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Moon Ribas lleva incorporado en su brazo un sensor que vibra al compás de los movimientos sísmicos. Consideramos la tecnología como antítesis de la naturaleza, pero ella, que es cíborg desde los 28 años, nos demuestra que no es así. Bailarina como profesión y revolucionaria como vocación, nos hace más familiar una palabra tan poco introducida en nuestro vocabulario habitual.
¿Qué te impulsó a hacer esta transformación en tu cuerpo?
Mi objetivo nunca fue modificar mi cuerpo sino modificar mi percepción desde un punto de vista artístico, ya que estudiaba danza. Desde la universidad nos impulsaban a usar tecnología en nuestro arte y como yo siempre fui muy anti-tecnología, al verlo como algo muy frío que me distanciaba de la realidad, no me encajaba. Entonces, busqué que fuese algo más natural. Como estaba buscando información sobre el movimiento, la tecnología me podría ayudar a comprenderlo de una manera más profunda. Siendo bailarina puedes crear el movimiento o encontrarlo, hay muchos movimientos que no percibimos a través de nuestros sentidos. Quise explorar los terremotos porque es algo natural y que la mayoría de veces que las placas se mueven nosotros ni lo percibimos. Yo exploro el mundo del movimiento. En esto consiste la obra de arte cíborg: la creación de un nuevo sentido. Lo veo como una obra de arte que pasa dentro del artista, por eso yo soy la única que lo está percibiendo.
¿Qué te hizo decantarte por sentir el movimiento sísmico y no cualquier otro sentido? ¿Es algo que va relacionado con tu pasión por la danza?
Siempre he tenido un interés por la naturaleza y los animales. Esto me hace sentir la realidad del planeta de otra manera. Hay muchos movimientos que no podemos percibir y uno es el del planeta en sí. Mi primer proyecto fue averiguar la velocidad de los viandantes que estaban a mi alrededor. Luego decidí que lo que yo quería sentir era un movimiento más universal. Me hice la pregunta de ¿si yo estuviese sola en el mundo habría movimiento? Y es que la tierra está llena de movimiento. Y sí, está relacionado, ya que quería ampliar mi sentido del movimiento y me quería sentir conectada a la naturaleza. No hay otro movimiento más natural que el de la propia tierra.
Tus performance se consideran arte en acción, ¿podrías comentar en qué consisten y qué pretendes transmitir al público?
No sé si es arte en acción, es una manera de compartir lo que yo siento, la pieza que hago consiste en invitar a la gente a escuchar el planeta, espero el movimiento de la tierra y yo me muevo a su ritmo, un dúo entre la tierra y yo. Ella es la coreógrafa y yo interpreto sus movimientos a través de mi cuerpo. Una invitación a ver lo vivo. También lo hago con percusión, tocando en tiempo real, en este caso la tierra es la compositora, o creando partituras investigando los últimos terremotos que ocurrieron en un lugar y franja de años determinado. Yo interpreto sus datos, lo canalizo y la tierra marca el ritmo, el cómo y el cuándo.

El hecho de ser un cíborg todavía es algo que no está aceptado por la sociedad al ser algo nuevo y que no es habitual fuera de las películas, además tu arte es complejo y conceptual. ¿Te preocupa que la gente no capte tu mensaje?
La palabra cíborg está en constante evolución, como todas las palabras, de hecho conocimos a su creador. La creó para definir a los humanos que se tenían que transformar a ellos mismos para sobrevivir en otros ambientes. Nosotros la utilizamos así, pero para adaptarnos a este planeta. En las pelis se ha usado con un poco de mal gusto, dando a entender que la unión de humano y tecnología es con el fin de hacer el mal. Considero que las nuevas generaciones ya no tienen a Terminator en la mente, sino que están mucho más acostumbradas a tener tecnología en sus vidas y estoy segura de que los niños que nacen ahora, de mayores querrán ser diferentes a sus padres. Los padres siempre están con los móviles y con pantallas y creo que ellos no tendrán ningún problema en llevarlo un paso más allá e incorporarlo en su cuerpo. Pasó lo mismo con los tatuajes, antes hacerse un tatu era algo raro y ahora todo el mundo los lleva. Es un proceso que como cualquier otro es lento, pero espero que la gente se vaya acostumbrando a esta palabra y la unión entre hombre y tecnología sea más habitual. En el fondo esta unión es inevitable. Ahora ya está aceptado incorporar tecnología por causas médicas, cómo es el caso de los marcapasos.
Junto a tu compañero y amigo Neil Harbisson, sois los creadores de la asociación Cyborg Foundation, creada en el 2010. ¿Qué os impulsó a hacerlo y que queréis lograr con ella?
La fundamos con tres objetivos principales que son ayudar a la gente a convertirse en cíborg, promover el arte cíborg como un movimiento más social y defender los derechos cíborg. Apoyar que la gente sea libre de modificar cómo es su percepción. Para lograr esto hacemos talleres, conferencias en universidades, colaboramos con estudiantes… Intentamos dar nuestro punto de vista. Con lo que hacemos no nos sentimos más unidos a los robots o a las máquinas, sino que nos aproximamos más a la tierra, la naturaleza y otros seres. Queremos promover que en lugar de hacer una app para el móvil o mejorar nuestros coches o casas, debemos pensar más en evolucionar nosotros mismos y no sólo nuestros objetos. Ahora ya no es necesario que esperemos a evolucionar de una manera natural, sino que ya lo podemos decidir nosotros mismos. Lo veo como algo muy emocionante. Puedes diseñarte a ti mismo, dándote la posibilidad de experimentar más profundamente tu entorno y tu vida.
Antes de implantarte el sensor ya habías creado un guante, que luego derivó en unos pendientes, que captaban la velocidad a la que iban las personas que se encontraban en tu entorno. También junto a Neil, comenzasteis un proyecto llamado Speed and Colours of Europe, en el que tú analizabas la velocidad de los ciudadanos de diferentes capitales europeas y tu compañero los colores predominantes. ¿Tienes alguna anécdota o dato importante que nos quieras comentar?
De las ciudades a las que fui Londres es de las más rápidas. Estocolmo me llamó mucho la atención por su rapidez, no tiene nada que ver con la temperatura, porque en Oslo, que está al lado, son muy tranquilos. La ciudad más lenta es la ciudad de Vaticano, nadie corre allí.
Supongo que gracias a este sensor te notas mucho más cercana a la Tierra. Para situarnos de alguna manera en tu piel en esos determinados momentos, ¿podrías explicar qué es lo primero que sientes cuando tu sensor se pone en funcionamiento?
Una forma de describir lo que siento es como decir que ahora tengo dos latidos, uno el de mi propio corazón y otro el latido de la tierra. Yo lo percibo así, ya que es algo constante, que va a otro ritmo que el nuestro, es arrítmico. Al principio me costó adaptarme porque si había un temblor grande por la noche podía incluso despertarme, pero ahora ya forma parte de mí y es algo natural.
¿Con qué frecuencia notas las sacudidas de la Tierra?
A todas horas, me he dado cuenta que vibra muy a menudo, a veces cada dos minutos, a veces cada ocho, a veces cada veinte…

Es cierto que sufrir un temblor de una escala de Richter alta es desolador para las personas que lo viven, pero sería interesante saber qué sientes tú con una vibración de gran magnitud.
Cuando hay un temblor grande no siempre desemboca en una tragedia. Hay terremotos grandes de los cuales no nos enteramos porque pasan en el medio del mar. El 99% de los terremotos no son malos, lo malo es que los humanos no hemos sabido adaptarnos a este movimiento natural de la tierra. Cuando hay un gran temblor que sucede en una ciudad y hay gente que lo sufre es un sentimiento horrible, te hace sentir muy mal e incluso incómoda. Yo también lo he vivido pero de una manera muy distinta y me siento muy lejos. Uno de mis objetivos es que mis performance ayuden a estar más protegidos de esto, hay muchas cosas que hacer aún.
¿Cuántos años tenías cuando tomaste esta decisión de transformar tu cuerpo y cómo se realiza una intervención de semejante calibre? ¿Cómo fue para ti el proceso de adaptación después de la intervención?
Empecé a experimentar en 2007, soy del 85, así que a los 22, cuando estaba en la carrera. El sensor me lo implanté en 2013, antes fueron los pendientes. El proceso comienza siempre haciendo algo permanente pero externo al cuerpo, cuando te adaptas ya se puede implantar. No sería lógico comenzar con un implante por si tu cuerpo no se adapta o no lo acepta, no solo físicamente, sino también psicológicamente. Cada persona y cada sentido son diferentes. Es emocionante ver como se adapta cada uno. Neil y yo hacemos una diferencia entre si hay gente artificial o sentidos artificiales: gente artificial sería que te diera información y tener un nuevo sentido es percibirlo, es la colaboración entre la tecnología y el cerebro. El año pasado creamos una compañía llamada Cyborg Next en la que ofrecemos nuevos sentidos a la gente, el primero trata de un implante que vibra cuando te sitúas al norte, está inspirado en cómo algunos animales se orientan en el espacio. Es una forma muy diferente de interactuar entre tecnología y cerebro. Hemos vendido como 300 sentidos y cada uno tendrá su proceso de adaptación.
¿Quién crea esta tecnología? ¿Todo depende de tus investigaciones o hay un equipo detrás?
Es tecnología muy simple que incorporada en tu cuerpo trae grandes cambios. Por ejemplo, los rayos infrarrojos que a menudo encontramos en los secadores de manos en baños públicos, podrían usarse de otra forma, transmitiendo una pequeña vibración podría utilizarse para notar los movimientos de la gente a tu alrededor lo que al mismo tiempo generaría un cambio en tu percepción. Normalmente encontramos estudiantes o ingenieros que están interesados en ayudarnos. No tenemos un equipo fijo. Hay mucha gente que sabe un montón sobre la tecnología, pero solo la incorpora en máquinas. Estamos en contacto con una escuela de Nueva York en la que se investiga sobre nuevos materiales que no existen y que son más orgánicos.
Estamos hablando de un gran adelanto genético. Ya que todavía no hay una conciencia sobre este término y las nuevas posibilidades que aporta la ciencia a tu cuerpo, ¿podrías darnos tu punto de vista sobre los cíborg?
Opino que ahora todo el mundo usa la tecnología, el siguiente paso es implantársela y el siguiente ya será usar materiales más orgánicos o la modificación genética para nacer con un nuevo sentido. La impresión 3D también cambiará mucho cómo vivimos ahora, desde imprimir órganos o a uno mismo a otro espacio.
¿Tienes en mente algún nuevo plan o proyecto que nos quieras comentar?
Los 'lunamotos', que formarán parte de mí en verano como muy tarde. Quiero percibir la actividad sísmica de la Luna. Es otra manera de explorar el espacio. Dentro de un par de meses, físicamente estaré en la tierra y mis pies estarán conectados a la Luna. A lo largo de la historia el ser humano siempre ha modificado su entorno para estar más cómodo, opino que hemos llegado a un punto que ya no podemos controlarlo. Si hubiésemos percibido los terremotos, seguramente no hubiésemos construido grandes ciudades en lugares de actividad sísmica. Ahora podremos modificarnos para vivir más acorde a nuestro planeta en lugar de destruirlo. No somos conscientes del daño que le hacemos, pero si entendiésemos su funcionamiento, todo sería diferente. El planeta es un organismo físico que está evolucionando todo el tiempo y nosotros no estamos todavía del todo adaptados. Hombre y tecnología dan la alternativa. Hay otras especies que podemos considerar de ciencia ficción, pero que en cambio llevan mucho tiempo presente en el planeta. Por poner un ejemplo, la inmortalidad ya existe, hay una medusa que no se muere nunca, sino que siempre va regenerándose.

Texto
Míriam Fraga
Retrato
Lars Norgaard
Fotos
Katia Repina & Michael Sharkey

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