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Ya lo dijo Walt Whitman: “¿Me contradigo? Sí me contradigo, soy inmenso, contengo multitudes…” Carmen Seijas (Betanzos, 1987) también conocida como Hanako Mimiko, es una artista que se considera pintora y que se contradice sin pudor entre la eterna dualidad de la nostalgia y el dogma del presente. Con agudeza, sensibilidad y sentido del humor que no falte, hablamos con ella, días antes de inaugurar su mural en la sala Artte de Barcelona, del poder de la feminidad, del valor de la naturaleza y de la necesidad de recuperar ese algo que parece que se ha perdido hace tanto tiempo y que no sabemos dónde está; llámese sensibilidad, esencia o, por qué no, amor.

Te criaste en un entorno rural, emigraste a la ciudad, hablas constantemente de la naturaleza pero vives en la ciudad, ¿crees que es una consecuencia? ¿Qué significan para ti ambos espacios?

Bueno, los gallegos tenemos un problema que es esa nostalgia permanente. Pero más que eso, creo que la naturaleza ha estado siempre como un inconsciente en mi obra, como algo que hacía sin querer. Ahora le veo muchísimo más sentido que antes y estoy entendiendo esa parte que quizá antes no entendía porque estaba tan acostumbrada a la naturaleza que ni siquiera me daba cuenta. Pero sí que es verdad que la ciudad te separa de todo eso. Por eso creo que siempre voy a tener esa necesidad de reconectar, volver a fijarme en la naturaleza es algo que le da mucho sentido a mi vida. Para mí la ciudad es un teatro, un escenario.

Sí, pero eliges vivir aquí.

Sí, porque vengo de un sitio en el que tenía la carencia de ese teatro y movimiento. Y sigo aquí aunque a veces no sé ni por qué (se ríe). Ahora veo que está llegando el momento de irse pero no todavía porque, bueno, imagino que en parte tengo miedo. También pienso que para lo que yo hago hay muchas oportunidades en una ciudad, aunque luego tampoco acabe de ser así de real. Hay oportunidades, conoces mucha gente y todo eso me mola, pero soy consciente de que en realidad es un poco una fantasía del pasado; cuando vine a Barcelona tenía la idea de que encontraría un equilibrio perfecto entre ciudad y naturaleza, pensaba que no iba a ser tan frío y tan frívolo pero sí que lo es, al menos para mí. Si tienes otra sensibilidad tal vez no lo ves tanto pero, por ejemplo, aquí sí que se percibe la frivolidad del arte. De repente estamos en una etapa en la que ya no se sabe qué es arte y que no, y todo es comercializable. Yo pensaba que encontraría gente artista con la que podría tener conversaciones súper intensas (se ríe), y lo que veo es a muchos profesionales del arte, que está bien supongo. Yo no creo que sea una profesional del arte, yo sé pintar y ya está.

¿Podrías decir que siempre has dibujado? ¿Desde cuándo supiste que querías pintar?

Dibujar ha sido lo más permanente que he hecho en mi vida. No es que lo supiera pero siempre lo hice, aunque no me lo tomaba en serio. Dibujaba de forma terapéutica para expresarme, pero no lo mostraba, era que simplemente me gustaba, y como a veces me costaba hablar de algunas cosas, usaba esa manera. Después mi padre me dijo que se me daba bien e hice el bachillerato artístico. En realidad nunca supe muy bien cómo buscarle una forma real a lo de dibujar porque formaba parte de mí de manera natural, y me resultó raro tomármelo como algo profesional, pero la verdad es que era lo único que me gustaba hacer, no me veía haciendo nada más. Siempre que hay algo que me gusta, cuando quiero tener una relación en torno a ese algo, siempre lo hago plásticamente. Como todo iba hacia allí parecía lógico que al final lo enfocara de forma profesional.

¿Ilustradora o artista? ¿Qué diferencia hay para ti?

La palabra artista simplemente no sé qué significa, no sé si es un concepto que me define porque es muy abstracto. Pero en cualquier caso yo me considero más pintora que ilustradora, porque mi obra no ilustra nada aunque sí que es verdad que estéticamente está vinculada a la ilustración. Me parece un error que me consideren ilustradora porque realmente yo no ilustro nada, las cosas que hago no acompañan a otra cosa y eso es lo que entiendo yo por ilustración. Lo que pasa es que a día de hoy hay muchos pintores que han cogido la estética de la ilustración (como he hecho yo, porque me siento cómoda con ello) y lo aplican a la pintura. Por eso, tal vez ahora es un poco difícil definir qué es qué y por eso hay tantos malentendidos. Otro tema interesante es que la estética naif hace que muchas veces la obra considerada “artística” deje de serlo, pierda valor y pase a considerarse ilustración.

Estudiaste bellas artes y después un master de producción artística. ¿Qué valor ha tenido para ti y qué valor le das en general a esa formación oficial?

A ver, fue un conflicto porque lo viví como gente poniéndome barreras a algo que hacía de manera natural. No aprecio demasiado las escuelas de arte, no creo que sean realmente una alternativa buena porque creo que matan mucho la creatividad y ponen barreras para todo como si solo hubiera un sentido en el arte o una manera de ser concreta, cuando yo creo que es justamente lo opuesto, es un deshacer. Por eso me parece un poco irónico estudiar arte. Aún así yo lo hice y lo que creo que estuvo bien fue enfrentarse a las críticas, aprender límites sobre uno mismo, el soportar perder. Perder sobre algo que es un pilar en tu vida muchas veces. Eso es interesante y también, si tienes suerte, conocer maestros y gente que te puede aportar cosas. Personalmente, a mí me gustan mucho más los talleres con gente profesional, en este país lo que pasa es que muchas veces los profesores no suelen ser gente que ejerza la profesión que enseñan y por tanto no vas a poder aprender tanto de ellos como de un maestro de taller.

Maderas, telas, muros, cerámica, papel… ¿El soporte no importa?

Sí, sí, cambia mucho mi obra en función del soporte y de la técnica que use. Pero eso me gusta mucho y hasta a mí me sorprende, es como si fuese otra persona cuando hago blanco y negro y cuando hago color. Pero eso es lo interesante y por eso es terapéutico, porque son imágenes muy fuertes que sacas de ti, reflexiones propias y muy íntimas que según el soporte varían un montón. Los papeles hacen que dibujar sea algo como muy artesanal y romántico, es súper bonito. Otro tema es el de las maderas recicladas de la calle; a parte de la obviedad de que es un material reutilizado, la madera para mí es muy importante porque es un material que viene de la naturaleza pero que después ha pasado por casas, por gente, ha vivido y ha tenido una experiencia propia antes de llegar a mí. Eso ya dice algo sobre la obra que voy a pintar encima y la relación que la ilustración va a tener con las vetas de la madera o los agujeros. Es bonito cuidar algo que alguna vez tuvo valor para alguien, que es olvidado y que después recuperas. A mí me gusta mucho la idea del amor que se le puede dar a los objetos sin querer, lo que podemos llegar a personificar un objeto. En cambio, el mural me gusta porque te vinculas muchísimo a la obra por el esfuerzo físico que haces. Cuando hay un esfuerzo físico vinculado a la creación es algo muy intenso. El muro lleva tiempo, vas pensando… Es un proceso más largo. Yo empecé a hacer muro de adolescente, hacía graffiti (se ríe), y nunca lo he dejado, no voy todas las semanas pero mínimo una vez al mes voy.

Y hablando de muros, has sido seleccionada para pintar un mural en el espacio Artte, de Barcelona. ¿Ya sabes que harás?

Sí, voy a hacer algo relacionado con los últimos muros que he estado pintando. Voy a hacer un paisaje, estoy trabajando bastante sobre los paisajes porque siempre tuve la traba de que me cuesta un montón crear espacios y ahora por fin han llegado. Así que para el mural de Artte pintaré unas pequeñas islas que he ido generando estos meses, que son una relación de emociones y momentos en las cuales también intento plasmar diferentes tipos de naturaleza, diferentes situaciones y conceptos. Son bastante poéticas, he vuelto a interesarme por conceptos más clásicos sobre el paisaje, la noche, las estrellas. Estoy trabajando sobre la poética de la noche y como se personifica en una mujer con el cabello estrellado. Sigo personificando cosas.

Te gusta mucho trabajar con símbolos.

Sí, siempre trabajo en base a alguna simbología y suelo ir por etapas. Mi metodología de trabajo, desde hace algunos años y sin querer, fue generar como un mini diccionario de símbolos y configurar después las obras. La vuelta a la naturaleza tiene mucho que ver con todo eso: llevo viviendo mucho tiempo en una ciudad y, claro, no se ven muchas estrellas, no se habla mucho de algunas cosas o sentimientos. Creo que dibujo lo que necesito, pinto lo que estoy intentando buscar y recuperar, busco la sensibilidad hacia ciertas cosas.

¿No crees que el tema del regreso a la naturaleza es algo que está de moda? ¿Algo casi generacional?

Sí totalmente. Creo que ha habido un estallido en estos últimos años, al menos entre la gente de la que yo me rodeo, que lógicamente tenía que llegar en algún momento, y se puede ver en los cambios de alimentación de un montón de gente, en los golpes de realidad que hemos sufrido. Habrá algunos que nos llamarán modernos (se ríe). ¡Parece que ha llegado un punto en el que cualquier gesto de cultura significa que eres un hipster!, en plan, “bueno pues no me voy a ir a mi casa a ver Sálvame”, aunque, no sé, a lo mejor es la única manera de huir de ese concepto y dejar de sentirse acosado (risas). Pero sí, generacionalmente lo veo en todas partes, y yo personalmente siento que estoy a final de un ciclo vital que dicen que se genera cada 28 años de tu vida.

¿Pero no crees que lo encaramos con un poco de esquizofrenia? Tampoco pensamos en regresar a ningún sitio realmente.

No, no, es que es una etapa de frustraciones que se generan en todo el mundo porque queremos unas cosas y no las hacemos, simplemente nos quedamos aquí quietos en ese lugar donde realmente no queremos estar. Yo creo que tiene un poco que ver también con el tema de vivir en grupo, nos hemos acostumbrado a estar en manada, y la posibilidad de alejarte de repente, en realidad, acojona, dejar todo atrás… Es algo que va a pasar, pero será un proceso largo.

¿Por qué te gustan tanto Van Gogh, Tupac Shakur y Miranda July?

A Van Gogh nunca le había prestado mucha atención hasta que leí sus escritos. Es un pintor que me ha mostrado muchas cosas sobre mí misma, como por ejemplo el poco aprecio que tengo a veces sobre la pintura (risas). Supongo que su obra, debido al hecho de que te la imponen a lo largo de toda la carrera, para mí había perdido la magia. Pero al leerlo y aprender más cosas de él como ser humano, su obra explotó y fue como si nunca antes hubiese visto uno de sus cuadros. Creo que mi admiración hacia él no es solo a nivel de su pintura sino de su persona, y me da mucha envidia cómo veía las cosas, la sensibilidad que tenía por lo que hacía. Tupac también me gusta por eso, de hecho, de los tres que me has dicho, lo que me fascina es su personalidad. Tupac me encanta por lo ser humano y lo contradictorio que es en todo; lo naif, infantil y a la vez maduro. Otra cosa que me cautiva mucho es la poca vergüenza que tenía para expresar sus intereses, sus gustos y sus ideas, aunque fuesen malas. No se reprimía a pesar de lo mediático que era, y de verdad no le importaba lo que pensaran de él.

¿Crees que hoy en día el arte es contenido?

Sí totalmente. Hoy en día es algo tan fácil y tan accesible que para el artista es mucho más vergonzoso mostrarse. A mí me ha dado vergüenza hablar de una obra mía cuando era íntima o muy sensible. Ahora es como si te atrevieras a expresarte un poco pero no del todo, y Tupac en cambio no era así; no tenía miedo de mostrar que tenía gustos diferentes, era un tío con inquietud por la cultura y era espontáneo, tenía mucha personalidad. Miranda July es performer y es muy raro que a mí me guste una performer, pero me siento conectada con ella por la sensibilidad que tiene, al igual que con Van Gogh y Tupac. Los tres comparten esa sensibilidad por lo que hacían o hacen. Yo creo que se podrían ir de cena (risas). Miranda July también me encanta porque es una mujer y me gusta mucho como expresa sus sentimientos totalmente femeninos y fuertes. Tiene una combinación entre lo ingenuo y lo fuerte que me encanta.

La música siempre te acompaña cuando pintas y a veces hay frases de canciones en tus pinturas. ¿Qué música estás escuchando últimamente?

Estoy escuchando mucha guitarra psicodélica del rollo Santana, me gusta mucho el rock psicodélico y experimental. Para mí la música y el dibujo siempre han ido juntos. La música es algo que me llega muchísimo y hay algunas canciones que me marcan tanto que no puedo evitarlo y tengo que pintar algo sobre ellas. Hago pequeños homenajes a canciones o artistas diferentes, como Stevie Wonder con Part Time Lover por ejemplo (se ríe). Es un clásico aquello de que “todas las canciones hablan de mí”, y cuando pasas por un momento u otro, igual hay una canción o una frase que piensas, Dios, lo dice todo.

También suele haber gente a tu alrededor que te visita y te cuentan sus cosas, tu estudio es casi como una consulta donde la gente va pasando. ¿Hasta qué punto para ti crear es un acto solitario o colectivo?

Crear para mí casi siempre es un acto colectivo. Los cuadros suelen venir de conversaciones que tengo con la gente. Sí que hablo de mí en mi obra, pero muchas veces hablo de cosas que escucho, hablo un poco de la conciencia colectiva y creo que los sentimientos que expreso son bastante fáciles de reconocer porque son cosas que todos vivimos. También tengo esta cosa rara de ver pelis mientras pinto (ríe). Me gusta mucho pintar con gente, aunque también pinto sola. No podría decir que lo que hago es un testimonio de una generación, pero sí trato temas que preocupan a todos: hablo mucho de la reconexión con nosotros mismos porque vivimos en una época en la que no se estila hacerlo, al contrario, lo que se lleva es desconectar de uno. Nos dejamos llevar por la vorágine y después somos como niños perdidos que están todo el rato buscando algún sentido. Ahí sí que siento un hilo común, y esa es la terapia que hago para poder volver entender lo más básico.

Cuando se te conoce personalmente eres una tía bastante graciosa, hablas mucho y te encantan las bromas, las bromas tontas lo que más, en cambio tu obra es como muy seria, solemne…

Pero eso ha pasado siempre, es como el típico dibujante cómico que hace unas tiras buenísimas y luego lo conoces y es un tío súper serio. Yo siempre he tenido el sentido del humor como una manera de expresarme y es algo innato aunque a veces me jode porque me quito importancia y chicha a mí misma, por eso creo que me expreso mejor pintando. Hablando me pongo guasona, no puedo evitarlo (risas).

¿Qué animal crees que eres y por qué?

Soy un mapache, lo pensé el otro día mientras veía un vídeo. Creo que es un animal muy activo, agresivo, que hace cosas malas a menudo y metiendo cizaña. Pero después tiene este otro lado que es monísimo, sensible y tierno. Un poco dual y un poco canalla.

Hablemos de algo que te cabrea: mujeres de varias cabezas y cuencas vacías, calaveras, muertes, ansiedad… ¿Por qué crees que tu obra muchas veces es malentendida como una sucesión de imágenes dulces, 'femenina' e inofensivas?

Creo que la estética confunde mucho, los colores que utilizo… Pero a mí me gusta eso. Me parece una buena opción jugar con esa doble cara porque tienes que escarbar más en la imagen. Aunque también es cierto que cuando llegas a una edad o te van pasando cosa,s ya no puedes seguir siendo tan naif ni fingir que no sabes cosas que sí sabes.

También muchos te identifican con una artista feminista pero tú lo rechazas. Es cierto que el elemento femenino es muy fuerte en tu obra.

Bueno es que yo soy una mujer, y claro, es mucho más fácil. Siempre estoy hablando de cosas que pienso, que hago, que digo, y que seguramente piensan y dicen muchas más mujeres porque como todo género tenemos algunas similitudes. Lo que pasa es que más allá de eso, la mujer para mí es naturalmente una fuerza, yo siento que tengo esa energía dentro de mí, esa energía que viene de la naturaleza y que viene de lo más íntimo, de lo primitivo. Yo represento a la mujer guerrera que simboliza la fuerza y la liberación y me gusta hablar de la lucha perpetua de la mujer con sus emociones, sus sentimientos, con el defenderse a sí misma. Defender ser sensible, ser femenina, ser erótica, ser dura, ser libre, ser todo. Pero yo amo a los hombres, es la mayor debilidad que existe en mi vida, siempre he estado rodeada de hombres y he tenido mucha suerte porque he tenido relaciones de amistad con hombres muy bonitas y no me he sentido agredida por ellos. No me siento identificada con los movimientos feministas que ven al hombre como un enemigo. Para mí no puede existir un feminismo que no respete la feminidad de la mujer, que niegue la sensualidad y el erotismo. La mujer puede ser sensual, erótica y fuerte.

¿Y qué es eso de la vagina cósmica?

Ese cuadro de la vagina cósmica habla de mí, fue un momento de reconexión física que tuve, aunque muchas se pueden sentir identificadas, ¿no? Habla de lo que puede generar dentro de ti ese momento de reconexión erótica y lo que significa el recuperar el poder de la sensualidad. Yo creo que la mujer en ese sentido es muy poderosa y cuando ves a una mujer plena en su sensualidad es algo majestuoso. Es como un líquido que tenemos dentro de nosotras permanentemente y que a veces se activa más o menos, pero que cuando está ahí te llena y es liberador.

Tu camino dentro del arte y la ilustración no ha sido fácil, llevas muchos años pintando y no hace tanto que las cosas que haces empiezan a dar frutos, ¿cómo has vivido estos pasos?

Yo no sé cuánto de conocida soy, pero creo que lo que me ha pasado ha sido a raíz de las redes sociales y sospecho que quizá nunca hubiera sido conocida sin redes sociales. En realidad trabajo gracias a ellas. Cada uno tiene su manera de hacer las cosas y por eso las redes sociales en mi caso han sido una libertad impresionante; no tienes que rebajarte a nada ni pertenecer a nadie, haces lo que tú quieres en base a lo que crees que es respetable para tu trabajo y no lo contaminas. Aunque también está la otra parte de que te expones muchísimo y yo sé que, en parte, estoy dentro de ese sistema del ‘business’. Por eso creo que soy súper dual respecto a mis ideales y es muy difícil hacer las cosas bien: quieres ser libre e independiente, mantener una obra con fidelidad a tus convicciones pero también quieres ganar dinero y comer. ¡Pero no me puedo quejar! Aún así hay cosas que moralmente no puedo hacer respecto al trabajo y supongo que en realidad me encantaría simplemente pintar y tener un árbol de dinero, quiero pintar cuadros y que me los compren y ya está (ríe).

TEXTO
CLARA NÚÑEZ
RETRATO
CARLA STEP
FOTOS
CARLOTA DELGADO

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