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Irreverente, única y genuina. Caitlin Moran no rinde cuentas a nadie. Y sus palabras tampoco. La escritora británica regresa a las librerías con Cómo ser famosa, publicada de nuevo por Anagrama como lo fue su anterior libro, una novela que ahonda en el sexismo, el amor y los mitos de la fama. Johanna Morrigan, la protagonista que se dio a conocer en Cómo se hace una chica, se sitúa esta vez en Londres, en pleno estallido del Britpop de los años 90. 

Su trabajo como columnista y la rutina desenfrenada de la gran ciudad sirven de precedente para sumergir al lector en la vida de una mujer joven. Una mujer que, desde una mirada ocurrente y desacomplejada, lanza opiniones demoledoras. Visceral, sin tapujos y sin perder de vista el humor. Cómo ser famosa reivindica la necesidad de aprender a ser una misma y encumbra, una vez más, a Caitlin Moran como una de las voces más excepcionales y más necesarias de los últimos tiempos.

Barcelona se suma a la lista de ciudades a las que Caitlin Moran ha viajado para presentar a Johanna Morrigan: aquella chica nacida en Wolverhampton que firma las crónicas musicales bajo el seudónimo de Dolly Wilde. Durante una mañana de enero, el Hotel Condes de Passeig de Gràcia se llena del carisma y de la autenticidad de la autora que ha dado vida a este personaje. De las declaraciones frente a las cámaras de televisión pasa a recorrer los entresijos de la planta baja hasta llegar a una pared oscura, que se transforma en el escenario perfecto para una sesión de fotos improvisada. Tras la rigurosa sesión de fotos y entre ejemplares de la novela repletos de post-its y libretas y grabadoras, da comienzo la rueda de prensa.

“Creo que, si tienes el privilegio de escribir libros, hacer películas o series de televisión, tienes la obligación de hacer dos cosas: ser útil y ser divertida.” Moran tiene claro cuáles son los cimientos sobre los que debe construirse una novela. Y Cómo ser famosa es el claro ejemplo. Con anécdotas, reivindicaciones y algún que otro matiz autobiográfico, la escritora consigue crear imágenes exquisitas, no solamente con el humor, sino profundizando en una idea y llegando a lugares de verdadera inteligencia, elegancia y belleza. Crea en el lector la necesidad de subrayar las frases que dan forma a las aventuras y a los sentimientos de su protagonista. Frases en las que cada palabra parece ocupar un lugar preciso para conectar, de forma inmediata, con quien tenga la suerte de leerlas.

Conservar esas frases para el recuerdo, volver a ellas cuando sea necesario. Serán muchos quienes lo hagan; sin embargo, la autora tiene claro quiénes son y seguirán siendo sus lectoras predilectas. “Para mí, es básico escribir para chicas y, sobre todo, para chicas que se sienten solas. Es como si las chicas jóvenes siempre tuvieran que tener su cuadrilla de amigas, amigas estupendas que las ayudan, que están siempre presentes; la madre, que también les da consejos… y la verdad es que eso no es así. Yo estuve mucho tiempo sola. No siempre tienes la suerte de tener a alguien dispuesto a echarte un cable.”

Confiesa, además, que son los libros los que, constantemente, le han dado la información importante, por lo tanto, para ella, el elemento de utilidad en las novelas es esencial. “Escribo los libros que hubiese necesitado leer cuando tenia dieciséis años. He ido hablando de mis problemas y he intentado explicar cómo resolverlos.” Pero resulta que esos problemas son, muchas veces, universales. Como ocurre con Cómo ser famosa. “Es un libro sobre el acoso sexual, es una historia muy arquetípica que le ha pasado a muchísimas chicas listas que van a la gran ciudad, que llegan allí solas y que se encuentran con el hombre chungo, el vampiro que está dispuesto a hacer un montón de cosas malas.”

Al dejar atrás su localidad natal y sumergirse en la capital, Johanna se encuentra con personajes que ponen su rutinaria estancia –todo lo rutinaria que pueda ser la vida de una chica de diecinueve años que trabaja como columnista musical en pleno estallido del Britpop– patas arriba: John Kite, que ahora se ha convertido en un cantante famoso con una apretada agenda; Suzanne, vocalista del grupo femenino The Branks, con quien entabla una profunda relación de amistad; y el cómico Jerry Sharp, el “hombre chungo” con quien acaba en la cama, que decide grabar el encuentro y hace correr la cinta entre sus conocidos, obligando a la protagonista a tomar una decisión valiente.

La idea de la fama –y lo que esta implica– está presente en cada una de las páginas de la novela. Y el título vuelve a enfatizar el papel clave que juega este concepto: Cómo ser famosa. En las ocurrencias y reflexiones a las que Moran da rienda suelta a través de su protagonista, conviven dos tipos de fama: Johanna va con gente famosa, pero, además, ella –sin quererlo ni esperarlo– también alcanza la fama. Su nombre empieza a estar en boca de todo Londres. A raíz de su historia sexual con Jerry Sharp, los rumores empiezan a circular.

Y esta situación, que escapa del control de la protagonista, le da a la autora la posibilidad de tratar una cuestión que considera fundamental: “Como escritora, quería hablar de la idea de vergüenza sexual; es un problema, por lo tanto, hay que buscar una solución.” Antes de resolver la cuestión, y ante la atenta mirada de los periodistas presentes, Moran insiste en la particularidad de este concepto. “Es un tema curioso, porque esa vergüenza es algo que te dan, que tú como mujer cargas, que intentas mantener en secreto, y eso te consume un montón de energía y un montón de tiempo. Pero esa carga que tú soportas es una carga absolutamente errónea, porque la persona que la carga no tiene nada que ver con el tema. No debería cargarla ella. Lo que tienes que hacer es devolverla a quien realmente ha causado esa vergüenza.”

Johanna, después de que plantearse muchas veces cómo hacer frente a esta situación, da con la fórmula para resolverla. Muestra la cinta de su encuentro con Jerry Sharp, la misma cinta que ha sido objeto de tantos rumores. Son muchos los que han hablado. Pero ahora le toca a ella. Delante de todos, empieza a exponer qué hacía allí, cómo se sintió, por qué hizo lo que hizo. Lo hace para poder explicarse. Para poder deshacerse de esa “vergüenza sexual” con la que había tenido que lidiar. “Precisamente, en muchos casos de violación, el hecho de no oponer resistencia se usa como prueba contra la mujer violada. Y, evidentemente, es un error en la comprensión de las técnicas de supervivencia en una situación así. Si dices ‘continua’ en lugar de ‘para’ es, precisamente, para intentar sobrevivir”, asegura Moran.

Este acto de valentía con el que la protagonista decide zanjar el asunto llegó a la mente de la autora en el momento preciso. “Mientras lo estaba escribiendo, cuando lo estaba terminando, surgió el movimiento #MeToo, y me puso los pelos de punta. La solución de la que yo estaba hablando es, precisamente, la misma solución en la que han coincidido muchísimas mujeres en todo el mundo. Es como si hubiera sido el momento absolutamente oportuno, como si hubiera sonado la alarma del reloj y, al mismo tiempo, se llegara a esa conclusión: que la solución para superar toda esa vergüenza es, precisamente, contarlo, poner nombres a las personas que la causan.”

Pero el componente de utilidad del libro convive con la diversión, la gran imprescindible en las obras de Moran. Y que, en este caso, se hace aún más necesaria. “Parece que, cuando hablamos de mujeres y de las cosas que les pasan a estas mujeres, tenemos que hablar de cosas serias y tristes, y tenemos que responder a esos roles de lo que se espera de nosotras. Y, cuando a una mujer le ha pasado algo, tenemos que contar ese trauma de una manera un poco trágica. Pues no. Lo que necesitamos las mujeres es liberaros de todas las historias trágicas y hablar de la fuerza, de la supervivencia y del humor.”

Por eso, reconoce haber llenado el libro de todo lo que ha podido: chistes, diversión, anécdotas… unas directrices que ha seguido hasta las últimas páginas. “Lo he terminado con el mejor polvo que uno se pueda imaginar. Creo que es muy importante terminar un libro con un buen polvo, muchísimo mejor que terminarlo con una disputa o con un matrimonio.” Ante las risas y el entusiasmo que produce en la sala esta respuesta sin tapujos, la escritora insiste en la importancia de la última escena que brinda a los lectores: “La mayoría de los escritores no escriben sobre sexo. Entonces, todo se limita, muchas veces, al porno. Y eso no puede ser. Me parece un horror que los adolescentes tengan como modelo el porno. Si eres una chica adolescente viendo pornografía y pensando que esto es el sexo, estás jodida. Esto no es sexo, son dos personas trabajando. Lo que necesitan es tener historias de verdad, de sexo bien explicado.”

Texto & Foto
Claudia Luque

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