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Unas amigas se reúnen en un bar para charlar, cuando la conversación empieza a girar sobre una misma temática: historias personales que se convierten en comunes –a todas nos ha pasado. En Tódalas mulleres que coñezco, Xiana do Teixeiro plantea, a través de tres escenarios diferentes, la inseguridad y la violencia que las mujeres vivimos a diario en las calles. Un film que ha formado parte de la 25ª edición del Festival de Cine Independiente L’Alternativa, proyectado en el Zumzeig, donde la directora hizo un coloquio. Y nosotros aprovechamos para sentarnos a hablar con ella después.

¿Por qué decidiste dedicarte al cine documental de autor?
El cine de no ficción puede ser un dispositivo realmente flexible. A veces aquí se abren posibilidades hacia un cine de lo inesperado, caminar hacia lo salvaje.
¿Qué fue lo que te impulsó a realizar la película y mostrar cuán masculinizada y violenta sigue siendo la calle hoy en día?
Parto de vivencias personales. Me impulsó la injusticia de ser situada y educada como víctima potencial desde pequeña en un momento en que pensaba que la vida va de intentar ser lo más libre posible. He aborrecido esos condicionamientos y diferenciaciones que se me han impuesto, cuando yo no me pensaba ni como mujer ni como hombre todavía. He deseado ser hombre. Después he entendido de qué va el género y he matizado mis frustraciones. Todo ello, con ayuda de mis amigas y compañeras, de las hermanas que han contribuido al pensamiento feminista, que nos han dado algo hermoso a lo que agarrarnos. Pero es imposible conformarse.
La película presenta tres grupos de conversación que hablan sobre la misma temática pero en ambientes diferentes. En el primero vemos un grupo de amigas tomando unas cervezas en un bar; en el segundo, un grupo de mujeres de diferentes edades que conversan desde un punto de vista más formal; y el último lo forman un grupo mixto de adolescentes en un instituto. ¿Por qué decides dividir la película en estas tres escenas y qué crees que aporta cada una al relato general?
Estas tres escenas interconectadas sirven para poner en comunicación ambientes que podrían ser estancos. Todo va de romper silencios, tabúes, separaciones que nos aíslan, cuando en el colectivo encontramos el significado de estas violencias, el sistema de dominación machista que las subyace. La primera secuencia parte de lo íntimo y también de lo festivo. Una conversación de amigas. Se retrata ese mecanismo de colectivización de la experiencia privada. En el encuentro y el compañerismo está el germen de la revuelta. Es interesante cómo se pasa de ese primer nivel, íntimo, a otro más analítico y después a otro más distanciado. Los espacios también tienen mucho que aportar: se puede hablar del miedo estando en la calle y entre risas que exconjuran; se puede conspirar en un salón y una cocina domésticas; se puede romper el discurso de lo correcto en una escuela pública.

“En el encuentro y el compañerismo está el germen de la revuelta.”
¿Qué diferencias observaste en el grupo mixto con relación a las otras dos conversaciones formadas únicamente por mujeres?
Me interesaba asomarme a esa idea de abismo entre experiencias y emociones de unas y otros transitando el espacio público. El abismo significa que la vida es distinta y que además los hombres no tienen ni la menor idea de cómo es la vida de las otras. Es interesante plantear esto a un grupo que convive cotidianamente, como sucede en un aula. Un grupo al que se le ha vendido la idea de igualdad. Me da la impresión de que lo que sucede en esta secuencia indica que esta igualdad sigue siendo un slogan antes que una realidad.
Se trata de una película muy viva, especialmente se ve reflejado en las dos primeras escenas, donde las mujeres comparten experiencias muy personales. ¿Cómo lo hicisteis para tener una conversación tan natural a pesar de haber cámaras grabando? ¿Cómo se construyó esa relación de intimidad y confianza?
Gracias por apreciarlo. Yo creo que esta es una de las mayores aportaciones de nuestra película. Es cierto que hay vida y hay personajes enormes en esa primera secuencia. Para grabarla hicimos un esfuerzo de minimizar el equipo técnico al máximo y buscar un equipo humano que conectase inmediatamente con la sensibilidad de la sesión, todas técnicas mujeres cercanas a los feminismos. Tratamos de respetar el círculo emocional de las protagonistas, entrar en él despacio y lentamente, estar atentas a sus ritmos, dejarlas hablar. Se trataba, en todas las secuencias, de facilitar espacios para que sucediesen cosas interesantes, mágicas, y, una vez habían surgido, tratar de grabarlas de la mejor manera posible. Nunca al revés: diseñar la escena en función de la grabación. El cine documental a veces pierde el norte con el aparato visual. Yo creo que el objeto siempre tiene que ser prioritario y respetado.

Algunas mujeres que aparecen en la película explican vivencias muy duras que les han sucedido, ¿temías que visibilizar esto pudiera provocar aún más temor e incrementar la paranoia en las mujeres?
Sí, fue una de mis preocupaciones principales. Los ecos sociales de los miedos contribuyen a amplificarlos, a veces es una cuestión social que tiene que ver con la predisposición. Quise reflejar estas dudas en la película. Una incertidumbre recorre toda la cinta. Creo que es un lugar interesante para comenzar a deconstruírnos.
Está claro que la mujer debe empoderarse, pero en este caso, la educación en los hombres es fundamental para conseguir cambiar esta situación. En el coloquio posterior a la proyección de la película en el cine Zumzeig, explicaste que organizas talleres en institutos tratando el tema desde un punto de vista pedagógico. ¿Qué patrones o valores machistas se pueden reconocer ya tan temprano (si los hay)? ¿Crees que por el momento está funcionando como esperabas?
Algunas de las voces que se recogen en la película inciden en la educación. Me gusta la de Mar Pérez Fra: después de haber sufrido miedo y agresiones como mujer, llega un punto en su vida en que se plantea estas mismas problemáticas como madre. Tiene una hija y un hijo, y se da cuenta de que lo que realmente le preocupa es la educación de él. Se le pasa por la cabeza acabar convirtiéndose en la madre de un machista, de un acosador. Algo inadmisible que trata de atajar educándolo en valores de igualdad. Una mirada muy lúcida.
Es cierto, la película está teniendo un recorrido por centros educativos. Son lugares donde es muy interesante plantear preguntas, pensando en que las personas que se están formando puedan tratar de resolverlas en sus vidas en los siguientes años.
La película empieza con un fragmento de una entrevista a Nina Simone defendiendo lo que es la libertad para ella. ¿Te consideras una mujer libre?
Soy libre y entiendo que parte de esto se debe a privilegios que me han tocado. Pero siempre quiero ser más libre –creo que todas las criaturas queremos libertad. En esto me siento hermana de todos los pájaros, de todos los perros, de todos los que están encerrados. Ningún pájaro más enjaulado, basta ya.

“Soy libre y entiendo que parte de esto se debe a privilegios que me han tocado. Pero siempre quiero ser más libre –creo que todas las criaturas queremos libertad.”
¿Por qué decidiste hacer el formato de la película en blanco y negro? ¿Qué quieres transmitir con ello?
El blanco y negro transmite el estatismo y la continuidad de una situación que no cambia, realmente, a pesar del paso del tiempo. Esa conexión entre las varias generaciones y situaciones de la película se facilitan por una fotografía que es sobria y busca la verdad de los gestos y las formas de los cuerpos que se retratan.
Para terminar, ¿tienes más proyectos pensados en relación a la película?
Pienso en ramificaciones, pero tengo que darle tiempo. Ahora que la película ya ha funcionado a ciertos niveles, igual otros de los procesos desencadenados se podrían grabar. Pero también se pueden no grabar, se pueden vivir. Mientras tanto estoy escribiendo proyectos sobre ecología y tratando de formalizar una película que trata el objeto del diario de adolescencia femenino.

Texto
Clara Muñoz
Retrato
Emilio Fonseca

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