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Desde finales de los 80 por las calles de Valencia llevan desfilando los sonidos de la electrónica más vanguardista del país. Muchos años han pasado ya desde aquel entonces, pero por sus calles se respira aún ese espíritu de una herencia que a día de hoy sigue latente. Unas memorias que han quedado escritas en las páginas de la historia de Valencia en las que un día se bautizaron como templos discotecas como Chocolate o Barraca. El mal sabor de boca que dejó la Ruta en su último aliento, tan solo hizo que alimentar a un grupo de nostálgicos que cargaron a sus espaldas el sonido de Le Club, a quien, 20 años después, el festival Volumens  –que se celebró del 30 de septiembre al 1 octubre – rinde homenaje por lo que fue el renacer de ese espíritu con el que nació la mismísima Ruta del Bakalao.

Una experiencia que va más allá de lo sonoro, donde confluyen las tres dimensiones del espacio, el sonido y lo visual. Incluso se podría decir que confluyen con lo histórico, pues el festival bebe precisamente de todas las herencias sonoras que han inundado Valencia en los últimos 40 años. Una electrónica que se mezcla con un espacio que parece completamente alejado de ella, como serían la catedral que preside Valencia o la plaza de la virgen, donde reinan todas aquellas tradiciones que los valencianos siguen conservando desde hace siglos atrás. Aunque el espacio y el tiempo parecen alejados, el sentido que une a la ciudad con el festival es más que claro. La ciudad de las artes y las ciencias se convirtió durante 3 días en un símbolo todavía más evidente de lo que sucede cuando el arte y la tecnología se juntan, y la respuesta a esta intriga que a muchos de nosotros nos viene en mente de forma recurrente, no puede ser más fantástica.

Si bien todo empezaba en el centro de Valencia con un homenaje a Le Club, del que hablaremos más adelante, la fiesta seguía en el TEM, Teatre El Musical. Esta antigua sala de cine de los años 20 se convirtió en una completa sala futurista, donde artistas pasaron por su escenario a envolvernos con todo lo que está por venir, combinando la música con la tecnología más abstracta, pudimos disfrutar de actuaciones como las de Yamila, que alternando los sonidos del violonchelo clásico con los sonidos directamente salidos de sus aparatos analógicos nos transportó a través de los poderes alucinatorios de la música con su último trabajo Visions. Pero sin duda los más esperados fueron el show de Playmodes, dirigido por el valenciano Jordi Sapena, era la primera vez que traía su ambicioso software musical, un deleite tecnológico que fue trasladado a nuestras orejas gracias al cuarteto clásico Cuarem Quartet. En el TEM pero, aún quedaban muchas actuaciones, como las de Mortiz Simon Geist, que junto a sus pequeños robots construidos con sus mismas manos, nos sorprendió a todos enseñándonos ni más ni menos que el futuro de la música electrónica.

Ya bien entrada la noche Valenciana, La Sala Canal se convirtió en una máquina del tiempo que permitió a todos los asistentes volver una vez más al pasado para revivir las grandes noches de Le Club, que esté año celebraría su 22º aniversario. Durante el transcurso de la noche pasaron por la sala artistas de la talla de Jasss, Miss_Tra, LucíaGeaSergiPalau.

Pero Le Club no podría ser Le Club sin sus DJ residentes, Vladímir Dynamo, Nacho Fernandez, Marc Campos… y por supuesto no podía faltar H4L 9000. Es aquí donde todo cobró sentido, porque este DJ, antiguo residente muy querido en lo que fue Le Club, es ni más ni menos que Antonio J. Albertos, organizador de este maravilloso festival, donde el pasado se encontró con el futuro y el arte se encontró con la tecnología haciéndonos vivir a todos los asistentes en tres volúmenes: Todo lo visual, el espacio y por supuesto el sonido. Un sonido que durante décadas ha convertido Valencia en un referente musical y cultural de nuestro país, un espíritu que aún perdura y que gracias a toda la organización de Volumens lo seguirá haciendo muchos años más.

Texto
María Rodríguez
Fotos
Pedro Castillo

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