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Poder entender el arte como un vehículo para transmitir lo que te apasiona o te quita el sueño. De esta manera define el mundo del cine y del teatro el talentoso Xavier Miralles, director y guionista. Ha participado en la pasada edición del Festival Fire!! de Barcelona con una de sus últimas obras, El destello, un cortometraje que muestra cómo pueden llegar a agrietarse las relaciones personales que algún día parecieron perfectas, impolutas y titánicas. ¿Cómo puede ser que aquello que hizo invencibles a dos personas que se aman acabe siendo también lo que les destruye?
Has participado con tu cortometraje El destello en el Festival Fire!! de Barcelona, celebrado a principios de mes. ¿Qué sientes al presentar un proyecto propio en uno de los mayores encuentros internacionales de cine de temática LGTB?
Mucho respeto. En un festival como el Fire!! puedes encontrar una enorme cantidad de proyectos de muchísima calidad, de gran compromiso con el colectivo y, en muchas ocasiones, un ánimo muy reivindicativo. En mi caso, El destello cuenta una historia muy universal que puede pasarle a cualquier persona al margen de su orientación sexual. En este cortometraje no hay una denuncia o reivindicación sobre el colectivo más allá de dar visibilidad a través de una pareja de dos hombres en vez de mujer y hombre heterosexuales. Por ello siento respeto, porque entre grandes obras provocadoras y reivindicativas, absolutamente necesarias, yo presento mi pequeña y sencilla historia de desamor.
El destello también fue seleccionado en el Festival de Cine de Alicante, que se celebró el pasado mes de mayo. ¿Cómo ves que está siendo la recibida del corto por parte del público?
Estoy muy contento porque los espectadores se identifican con los personajes más allá de su sexo u orientación sexual. Es algo que todo el mundo puede haber vivido y cuando alguien se acerca a decirme que también ha vivido ‘un destello’ en su relación me impacta mucho. Que un trabajo tuyo haga identificarse al público es una de las mejores satisfacciones que puedes tener.
El cortometraje deja entrever algunas de las consecuencias de la rutina y del traidor e imperceptible proceso de desamor, que tan silencioso como destructivo, estalla en nuestras narices cuando menos lo esperamos. ¿Cómo defines tú la trama del corto?
Pues no puedes haberla definido mejor. ¡Me has dejado sin palabras! De hecho, es una forma de definirlo muy dura y preciosa a la vez. No creo que pueda mejorarla, pero diremos que El destello es una historia sobre ese pequeño instante en el que, por lo que sea, por un mero destello, se abre una grieta que parecía imposible y empieza a colarse toda la destrucción que se acumulaba detrás de la pareja. ¿Cómo puede ser que aquello que hizo invencibles a dos personas que se aman acabe siendo también lo que les destruye?

¿Cómo nace el proyecto? ¿Cómo ha sido este viaje, desde que pasó a ser tan solo una idea en tu cabeza hasta que se finalizó en la etapa de postproducción?
La historia nació una noche en la que necesitaba escribir. Tenía ganas de dialogar y eso hice. Hice algo muy curioso, que no hago nunca: no crear estructura y ponerme a escribir sobre una situación puramente realista. Así surgieron Óscar y Cristian, y sus frustraciones fueron las que me conducían a escribir una cosa u otra. Terminé por entenderles tanto que esa misma noche tenía escrito El destello. De ahí a rodarlo con mi pequeña productora, Totem Producciones.
Hablé con los representantes de Daniel Grao y Jon Kortajarena, que me habían venido a la mente mientras escribía. Les pasé el guión y aceptaron. Fue tan sencillo como alucinante. El rodaje y la postproducción fueron fáciles y muy satisfactorios. La verdad es que no puedo contar ningún calvario en este proyecto porque todo el equipo lo entendió desde el principio y depositaron su talento y confianza en mí para que la historia fuera lo más personal posible.
Director y guionista, tu carrera profesional es extensa, vasta y diversa. ¿Qué es lo mejor y lo peor de ser un joven con tanta ambición?
Pues es una muy buena pregunta. Lo peor, sin duda, es que no te tomen en serio por ser joven. Ahora ya han pasado unos años, pero cuando empecé con 21 la mayoría me tomaba por un inexperto que ‘seguro no tenía ni idea’. También hay un aspecto muy negativo, que es que todo el mundo espera que acabes ganando Goyas y Oscars y empiezan a crear una expectativa que, si no sabes gestionarla, puede ser muy frustrante.
Lo maravilloso del mundo del cine o el teatro no es llegar a metas de ensueño; es poder entender el arte como un vehículo para transmitir lo que te apasiona o te quita el sueño. Si entiendes ese vehículo, te conducirá por caminos prodigiosos sin ningún otro esfuerzo. Esto último, respondiendo la otra parte de la pregunta, es sin duda lo mejor de todo, porque si lo entiendes siendo joven tienes mucho más camino por delante para disfrutar.
También has dirigido obras y proyectos teatrales, sobre todo microteatro. ¿Qué es lo que más te atrae de este formato?
Es un formato fascinante que se parece muchísimo al cine. Tienes una sala de menos de quince metros cuadrados, con los actores a un metro del público. Están más cerca que los espectadores de una pantalla de cine. Si consigues crear realidad en ese espacio y esas particularidades, llegas a tocar a la gente directamente en su interior. Es alucinante.

¿Por qué género sientes predilección y qué tipo de relatos te sientes más a gusto contado?
El drama centrado en las relaciones humanas, sea el vínculo que sea, es lo que más me interesa. Particularmente siento mucha necesidad de hablar del amor, pero a medida que pasa el tiempo, tus inquietudes pueden cambiar. He tratado la familia, la amistad y muchos otros vínculos que también contienen amor. Cuando empecé, con 21 años, me flipaba el terror y todas las situaciones extremas a las que puedes llegar explorando personajes en ese marco. Sigo sintiendo pasión por ese género, pero cada vez lo trato menos.
Ahora estoy muy centrado en relatos con personajes del colectivo LGTB+ porque me parece absolutamente necesario que cada vez tengan más presencia. Llevamos muchos años identificándonos con roles heterosexuales en el cine y el teatro. Es hora de que los heterosexuales se identifiquen ahora con nosotros.
Tres elementos imprescindibles para una buena historia.
Diálogos genuinos, estructura y que todo nazca del verdadero interior de quien lo escribe.
¿En qué estas ocupado actualmente y en qué proyectos te veremos próximamente?
Acabo de terminar mi última obra de teatro, Los chicos boreales, que estuvo programada durante un mes y prorrogamos durante otro más por lo bien que funcionó. También me encuentro en plena fase de edición de mi último cortometraje, TransformArte. Actualmente estoy desarrollando una historia coral con personajes del colectivo para una posible película o serie –el formato está por decidir–, y también estoy escribiendo mi primera novela desde hace unos siete meses. Este verano espero terminarla a la vez que escriba nuevos cortometrajes y piezas de teatro. Ah, y también he diseñado un par de pirámides. Esto último es broma.

Texto
Carla Font

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