión tan grande, y es algo de lo que se habla mucho en el género urbano, el reggaeton, el trap y demás, y también significa mucho para ellas. Pero, honestamente, al final con quienes quiero estar bien es con la gente que es como yo, que han experimentado mis vivencias y quienes valoran lo que hago.
En relación a la colaboración con Bizarrap, dejando de lado el hate y toda la gente que me habla desde perfiles vacíos, me siento aferrada a un poder, un poder que saben que no me pueden quitar. Y es que, a mí, los comentarios transfobos me dan igual, no me afectan en absoluto. ¡Soy una mujer bellísima y súper exitosa! A mí qué me va a importar lo que me digas (risas).

Dilo bien alto. Justo el otro día lo hablaba con mis amigxs; ya es algo característico de las personas del colectivo LGBTIQ+ esto de refugiarnos en nuestra actitud, sobre todo porque crecemos construyéndonos una armadura.
Es que sí, vamos, ¿qué es lo peor que me puede decir esta gente? ¿Transexual, travesti? Siento que no me insultan en absoluto; lo que más valoro, o pienso que es más importante, es lo que yo me considero, cómo me veo cuando me miro al espejo, y yo sé perfectamente cómo me veo, así que a mí me da igual que me consideren una mujer o no porque la gente que tengo alrededor sí lo hace. ¡Y yo vivo mi vida como una mujer! Así que no es tanto un mecanismo para refugiarnos, sino pensar que la opinión de la gente no nos da de comer, ni nos hace sentirnos vivxs, ni debe hacer que me lleve bien o mal con el espejo. Lo importante es ser consciente de cómo es unx mismx, y esto no tiene nada que ver con que sea una figura pública o una artista, es algo que cualquier persona debería sentir en su interior.
Muchxs acaban protegiéndose en el ego, que, por cierto, está súper mal visto pero al final es un proceso de lo más natural, ¿no crees? Cada caso es un mundo pero, ¿cuál es tu relación con este sentimiento?
A mí me da la impresión de que, a veces, como mujer que se dedica a esta industria, el hecho de ser asertiva o saber lo que una quiere o la dirección que quiere tomar, y de repente toparse con la resistencia de los hombres lleva a pensar que la chica es una arrogante o una pesada, pero cuando ellos lo hacen son jefes o líderes. Es algo que siempre tengo en mente, pero yo opero sin miedo a ser vista como una bicha o como una arrogante, también tengo mis reality checks, converso mucho conmigo misma y he utilizado psicodélicos a lo largo de mi adultez que, por cierto, me han ayudado a pensar mucho en el ego y mi espiritualidad. Así que, con todo esto, diría que mi relación con el ego es compleja, pero también ha sido algo natural a lo largo de mi vida aprender a perdonar, dejar ir, y también el saber decir: te perdono, pero ya no puedes formar parte de mi vida. Hay mucha gente que dice que gracias a los psicodélicos experimentan muertes del ego, pero yo no me lo creo. El ego permanece con nosotros toda la vida, es necesario, y también saber utilizarlo.
Ya que hablamos de refugios, en las letras de tus canciones hablas mucho de crear y encontrar espacios seguros, de las familia que elegimos…
Sí, todo mi desarrollo como ser humano se ha dado gracias a mi inmersión total en círculos de familias del colectivo. El hecho de encontrarme a mí misma en mi adultez, descubrir que compartía experiencias con otras mujeres trans y sentir esa confianza con ellas te lleva a desarrollar un sentimiento de unión. Todo ese acompañamiento ha sido súper importante para mí, y más que espacios seguros así como lugares físicos, yo he creado espacios portátiles, porque las llevo conmigo, son mis amigas, mi espacio seguro es donde ellas estén, dónde sé que van a velar por mí y yo por ellas. Así que la comunidad en sí podría ser el propio espacio seguro y quienes lo formamos somos quienes lo fomentan.
Y lo mejor es cómo transmites la celebración y la exaltación de la disidencia a través de tus canciones. También utilizas mucho los insultos para empoderarte, y me preguntaba en qué momento se te pasó por la cabeza convertirlos en tu arma.
Es que soy muy cínica, y estaba tan harta de llevar tantos años escuchando los mismos insultos constantemente que fue como, ay, de verdad, ¿no hay nada más que se te ocurra decirme? Hay mucha gente que se cree que los insultos pueden desarmarnos, y de repente te dicen: ¡maricón! Y te quedas como, pues mi amor, claro, y orgullosísima de ser maricona. Yo, vamos, no sería cishetero ni aunque me pagasen, todas las vidas que nazca quiero nacer maricona. Nosotras, las pertinentes al colectivo, nos abrimos a experimentar con todo mucho más que las personas hetero, que siento que deberían hacerlo y por eso también creo que muchas personas conectan con lo que yo hago, porque el ansia de libertad es algo que quiere todo el mundo, no solamente nosotrxs. Todxs queremos sentirnos libres de normas y paradigmas que nos encarcelan.
El patriarcado oprime tanto a la mujer como al hombre, obviamente no en la misma magnitud ni muchísimo menos, ni tienen las mismas consecuencias, pero los oprime también, en plan, los hombres no pueden ser emocionales, no pueden llorar... es como una prisión, y muchos de ellos están bien jodidos a raíz de estos pensamientos.

“Yo, vamos, no sería cishetero ni aunque me pagasen, todas las vidas que nazca quiero nacer maricona.”
A mí esto de los hombres cishetero me da que pensar. Porque sí, ellos pueden tener esas situaciones como dices, pero también son los primeros que las alimentan.
Claro, es que están bien jodidos en ese aspecto (risas). Ellos mismos eligen estar ahí, y no se dan cuenta de que están en esa jaulita atrapados.
Por cierto, te centras sobre todo en el rap, ¿es adrede por todo el valor reivindicativo que conlleva el género? ¿Cómo llegas hasta él?
Yo crecí junto al auge del reggaeton, y el rap tiene mucho que ver. Ambos géneros han sido armas políticas, el reggaeton fue criminalizado en Puerto Rico durante mucho tiempo y pasó a convertirse en uno de los géneros más importantes de la historia de la humanidad. Mucha gente al principio dudó del género, decían que era vulgar, pero bueno, también se habló mal en su momento del rock o la salsa. Pero este género fue la arma de mi generación. Cuando estaba en secundaria fue el momento del hip-hop y el rap, y yo sabía que era buena rapeando, era un sentimiento que tenía dentro. También porque crecí llena de coraje, se me estaba coartando a ser yo misma cuando al resto del mundo era algo que se lo permitían excepto a mí. Siempre he sentido el rap como algo muy agresivo, y en mi cabeza tuvo sentido desahogarme a través de este.
¿Y recuerdas cuándo fue la primera vez que te atreviste a rapear delante de los demás? Lo normal, o al menos por lo que hablan otros muchos raperos, es empezar en la calle con batallas de gallos y demás, o quizá no tiene por qué ser así.
¡Sí! Yo empecé haciendo shows súper pequeños en discotecas queer de aquí, pero en mi caso, como me interesaba tanto la música, los programas de producción y demás, empecé muy pronto a hacer canciones con el ordenador, con una calidad súper mala y nada profesional (risas). Pero es que unx tiene que pasar por ahí, en algún momento se empieza a tocar un instrumento o a hablar un idioma, o cualquier cosa en la vida. Y yo empecé así, manifestándome para mí, mixeando pistas que no saqué a la luz hasta que no me sentí segura de compartir cosas así de personales con el resto.
Justo quería hablar de esto. A lo largo de toda tu carrera musical siempre has hablado muy abiertamente de tus experiencias y sentimientos, y especialmente siento que el EP que lanzaste en 2019, Tiranía, fue un poco tus primeras tomas de contacto con la disidencia y el espectro queer. Imagino que siempre ha sido así pero, ¿esta necesidad de expresarte a través de la música siempre fue algo que estuvo ahí, o más bien surgió sin haberlo meditado antes?
Ser vulnerable es algo que le cuesta a todo el mundo, sobre todo porque siempre nos han hecho pensar que la vulnerabilidad es sinónimo de debilidad. Y yo, como buena aries, a veces me cuesta mostrarme vulnerable, pero tenía tal deseo por mostrarme de esta forma y acabé plasmándolo en este EP. ¿Sabes algo curioso? Tiranía está muy inspirado en una rapera que se llama Gata Cattana, y cuando la escuchaba –que ella era tan metafórica y en ese momento le estaban pasando muchas cosas,–me llamaba muchísimo la atención porque era algo que yo también podía dar y me gustaba estaba corriente.

¿Y después de componer letras así de profundas, cuando pasa tanto tiempo después, a dónde te llevan? Es algo en lo que pienso mucho, las letras y esas emocionen prevalecen plasmadas en las canciones, pero nosotrxs evolucionamos con el tiempo. Este EP, por ejemplo, ¿qué te hace sentir a día de hoy? ¿Revive dolores pasados o más bien carga las pilas para seguir adelante?
Realmente no me carga las pilas, siento que mi presente es lo que me llena de energía. Cuando lo escucho a día de hoy me despierta algo de conflicto porque sé que en ese momento no estaba siendo totalmente auténtica. Siempre me pregunto, ¿qué hubiera pasado si hubiera empezado a vivir mi identidad antes? ¿Dónde estaría? Pero, claro, después también pienso que hay una buena razón para todo, y que esa música le tocó a muchas personas. También siento que la persona que escribió Tiranía en 2019 ya no existe, que evolucionó y dejó de existir porque ahora soy otra persona. Y estoy segura de que tú tampoco eres el mismo que cuando tenías 18 años, esa versión se perdió en el pasado. Al mismo tiempo también lo recuerdo con mucho cariño, y así puedo apreciar mi trayectoria y lo mucho que he recorrido. 
Y cuando echas un vistazo atrás como dices, ¿cuánto sientes que has evolucionado?
Es inexplicable, tanto que cambié de género así que imagínate (risas). De igual manera esto ha sido algo muy especial, y al principio sentí miedo porque ya había empezado en la industria y me había presentado como un chico y la gente me relacionaba con ello; bueno, y siempre lo digo, me iba muy bien como nene, era muy lindo (risas). Y tenía miedo en perderlo, pero sentía que tenía que traicionar en ese momento, y no me importaba el precio que ello conllevara o perder lo que había labrado hasta entonces.
Hice lo mejor para mí, y así fue. Abrirme a ello, y a vivir con quién quería ser lo cambió todo, mi manera de hacer arte, de escuchar música, de sentirla, de vivir; así que todo lo que me está pasando a día de hoy es producto de mi transición y ser artista y mirar atrás lo hace todo más loco. Cuando cambié de género explotó mi arte, y fue algo que no había pasado antes porque no estaba cómoda al cien por cien conmigo. Ahora que vivo desde la autenticidad la gente también lo percibe como algo mucho más poderoso.
Nos quedamos sin tiempo, y la última pregunta es obligatoria, ¿estás trabajando en algo nuevo que vayas lanzar próximamente y quieras adelantarnos?
Estoy terminando mi próximo álbum y estoy súper emocionada. Todavía no sé cuando sale porque en esta industria puedes tener un plan pero pasan mil cosas y al final no vale de nada (risas). Así que en algún momento saldrá, no sé cuando, pero estoy súper emocionada con el trabajo que estoy haciendo ahora.
¡Qué ilusión! Te lo mereces todo.
Muchas gracias corazón, nos tenemos las unas a las otras.

Texto
Antonio Alfaro

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