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Adelaida, a través de una mezcla entre el coro y lo electrónico, conjura su álbum debut Cántaro. Junto a la idea de sentimientos y naturaleza como iguales, traza un recorrido a lo largo de once canciones que hablan sobre la dualidad del amor y el desamor.

Poco a poco, a principios de año, Adelaida comenzó a dejar caer que estaba trabajando en nuevos proyectos. Su perfil en Instagram se convirtió en un conjunto de pequeñas fotos que servían como pistas de que algo de avecinaba: una sesión de fotos con Bo Bannink o un concierto donde se tocaron canciones secretas. Se respiraba cierto aire misterioso en cada publicación. Y tiempo más tarde, desveló en lo que había estado trabajando: Cántaro.

Con la melodía del coro muy arraigado a su yo, Adelaida se aventura con la mezcla de lo más tradicional con lo electrónico. El resultado termina siendo el de un ambiente místico. Emplea sonidos de la naturaleza y lo entremezcla con su voz para proferir un canto a los sentimientos, al dolor, al amor y al autodescubrimiento. Escuchar Cántaro es sinónimo de viajar a un ritual de brujas en las profundidades de un bosque mágico.

Para empezar, explícanos quién es Adelaida, una sirena en invierno y una bruja en verano… ¿Qué relación tienen ambos seres con tu música?
Sirenas, brujas, ángeles de la guarda, amigas imaginarias… las brujas bailan conmigo en los montes y las sirenas me abrazan en la mar. Las encarno siempre que puedo. La magia y sus referencias son elementos importantes en mi imaginario. Me fascina la invisibilidad de la música, porque la vincula con todo aquello que también carece de un cuerpo fijo. Las emociones, lo quimérico, lo sentido, lo soñado... todo lo que una siente, pero no ve. Lo que todas encarnamos en un momento u otro sin darle una forma definitiva. Lo mitológico habita también este espacio. Tanto sirenas como brujas viven en el imaginario colectivo, sin perder su misterio, su anonimato. Estos dos seres mitológicos me han generado siempre admiración, en gran parte por su ambigüedad. Son complejas, para unas ‘buenas’ y para otras ‘malas’. A menudo seducen ejerciendo su voz, a veces en un canto, otras en un conjuro... en el mejor de los casos cantan y conjuran a la vez. Mi música tiene un carácter sensorial, hipnótico, misterioso, que se vincula con este canto-conjuro.
Con El desencanto, una canción que nos traslada directamente a una dimensión surrealista y propia de rituales mágicos, adelantaste un pedacito de Cántaro, tu álbum debut. ¿Qué vamos a encontrar en él?
Cántaro es un recipiente delicado de canciones acuáticas, una vasija de cantos corales y electrónicos hecha con mucho cariño. Es el cobijo de once canciones que construyen un viaje sonoro de 34 minutos y 21 segundos. En este viaje encontraréis fenómenos naturales y criaturillas sorprendentes. En este viaje encontraréis paisajes mágicos e inesperados, que surgieron de un duelo amoroso. En este viaje encontraréis reflexión en las letras, concisas y directas. En este viaje encontraréis llantos, carcajadas, suspiros y muchas, muchas, muchas capas de una voz, la mía, que transformo a lo largo del álbum.
Cántaro va cogido de la mano de la naturaleza. ¿Crees que de algún modo los sentimientos pueden ser un espejismo de los fenómenos naturales? A veces una ruptura puede ser como una tempestad…
¡Sin duda! Creo que los paralelismos entre lo que sucede en la naturaleza y las emociones vienen de muy lejos. La lluvia y la lágrima, la rabia y el trueno... La naturaleza, los fenómenos naturales y el clima nos afectan y nos trasladan a lugares concretos que reconocemos como nuestros, aunque diría que son compartidos. En mi caso, la naturaleza tiene un papel fundamental en mi día a día y me ayuda a gestionar lo emocional. Cuando llueve, por ejemplo, siento que el cielo me limpia. Por eso, el momento catártico de La purga está marcado por el inicio de una tormenta y las respiraciones tristes de La fatiga simulan el movimiento del mar.


El duelo amoroso está presente durante todo el álbum, así como paisajes mágicos e inesperados. ¿Qué quieren decir estos paisajes? ¿Significa que te has perdido a ti misma durante el duelo amoroso y la producción?
Yo lo he vivido como un proceso de reencuentro conmigo misma, de retorno a lo que anhelo, a lo que más disfruto, que es la música. Escribir el álbum me ha permitido localizar lo que he ido experimentando en cada momento de este duelo y darle forma y palabra a mis alegrías, penas y frustraciones. Los paisajes sonoros responden a las distintas emociones y situaciones que fueron el punto de partida de estas canciones. Que el camino sea diverso no significa que sea perdido.
¿En qué momento decides comenzar a componer? ¿Es una respuesta a un momento concreto de tu vida o a una serie de vivencias personales? Amor, desamor, relaciones…
Empecé a componer cuando me di cuenta de que tenía la capacidad de hacerlo. Durante muchos años no me creía capaz, por falta de formación, de conocimiento... Un día, de golpe, descubrí que, aunque no tocara ningún instrumento ‘tradicional’ más allá de la voz, podía usar otras herramientas, y me adentré en los instrumentos propios de la música electrónica. Hice un curso de Ableton online, y a partir de allí todo se aceleró. Fue como un clic, una cosa pragmática. Además, paralelamente a la escritura del disco viví un amor-desamor y eso ha dejado huella en el álbum.
El amor siempre me ha interesado muchísimo tanto teórica como experiencialmente. Me fascina su universalidad, como nos conecta... Recuerdo que mientras pasaban todas estas cosas, leía Todo sobre el amor, de Bell Hooks. Así que sí, en el disco el amor-desamor es clave, pero empecé a componer, simplemente, porque entendí que podía hacerlo.
¿Qué crees que te inspira más en el momento de ponerte a escribir, el amor o el desamor?
¡Son lo mismo! Son pedacitos de un mismo camino... No hay amor sin desamor y viceversa. Lo que sí que diría es que para mí son más inspiradoras las fases de fuerte intensidad, aunque eso también es relativo. Hay días en los que una está muy tranquila con su presente sin pensar mucho en el futuro, y esa tranquilidad tan envolvente puede ser muy inspiradora. Hay días en los que una no comprende lo que sucede, y de ese lugar también salen cosas preciosas. La voz, la palabra, el hilo narrativo... llegan cuando llegan. ¡A menudo es cuando menos te lo esperas!

“No hay amor sin desamor y viceversa.” 
¿Cómo surge la idea de mezclar el coro con la música electrónica? Desde luego el resultado, como podemos escuchar en canciones como El crit, nos transporta a una dimensión que baila entre lo místico y lo futurista.
Fue muy natural. Yo canté en un coro desde muy niña y esa es principalmente mi formación musical. Al tener tanto control de la voz me es fácil usarla como herramienta compositiva y generar harmonías corales. Supongo que las cosas que se aprenden desde tan temprana edad siempre nos acompañan. A la electrónica me acerqué también por familiaridad. Controlaba herramientas digitales de edición y me pareció más emocionante y accesible aprender a usar Ableton que ponerme a estudiar algún otro instrumento. Esta posibilidad ha sido muy liberadora a la hora de componer y producir, transformando mi voz en miles de instrumentos. En canciones como La pregunta, por ejemplo, los arpegios están generados cien por cien a partir de una grabación de voz transformada en midi. A El crit le tengo mucho cariño, por su frescura, su cercanía... Es coral y reconocible a su vez. Su carácter coral le da un toque de himno infantil que casa sorprendentemente con los instrumentos.
Para la creación de Cántaro has trabajado junto a Anna Lanau. ¿Cómo ha sido el proceso creativo?
Terminé la demo de Cántaro en agosto de 2021. En aquel entonces, tan solo llevaba 6 meses produciendo, componiendo y escribiendo música y sentía que me faltaba un apoyo externo. Empecé a buscar a alguien que tuviera más control sobre programas de producción electrónica.
Un día, hablando con Anna, a quien conocí gracias al colectivo de electrónica Abundance, se ofreció a acompañarme ella en esta segunda fase del proceso. Ella es DJ (Lanav) y tiene formación como sonidista de cine, aunque no había producido nada antes. En consecuencia, se percibe su mano especialmente en el diseño de sonido y en los beats deconstruidos. Me pareció adecuado que fuera una primera vez para las dos, ya que el disco ya estaba en un punto de producción bastante avanzado. Ha sido un proceso muy intenso y un aprendizaje enorme para ambas, que era uno de nuestros objetivos. Nos hemos reunido incontables días a pesar de todas las trabas. Le hemos puesto mucho amor y empeño y la verdad es que estamos muy felices con el resultado. Con Anna hemos hecho exactamente lo que el disco precisaba: lo hemos pulido y sofisticado.
¿Qué hay de esa mezcla entre el catalán y el castellano en las canciones?
En mi casa hablamos castellano y catalán a partes iguales, así que tengo un vínculo emocional muy fuerte con las dos lenguas. Cuando compongo, no me cuestiono la lengua que estoy usando. Como trabajo mucho desde el impulso, prefiero dejar que salga lo que tenga que salir. En realidad, eso lo determina más la fuente de inspiración. Si la canción va dirigida a alguien con quien me comunico en castellano, la letra me sale en castellano, y lo mismo sucede con el catalán. Es cierto que, al menos en Cántaro, hay un cambio de tono bastante fuerte que coincide con el cambio lingüístico, pero no ha sido intencionado. Las canciones en castellano tienen un tono más hondo y sombrío, mientras que las canciones en catalán son más joviales, juguetonas. No sé bien cómo ha sucedido, pero, ¡habrá que ver si se sigue dando así!

Cántaro apuesta por lo visual, tanto es así que ha estado dirigido por la artista Bo Bannink. Cada canción va acompañada de una fotografía, ¿qué quieren decirnos? ¿son todo aquello que las palabras no pueden expresar?
Trabajar con Bo ha sido delicioso. Cuando vi su trabajo por primera vez deseé con todas mis fuerzas colaborar con ella. Yo no había escrito aún muchas canciones, pero vi que hablábamos el mismo lenguaje. No tuve que esperar mucho para que la oportunidad de trabajar juntas se diera. La primera vez que quedamos me trajo un dosier con propuestas para el visualizer de cada canción, y se me puso la piel de gallina. En una primera instancia, íbamos a hacer solo tres visualizers, pero lo disfrutamos tanto que al final han sido ocho. Bo ha sabido entender mi música y darle forma con una precisión que aún me sorprende. La parte visual del proyecto solidifica lo que lo sonoro y lo literario del disco sugieren. Al fin y al cabo, yo estudié Bellas Artes, y lo visual es algo que trato con cariño y con esmero. Cántaro no podía ser una excepción.
¿Qué esperas post-release?
Soy soñadora y ambiciosa y llegar hasta aquí se siente ya un gran logro por el que me siento muy agradecida. De momento tengo curiosidad por ver cómo es recibido. Yo os dejo el álbum aquí, bien colocadito, y que el mundo haga con él lo que le urja. Con un poco de suerte, os gusta y, entonces, el álbum me trae una gira, alguna colaboración... pero, sobre todo, lo que deseo con ardor, es seguir haciendo música.
¿Tienes pensado algún concierto o trabajo entre manos que nos puedas adelantar?
Ahora mismo estamos preparando dos videoclips con dos equipos dulces y brillantes que me emocionan mucho. Saldrán en los próximos meses, ¡qué ganas! También tengo algún que otro single en el bolsillo, pero no puedo avanzar fechas, porque por lo que he visto con Cántaro, ¡estas cosas son difíciles de calcular! ¡Y lo más importante! La presentación del disco se hará el 28 de noviembre en el Pumarejo. Será un ritual de iniciación y, a partir de allí... ¡A ver qué pasa!

Texto
Maria Hernández
Fotos
Bo Bannink
Asistente de fotografía
Laura Casellas Igual & Ricardo Pérez-Hita
Ropa
Anjana Berger
Portada
Gina Guasch

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