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Sus pinturas son de aquellas que te atrapan, que te cautivan y que te hacen reflexionar sobre dónde se encuentran los límites de la realidad y dónde empieza la magia de la obra. Y es que se podría decir que ese contraste es lo que diferencia al artista catalán Xevi Solà de los demás. Realizados con un trazo rápido y nervioso, sus personajes son de lo más intrigantes, pero de alguna manera consiguen acercarnos a su mundo interior. Aunque él mismo nos confiesa que está en proceso de abandonar la parte narrativa de la pintura, para centrarse en la pureza de esta misma y de la gestualidad de la forma.

Antes que nada, me gustaría saber cómo has vivido estos últimos años de trabajo. ¿Han cambiado mucho las cosas desde la última vez que te pudimos entrevistar?
Recibo algún que otro mensaje de personas que me preguntan por qué ha cambiado tanto mi pintura últimamente, por qué he dejado de transgredir… Cualquier pintor te dirá que es muy difícil cambiar, incluso en pequeños detalles. Yo me propuse explorar nuevos caminos en el terreno formal y abandonar la narrativa controvertida de los últimos años. Aunque las inercias que uno ha adquirido con los años son muy difíciles de abandonar, creo que en cierto modo he conseguido las dos cosas, pero queda mucho camino.
Si nos remontamos a tu pasado, ¿conservas algún recuerdo relacionado con tus inicios en la pintura?
Claro, yo fui dibujante antes que pintor, y me costaba mucho combinar los colores. Al final no creo que sea difícil, puedes ayudarte de la intuición o incluso de la ciencia para ello, pero yo no prestaba atención a eso, estaba demasiado ocupado en resolver las expresiones de los personajes, proporción encaje, trazo.
Me imagino que al estudiar Bellas Artes en la universidad pudiste adquirir una amplia formación sobre diferentes movimientos artísticos, pero, ¿cuál fue el detonante que hizo que te decantaras por el arte figurativo? ¿Qué te aporta esta tendencia a la hora de crear y ponerte manos a la obra?
En la universidad me di cuenta de que lo que yo quería hacer se llamaba "retrato psicológico" y descubrí a artistas como Lucian Freud. Pero en esos años también me llamaba la atención la pintura decorativa de los grandes, desde el paisaje fauvista hasta las odaliscas de Matisse. Más tarde he aprendido a entender el arte abstracto, algo que antes me quedaba muy lejos.

Tu estilo me recuerda al Die Brücke alemán porque parece que tus personajes huyan de una belleza estética fácil de digerir. Además, también combinas el uso vibrante del color con unas pinceladas dinámicas. ¿A qué se debe esta dicotomía de huir de lo atractivo y apostar por algo más chocante, atípico y extraño?
Me fascinan las corrientes artísticas de principio de siglo. Los Die Brücke protestaban contra la belleza amanerada de la Belle Époque y pusieron de moda la belleza del trazo rápido y nervioso. Creo que un trazo veloz, como ocurre con la caligrafía, es básico para que aflore la personalidad del pintor, y por otro lado, esconder y disimular el trazo diluye esa personalidad, y a mi entender, esa obra pierde interés. Creo también que en 1900 los pintores avanzaron como nunca antes en el estudio del color, con ayuda de la ciencia, ¿por qué no aprovechar todo ese conocimiento? En cuanto a huir de la belleza, no sé qué decirte, antes tendríamos que discutir sobre qué cosa es la “belleza".
Tus pinturas me hacen querer saber más sobre los personajes. Algunos parece que consigan abstraerse de la realidad, otros parece que tan solo con la mirada nos permitan colarnos en su mundo interior. ¿Qué es lo que más te cautiva de tus personajes? ¿Dónde consideras que se encuentra esa mímesis que caracteriza a tus personajes?
Como a todos, me llaman la atención unos rostros más que otros, por diferentes motivos. Por ejemplo en mi caso me gusta retratar rostros alargados, narices grandes, frentes anchas, mandíbulas marcadas, rasgos que nos hablan de ciertos aspectos psicológicos. Pero en general suelo buscar rostros bellos desde un punto de vista mainstream. Con mi forma de pintar pretendo reinterpretar a esos personajes potenciando determinados aspectos del rostro. No es como una caricatura al uso, pero creo que en cierto modo tiene algo que ver.
En tu última exposición en Alzueta Gallery se aprecia una evolución en tu estilo. Tus personajes ya no muestran esa perversión inquietante, sexualidad o una locura escalofriante. El paisaje y su entorno desaparece. Ahora, vemos a unos personajes que parecen más calmados, dando más relevancia a sus formas. ¿A qué se debe esta decisión que parece tan deliberada?
Todo eso es cierto, la evolución es premeditada y el motivo es lo que te contaba antes, experimentar en el terreno formal, simplificar, hacer evidente el trazo y dejar de ser narrativo. El paisaje de fondo, seguramente lo voy a recuperar en un futuro, pero ahora mismo creo que no es necesario, es más, incluso podría molestar.

Dicen que la mirada es un reflejo del alma. ¿Crees que, cuando pintas un retrato, ese es el elemento clave para poder llegar a crear un vínculo entre la obra y el espectador? ¿O hay otros elementos, como la gestualidad o el color, que consideres que son importantes para captar esa sensación?
El vínculo con el espectador es algo misterioso. Creo que intervienen muchos factores, que el espectador conozca de antemano tu obra y tu lenguaje pictórico, que la pintura tenga una factura original, que sea reconocible según su cultura artística, su experiencia vital, la combinación de colores. Por ejemplo, si observamos un retrato de Modigliani, nos llama la atención o no por su extrañeza, pero si tenemos información, si conocemos la bonita historia de que en sus retratos un ojo mira al espectador y el otro mira hacia el interior de su propia alma, somos capaces de conectar mejor con su obra.
¿Podrías hablarnos un poco sobre tu proceso creativo? ¿Sigues una técnica en concreto para llevar a cabo tu obra? Con relación a esto, también he leído que una de tus motivaciones es recuperar la frescura.
Mi proceso creativo no es muy metódico, la verdad. Lo que puedo decir es que últimamente dibujo más que antes, suelo hacer muchos dibujos preparatorios previos a la pintura, creo que de esta forma tomas las decisiones sobre el papel y el resultado en la tela es más limpio y también el trazo resulta menos dubitativo. Otras veces también utilizo Photoshop para montar rostros Frankenstein a modo de collage. Pero, por otro lado, otras veces me enfrento a la tela con intención de no corregir los errores e incluso darles protagonismo para recuperar esa frescura.
¿Sientes que un artista puede llegar a perder su originalidad? De ser eso cierto, ¿se podría llegar a recuperar de alguna manera?
Bueno, para mí en el mundo del arte, nos guste o no, ser original es importante a la vez que difícil. Sobre todo, se convierte en imposible si tenemos un exceso de ganas de gustar. Creo que hay mucho ego pero, aunque parezca contradictorio, pocos pintores tienen una fuerte confianza en su obra, por eso muchos renuncian a la esencia y la substituyen por algo que ya visto.

Anteriormente, has mencionado que estás en proceso de olvidar la parte estrictamente narrativa de la pintura, ¿a qué se debe esta perspectiva?
Eso es porque creo que la pintura es básicamente eso, pintura. Y hoy en día pienso, a diferencia de lo que pensaba antes, que existen disciplinas artísticas más apropiadas para contar historias.
Una singularidad de tu obra artística es que, durante un tiempo, abandonaste los retratos para centrarte en los paisajes. ¿Hay alguna razón del porqué decidiste dar ese cambio? ¿Qué es lo que te ha hecho volver a pintar personas?
Me gusta mucho el paisaje, y durante un tiempo mi obsesión era integrar paisaje y figura. Luego comencé a pintar paisajes sin figuras como reto, para ver si era capaz de hacerlo de una manera aceptable. Descubrí cosas muy interesantes, pero tengo mucho camino andado pintando personas y no quiero renunciar a eso. De todos modos, tengo previsto volver a pintar paisaje pronto, ya veremos.
Me gustaría saber si a día de hoy tienes o conservas algunos referentes artísticos. ¿Alguno que pienses que te haya podido influenciar en tu estilo?
Claro que los tengo, y evidentemente me han influido y me inspiran, eso sí, los voy cambiando a menudo. Aparte de los grandes Van Gogh, David Hockney, Alice Neel, ahora me vienen a la cabeza nombres como: Henry Taylor, Chantal Joffe, Genieve Figgis, Elisabeth Payton, Rose Wylie, Danny Fox...
Para acabar, ¿estás trabajando en algún proyecto? ¿Qué nos puedes contar?
Seguramente lo más inmediato sea una exposición de obra sobre papel. También a través de Galería Alzueta vamos a organizar una exposición de pinturas en Texas y NY con una galería de arte americana. Pero a medio o largo plazo un buen plan sería viajar en autocaravana durante un tiempo pintando paisajes, es algo a lo que hace tiempo que le doy vueltas.


Texto
Alba Fabregat

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