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El grupo madrileño Interrogación de amor nos iluminó durante el tenebroso 2020 gracias a su primer álbum Vómitos y mariposas, –podéis leer un poquito sobre el impacto de este en nuestra primera entrevista con ellos – una oda al amor más sincero y visceral plagado de anhelos, caricias y desencuentros. Quizás por su brutal honestidad, la banda no tardó en convertirse en una de las más interesantes dentro del panorama emergente nacional.

Ahora, con la piel más dura y los sentimientos aún en ebullición, el grupo reconvertido en un dúo, encabezado por Javier Sanz y Carlos Martínez, disfruta de un momento dulce con el estupendo recibimiento de su segundo álbum, Cómo un ángel podría romper mi corazón, un canto a las emociones fuertes, a las relaciones y a todas esas inseguridades que surgen del amor y que debemos aprender a abrazar. Interrogación de amor lo tiene claro: lo importante es saborear el camino plagado de aventuras, y olvidarse de encontrar respuestas, lo interesante son siempre, siempre las preguntas.

Javier, Carlos, encantado de hablar con vosotros. Os entrevisté hace 2 años, cuando lanzasteis vuestro primer EP Vómitos y mariposas. Uno de los cambios más sorprendentes de este periodo es que ahora ya no sois un cuarteto, sois un dúo. Contadme: ¿qué ha sucedido?
Javier: Fue simplemente el momento. Cada uno estábamos a nuestras cosas. Yo tengo 23 y el resto tiene 20 prácticamente. Yolanda y Daniel acababan de empezar la carrera y era un momento en el que no podían poner toda su energía en esto pero, por ejemplo, en uno de nuestros conciertos, hace poco, Daniel tocó con nosotros y Yolanda estuvo también ayudando.
Carlos: Dijimos que si no podíamos estar a full y comprometernos, era mejor no hacerlo. Yo he podido porque he sacrificado mucho, entre otras cosas la carrera. Estoy muy comprometido.
Javier: Nosotros dos lideramos más el proyecto, pero en los conciertos puede unirse más gente, contar con más colaboradores. Esa idea nos mola.
Siento curiosidad por saber si os llegasteis a plantear en algún momento convertiros en un grupo totalmente distinto y resolver así la interrogación…
Carlos: No. Fuimos tirando los dos.
Javier: No fue una ruptura, simplemente dijimos que, aunque lo iniciamos cuatro, era mejor continuar nosotros dos, que éramos quienes estábamos tirando más del proyecto. Pueden incorporarse en cualquier momento. Daniel ha ido teniendo más tiempo y si cuadra, volverá.
Carlos: Ha sido muy natural todo, porque nos seguimos juntando todas las semanas. No es una ruptura, es más el momento. Cuando puedan los demás ya volverán.
Javier: En el grupo, desde el principio las canciones las escribía yo. Las componían Carlos y Daniel, y Yolanda participaba más en el estudio. No sentíamos la necesidad de cambiar el grupo ya que, en parte, seguíamos siendo lo mismo.
Ha pasado el tiempo y ese regusto amargo que se percibía en Vómitos y mariposas sigue aún muy presente. ¿No creéis que esa desazón interna es como una droga? Terminamos acostumbrados a verlo todo negro…
Javier: A la hora de hacer música o escribirla, quizás, hagas lo que hagas, lo más sencillo es transformar los sentimientos negativos, ya que los positivos simplemente se disfrutan. Por eso puede que haya tanta música triste. Nunca planeamos hacer música de este tipo, fue el momento, cómo nos sentíamos, las cosas que vivimos y las cosas que nos han pasado. Es un reflejo de nuestra realidad.
¿Os consideráis personas alegres?
Javier: ¿Qué es una persona alegre? ¿Alguien que pasa más tiempo estando alegre? Pues yo no soy ni alegre ni alguien que está todo el tiempo triste.
Estar triste es más fácil que estar contento…
Javier: Claro, es como dejarte caer. No tienes que hacer nada para estarlo. Creo que este disco se ha hecho desde el estar triste, pero que ha servido para hacernos felices. Hemos podido transformar esos sentimientos y para mí siempre ha sido así. En todos los ámbitos artísticos en los que he trabajado, la inspiración ha surgido de una incomodidad que he querido transformar y usar de motor. No considero que nuestra música sea triste.
Carlos: La temática quizás…
Javier: De las canciones que tenemos hasta ahora puede ser que sí, pero no es música para ponerse triste, es más música emocional. En el disco exploramos la rabia, la ira, la felicidad desconectada de la realidad. Es sensible, no necesariamente triste.
Carlos: La música es una forma de bienestar general en mí mismo. Hago música porque me gusta y me genera cosas buenas. Es una pasión.
Javier: Puede que estemos tristes, pero hacemos esto que nos da muchas cosas positivas. También emocionalmente.

En redes sociales he podido ver que se tilda a este nuevo álbum, Cómo un ángel podría romper mi corazón, como un ejercicio de clarividencia. ¿Qué es exactamente lo que veis, Carlos y Javier, que quizás al resto se nos escapa?
Javier: ¡Eso son cosas que se dicen en los medios! Es como si le pregunto a un amigo tuyo que me describa, puede que me represente, pero es una opinión ajena a mí. Nosotros nunca pensamos en cómo van a ser las cosas percibidas, y los calificativos se aprecian pero no se entienden. No sé porqué dicen que tenemos cierta clarividencia.
Carlos: Cuando hacemos música no pensamos que la tenemos (risas).
Quizás es que tenéis un punto de vista muy personal, que es muy acertado respecto a lo que contáis.
Javier: Cada uno tiene su punto de vista. Creo que algo que no tenemos son prejuicios. Mezclamos las cosas desde un punto de vista muy personal; no solo la música, también partes de nosotros mismos y creo que eso hace que nuestra música sea muy específica. Tiene una visión, una propuesta.
¿Cuál es la propuesta?
Javier: No lo sé (risas).
Carlos: Yo creo que propone el experimentar, cambiar, el hacer lo que tú quieras.
Javier: Definitivamente sería eso. Nunca tenemos un camino claro que seguir.
Carlos: Agarramos unas cuantas cosas y decimos: ¡venga, ahora ponemos esto, ahora metemos lo otro!
¿Como un cajón de sastre?
Javier: Sí. Aunque parezca que no hay reglas, las hay, sobre todo para hacer lo que queramos y cómo queramos. No hay directrices claras. Entendemos por qué actuamos y hacemos música, aunque no haya un destino definitivo. No sabemos que será y cómo será lo próximo.
Entonces es algo instintivo…
Javier: Instintivo al cien por cien.
Carlos: También el trabajar, hasta que estás muy orgulloso de lo creado.
El tono del disco, en general, por temas como Nadie me dijo que estaba sangrando, o Nada! ejemplifica muy bien su dualidad, que va desde el cinismo a la vulnerabilidad. Un cóctel sentimental muy difícil de digerir.
Javier: Cien por cien. Esa es la movida y siempre ha estado, desde el principio. Por eso digo que no es triste, es emocional. El nuevo disco tiene canciones tristes pero temas como Nada o Mala suerte no me parecen tristes. Quizás no diría cínico o quizás sí. Creo que lo importante es actuar desde el corazón, aunque no actúes bien, sientas rabia y quieras mandar a tomar por culo a alguien.

Cantando unas canciones tan sufridas me pregunto: ¿os ha ido tan mal en el amor como transmiten las letras?
Carlos: ¡Es un poco de literatura!.
Javier: Como cuando escribes un poema. Hay literalidad, metáforas, exageraciones… Hemos vivido un momento regular que ha atacado a muchos lados y eso se ha visto reflejado en la oscuridad que envuelve el álbum, que es un reflejo de la realidad que hemos vivido nosotros y a nivel social, y claro, oscuridad ha habido y todos la hemos sentido. Yo a la hora de escribir creo que soy muy metafórico, me reflejo mucho en mi dolor y trabajo desde ahí. Me siento cómodo hablando de las cosas malas y no es que haya muchas situaciones sentimentales negativas en mi vida, simplemente las transformo en esto.
Carlos: Yo sí. Siempre vivo mi vida de manera intensa, pero siempre sabiendo qué es ficción y qué es realidad.
Javier: Una relación amorosa es intensa por definición.
¡Uy, hay gente muy rancia!
Javier: Nosotros somos muy intensos y lo vivimos de esa manera.
¿Os consideráis unos rayados?
Javier y Carlos: ¡Sí!
Javier: o ahora quizás no tanto. También te digo: si no estoy aquí para pensar, ¿para qué estoy?
¿Os lo dicen los colegas?
Javier: Nuestros amigos están en la misma onda.
C.M. Somos todos unos rayados.
¿Y no es el ciego que guía al ciego?
Javier: Pues sí (risas). Yo soy un rayado. Me rodeo de gente que con la que me siento bien y vive las cosas como yo. Tampoco se elige cómo es uno. Sí, el circulo en el que te mueves. Ahí está la cosa. Hay gente muy intensa que se queda en su intensidad sin compartirla y se encierra. Pero si te rodeas de gente que te comprende y te ayuda, pues se está a gusto.

Entonces gestionais bien la intensidad.
Javier: Sí, porque tenemos vías suficientes como para dotarla. Cuando no las tienes, eso ya es un problema. Nosotros decidimos juntarnos con gente que nos hace sentir bien.
¿La gente está preparada para la intensidad?
Carlos: No, pero tampoco nosotros, ni obligamos a nadie a aguantarnos.
Javier: En la música, que es donde reflejamos esto, cada uno puede entender la letra y la melodía como quiera; si quiere entenderla.
¿Os sentís comprendidos?
Javier: Yo por mi familia y mis amigos. Por los de fuera… me da bastante igual. Pero si tengo que responderte, te diría que no del todo. Musicalmente no creo que hagamos algo para lo que la gente no esté preparada, pero sí creo que quizás nuestra música no se integra fácilmente en la vida de las personas. Tampoco queremos ser accesibles ni lo contrario. Hacemos lo que hacemos y quién lo entienda, genial. Al final, hay gente que nos entiende y nos da un lugar en su vida, quizás no muy rápido, ya que hacemos algo muy específico, pero nos van dando nuestro sitio y se nos va entendiendo.
Carlos:Yo creo que el recibimiento de nuestra música ha sido mucho mayor del que esperábamos. El feedback ha sido muy numeroso. Mucha gente nos ha dicho que la disfruta y la entiende.
Javier: Claro es, que tampoco hemos hecho algo que no se haya hecho nunca (risas).
¿Y dónde queda el amor?
Javier: El amor no es una cosa. El disco no trata del sentimiento amoroso. Trata de una ristra de sentimientos que pueden florecer a partir de algo. Cada persona es diferente y las emociones varían según quién las transmite y quién las recibe. La gente entiende igual o menos que nosotros, pero quizás se raya menos y continúa actuando de la misma manera. Nosotros nos planteamos siempre muchas cosas de manera intuitiva. No pensamos en ser comprendidos en ningún aspecto, ni musical ni sentimentalmente. No nos preocupa. Hay mucha gente, mucha música y si no entiendes algo, puedes intentar hacerlo con otra cosa.
Carlos: No podemos controlar cómo la gente nos entiende y de qué manera; eso es muy bueno para mí. Aunque es mejor aceptarse cómo es, hacer lo que uno crea y ponerlo al alcance de los demás.
¿La música no os obliga a darle muchas vueltas a lo sucedido en el pasado?
Javier: Las letras me salen de manera visceral, es algo que se rumia. Parecido a echar la pota: no lo preparas durante mucho tiempo, simplemente vomitas. Siempre que tengo estas pullitas dentro siempre las he vomitado de esa manera.

¿No es mejor intentar gestionarlo de una manera más suave?
Javier: No se elige, vomitar nunca se elige.
Claro, pero te hablo de preferir hacerlo de otra manera.
Javier: ¡Ojalá pudiera levantarme divina todas las mañanas! Yo estoy en paz vomitando mis problemas, me hace sentir muy bien y no es dañino, aunque luego pienses: ¡Hostia! ¿En qué momento me habré tomado tantas copas? (risas). Es esa sensación. Todos vivimos cosas que pasan y son así.
Siguiendo con tu metáfora del beber, ¿no has pensando en dejarlo?
Javier: No puedo dejar de sentir. Las canciones son vómito, algo muy aparatoso. El acto de hacerlo es exagerado aunque en realidad no sea para tanto. No siento que sea alguien excesivo a la hora de sentir. Las canciones lucen exageradas, pero el romanticismo también consiste en eso. Nuestras canciones tiene un aura de película, pero la realidad no es así y sabemos diferenciarlo.
Entonces la música os sirve para regocijaros en el dolor y para apartarlo…
Javier: Depende de cómo la uses, de uno mismo y de lo que necesites.
Carlos: Ambas opciones son importantes y necesarias. A la gente le iría bien si tuviera una vía de escape. Regocijarse, muchas veces hace falta. La música me ayuda mucho a seguir adelante, como un motor.
Javier: A veces necesitas llorar y escuchar música para hacerte llorar, y eso puede llevar a sentirte libre cuando esos sentimientos se calman.
Carlos: Hacerla y escucharla. La música es nutritiva cien por cien.
 

Texto
Juan Martí
Fotografía
Adri Cuerdo
Estilismo
Lara Ortega

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