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Pareja, mejores amigos y compañeros de trabajo que, además, comparten su pasión por el diseño. Eliana Godoy y Santiago Rossi crean joyas con las que los clientes puedan sentirse identificados pero que, a la vez, hablan de su historia personal. Inspiradas en sus viajes, fruto de la complicidad de su relación y apostando por la calidad y la artesanía que, para ellos, es imprescindible. Con la libertad creativa que supone ser una marca pequeña, Sar Jewelry ha conseguido materializar su particular visión de lo que debe ser la joyería: piezas influenciadas por la historia y con un carácter atemporal.
Para saber más acerca de los que estáis detrás de la marca, ¿quiénes son Eliana y Santiago. y cuál es vuestra trayectoria profesional?
Eliana: Soy diseñadora de moda con más de diez años de experiencia, y fui docente de Diseño en la Universidad de Buenos Aires hasta antes de mudarme a Barcelona en 2016.
Santiago: Estudié orfebrería desde los 12 años, trabajé en varias empresas de joyería antes de que surgiera Sar, y también dediqué mucha parte de mi vida a patinar en skate profesionalmente.
¿Por qué las joyas? ¿Hay alguna experiencia que os hizo decantar por este sector?
Eliana: Cuando conocí a Santi siempre me llamó mucho la atención que usara muchos anillos –por algún motivo, es mucho más raro que un hombre use tres o cuatro anillos. A medida que nos conocimos y fui entendiendo más sobre el mundo de la joyería, me enamoré del oficio y de que, a diferencia de la moda, donde montar una pequeña colección puede costar miles de euros e incluir a muchas personas para poder producir, en joyería prácticamente puedes hacer una colección con una cantidad de dinero significativamente inferior y todo el proceso productivo puede hacerse en un pequeño banco de trabajo prácticamente sin incluir terceros. Esta practicidad fue muy nueva y muy refrescante para mí, que vengo de trabajar en la industria de la moda, donde empezar una marca puede ser un proceso muy complejo.

¿Cómo os decidisteis a emprender un proyecto de esta magnitud?
La marca surgió muy naturalmente. Empezó con algunos pedidos de amigos a los que les gustaban los anillos pero no encontraban nada en el mercado de la joyería para hombre que los identificara. Las opciones eran joyerías típicas de toda la vida con las que nuestra generación no se siente cómoda o el estilo motero con el que tampoco nos sentimos identificados.
¿Y cómo fueron los inicios?
Santiago: En un principio, mis primeras piezas fueron pensadas para mujer, pero era muy obvio que lo que me surgía naturalmente eran piezas masculinas. Antes de venir a vivir a Barcelona no teníamos muy claro qué nos íbamos a encontrar, pero decidimos darle una oportunidad y ver qué pasaba con la marca si uníamos fuerzas entre el conocimiento de Eli en diseño y mi conocimiento técnico en orfebrería. Eli aprendió rápidamente el conocimiento técnico de la joyería y yo me propuse aprender la parte de diseño para poder sintonizarnos. Por suerte, ella solía enseñar diseño en la universidad y yo también enseñaba joyería, fuimos nuestros mutuos profesores (risas).
¿Cuáles son los mayores retos a los que os enfrentasteis al principio, y cómo han evolucionado hasta ahora?
Al principio tuvimos mil dificultades, estábamos intentando encarar la marca seriamente al mismo momento que nos estábamos mudando a un país nuevo. Hicimos malabares durante meses para poder instalarnos mientras desarrollábamos la marca. Sar creció y se acomodó a la par que nosotros en Barcelona, fuimos conociendo gente maravillosa en el camino que siempre creyó en nuestro proyecto y nos ayudaron de todas las formas posibles. El amigo que podía era modelo, fotógrafo, o cliente (risas).

¿Lo mejor y lo peor de vuestro trabajo?
Lo mejor todo, cada logro está multiplicado por mil. Nos sentimos muy afortunados de trabajar pudiendo ser totalmente auténticos a nuestra visión de lo que queremos, eso es lo lindo de ser pequeño, realmente tienes mucha libertad creativa para poder desarrollar todo lo que deseas. Lo peor es que cuando sientes un proyecto tan tuyo, no hay límites en lo que le das, lo entregas todo; es un trabajo 24/7.
Sar Jewelry se caracteriza por creaciones que no obedecen a un método de fabricación industrial. En un momento en el que prevalece la homogeneidad, esa singularidad que puede aportar a las piezas vuestro método de trabajo, ¿creéis que logra convertirse en algo simbólico?
El trabajo a mano, por suerte, en el mundo de la joyería sigue siendo una característica muy deseada, hasta buscada. Todos nuestros anillos son hechos a medida bajo pedido, lo que nos puede llevar hasta tres semanas terminar una pieza, y, aunque sea difícil de creer, nuestros clientes, que son jóvenes y están acostumbrados a que todo les sea entregado el mismo día, esperan pacientes porque saben y respetan el trabajo a mano, el recibir algo especial que se ha hecho desde cero específicamente para uno.
¿Qué otros elementos dirías que caracterizan y diferencian vuestras piezas?
Sin lugar a duda, las influencias en la historia y el desarrollo que hay detrás de cada pieza. A veces, una pieza tiene un trabajo y una investigación gigante. Casi todas las piedras que usamos están talladas a medida para un modelo especifico, las cadenas las traemos de Italia, etc. Realmente nos preocupamos muchísimo de que cada pieza sea muy especial.

¿Qué os inspira a la hora de realizar las colecciones? ¿Hasta qué punto las tendencias de la temporada influyen en vuestro trabajo?
Sinceramente, casi nada surge de las tendencias, los dos creemos que una pieza de joyería tiene que ser algo que atesores muchos años. Somos un poco románticos de esa idea de pasar las piezas entre miembros de familia, de la historia y del arte. Nuestras mayores inspiraciones surgen de nuestros viajes –viajamos todo lo que podemos y visitamos cuantos museos hay en cada ciudad a la que vamos.
El año pasado hicimos un viaje de un mes en una caravana por todo el sur de Francia e Italia. El 100% de la colección surgió de todo lo que vimos ahí. Tenemos una colección de la visita a las canteras de mármol en Carrara, otra inspirada en las ruinas de Pompeya, otra en las cadenas de todas las casas de joyería del Ponte Vecchio, etc. En todos los museos sacamos muchísimas fotos de todo lo que nos llama la atención, y después, reviviendo esas fotos, encontramos patrones clarísimos. Con esto nos sentamos y empezamos a dibujar desde ahí. Realmente puede ser cualquier cosa, desde una pintura hasta un detalle en un edificio.
En cuanto a vuestro público, ¿cómo lo definiríais y qué creéis que busca cuando se decanta por Sar Jewelry?
Sin duda, es un usuario unisex, cosmopolita, atemporal y con una nostalgia por la elegancia pasada. Creemos que busca algo único, algo especial que vaya a atesorar mucho tiempo. Recibimos mails de clientes diciendo que su pieza les recuerda a algún anillo de un familiar. Para nosotros es un privilegio pensar que nuestros objetos puedan heredarse en un futuro, crear parte de la historia de las vidas de nuestros clientes. Mantenemos un contacto continuo con ellos y nada nos hace más felices que el hecho de que casi todos nos elijan repetidas veces.
A día de hoy, gracias a las puertas que han abierto las nuevas tecnologías, es posible hacer que los productos sean visibles en el mundo entero. El hecho de que la gran mayoría de marcas tenga presencia en el entorno digital lo ha convertido casi en una obligación. ¿Hasta qué punto creéis que es imprescindible? ¿Cómo es vuestra relación con las redes sociales?
Las redes sociales crearon una plataforma mundial que, en cierto punto, es ‘democrática’ para que todos tengan la posibilidad de explotar un potencial increíble. Sin embargo, nosotros las vemos de forma muy orgánica, no nos gustaría crear contenido solo porque hay que hacerlo o seguir reglas del algoritmo para lograr tal o cual cosa. Realmente intentamos que sean tan reales y sinceras como sea posible.


Además de trabajar juntos en este proyecto, también sois pareja. ¿Cuáles creéis que son las claves para compaginar lo laboral con lo personal?
Si hay claves, aún no las encontramos (risas). Siempre es un reto encontrar momentos en los que no nos pongamos a hablar de Sar; sinceramente, los dos somos super apasionados por lo que hacemos, entonces no lo sufrimos tanto, pero cada tanto nos obligamos a poner un límite y no hablar de nada referido al trabajo. Por regla general, fallamos a las dos a tres horas máximo (risas).
Empezasteis la marca en el año 2016. Después de este tiempo colaborando, ¿qué dirías que es lo mejor del otro a la hora de trabajar? ¿Qué creéis que ha hecho que sigáis creando juntos?
Eliana: Santi es un perfeccionista, super apasionado por la joyería y con un nivel de técnica muy alto. Creo que tiene la capacidad de estar doce horas trabajando en el mismo anillo y no parar hasta lograr lo que está buscando.
Santi: Eli sabe muchísimo de diseño y es un sinfín de referencias. Es una vocera innata y sin ella la marca jamás hubiera existido. Fue quien encendió la chispa en mí de que empezáramos el proyecto juntos.
Eliana: Creemos que lo que nos mantiene creando juntos es nuestra pasión por el diseño en general. Nos compensamos a la perfección, mis fuertes son las debilidades de Santi y viceversa. Somos una de esas parejas que tienen la suerte de también ser mejores amigos.
De cara al futuro, ¿qué planes tenéis para Sar Jewelry? ¿Algún propósito o proyecto interesante que podáis compartir?
Los planes que tenemos son infinitos. En este momento, estamos prestando mucha atención a conectar con los retailers indicados para poder llevar nuestras piezas a mercados que nos resultan interesantes. También estamos apostando por desarrollar artículos que no necesariamente sean joyería, nos gusta la idea de expandir el diseño y poder crear un universo más completo. En esta colección, por ejemplo, hemos creado unos pañuelos de seda. Además, estamos trabajando en la idea de colaboraciones con otros diseñadores. Nuestra meta más importante siempre es crecer de forma orgánica sin descuidar la calidad de nuestro producto.

Texto
Claudia Luque
Retrato
Carla Step

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