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Si no quieres liarte mejor no vayas. Esto es lo que una servidora se repetía mientras se acomodaba en el avión rumbo a la isla blanca. ¿El motivo? Asistir a uno de los cuatro conciertos que Nicky Jam tiene cerrados este verano en HÏ Ibiza, el mejor club del mundo, si hemos de hacer caso a los lectores de DJ Mag. Y como a una actuación de Nicky Jam no se le dice que no, allá que nos fuimos a experimentar en primera persona eso del best club y, de paso descubrir por qué el brasileño Alok está considerado uno de los mejores DJs del momento.

Llegar y alojarse en el Hard Rock frente al mar, bien. Que el agua del mar estuviera tan caliente como la del jacuzzi del spa, un horror que no iba a ayudar en absoluto a calmar el sofocante calor que no dio tregua ni por la noche. Nos acercamos al Hï Ibiza a eso de la una y ya hay una cola considerable en la puerta. Está a punto de subir a la cabina Gordo (Diamanté D. Blackmon aka Carnage) y mientras calienta la pista nosotros nos vamos a dar una vuelta por el club. En un club de música el sonido lo es (casi) todo, y desde luego aquí es impresionante. Lo primero que piensas es que así es como debería sonar siempre cualquier sesión, cualquier concierto. Lo segundo, menuda millonada todo esto. Lo tercero, vamos a la barra.

La mezcla de público es tan variopinta como la propia Ibiza, mucha onda dosmilera y mucho rollo chicos malotes del trap (estamos en la noche de los sonidos urbanos, recuerden). Aquí la estética choni se codea sin arrugarse con el pijerío más ostentoso y cierta sofisticación. Todo cabe en este templo del hedonismo que cuenta con varias zonas VIP siempre llenas hasta los topes. Entrar vale setenta euros. Y por otros ochenta y cinco puedes hacerte con un pack de cinco copas. ¿Caro? Bienvenidos a Ibiza. Donde la cola de los taxis en el aeropuerto puede llegar a ser de una hora sino más, y una carrera de quince minutos vale entre treinta y treinta y cinco euros. Cincuenta si decides que bien vale la pena pagarlos al primer tipo que te ofrezca llevarte, si con eso te ahorras la cola bajo un sol abrasador y de paso un principio de lipotimia.
¿Pero para qué está el dinero sino para gastarlo y pasarlo bien? Y hoy aquí, un montón de gente que ya llena el Hï Ibiza y va ocupando cada uno de sus rincones, se ha reunido no solo para bailar, también para ver en directo a Nicky Jam, la estrella de la noche y uno de los grandes del trap y del reggaeton. Y mientras Changeover está ya en la cabina y la noche discurre entre sonidos más propios de la isla como el tech house mezclados con algo de R&B, hip hop, reggaeton, trap y hasta sonidos más pop, nosotros nos sentamos a charlar un rato con el brasileño Alok, que será el encargado de cerrar la noche. No solo es su primera residencia en el club, la suya es también la primera residencia de un DJ brasileño en Ibiza, ahí es nada.

Alok Achkar Peres Petrillo, más conocido simplemente como Alok, tiene 31 años y lleva casi 19 en esto de la música. Sí, has leído bien, casi dos tercios de su vida. De padres DJs (su padre es quien lleva Universo Paralello, uno de los festivales más populares de Brasil), se recuerda trasteando con la música desde bien chiquito. Con 12 años empezó a producir, con 14 ya producía para sus padres entre muchos otros, y con 16 lanzó su primer proyecto musical, Logica, junto a su hermano Bhaskar, que le tuvo ocupado los 7 años siguientes. Hasta que decidió dejarlo para ser sencillamente Alok. Ha pinchado en medio mundo y buena parte del otro medio, y este verano tiene 9 fechas en Hï Ibiza, las cuatro que ya ha hecho, dos más junto a Nicky Jam (1 y 8 de agosto), y otras tres hasta mediados del próximo mes (15 de agosto y 5 y 12 de septiembre).
Compartimos charla junto a Federico Soldano de Infobae. Alok llega a uno de los reservados así con todo su séquito, lo habitual en este tipo de entrevistas, pero es sentarse y esbozar una sonrisa de oreja a oreja que ilumina la sala. Es un tipo simpático y amable que se muestra feliz de estar en Ibiza. “Es mi primera residencia en la isla, llevo pinchando en Ibiza los últimos 5 años. Para un artista sudamericano es difícil traspasar las barreras y salir a Europa y Estados Unidos. Además los brasileños tenemos nuestro propio idioma, ni siquiera hablamos español, así que tenemos también la barrera del idioma. Creo que es por eso que nos sentimos muy felices cuando alguien nos representa fuera, supone una gran responsabilidad, pero también es magnífico porque sientes que todos te están apoyando”.

Alok no solo es conocido por su faceta de DJ, entre la chavalada se le conoce sobre todo por ser uno de los personajes de Free Fire, uno de los juegos más populares del mundo. “Cuando me propusieron convertirme en un personaje, me di cuenta de que es el juego más grande del mundo porque es el juego más accesible. Puedes jugar con el móvil, no necesitas una PlayStation o un ordenador. Cuando me preguntaron qué superpoder quería tener, dije: quiero curar a la gente, ¿es eso posible? Y ellos me contestaron que sí, que claro. ‘¿Estás seguro de que quieres hacer esto?’. Sí, les dije. Además no quería sanar solo dentro del juego, también fuera; por eso el cien por cien de mis regalías son para obras de caridad. Así, todo lo que he obtenido del personaje lo devuelvo a la comunidad”. Tiene su gracia que muchos le conozcan solo por su personaje. “Free Fire es una forma muy importante para mí de conectarme con la juventud. Y es divertido porque muchos niños realmente no saben que existo. De hecho, piensan que solo soy un personaje. Es como, ¿Alok es real? ¡Sí, claro que lo es!”

Pero Alok no es solo un personaje, sobre todo es un DJ que ha recorrido buena parte del planeta de club en club: seis meses vive en Brasil, los otros seis está fuera. Has pinchado en muchísimos sitios, ¿por qué destacarías Ibiza?, le preguntamos: “Creo que Ibiza es un lugar donde el público quiere escuchar cosas nuevas, y aunque a la gente también le gusta las canciones populares, viene aquí para tener una experiencia diferente. Así que Ibiza es el lugar en el que los DJ puedan mostrar nuevo material”. Dicho y hecho. La sesión con la que cerró la noche basculó en perfecto equilibrio entre temas más desconocidos y hitazos que pusieron a bailar con desenfreno a todo el personal bajo una lluvia de confeti.
Pero antes de eso, antes de eso Nicky Jam lo petaría muy fuerte en el escenario con un público entregado que coreaba cada una de las canciones, Robaré, El perdón, Jaleo, El amante… Y volvemos a lo que decíamos al principio, esa calidad de sonido no es fácil de encontrar. Volvimos a experimentar algo similar al día siguiente en Ushuaïa, el otro club insignia del grupo hotelero Palladium, esta vez al aire libre. Un club que es también un hotel, bueno dos, con capacidad para algo más de cuatrocientas habitaciones entre ambos y siete mil ochocientas personas. Una fantasía. O una pesadilla, según se mire. ¿Quién querría reservar una habitación cuyo balcón da a una pista de baile? ¿Estamos locos? Bueno, si eres de los que busca la fiesta y tienes en cuenta que por su escenario pasan los mejores DJs del mundo, no es de extrañar que las mejores habitaciones acaben agotadas cada verano y a un precio no precisamente barato. A las ocho de la tarde esto parece el Sonar. Mientras el club se va llenando, el personal se agita en la pista sorteando el calor como puede. Mucho pantalón corto pero también mucho lookazo entre Kim Kardashian y Sita Abellán, si es que se me entiende. Cae la noche, el calor sigue dando por saco y nosotros nos retiramos porque nuestro avión sale en unas horas. No me importaría volver, os lo digo. Quizá la próxima vez sí podamos hablar con Nicky Jam. El avión de vuelta, el último de la noche, está petado de chavales que vuelven de la Ibiza más festiva, la que nunca duerme. No es domingo. Es un martes cualquiera. Mañana algunos irán a trabajar, otros estarán de vacaciones y el último avión de la noche, seguramente, volverá tan lleno como este.


Texto
Yolanda Muelas

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