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Para Solimán López, el arte está en un momento de ruptura. Las nuevas tecnologías, más allá de cambiar nuestro hábitos de relación y consumo, también han agitado el panorama artístico. En sus piezas, este artista afincado en Valencia se cuestiona sobre lo intangible del arte digital y su relación con otras disciplinas. A punto de iniciar una gira que le llevará por diferentes países presentando su Harddiskmuseum, en esta entrevista nos habla del encaje del media art en la cultura contemporánea.
En realidad no eres un artista al uso, puesto que estudiaste Historia del Arte. ¿Cómo te ha influido tu formación a la hora de crear?
El bagaje como historiador del arte me ha permitido aplicar un discurso más conceptual en lo que al uso de las nuevas tecnologías en el arte se refiere. Como sabes, estas han revolucionado nuestra vida diaria, pero en el mundo del arte estamos viviendo una etapa en la que hay mucho fuego de artificio. El software y el hardware nos están obnubilando y lo conceptual queda en un segundo plano. En ese sentido, ser historiador del arte me ha permitido tener una mirada mucho más crítica y hacer un guiño continuo a los grandes referentes en la historia del arte y a la evolución propia del arte contemporáneo.
Creo que resulta bastante habitual encontrar artistas contemporáneos que no han tenido una formación plástica...
Efectivamente. Por ejemplo Damien Hirst, por citar a uno de los más reconocidos. Pienso que los artistas que no hemos estudiado Bellas Artes podemos aportar aire fresco al panorama contemporáneo, precisamente porque esa carrera ha coartado en muchos campos la creatividad y la innovación en el propio arte.
Y en tu caso, ¿qué te hizo decidirte a dar el paso hacia la creación?
En realidad yo ya había hecho cosas antes de entrar en la facultad, había jugueteado con la pintura y el vídeo sobre todo. También había hecho acciones en las que me preguntaba sobre lo digital. Creo que mi entrada en la creación fue vocacional. Durante la carrera veía ciertos discursos que yo también tenía en mente y me decidí a crear el mío propio. Así es como monté mi primera exposición en Córdoba, donde estudiaba, de la que la crítica dijo por cierto que era lo más moderno que había pasado por la ciudad (risas). Y el ver que interesaba y tenía tan buena acogida fue un apoyo para seguir adelante con mi carrera como artista: me di cuenta de que tenía algo que contar.

Aunque utilizas diferentes disciplinas como fotografía, performance o media art, supongo que habrá algo unitario en todas tus obras...
Podría decirse que tengo una línea argumental que es, como te comentaba, esa mirada analítica de lo que supone el arte contemporáneo en la actualidad. Conceptualmente pienso que, por ejemplo, Arco se puede considerar arte contemporáneo, porque recoge lo que se hace coetáneamente a nuestro tiempo. Pero si nos centramos en la definición de arte de nuestro tiempo, Arco, en realidad, no se está haciendo cargo de esa manifestación del arte actual. Porque para mí el arte contemporáneo, si hablamos de innovación, de cambio social y de estrategias sociales, es el que tiene relación con las nuevas tecnologías. Y quien no lo quiera ver así está mirando hacia el pasado. Y que conste que no denosto las demás prácticas, de hecho algunas de mis creaciones se plasman de una manera plástica, y me interesa mucho esa relación entre ambas disciplinas.
¿Y a qué crees que es debido que el media art todavía no tenga una presencia más consolidada en este tipo de ferias, o incluso en los museos?
Es algo muy complejo, un juego a varias bandas que imposibilita esa acción. Por una parte el mercado y por otra el coleccionismo, que no ha entendido que el arte que viene se está desmaterializando, que el arte digital y las nuevas tecnologías son en gran medida muy efímeras. El comprador quiere todo lo contrario, quiere algo para toda la vida. Yo esto lo he vivido: cuando un comprador ve que se necesita un enchufe para la obra, ya ve un problema. Por ejemplo, el vídeoarte es algo que solo puedes disfrutar unos pocos minutos, que son los que dura el vídeo. Después desconectas y apagas la obra. Pero es que en la pintura pasa igual: el cuadro solo lo disfrutas cuando estás delante de él. Otra cosa es el carácter de posesión. Pero eso, para mí, ya no es arte, eso es mercado.
Pero el mercado es parte importante del arte. Quiero decir, los artistas tenéis que comer...
Por supuesto. Los artistas tenemos que insertar nuestro trabajo dentro de la sociedad, y la sociedad no se entiende sin economía. Pero lo que está pasando con el media art le ha pasado a todas la vanguardias: las manifestaciones artísticas nuevas siempre han supuesto una ruptura. Por ejemplo, el urinario de Duchamp o el dripping de Pollock fueron piezas que el mercado tardó en asimilar. Por eso es el tiempo también el que legitima la obra. Y en el media art estamos en ese mismo momento.

Uno de tus últimos trabajos, y también uno de los que más revuelo está levantando, es el Harddiskmuseum: ese museo que es en realidad un disco duro. ¿Qué ideas lo han motivado y qué pretendes conseguir? 
Es un proyecto controvertido en su forma: ¿qué sentido tiene que sea off-line y que albergue archivos digitales en su interior? Y por otra parte, ¿qué sentido tiene trabajar con archivos únicos cuando lo digital por definición es reproducible? En realidad el Harddiskmuseum es un homenaje al file, que es el que da vida a la obra de arte digital. Una reflexión que he querido hacer con este proyecto es la de centrarnos, no la interfaz o en el acabado de la obra, sino en la matriz que es al fin y al cabo el file, el archivo. Sin el file, ya sea .jpg o de otro tipo, no hay arte digital. 
Otra peculiaridad del Harddiskmuseum es que es un museo itinerante, que puedes llevarte de gira por diferentes ciudades.
En efecto. Creo que ese es otro elemento diferenciador del Harddiskmuseum. Internet no tiene la capacidad de acercar el archivo digital de una manera física al usuario. Y eso es lo que me interesaba también de este proyecto. Lo que hago son sesiones en vivo en las que voy mostrando el contenido del disco en las mejores condiciones de vídeo-proyección. Pretendo que sea una experiencia poder ver las obras del museo. Hago también exposiciones pop-up en las que dejo instalado el disco duro y el público puede navegar por él durante unas horas.
¿Y tienes pensado traerlo a Barcelona?
Sí. Estamos ya negociando con algunos centros y la idea es poder llevarlo a Barcelona entre octubre y noviembre.

“Lo digital tiene una naturaleza líquida. Pero lo conceptual también es intangible, las ideas son imposibles de convertir en algo físico.”
En otra de tus obras, 002fa7, te has apropiado de un color, tal y como hizo Yves Klein con su famoso azul. ¿Querías criticar precisamente ese hecho de apropiación?
En realidad esta obra también forma parte de la estrategia que intento llevar a cabo: posicionar el arte digital ya como obra de arte que tiene que estar en la historia del arte. Lo que hago es actualizar algunas obras pero con un lenguaje digital, para que mentalmente hagamos la similitud. Es decir, si Yves Klein registró un pigmento y gran parte de la obra que hizo con ese color se ha entendido como obra de arte, ¿qué ocurre si yo hago algo similar en el ámbito digital? Lo que pretendo es legitimar el arte digital como herramienta de creación contemporánea.
La pieza 002fa7 es el registro del código hexadecimal que tiene una cercanía del 96% al color real registrado por Klein, aunque también tiene una licencia de Creative Commons de libre uso siempre que se mencione. Pero también hay una segunda lectura: ¿qué ocurre con la obra de Yves Klein cuando se representa en una pantalla? Porque ese color se está representando a través de los píxeles que yo tengo registrados bajo mi color. Es decir, si yo veo un cuadro con el azul de Klein, esa obra es de él. Pero si yo veo una obra de Klein en la web, está representada con los pixeles que yo tengo registrados. ¿De quién es la obra? Me interesaba mucho jugar con este mix de autoría.
Otra de tus obras que me gustaría que comentáramos es Making disappear the Kosuth’s Chair, una de tus últimas performances, donde te zampas una tarjeta de memoria. ¿Con qué finalidad?
Mi intención era hacer ver que a Kosuth, que no ha vivido de manera temprana la era digital, le faltaba precisamente la silla digital. Lo que he hecho es actualizar su silla, dividiendo la obra en tres pasos. El primero, digitalizar la silla de Kosuth en 3D. Paso dos, meter ese archivo en un dispositivo de almacenamiento digital, en una tarjeta microSD. Y por último, ingerir la tarjeta para hacer desaparecer la silla. La obra acaba en una pequeña escultura que es un guiño a la Merda d’artista de Piero Manzoni. En mi caso no hay mierda de artista, sino que está vacía como metáfora de que el arte digital es intangible. La obra final es el vídeo que está en fase de postproducción y donde se mostrará todo el proceso.
Esto me da pie a preguntarte por tu afición a la performance, a la que sueles recurrir, a pesar de considerarte un artista digital.
Precisamente porque lo digital a veces es muy frío, tiene una frialdad manifiesta y yo soy una persona muy pasional, utilizo la performance para liberar la energía que voy acumulando durante el proceso de creación. Aunque también me interesa hacer tangible lo digital, acercar de manera física esos conceptos y hacerlo comprensibles. La performance me permite hacer entender todo el proceso de creación. Eso en Gutenberg Discontinuity, la obra donde entierro unos ordenadores que contienen unos archivos que son únicos, se ve muy bien este acto de querer explicar todo lo que hay detrás de la obra.
Has hecho referencia al arte intangible. ¿Podrías definirlo?
Arte intangible es arte digital. Lo digital tiene una naturaleza líquida. Pero lo conceptual también es intangible, las ideas son imposibles de asir, de convertir en algo físico. Se pueden representar, pero solamente están en la cabeza. Por eso me interesa mucho el arte digital, porque su naturaleza es cercana a la de la idea. Que un ordenador sea capaz de convertir ceros y unos en imágenes, es algo que me parece brutal a nivel de concepto.


¿Crees que el media art desplazará a las técnicas más tradicionales como la pintura o la escultura?
No lo creo. Van a convivir, por supuesto, pero no en el mismo espacio. Toda la parte de lo digital y las nuevas tecnologías se enclava ya dentro del ámbito de la comunicación. Las Bellas Artes serán parte del ámbito de lo plástico. Y me parece muy acertado, porque el lenguaje es totalmente diferente. A mí me encanta la relación entre ambas; trabajar con elementos plásticos que se puedan relacionar con el mundo digital me parece una línea de investigación muy interesante.
Entonces, ¿qué impacto tiene el media art dentro del mundo del arte?
Ahora mismo creo que, igual que pasó con las vanguardias y en todo momento de ruptura, el arte digital se está expresando con un metalenguaje: está hablando de sí mismo. Los ejercicios con el dato, la visualización de información, el net art… todo es un metalenguaje. Creo que el media art se va a encargar de aquello que no pueda recoger la pintura. Para cada idea hay un formato. Y lo que está haciendo el arte digital es sacudir las estructuras del arte contemporáneo para adaptarlas a las nuevas necesidades de visualización, contemplación o almacenamiento que requiere esta nueva disciplina. Pero a pesar de eso, creo que todavía no se ha institucionalizado. El museo todavía no ha recogido la gran cantidad de obra de arte desarrollada con estos nuevos medios.
Y ya para acabar, ¿podrías avanzarnos algo de tus próximos proyectos?
La última pieza que he montado se llama Host-In. Se desarrolla en Córdoba, ciudad con la que tengo un vínculo muy especial porque es donde estudié, como te decía antes. Consiste en escanear domicilios de gente mayor de la pedanía de Córdoba donde se desarrolla el festival. Pretendo congelar el tiempo en un momento determinado. Es algo que siempre he querido hacer, por ejemplo cuando visito la casa de mi abuela. Después, las imágenes escaneadas se van a quedar en un servidor de uso exclusivo para el pueblo, a modo de escultura pública.
También tengo previsto viajar a Brasil, Argentina y Uruguay, donde visitaré museos nacionales y diferentes universidades desarrollando piezas como Tecnometrías o Gutenberg Discontinuity, así como nuevas sesiones en vivo del Harddiskmuseum.


Texto
Toni Chaquet

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