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Natural del barrio almeriense del Puche, Fátima Benalghani jamás se habría imaginado que participaría en un corto y, mucho menos, que este esté nominado para los Goya. Sin experiencia previa en el mundo de la actuación, su participación en Farrucas –dirigida por Ian de la Rosa, uno de los guionistas de Veneno– nos obliga a no perderla de vista.

Primero de todo, felicidades por la preselección a los Goya. ¿Podrías hablarnos un poco de ti?
Fátima es una de las muchas jóvenes del barrio marginal El Puche que tiene muchas ganas de comerse el mundo.
Sorprende el hecho de que ninguna de las cuatro protagonistas os dedicáis profesionalmente al mundo de la actuación. ¿Cómo surgió el participar en el corto?
En cuanto a lo primero, he de aclarar que lo que queremos proyectar a España y al mundo no es la mejor actuación profesional, sino la realidad que vivimos el día a día los hijos de inmigrantes en un barrio marginal.
Segundo, Ian de la Rosa conoció a Chiki, la madre de Hadoum, otra actriz que participa en el cortometraje, en una manifestación. Lo invitó a venir al barrio y cuando estuvo aquí le gustó mucho, por lo que quiso realizar algún proyecto en este. Contactó con la asociación almeriense Ítaca y se vino con nosotras a una de las excursiones. Fuimos a Almócita y ahí nos conoció. Quiso que ese proyecto que tenía en mente fuera con nosotras; y así surgió.
Farrucas es un retrato del barrio del Puche donde os vemos a ti, a Hadoum, Sheima y Sokayna contar vuestras preocupaciones y miedos en torno a lo que vais viendo en institutos de fuera del barrio. ¿Qué supuso contar esta historia?
No nos cuesta trabajo contar nuestra vida real porque en el fondo no estamos actuando. Simplemente relatamos nuestro día a día. La diferencia es que nos están grabando.
En la tarde del cumpleaños de tu personaje vemos cómo surgen varios debates alrededor de vuestras raíces y los estereotipos por los que pasáis por ser mujeres racializadas. ¿Cómo fue trasmitirlo en pantalla?
Somos mujeres, somos racializadas y somos de un barrio marginal. Evidentemente, hacemos frente a muchísimos prejuicios y es eso lo que queremos contar.

Ian de la Rosa, director de Farrucas, comentaba en otra entrevista que la idea del corto era explicar las diferencias entre ser hombre o mujer en el Puche. ¿Te has encontrado en alguna situación en la que haya sido más visible?
Como en cualquier otra esquina del mundo las mujeres sufren de machismo, y en El Puche también es posible. La cosa es que si sufro machismo no es en concreto por vivir ahí, sino porque lo vivimos todas las mujeres del mundo.
He oído que el corto surgió de una serie de conversaciones entre Ian y vosotras, ¿me puedes contar un poco más sobre esto?
No surgió exactamente así. Ian habló con Óscar, que es la persona que pasa más tiempo con nosotras y nos conoce mejor. Después recopiló toda la información de Óscar y la plasmó en el corto.
También se ha dicho que, si se hubiese rodado el corto después del confinamiento, los diálogos y debates que se plantean hubiesen sido otros. ¿Qué crees que cambiaría?
No hubiese cambiado nada, porque el Covid no lo ha cambiado y no ha dejado de ser un barrio marginal.
¿Podrías comentarme alguna anécdota del rodaje?
Hemos creado un lazo de amistades y un compañerismo increíble. Las protagonistas ya éramos amigas, pero con el equipo de dirección y producción hemos conectado muy bien. Por ejemplo, Neus, mientras rodábamos, nos hacía pulseras y las seguimos guardando, ¡nos encantan!
Después de esta primera experiencia, ¿volverías a hacer otro trabajo como actriz?
Depende del momento de mi vida, si me pilla bien y con tiempo suficiente para poder dedicarle al proyecto, yo encantada.

Texto
Maria Antón

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