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“Tengo muchas ganas de volver al mundo”, enuncia rotundamente Okuda San Miguel, uno de los mejores embajadores del optimismo y la esperanza, quien ahora suma fuerzas con Zalando para acercarse a las calles que durante tanto tiempo no hemos podido pisar. El artista urbano, quien definía sus composiciones para murales como “directas e impactantes” la última vez que hablamos, reconoce sentirse mejor que nunca. En tan solo unas semanas inaugurará su nuevo estudio en el corazón de Madrid, en una nueva etapa que se prevé que sea brillante para la creatividad y la cultura. “Creo que los grandes momentos históricos a nivel artístico vienen después de momentos de poca libertad, como por ejemplo después de una guerra, y un claro ejemplo es la Movida Madrileña”, comenta.

Defensor de la multiculturalidad y la libertas más absoluta, su alianza con Zalando forma parte de la iniciativa #ActivistsofOptimism, con la que la marca conocida por su firme compromiso con la tolerancia, el respeto y las sinergias creativas mira hacia el futuro con ilusión. Materializada en dos coloridos murales ubicados en Madrid y Valencia, los cuales permanecerán de forma perpetua en ambas urbes, la acción parte de la inclusión para posicionarse a favor del avance social como única forma de hacer del mundo un lugar mejor. “He visto el momento de volver a lanzar este mensaje tan importante, que es el de quererse unos a otros y la libertad de amar”, añade Okuda, para quien la colaboración, que pone el broche de oro a la campaña “Creadores de Optimismo” es una respuesta al difícil momento que hemos atravesado en los últimos meses.

Okuda, la última vez que hablamos con motivo de tu exposición Mayan Renaissance en Los Ángeles reconocías no estar muy interesado en la realidad política ni social. “No veo las noticias”, comentabas. ¿Cómo has vivido estos últimos meses definidos por el aislamiento y la incertidumbre más absoluta?
Efectivamente, recuerdo esa entrevista y esa exposición. Precisamente, en esa exposición de Los Ángeles la actualidad me hizo incluir ciertas cosas. Por ejemplo, recuerdo una pieza que hice durante las votaciones de Donald Trump en la cual éste se estaba quitando una máscara mía de pájaro y tenía pintado “Viva México” en una cara de ladrillos. También recuerdo un par de retratos de la Estatua de la Libertad que hice con estampados mexicanos, como étnicos. En ese sentido, estos años de pandemia, obviamente, han supuesto para mí un momento de reflexión, de cambio… Particularmente, de parar, de parar de viajar. Aunque haya inaugurado dos exposiciones el año pasado, en Los Ángeles y en China, estas han sido desde la distancia. Además, yo estoy acostumbrado a hacer unos sesenta proyectos al año alrededor del mundo, y he pasado de esa locura de intervenciones y de viajes a, de repente, solo hacer dos. Estos últimos meses han supuesto para mí un proceso de reflexión y un toque de atención sobre la rapidez y el mundo moderno en general. Yo vivo en un ático en Madrid y cuando todo el mundo se paró, observaba la claridad del cielo y pensaba que, en cierta manera, la naturaleza nos ha hecho parar y todo este tiempo que hemos estado encerrados en casa el mundo se ha limpiado y oxigenado. Además, creo que me encuentro ante una nueva apertura de obras, tanto a nivel compositivo como a nivel de disciplina y de envergadura. Incluso el parar me ha hecho subir de nivel. Estamos construyendo mi nuevo estudio, con más de mil metros cuadrados y situado en el centro de Madrid, que empezamos justo el año pasado y que inauguramos en septiembre-octubre. Este estudio va a incluir muchos departamentos dirigidos en esa dirección, de apertura al mundo de la arquitectura, de la dirección de historias cinematográficas. Es decir, de dar movimiento a mi trabajo y, ante todo, de engrandecer la escultura para que llegue a un punto de vista arquitectónico, de modo que de mis estructuras pueda vivir gente. Pronto daré más noticias en mi Instagram, pero estoy muy muy enfocado a esta historia.
El espacio público, fundamental en tu obra, ha visto cómo todxs nos refugiábamos en nuestros hogares durante meses. Y cuando volvíamos a las calles, lo hacíamos con mascarillas y respetando las distancias de seguridad. ¿Crees que el mundo ha cambiado para siempre? ¿Estamos en un punto de inflexión en la historia?
El tema de la mascarilla y de estar encerrados en casa, particularmente el vernos obligados a separarnos, me ha hecho reflexionar mucho. Lo que más me gusta del ser humano y especialmente en el país en el que vivo, que es muy caliente como es España, es la facilidad de querernos, de socializar, de que la gente está mucho en la calle… Entonces, el cortarnos todo eso que tenemos y que nos han enseñado desde pequeños, como el hecho de compartir y dar sin esperar nada a cambio, y no poder hacerlo de una forma natural siendo las únicas relaciones sociales virtuales, ha supuesto una reflexión brutal para mí y sobre todo una inspiración muy interesante para todas las obras que he generado desde el año pasado a este. Por ejemplo, en la exposición que hice el año pasado en Corey Helford aparecen retratos de muchos personajes en los que sólo se les ven los ojos. Luego, hay otra cosa muy interesante dentro de esta pregunta y es la mascarilla y el hecho de que ya no se reconoce la identidad de la gente tan claramente y únicamente se ven las miradas, los ojos… Y es a través de ellos como tienes que intentar descubrir más allá. No sé si el mundo ha cambiado para siempre, pero sí que es posible que esta tendencia a separarnos sea interiorizada por lo menos por un alto porcentaje de la población y provoque que ya no vuelvan a confiar como antes. No es mi caso, ya que en todo este tiempo he estado en lugares donde estaba un poco más al margen de todo esto que pasaba, de la locura y de la normativa loca europea, como por ejemplo en Latinoamérica, donde podías estar más tranquilo en la playa. He ido muchas veces a México, donde tengo muchos amigos, y allí las normas no eran tan estrictas, por lo que he podido olvidarme, inspirarme y sobre todo, encontrar mi refugio para dibujar y para generar nuevas obras. Pido y espero que el mundo no cambie para siempre, pero también recuerdo que yo viajaba bastante a Asia y ya antes de la pandemia llevaba mascarillas, ya que eran un complemento interesante que me gustaba y que me compraba en Tokio y en Hong Kong. Ahora, ya no me gusta tanto porque cuando te obligan a algo… Ya no es lo mismo.
Al igual que tú transformas el cemento en imágenes multicolores a las que infieres vida propia, son muchos los artistas y profesionales de la cultura los que se han volcado en entretener, enseñar o evadir por un instante a la sociedad del momento tan trágico como el que hemos vivido. ¿Es la cultura el mejor antídoto frente a la barbarie?
A mí lo que me ha equilibrado todo este tiempo ha sido mayoritariamente la cultura y la maravilla de las redes. Parece que he estado en muchas exposiciones simplemente siguiendo el Instagram de amigos y de galerías que no han parado después de un momento dado de hacer exposiciones, lo que me ha generado cierto equilibrio, actividad mental y motivación para seguir creando y generando obras. Esto y dejar de ver las noticias cada día ha sido primordial para mí puesto que, de otra manera, entras en un bucle de negatividad del que no puedes salir. Yo creo que a la semana dos de encerrarnos ya dejé de ver las noticias en la televisión para estar un poco viviendo en mi mundo multicolor. Además, yo vivía con siete personas y con un perro, y algunos de ellos trabajaban conmigo en el estudio. Digamos que teníamos nuestra realidad paralela a toda esta locura que se estaba viviendo afuera. Fue en cierto modo muy divertido el compartirlo con ellos, y son de las mejores personas con las que podía haberlo hecho. Otra cosa que me gustó mucho fue hacer directos en Instagram para mis seguidores, de los cuales se han generado varias obras con sus propias ideas. En general, me he acercado más a ellos y creo que eso también tiene un punto interesante. Al final, dentro de lo malo, en esta pandemia han sucedido cosas muy bonitas también o, por lo menos, el intercambio o retroalimentación cultural que yo he tenido con otros amigos artistas o actores ha sido muy enriquecedor. Un ejemplo de este intercambio es la presentación de mi libro que hicimos con Cayetana Guillén, cada uno desde su casa. Asimismo, cada día durante la semana hacíamos vídeos desde mi casa con amigos en los que participaba toda la gente de elrow y en los que nos disfrazábamos en parte debido a la paralización del tour con elrow que teníamos en todos los clubs… Habíamos hecho cuatro ciudades pero nos faltaban otras diez y que, por cierto, ¡ahora se retomará! En resumen, creo que se han generado cosas muy bonitas y, aunque sea dentro de las casas, compartirlo ha hecho distraer, al menos por momentos, a gente que quizás no tiene la facilidad de evadirse de estos problemas y de inspirar e intentar transmitir ese positivismo de alguna manera, tan necesario en estos momentos.
Ahora sumas fuerzas con Zalando y te conviertes en uno de los protagonistas de sus impactantes acciones, parte de su campaña de verano #ActivistsofOptimism. Una acción construida sobre el positivismo y el activismo, a los que consideras “el primer mensaje de tu obra”. ¿Qué ha significado para ti esta colaboración?
La colaboración con Zalando ha surgido de la necesidad de mostrar al mundo que era el momento de volverse a besar y a liberarse y, después de todo este tiempo en el que nos han enseñado a no socializar, a no darnos besos y a separarnos, he visto el momento de volver a lanzar este mensaje tan importante, que es el de quererse unos a otros y la libertad de amar.

Dos murales a gran escala, uno en Madrid y otro en Valencia, conforman una acción que celebra la libertad, el amor libro y la diversidad. ¿Eres optimista cuando piensas en el futuro?
Por supuesto que soy optimista cuando pienso en el futuro, siempre soy optimista. De hecho, tengo tatuado el símbolo “+” en mis dedos. Desde hace mucho tiempo creo que esa es la única manera de crecer y de atraer cosas positivas. La bondad, el ser buena persona, por encima de cualquier religión y fe, repercuten en el karma, que es en lo que más puedo creer. Y pienso que si todos aportamos nuestro granito de arena en este sentido, el mundo iría mucho mejor seguro. Además, me encuentro en el mejor momento de mi carrera, en el que se están generando cosas increíbles. Creo que todavía no tengo ni idea de la dimensión que está tomando mi carrera, abriéndose a nuevos mundos y mercados, como el chino en el cual estamos generando esculturas de gran formato desde la distancia. La verdad es que estoy súper contento. Y de hecho, el estudio ha crecido tanto en tamaño como en personas y envergadura de los proyectos. Por todo ello, sí, soy súper optimista de cara al futuro.
En la ejecución del mural valenciano, has colaborado con el artista Sixe Paredes, cuyo trabajo bebe de la arquitectura barcelonesa, las culturas precolombinas y la influencia de la naturaleza. ¿Cómo surgió esta sinergia creativa y qué destacarías de esta espectacular obra?
He colaborado con Sixe porque tenía ganas de colaborar en una pieza grande, puesto que hace año estuvimos juntos en Perú donde él vive la mitad de cada año y pintamos en las fábricas de Cantagallo y algunos murales pequeños, y nos divertimos mucho. En mi opinión, los estilos que tenemos cada uno tienen una sinergia maravillosa porque en ambos casos, a pesar de que se trata de un lenguaje que parece futurista y contemporáneo, este se influencia mucho de las culturas ancestrales y de otras etnias, como la peruana, la maya o la azteca… Creo que ahí confluyen nuestros estilos. Además, era la hora de hacer algo grande los dos, con el mismo mensaje de libertad, multiculturalidad…. Estoy muy contento con esta colaboración y con muchas ganas de hacer la siguiente, ¡de la que ya tenemos la idea! Una maravilla trabajar con él.
En Madrid, la obra la encontramos en la intersección de la calle de Eugenio Caves y Avenida del Manzanares, en el corazón de Madrid Río. Si tuvieses que definir este mural en una única frase, ¿cuál sería?
Lo definiría como el propio nombre indica, “un beso multicolor”. Es decir, un beso entre todas las razas, todos los géneros y todas las personas.
“Tenemos ganas de sentir, de estar juntos, de color, de libertad y de ser nosotros mismos”, leemos en el vídeo de presentación de la campaña Creadores de optimismo, a la que tu acción pone el broche final. ¿De qué tiene ganas Okuda San Miguel?
Creo que este vídeo significa mucho. En él intento transmitir ese optimismo y esas ganas de crecer y, fundamentalmente, de afrontar el futuro con color y positivismo. La verdad, tengo ganas de todo y me siento mejor que nunca. Creo que los grandes momentos históricos a nivel artístico vienen después de momentos de poca libertad, como por ejemplo, después de una guerra, y un claro ejemplo es la Movida Madrileña. Se trata de un momento de liberación total, como ocurrirá después de la pandemia, y que se va a notar en la cultura y en el arte. Es por eso que digo que estoy con tantas ganas. Llevo todo el año pasado y este trabajando y preparando una serie de proyectos que pronto verán la luz, y por los cuales estoy muy contento y tengo muchísimas ganas de enseñaros. Principalmente, el mayor proyecto de todos es el nuevo y gran estudio que estamos haciendo, del cual saldrán cosas maravillosas. Tengo ganas de todo, pero en especial de volver a mi locura de viajes. Hace poco, hemos empezado por España y por Europa. Sin embargo, tengo ganas ya de volver al mundo, sobre todo a China porque nos estamos quedando con las ganas, ya que hemos inaugurado dos exposiciones en dos museos allí y todavía no hemos podido ir a inaugurarlas.

Texto
David Alarcón

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