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Aunque ha hecho encargos de diferente naturaleza, las ilustraciones de Anna Parini están estrechamente ligadas al mundo editorial y a la prensa, ya que trabaja de manera habitual para medios como The New York Times, The Wall Street Journal, Rolling Stone o La Vanguardia. Con su particular estilo sintético, ha ilustrado artículos que hablan sobre temas de lo más diverso, desde económicos (“he salido de la crisis dibujando sobre la crisis”), hasta otros más emocionales, ampliando su lectura a través del dibujo.

Las imágenes de Anna son sugerentes y enigmáticas. En ellas encontramos escenas estáticas, silenciosas, con personajes que se encuentran en un mundo de siluetas a las que hay que mirar dos veces, en un mundo de arquitecturas imposibles. Hablamos con esta ilustradora italiana afincada en Barcelona para conocer más cosas sobre su trabajo, su proceso creativo, y los desafíos que estos entrañan.

¿Cuándo descubriste que lo tuyo era la ilustración?

Creo que hay una diferencia entre lo que es dibujar y lo que es ilustrar. Descubrí el dibujo muy pronto, como cualquier otro niño, y con el tiempo me di cuenta que eso me daba mas resultados que otras cosas, y seguí practicando. La ilustración llegó mas tarde, me gustó, y descubrí que era lo mío de la misma manera, o sea, practicando.

¿Qué es lo que más te gusta del dibujo y de la ilustración como medios?

La idea de poderlo hacer desde cualquier lugar, en cualquier momento. Me gusta saber que todo lo que necesito puede caber en un bolso.

Me gustaría preguntarte sobre el proceso de creación de imágenes, el camino que lleva hacia tus ilustraciones, de líneas sencillas y con colores planos, pero que llevan consigo una gran carga poética y evocadora. ¿Realizas muchos bocetos hasta conseguir la imagen final, o es algo que sueles tener muy claro ya desde un principio?

Los bocetos son una parte muy importante del trabajo. Hay veces que las ideas salen de inmediato, otras veces que tardan en llegar y es necesario alimentarlas investigando un poco más sobre la temática. Se trata de acostumbrarse a pensar con metáforas. Una vez el boceto ha sido aprobado, se pasa a la imagen final. La prensa requiere ritmos muy acelerados y una producción masiva. Tener tres días de tiempo para la ejecución de un encargo a veces es un lujo.

La atmósfera de tus dibujos tiene, a menudo, algo de irreal, por sus arquitecturas imposibles, laberínticas, por la repetición de motivos, a veces se podría calificar incluso como kafkiana... ¿Cómo definirías tú ese universo propio?

Lo que busco es crear escenas muy estáticas, silenciosas, donde parezca que el tiempo se ha detenido y los personajes hubiesen quedado atrapados en ellas. He aprendido a lo largo de mi trayectoria que la síntesis es la manera más efectiva de expresar un concepto, lo demás distrae el espectador y lo aleja del mensaje.

¿Cuáles son tus materiales y herramientas favoritas de trabajo?

A la hora de trabajar, de momento, prefiero el digital. Es muy directo, limpio y se lleva bien con el tipo de lenguaje que quiero utilizar. He cambiado mucho mi manera de trabajar con el tiempo y no excluyo volver a trabajar con lápices y pinceles, pero ahora mismo, sinceramente, me falta coraje.

Gran parte de tu trabajo son encargos para prensa. Has publicado en The New York Times, The Wall Street Journal, La Vanguardia, o The Angeles Times, entre otros, ilustrando artículos sobre temas de lo más diverso. Desde textos más políticos, o sobre la corrupción, hasta otros sobre temas más emocionales, como el duelo o la depresión postparto, por mencionar algunos de ellos. ¿Cómo te enfrentas a estos encargos? ¿Tienes algún tema favorito a la hora de ilustrar, con el que te identifiques más?

Estar obligada a enfrentarte a temáticas que no dominas forma parte del desafío y es, sin duda, lo que más me gusta de este trabajo. Por otro lado, también te toca tratar a menudo el mismo argumento. Siempre digo que he salido de la crisis dibujando sobre la crisis. Creo que hasta los argumentos más aburridos y complicados pueden dar resultados interesantes si el cliente es atrevido. Muchas publicaciones subestiman la inteligencia de su público y eso me da tristeza. Lo que más feliz hace a un ilustrador es poder trabajar con buenos directores de arte. Es guay tener retos, pero no lo es tener demasiadas restricciones.

¿De qué manera crees que enriquece una buena ilustración a un artículo?

Regalándole otro punto de vista, un vestido nuevo.

Tu trabajo está vinculado también a la literatura, ya que has ilustrado portadas de libros para editoriales como Blackie Books o Mondadori. ¿De qué manera te inspira la literatura? ¿Qué libros podríamos encontrar en tu mesilla de noche?

La literatura me inspira en la misma medida que la música, la fotografía, o el cine, por ejemplo. La finalidad de todas estas disciplinas es la de contar una historia, de elaborar un lenguaje. En mi mesilla de noche ahora puedes encontrar una edición de El guardián entre el centeno, Lolita y el libro que estoy leyendo ahora, Pálido Fuego. Por cierto, el año pasado se publicó Lolita, the Story of a Cover Girl, para lo que pidieron a 80 de los mejores artistas, diseñadores, ilustradores del momento reinterpretar la cubierta de la obra de Nabokov. El resultado me ha encantado.

¿Cuál es tu encargo o colaboración soñada?

Me gustaría ilustrar un libro de recetas.

Y cuando no estás realizando encargos... ¿qué otros proyectos tienes en mente?

Lamentablemente me cuesta encontrar el tiempo suficiente para desarrollar un proyecto personal. Estoy tan acostumbrada a trabajar por encargo que cuando tengo total libertad me paralizo un poco.

¿A qué otros ilustradores o artistas sigues?

Las cualidades que más admiro en un ilustrador o artista son generalmente el opuesto de lo que puedes encontrar en mi trabajo. Me fascina la espontaneidad, el gesto, los acabados pocos refinados, el desorden, pero también me gusta que sean inteligentes, que cuenten algo. Hace muchos años en una exposición en Amsterdam me encontré con el trabajo de Dan Perjovschi, un artista/viñetista rumano, un personaje peculiar, me encantó. Yo le veo un poco como el Slavoj Žižek del arte visual. Está bastante loco (risas).

¿Qué deseos tienes para el futuro?

Que alguien resucite a Freddie Mercury (risas).

TEXTO
CRISTINA RAMÍREZ

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