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La ilustradora Carla Fuentes nos habla acerca de su último proyecto más personal, donde su curiosa mirada nos invita a encontrar en las moscas una representación de la sociedad. Sus retratos poco preciosistas y su cuidado por los detalles le han permitido captar la esencia de una nueva generación de jóvenes que muestran su vida a través de las redes sociales y de las imágenes que comparten. En En boca cerrada también entran moscas podemos ver que, al final, este pequeño insecto no es más que un reflejo de lo pequeños somos. La exhibición puede visitarse en la galería We Collect de Madrid hasta el próximo 8 de enero de 2022.
Te conocimos bajo el pseudónimo de LitteIsDrawing, con el que publicabas tus dibujos y apuntabas en tu blog todo aquello que te interesaba. Hace un par de años tuvimos la oportunidad de entrevistarte, y ahora estás con tu último proyecto, En boca cerrada también entran moscas, expuesto en la galería We Collect de Madrid hasta el 8 de enero. Carla, ¿han cambiado muchas cosas desde entonces?
Te diría que es diferente todo. De hecho, la anterior entrevista tiene más de 8 años, así que imagina si ha dado tiempo a cambiar y evolucionar. Desde aquella entrevista tanto mi cabeza como mi trabajo ha evolucionado considerablemente. Qué gusto da que pase el tiempo simplemente por eso, para echar la vista atrás y darse cuenta de todo lo recorrido y cuánto se aprende y se evoluciona si uno es constante en lo que cree y quiere hacer.
Me llama mucho la atención el título de la muestra porque contradice al refrán popular acerca de estar callado para evitar meterse en problemas. ¿Por qué en boca cerrada también entran moscas? ¿Se trata de una declaración de intenciones?
La mosca empezó a formar parte de mi obra de una manera inconsciente. Desde niña me han encantado los insectos y fui añadiendo moscas o insectos a mi obra, aparte de mi amor por ellos, por influencia también de otros artistas o de la pintura Renacentista. Los espectadores empezaron a preguntarse el porqué de las moscas, y entonces comenzó la reflexión acerca de este insecto insignificante. “En boca cerrada también entran moscas” es la frase que engloba la reflexión conceptual que se puede ver en la obra que he ido pintando estos últimos 3 años; creo que se conoce parte de la personalidad de un humano por cómo trata a las moscas.
Por otra parte, creo que este refrán tan mítico se ha quedado obsoleto por cómo han evolucionado las tecnologías y la manera de comunicarnos. Se puede saber mucho de alguien ahora sin abrir la boca, simplemente por cómo se relaciona con las redes o comparte su vida a través de ellas, qué muestra y qué no, cómo las utiliza o las juzga.
Estamos ante un nuevo paradigma de comunicación, antes uno se podía comunicar únicamente por lo escrito o lo hablado, ahora hay otras maneras de comunicarse que influyen mucho en lo que decimos de uno/a mismo/a. También, las tecnologías han cambiado la manera de mirar y de mirarnos a través de espejos o selfies, por lo que a nivel de imagen encontramos otros encuadres, perspectivas y visiones de plano para el retrato.

En la muestra parece que el público pueda percibir la obra desde la perspectiva de un insecto que observa a hurtadillas aquello terrenal de la vida cotidiana. Empezaste el proyecto hace 3 años, ¿cómo surgió esta idea tan creativa de mostrarnos la sociedad a través de la mirada de una mosca? ¿Desde el principio tuviste claro que querías enfocar el proyecto de esta manera?
Al principio utilizaba las moscas para molestar, para darle un poco de absurdo o de toque de atención a lo que pintaba o dibujaba. De hecho, en los encargos muchas veces las moscas me las hacían borrar porque incluso dibujadas o pintadas molestan. Estos hechos me hicieron empezar a observar cómo cada persona se relaciona con los insectos y cuánto se puede saber sobre la personalidad de alguien según la importancia que les da. Mientras unos/as ni las ven, aunque se les pose en la nariz, otros/as no paran hasta que la matan, incluso si tienen que interrumpir una conversación maravillosa para que la mosca desaparezca. Por eso los retratos con insecticidas o matamoscas. Esa obsesión por hacer desaparecer algo pequeño e insignificante y la insistencia en que uno le pone habla del subconsciente de la mente de cada uno.
Algunos lienzos de la muestra me recuerdan un poco a las típicas selfies que publicamos en redes sociales, incluso en algunas podemos ver el recuadro característico de Instagram. Las redes sociales te han acompañado desde tus inicios y me imagino que han sido una herramienta fundamental para mostrar tu trabajo. En la exposición haces una reflexión sobre la cantidad de horas que estamos conectados a Internet. Como artista, ¿la superficialidad que puede llegar a haber en las redes te ha condicionado de alguna manera? ¿Se han convertido en una extensión de lo que somos?
Las redes me han acompañado mucho desde mi inicio, pero son una herramienta peligrosa si no se saben usar bien. Estamos todos obsesionados y enfermos como moscas pegándonos golpes sobre el cristal de las pantallas como si fuesen ventanas, y esto nos está perjudicando. Igual que un martillo lo puedes usar bien para clavar clavos en la pared, lo puedes usar mal para pegarle a otros en la cabeza, y creo que ahora mismo la relación con las redes es tóxica y perjudicial para el noventa por ciento de quienes las utilizamos.
Necesitamos compartirnos a través de la pantalla para recibir amor y reconocimiento porque con la realidad ya no nos basta, e incluso la manera en la que tienes de representarte a ti con un selfie en un espejo dice mucho de tu personalidad. Ha cambiado mucho el ojo con el que miramos a los otros y también cómo los juzgamos.
En En boca cerrada también entran moscas se destaca el uso del retrato, muy presente en todos tus trabajos. Se podría decir que una de las peculiaridades es que son retratos coloristas con miradas que a primera instancia parecen hastiadas o distantes. ¿Qué es lo que te ofrece el retrato? ¿Sigues alguna metodología? ¿Te inspiras en algún detalle concreto?
El retrato siempre ha sido característico en mi obra porque me encantan las personas, me gusta mucho fijarme en las caras y en las expresiones humanas. Las caras raras o diferentes me llaman mucho la atención y siempre me apetece pintarlas. También, muchos de los artistas que más me han influido son retratistas, creo que por eso el groso de mi obra es retrato. Me inspiran las caras que transmiten mucho con gestos serios, con miradas nostálgicas o tristes. Siempre se acaban pareciendo, pero es porque hay determinado tipo de mirada que solo tienen unos pocos humanos naturalmente que me llaman la atención. Encuentro más interés en las personas con caras raras que en las guapas y esto me pasa en la vida real. Me gustan más los seres humanos a los que les vas encontrando la belleza poco a poco, no con una simple mirada.

“Estamos todos obsesionados y enfermos como moscas pegándonos golpes sobre el cristal de las pantallas como si fuesen ventanas, y esto nos está perjudicando.”
Cuando pienso en el retrato, una de las artistas que me viene a la cabeza es Maria Herreros, también valenciana. Me recuerda mucho a tu estilo, porque indaga en una belleza menos vacía o trivial, sin idealizar el físico. En alguna entrevista has mencionado que siempre has estado más acostumbrada a dibujar retratos masculinos, no obstante, en tu muestra predominan los femeninos. ¿Sientes que a la hora de retratar a una mujer la gente espera una mayor exigencia en la belleza o en la estética?
Ha habido épocas en las que las caras masculinas me llamaban más la atención y ahora predominan más las femeninas o más neutras, incluso sin género definido. Supongo que en el buscar otras formas o rasgos vas cambiando entre unos y otros, pero no es algo premeditado, ha sido totalmente inconsciente. No siento ningún tipo de exigencia, mi estilo es poco preciosista y me alejo bastante de la belleza y de las caras y cuerpos perfectos, así que el espectador que me conoce ya no busca eso o ha acostumbrado el ojo a otro tipo de físicos o bellezas lejos del canon establecido.
Destacaría también que, en la exposición, los cuadros tienen un gran tamaño y ocupan gran parte de la pared. En los últimos años, te has acercado más a la creación de murales, ¿Qué ventajas te ofrece trabajar con lienzos de tamaños más grandes? ¿Te ha permitido evolucionar en tu técnica?
En parte ha sido por tener un estudio bastante grande donde pintarlos y en parte por perder el sentido de la proporción. El espacio también te permite indagar en formatos más grandes y los disfruto muchísimo, te permite otras cosas que el formato más pequeño no tiene. El único inconveniente es que luego es más difícil que en las casas quepan. Por eso he querido hacer una exposición en formatos más variados, pero por mí, en este momento, los hubiese hecho mucho más grandes.
Se podría decir que En boca cerrada también entran moscas es uno de tus proyectos más personales, pero también has trabajado para diferentes marcas. ¿Trabajar para un cliente te ha limitado de alguna manera en tu estilo personal? ¿Es complicado mantener tu identidad artística o en algunas ocasiones se ha convertido en una lucha?
Estoy muy contenta también en trabajar con marcas. En mi experiencia a lo largo de estos años me han dejado ser yo y utilizar mi estilo en todo lo que he hecho. Me siento muy afortunada por ello, ya que han salido proyectos muy bonitos y especiales. El poner un estilo determinado artístico en un formato o acción pensada por otra persona crea resultados muy diferentes y poco esperados para mí.

En algunos textos que has publicado o compartido en redes sociales es inevitable ver cierta nostalgia. Personalmente, muchos detalles de tus obras me transmiten esa magia tan característica de la niñez. ¿Dedicarse profesionalmente a la ilustración te ha supuesto en algún momento perder a tu yo de la infancia?
Para nada, yo todavía me siento la niña que fui. Jamás he dejado de dibujar desde que supe coger un lápiz. Pese a que las técnicas pueden madurar, el fuego que me hace dibujar es el mismo que tenía cuando era pequeña. Es algo que cada día valoro más y aunque uno se haga adulto, no tiene por qué dejar de hacer las cosas que hacía cuando era niño. Se pierde una frescura y una magia muy única que los niños tienen cuando te vas haciendo mayor, y eso no es porque queramos hacerlo, sino porque la sociedad te lo exige.
Los textos llamados ‘pensamientos a lápiz’ son reflexiones que hago para acompañar la obra y que se pueda entender mejor lo que me pasa por la cabeza en ese momento, y también son pensamientos que tengo sobre mi entorno o mis vivencias. Me alegra que alguien se pare a leerlos y comprenderlos.
El pasado mes de septiembre publicaste el libro Las moscas, el cual editaste tú misma. ¿Cómo fue el proceso de creación?
El libro ha sido precisamente una recopilación de esos textos y esas ilustraciones y pinturas que formaban parte del proyecto de las moscas. Con él en la mano se entiende mejor la exposición y todo lo que he querido contar y reflexionar estos años. Hice una edición muy pequeña firmada y seriada. Mi idea es sacar un libro que acompañe todos los proyectos, ya que es un proceso muy bonito y gratificante.
Otro de tus intereses es la fotografía analógica, y durante la cuarentena también hiciste un curso para aprender sobre el tarot. ¿Hay alguna otra disciplina que recientemente te haya llamado la atención?
Sí, la fotografía es muy importante para mí. Últimamente uso más el universo digital que el analógico, pero me sigue interesando mucho la fotografía.
El tarot ha sido algo que me ha llamado la atención siempre. Ya desde niña me decían que era bruja y que tenía mucha intuición para prever o adivinar cosas antes que nadie. Así que en la cuarentena me apunté con unas brujas argentinas y estuve haciendo un pequeño curso. El tarot es un mundo muy complejo y amplio, así que sigo aprendido y de momento no he encontrado otra disciplina que lo sustituya.

Además, participaste en la película The Mistery of the Pink Flamingo, que obtuvo tree candidaturas en los Goya, entre ellos, tú como mejor dirección artística. ¿Qué es lo que más destacarías de esta experiencia? ¿Podrías explicarnos alguna anécdota?
El rodaje fue muy divertido y lo más interesante fue descubrir algunos de los personajes que aparecen en el documental, que son personas muy interesantes y con mucho que contar y aportar, como Eduardo Casanova o Allee Willis. Recomiendo un montón ver el documental para descubrirlos. Y luego el viaje por Estados Unidos fue muy guay, lo pasamos pipa recorriendo un montón de estados. El país es gigante y cambia mucho el paisaje, las personas y sus maneras de pensar. De pasar de ciudades más abiertas o cosmopolitas como Nueva York, a verte en medio de la nada de una ciudad de Carolina del Sur, donde te da miedo abrir la boca en cualquier bar por si te sacan una pistola. Pasaron muchas cosas y lo recuerdo con nostalgia porque justo después llegó la pandemia, y lo de viajar tan libremente ya no es como antes.
Después de la exhibición En boca cerrada también entran moscas también estás trabajando en una serie de libros. ¿Hay algo que nos puedas avanzar de este último proyecto? De cara al año que viene, ¿tienes otros planes profesionales que nos puedas contar?
Las moscas forma parte de una serie de tres libros que saldrán en unos meses. Pero este proyecto se queda aquí y cierra con la exposición, los otros dos libros serán sobre otros proyectos nuevos que tengo en la cabeza y que poco a poco iré trabajando durante estos meses.
También tengo un plan de exposición institucional muy guay que, si todo va bien será en 2024. Y de momento seguiré pintando y exponiendo.


Texto
Alba Fabregat

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