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¿Qué significa soñar a lo grande para un artista? ¿Vivir en alguna de las mecas de la música actuando frente a millones de personas y vistiendo las mejores marcas? En absoluto. Luis ‘El Nitro’ y Manuel ‘El Indio’, líderes de la banda granadina La Plazuela, dirigen toda su atención a poder vivir de su pasión, disfrutar de su trabajo y conectar con su público a través de una propuesta que parte del flamenco para expandirse a otros géneros. Y su recién lanzado EP, Jamila, es una perfecta síntesis de su potencial aún por explorar.
Entrevista extraída ACERO vol. 2. Adaptada a la versión online. Hazte con tu copia aquí.
¿Se conectarán juntos o por separado?, me pregunto segundos antes de unirme a la videollamada programada con los dos músicos, dispuesto a conocerles mejor y desgranar su último EP. Mis dudas se disipan nada más entrar en la sesión. Me los encuentro sentados en el sofá de su piso, en un pueblo de Granada. Y si hay algo que me queda claro tras nuestra conversación, es que a este par de artistas (y amigos ante todo) les basta con una mirada para entenderse. Siempre con la música de por medio, por supuesto.

Da gusto encontrarse con entrevistados que no responden a tus preguntas en base a un discurso aprendido. Las anécdotas se suceden en un diálogo en el que atravesamos infinidad de nombres y referencias dispares. De Daft Punk al disco No es lo mismo de Alejandro Sanz. Tampoco faltan las menciones a los Jonas Brothers, convertidos en símbolo de toda una generación. ¿Quién no ha soñado en algún momento con subirse a un escenario multitudinario o vivir en una película al más puro estilo Camp Rock? Desde el flamenco, el pilar sobre el que construyen su proyecto musical, saltan a otros estilos sin temor alguno, tratando de hacerse un hueco en la escena musical. Y no hay duda de que van por el buen camino.

Empecemos hablando de vosotros como colegas y no solo como artistas. Luis, Manuel, os conocéis desde los 3 años, ¿no es así?
Luis: Así es, nos conocemos desde los 3 años, literalmente. Fuimos al mismo colegio, y aunque hemos tenido nuestras épocas de estar más juntos o menos, siempre hemos mantenido el contacto. De hecho, fuimos juntos a nuestra primera clase de guitarra. Teníamos 8 años o así, y me acuerdo de estar en su casa y ver revistas de los Jonas Brothers y decir, “algún día…”. Volvimos a juntarnos, pero ya sin nada de música de por medio. Y fíjate dónde estamos ahora.
¿Los dos estudiasteis guitarra?
Manuel: Sí, dimos unas cuantas clases juntos. Estuvimos un año yendo…
Luis: Yo di dos clases, literalmente (risas). 
Podemos decir entonces que la amistad fue primero que la conexión musical y profesional.
Manuel: ¡Sí! Yo vivía cerca de un pueblo que se llama Albolote, en Granada, e íbamos al centro cívico juntos porque daban clases de guitarra.
Fuimos una temporadilla, cuando teníamos 8 años.
Acabáis de cumplir 24 años, por lo que, si los cálculos no me fallan, habéis estado unidos desde hace nada más y nada menos que dos décadas. ¡Qué barbaridad!
Manuel: ¡Hasta para eso nuestros padres lo clavaron! Cumplimos con dos días de diferencia los años, y nuestras hermanas nacieron el mismo día.
Luis: Lo que pasa es que en mi DNI pone 16 de marzo, y realmente nací el 26. En la partida de nacimiento, el 2 parece un 1. Mi padre dijo que era un 1 y me pusieron el 1. Entonces tenemos la coña porque legalmente soy más mayor que Manu, pero nací más tarde.
Estoy casi convencido de que la música ha estado presente en vuestro entorno desde niños. ¿Qué imagen se os viene a la mente cuando recordáis vuestra infancia?
Manuel: Mi infancia siempre la asocio al Paseo de Los Tristes. Es donde nací, en el Albaicín. Creo que es la primera imagen que se me viene a la mente porque es donde más tiempo pasé. Los recuerdos de allí son los que más asocio a mi infancia: mi terraza, las flores en el barrio, la Alhambra, mi abuelo trayendo las hogazas de pan los sábados por la mañana para desayunar… Esas cosas.
Luis: La verdad es que no sé muy bien qué decir. Cuando pienso en mi infancia, va a sonar súper típico, pero me veo a mi yo de chico como un chaval que soñaba un montón. Era el típico que me subía a la cama a cantar con la raqueta porque no tenía guitarra, me hacía mis vídeos. Siempre estaba soñando con que algún día tocaría en escenarios gigantes, pensando en que algún día viajaría con la música. Y realmente es que me he pasado así toda mi vida, imaginándome eso. Creo que es muy guay porque, en cierto modo, estoy intentando cumplirlo. Pero sí, siempre me he considerado bastante soñador en ese aspecto.
¿Y qué canción suena en esa flashback imaginario?
Luis: Yo creo que Princesas de Pereza (risas). De chico me encantaba Pereza.
Manuel: Yo de la infancia no lo sé porque había un popurrí de discos en mi casa. La variedad era increíble, había una colección de Beethoven que yo me ponía de chiquitito. Y luego había discos típicos de niños, del 3+2. Me acuerdo que el primer disco que pedí cuando era pequeño, en un top manta, fue uno de Alejandro Sanz. Ese que salía con el vaso en el ojo, que no me acuerdo ni cómo se llama.
¡No es lo mismo!
Manuel: ¡Ese es!
Y cabe destacar que, cuando nos referimos a La Plazuela, hablamos de banda y no de dúo musical, ya que os acompañan sobre los escenarios Nacho el Lince, José Luis el bajista y Javi Moreno. Todos ellos también andaluces. ¿Cómo os conocisteis? ¿Ellos también estuvieron ligados al proyecto desde el principio?
Manuel: Se han ido uniendo poco a poco. El primero fue Nacho, que es guitarrista flamenco. Lo conocí en un espectáculo de flamenco con 15 años.
Un grupo de baile del conservatorio nos llamó, en una peña de aquí de un pueblo. Yo iba de palmero y corista, y él iba de guitarrista. Nos conocimos en los ensayos y se lo presenté con 16 al Nitro.
¿El Nitro eres tú, Luis?
Luis: ¡Sí, soy yo!

¿Y qué hay del resto de integrantes?
Manuel: Luego entró José Luis, en 2018.
Luis: Él estaba en una banda que conocíamos y nosotros necesitábamos un bajista. Se lo dijimos y le vino genial porque estaban a punto de disolver el grupo. Y Javi se unió hace unos meses, justo antes de verano. Nos lo enseñó un colega nuestro de aquí que es el que nos graba, Eugenio Beltrán, y nos dijo que teníamos que fichar cómo tocaba la batería. Yo le seguía desde hacía tiempo en Instagram, pero no sabía que era de Granada y nunca le habíamos visto. Piensa que tiene 19 años, por lo que antes del Covid él tendría 16. Tampoco le ha dado tiempo a moverse aquí por las jams y a tocar mucho, ahora sí lo está haciendo.
Pero si nos remontamos en el tiempo, vemos como antes de ser La Plazuela os hacíais llamar La Plazuela Techá. Un nombre inspirado en el local en el que os juntabais a tocar, haciendo versiones de los grupos que más os gustaban. ¿Por qué el cambio?
Luis: Yo creo que la propia evolución es el cambio de nombre. La Plazuela Techá fue la época en la que decidimos juntarnos porque nos gustaba la música, y La Plazuela es el proyecto donde decidimos que íbamos a hacer algo nuevo.
Manuel: Fue justo antes de sacar el primer EP, cuando ya habíamos notado un cambio de sonido. Al principio, nuestras referencias eran Los Delincuentes, Pata Negra… Grupos de flamenco fusión cuyos sonidos eran súper orgánicos, de guitarras flamencas tocando escalas de rock. Pero cuando empezamos a incorporar a más gente a la banda e investigamos un poco, se fue más a un sonido que no era tanto eso. Ahí fue cuando dijimos que ese EP lo íbamos a sacar ya con el nombre de La Plazuela.
¿Cómo era un día normal en ese trastero en el que os reuníais para tocar temas de Manzanita o Los Delincuentes? Estoy seguro de que tenéis montones de anécdotas de esa época…
Luis: Nos reuníamos todos los viernes por la tarde. Me acuerdo de la ilusión que me hacía, era acabar el colegio y quedar. Venían amigos, amigos de amigos. Era un sitio súper chico en mitad de una urbanización, la portera nos daba las llaves callada porque no nos dejaban… Estuvimos allí todo el invierno. Lo recuerdo con un montón de cariño.
Manuel: Claro, ahí no había pretensión de nada, la verdad. Todo se basaba en disfrutar, no estábamos esperando que la gente nos escuchase.
Luis, antes decías que siempre habías soñado con que se te conociese por tu trabajo. Y entiendo que ese pensamiento, aun sin pretensiones, ya estaba presente entonces.
Luis: Sí, desde que soy súper chico siempre he tenido esa inquietud por hacer música, porque la gente lo escuche. Ahora nos grabamos y hacemos música, pero no es lo mismo. No sé si debería serlo, no puedo contestarlo (risas). Son épocas diferentes.
El proyecto ha evolucionado y sigue adelante pese al cambio de nombre, pero, ¿qué fue de ese local?
Luis: Nos echaron porque no podíamos hacer fiestas, y ahora lo han cogido los pijos de la comunidad y ellos sí pueden hacerlas. Tienen sus neveras con sus cervezas y sus cosas. Pero ya no vivo allí.
Ahora es vuestra casa alejada del centro de Granada vuestro espacio de trabajo, ¿verdad?
Manuel: Estamos en un pueblo que se llama Alhendín. Vivimos en un chalet con jardín, con sótano, con chimenea… De lujo.
Luis: Aunque luego te das un paseo por la casa y se cae no sé qué, el agua caliente sale cuando quiere… (risas).
¿Y por qué decidisteis iros allí? He leído que compartís piso con Pablo, mejor conocido como Chico Blanco, y con el bajista de Colectiva Da Silva, Víctor.
Manuel: En realidad fue cuando volvió un poco todo a la normalidad. El Nitro y yo ya nos habíamos ido a vivir juntos antes del Covid, pero tuvimos que volver con nuestras familias porque no podíamos trabajar. Cuando todo volvió estábamos buscando casa y en principio buscábamos piso porque éramos solo dos, pero cuando vimos que Víctor también estaba buscando, se lo propusimos. Y de últimas se unió Pablo. Al ser cuatro… En Granada se paga lo mismo por un piso en el centro que por una casa grande en las afueras. Nos juntamos los cuatro, empezamos a buscar casa y en ningún lugar nos aceptaban. Íbamos buscando chalets y veías que a las inmobiliarias llegaban familias con niños. Y cuando aparecíamos nosotros…
Luis: Me acuerdo de una que me dijo, “me has caído genial, no tendría ningún problema en darte la casa, lo que pasa es que el otro que ha venido a verla es el director de La Caixa de Granada”. (Risas). Tendrías que ver las pintas con las que íbamos a ver las casas. El Pablo con sus gafas de sol, su polito.
Todo me lleva a pensar que el silencio es prácticamente inexistente en esa casa llena de artistas. ¿Qué géneros suenan en casa?
Luis: Pues mira, tenemos muchos vinilos (se dirigen a la estantería para enseñárnoslos). Esta es la zona más flamenca, luego tenemos años setenta, la década prodigiosa. Morente, electrónica…
Manuel: Son súper importantes los vinilos en esta casa. Todos los tenemos en el salón.
¿Cómo es la convivencia? ¿Hay muchos piques? Imagino que no coincidís mucho con las agendas tan apretadas que tenéis, giras, conciertos, grabaciones, etc.
Manuel: Eso pasa bastante porque Pablo también se está moviendo mucho por España. Víctor, con Colectivo Da Silva, también tiene una gira de varias fechas, y nosotros ahora con las cosas que vamos a sacar estamos subiendo mucho a Madrid. Entonces puede ser que entre semana no nos veamos.
Luis: Eso mola mucho, pero para lo que viene a ser la limpieza es un poco putada (risas). Nos hemos sentado un montón de veces para definir qué hace cada uno y qué días, pero al final el lunes se va uno, otro tiene clase…

En el EP que lanzáis ahora, Jamila, habéis colaborado con Chico Blanco. ¿Cómo surgió este nuevo tema? ¿Teníais la idea en la cabeza antes de comentárselo o le disteis forma juntos desde el principio?
Luis: Un poco las dos cosas. Básicamente, estábamos bastante rayados aquí en casa y él nos llevaba viendo meses con el tema. Le tiré la caña, no vi mucha respuesta por su parte y no le di muchas vueltas. Pero a la semana se lo dijimos y lo acabamos.
Es sin duda una alianza inusual en el panorama actual. Una banda que bebe del flamenco sumando fuerzas con una de las mayores promesas del pop, la electrónica y la música urbana. Aunque en este nuevo lanzamiento habéis demostrado disfrutar experimentando con todo tipo de géneros. ¿Cuáles son los pilares fundamentales de vuestro sonido?
Manuel: Siempre decimos que tenemos tres pilares fundamentales. A nivel conceptual y de referencia número uno a la hora de componer, el flamenco, que es lo que en un momento nos unió. A nivel de sonido, nos gusta fijarnos mucho en dos cosas: el sonido más orgánico del new funk y los arreglos de la electrónica. Esos son los pilares de La Plazuela. Los temas, en la composición y en lo que se canta, tienen melodías bastante flamencas. Pero La Tarara es súper funk, y La Antigua Judería es muy electrónica. Perico está un poco entre los dos. Creo que en este EP todo se ve bastante bien siendo solo tres temas.
En el primer tema de este EP, compuesto por tres canciones, habéis colaborado con Antonio Narváez, productor de Dellafuente. Juntos habéis dado forma a una versión de La Tarara, en un track que es una auténtica maravilla. ¿Os impone trabajar con profesionales que están detrás de auténticos fenómenos internacionales? ¿Tenéis miedo a no estar a la altura?
Luis: No, qué va. Nosotros no nos achicamos ante nadie. A Antonio le conocemos desde hace muchísimos años.
Manuel: Sí, yo desde hace 10 o 12. En la época en la que vivía en un pueblo de Albolote, como te comentaba antes, él estaba cerca y coincidíamos en partidos de futbol. Le decían El Torete porque tenía dos ricillos como si fueran dos cuernos. Unos cuantos años después coincidimos en el estudio y nos quedamos mirándonos. Caímos en quiénes éramos y así empezó todo.
¿Y qué es lo que más os gusta de vuestro trabajo?
Manuel: Yo, personalmente, creo que los directos. El proyecto, tal y como lo tenemos montado, tiene muchísimo curro de ensayos. El llegar al concierto y tocar con la banda… Con los niños nos sentimos súper bien, somos una familia y nos lo pasamos que te cagas cuando vamos a tocar. Y luego también el hecho de sentirme realizado pudiendo pagar mi casa de la música.
Luis: Es verdad que no había pensado mucho en los directos porque tampoco hemos tenido tantos, pero realmente es lo que más me ha gustado. Hasta ahora han sido sobre todo los momentos de creación. Es la parte más dura, yo creo. Te lo pasas bien una cuarta parte, todo lo demás es estar rayándote.
¿Cuál ha sido el concierto más grande que habéis hecho hasta la fecha?
Manuel: El de Granada, ese fue increíble. Salió todo redondo, lo disfrutamos en el escenario una barbaridad, se hizo sold out… Fue precioso porque además la gente de Copera, tanto los dueños como toda la plantilla, son de nuestro grupo de amigos. El trato fue increíble por parte de la sala, un montón de detalles. Dejaron claveles en la mesa con una nota, se encargaron de hablar con dos colegas nuestros que vivían en Estados Unidos para que nos mandaran una carta… Fue increíble.
Contadme, ¿qué canciones tenéis ahora en vuestra playlist? ¿Qué genero predomina?
Manuel: Cada uno escucha cosas muy distintas. Coincidimos en muchas cosas, pero no en todas. En mi caso, el flamenco puede ocupar perfectamente un 90% del tiempo de escucha. Pero ahora hay un disco que me ha explotado la cabeza, Hello Happiness de Chaka Khan, de 2019. Me tiene loco perdido. Lo he descubierto hace poco y me lo escuché entero, es una barbaridad.
Luis: Yo tengo música descargada de mil artistas. A lo mejor no escucho tanto flamenco en mi día a día, aunque me encanta y lo escucho todas las semanas. Algo que he estado escuchando, que ya lo había oído antes pero ahora lo hago con más atención, es el último disco de Daft Punk, Random Access Memory. Ahora lo estoy analizando.
“Ni nosotros mismos sabemos qué música vamos a estar haciendo dentro de un año”, habéis dicho en entrevistas anteriores, difuminando las fronteras entre estilos y categorías. Pero hay una etiqueta que se os ha impuesto, “flamenco fusión”. ¿Sentís que os representa?
Manuel: En cuanto a los géneros y tal, tampoco me gusta prestarle demasiada atención porque cada proyecto podría ser un género distinto en sí mismo. Hoy que la gente escucha de todo… Hay veces que yo mismo hasta digo lo de flamenco fusión, pero de una manera cotidiana para salir del paso. En realidad, no sé hasta qué punto somos más o menos flamencos. Yo sí me siento flamenco porque al final es lo que llevo escuchando la mayor parte de mi vida y lo que más me ha inspirado. Me siento aficionado flamenco, no creo que sea artista flamenco como para poder compartir cartel con El Cigala, ¿sabes? Pero está claro que esa referencia está ahí, es lo que más escucho y no quiero renegar de eso nunca porque es una realidad. Luego ya la gente puede decidir si somos más o menos flamencos, a mí me da igual. Yo hago mi música y fin.
Tengo la sensación de que muchas personas, sobre todo jóvenes, huyen al huir la palabra flamenco. Como si les llevara a una época que no les pertenece, que no va con ellos. ¿Creéis que hay falta de cultura musical en nuestro país?
Manuel: Yo creo que lo que no hay es mucha información, la gente que escucha las nuevas tendencias del flamenco no sé hasta qué punto conocen la historia en su totalidad. Obviamente, para mí que sí me considero aficionado y lo mismo me gusta un tema con sonidos de rumba portuguesa de Canelita como una seguidilla de La Niña de los Peines, sí le doy valor a esa cultura. Y ojalá todo el mundo se la diera, pero tampoco me parece un gran problema que la gente no la tenga. Supongo que les interesarán más otras cosas.
Luis: Sí que se podría intentar acercar más lo que es la cultura del flamenco. El flamenco no es una música que te entre bien de primeras; lo mismo pasa con el jazz. Es música que a ti te va gustando más conforme las vas estudiando, a medida que la vas entendiendo más te gusta. Creo que lo que está pasando ahora mismo es que está llegando una parte minúscula del flamenco a la gente. El cuatro por cuatro, una melodía concreta… Poca gente se está arriesgando a utilizar otros tiempos del flamenco, otra escala… Eso es más difícil de entender y que te guste de primeras, pero para nosotros es más interesante. Nosotros escuchamos mucho esto, pero entiendo perfectamente que una persona que no haya tenido eso es su vida quiera que le dejen en paz. Hay personas que escuchan música para distraerse y ya está.
¿Quién es para vosotros el máximo representante de este género musical a día de hoy?
Manuel: A mí me ha gustado mucho el último disco de Kiki Morente, El Cante. Israel Fernández, las cosas más digitales que ha tocado también me gustan. Lo que he escuchado del disco que va a sacar Rocío Márquez con Bronquio también es muy guay. Toda esta gente me gusta bastante.

También habéis colaborado con Califato, ¿no es así?
Manuel: ¡Sí! En Califato, en el grupo, no hay prácticamente cantaores de flamenco como tal. Las melodías que se cantan no son súper flamencas, pero ellos, por ejemplo, utilizan la escala de cadencia andaluza de un cuatro por cuatro para hacer una rumba de reggaeton. Si coges el disco de La Contraçeña, hay una seguidilla, una sevillana… Hay otros palos del flamenco que sí nos parece que son ahondar un poquito más en la cultura flamenca.
Sus miembros, también andaluces, forman parte de la que es una de las agrupaciones más numerosas de la escena, vosotros, ¿os planteáis ampliar la banda?
Ahora mismo estamos de puta madre.
Sois todos chicos, ¿verdad?
Sí, ese es el único fallo que tenemos (risas).
Vuestra conexión con vuestra tierra, Granada, me recuerda al vinculo que María José Llergo tiene con su pueblo Pozoblanco. “Es mi centro y mi casa”, respondía rotundamente cuando hablamos con ella hace unos meses. ¿Cuál es vuestra conexión con vuestras raíces? ¿Os veis viviendo fuera de Granada?
Manuel: Lo hemos hablado varias veces y hemos llegado a la conclusión de que, en cierto modo, sí nos apetece salir fuera; pero yo por lo menos ese momento lo voy a apurar al máximo. No me voy de Granada hasta que de verdad sea necesario, me siento muy conectado a mi tierra. No me importaría vivir fuera una época, preferiblemente siempre en Andalucía, siempre y cuando fuese necesario. Cuando volví de estar un año viviendo fuera con 18, encontré una Granada distinta a la que dejé.
¿Dónde estuviste viviendo?
Manuel: Hice un intercambio con 18 años y me fui a la India.
¿A la India? ¡Wow! ¿Y qué tal la experiencia?
Manuel: Pues de puta madre, la verdad. El mejor año de mi vida.
Y decías que al volver te encontraste una Granada diferente a la que conocías. ¿Por qué?
Manuel: Hasta entonces no me había dado cuenta del privilegio tan gigantesco que yo había tenido de haberme criado en El Paseo de los Tristes con una terraza que se te cae La Alhambra encima. Y creo que a partir de ahí he forjado tenido un vínculo muy fuerte que no termino de soltar. Y vamos, es que tampoco quiero soltarlo.
¿Y tú, Luis?
Luis: Yo al contrario que El Indio, creo que si me voy me iría a algo totalmente diferente. Me iría con la inquietud de buscar nuevos sonidos, de irme a algún sitio donde hubiese un estilo de música diferente… No sé, por un lado me encanta estar en Granada y sé que lo tengo todo controlado. Pero es verdad que aquí el sonido y la movida… llega un momento en el que lo conoces todo. Entonces, por inspiración sí que a lo mejor me iría a otro lado.
¿Y hay algún lugar que tengas en mente, que te despierte especial interés?
Luis: Pues mira, últimamente estoy conociendo y tengo amigos que se han ido a Berlín, me llama un montón la atención. A nivel de sonido y de escena, sobre todo dentro de la electrónica. Y aquí, lo mejor me sentiría más cómodo en Barcelona. Y si pudiera ser, lo que hemos hablado un montón de veces, irnos a vivir a algún sitio de Latinoamérica a descubrir música. O de Asia. Pero me orientaría un poco por conocer nueva música.

Berlín es un hervidero de talento donde las voces nuevas e independientes parecen ser mucho más escuchadas que en otras escenas.
Luis: Todo el rato pasan cosas, tío. Salen cosas nuevas, sonidos nuevos. Se crea mucha escena, y la escena de otros sitios se va para allá también.
No hemos hablado de Campanas del olvido, un tema que hicisteis en cuarentena y que fue especialmente importante para vosotros.
Manuel: Para mí lo que representa este tema, es el momento en el que conseguimos juntar todos los pilares de los que te he hablado antes. Conseguir que el tema suene flamenco, pero que los sonidos tanto orgánicos como digitales se empastasen bien. Siempre que nos preguntan sobre ese tema cuento que surgió durante la cuarentena, se compuso allí. Estábamos El Nitro y yo juntos, en un cortijo. Nos fuimos de retiro supuestamente para dos semanas que iba a durar el confinamiento, y que acabó siendo de invierno a junio. Cuando surgió la idea yo le había metido un rollo muy rock andaluz, que es un poco lo que hacíamos antes. Y ahí fue cuando nos paramos en seco y fuimos conscientes de que teníamos otros intereses, de que nos llamaban la atención otros sonidos y teníamos que ver cómo llevábamos ese tema que sonaba a lo que hacíamos antes al camino que nos interesaba entonces. Fueron muchos meses de estar ahí con la banda trabajando, haciendo arreglos, hasta que salió lo que hemos publicado. Entonces, para mí es muy representativo. Fue la primera vez que compusimos con un cambio y un rumbo más claro.
Cuando habláis del rumbo a tomar como banda, ¿soléis estar de acuerdo o hay mucho debate interno en la toma de decisiones?
Manuel: Yo creo que sí hay debate. Cada uno de nosotros somos distintos, tenemos criterios y gustos diferentes. De hecho, con este tema pasó eso. Se lo enseñé al Nitro y al Lince y dijeron que no les gustaba, hasta que empezamos a trabajarlo más.
Luis: Exacto, el tema estaba guay pero la base y eso no me gustaba tanto. Y luego fuimos creando el rollo. Lo bueno es que casi todas las discusiones son entre él y yo. Lo discutimos entre nosotros, estamos los dos aprendido mucho a discutir de una manera sana, a hablar las cosas. Si no, se te va la olla. Viviendo juntos, siendo amigos, o aprendes o no aguantamos ni dos meses. Y eso daría una pena increíble.
¿Os veremos pronto sobre los escenarios?
Luis: Estaremos el 6 de mayo en La Térmica, en Málaga. Y tenemos muchas fechas pendientes de cerrar. Es una pena que para festivales de verano ya está la cosa bastante cerrada, pero bueno, lo que podamos rascar.
¿Y qué podemos esperar de un directo de La Plazuela?
Luis: Yo diría que distracción. Espero que nuestro bolo los veas y, nos conozcas o no, te parezca interesante y chulo. Que tengas tu momentillo de ponerte más sentimental, más no sé qué, de todo.
Manuel: Sí, es bastante dinámico creo yo. Y bastante visual, ya que juntamos los sonidos orgánicos con los digitales en directo. Es una sesión en directo realmente, no un evento en el que cantemos por encima. En el género urbano se hace más eso, por ejemplo. Entonces, nuestro bolo es muy visual porque hay cinco personas que están tocando.
A nivel estilístico, ¿qué os gusta? ¿Estáis abiertos a experimentar?
Luis: Sí, yo el día que hicimos las fotos lo disfruté un montón. Es como ver una nueva perspectiva de otras personas a la hora de entender la moda. Y de vernos a nosotros. Eso me gusta hacerlo de vez en cuando, pero es verdad que nosotros ya tenemos bastante claro nuestro estilo a la hora de estar en el escenario, de salir de fiesta o de ir a la compra. Entonces, yo experimentaré en los escenarios como conmigo mismo, viendo si me atrevo a ponerme algo. Pero no tengo nada pensado.
Ahora es indudablemente el momento de Jamila, un EP que seguro que tiene un gran recorrido. Pero habéis reconocido estar trabajando en un disco para 2023, ¿hay algo que nos podáis adelantar?
Manuel: Yo creo que, como es el primer álbum, vamos a seguir un poco por la línea que llevamos. Seguiremos definiendo la importancia que le damos a que empastan bien los tres pilares que tenemos. No va a tirar por un rollo muy electrónico ni por un rollo muy funk, va a haber un poco de todo. Los temas que están saliendo ya van en esa línea.
Luis: También queremos ponernos un poco a prueba a nosotros mismos. Como hablábamos antes, queremos intentar definir un sentido. Ahora nos queremos sentar a apuntar discos de referencia que nos gustan a nivel de sonido, a nivel de arreglo. Decidir qué tipo de guitarra queremos, componer y producir los temas basándonos en eso. Hasta ahora lo que hemos hecho ha sido canción, canción y canción.
Manuel: Creo que todavía no nos ha dado tiempo, con la música que estamos haciendo, a que haya un cambio de etapa. El sonido que estamos consiguiendo ahora todavía no lo hemos expuesto de manera sólida en un disco. Entonces va a ser un poco lo que vienes escuchando, pero más desarrollado.
Aunque es pronto para desvelarlo, ¿contempláis colaboraciones en ese futuro disco?
Manuel: En cuanto a las colaboraciones, creemos que tiene que ser algo que salga muy natural. El rollo de llamar a un artista para proponerle colaborar nos parece muy frío y nos cuesta mucho hacer música así. Nos gusta más partir de una idea y pensar quién podría encajar en ella. Creo que eso llegará, no sé si será para este disco, aunque a mí la verdad sí que me gustaría que hubiera alguna. Pero vamos, que si llega bien y sino no pasa nada.

Texto
David Alarcón
Fotografía
Raúl Béjar
Estilismo
Martxel Montero
Pelo y Makeup
Maria Tattaglia
Asistente de estilismo
Lucci García

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