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Nacida con el objetivo de devolver a las lámparas el confort que habían perdido en los años ochenta, Santa & Cole se ha consolidado como una editorial de objetos de diseño exquisita. Su filosofía se basa en la selección y la calidad de sus lámparas, mesas, sillas y demás mobiliario –tanto urbano como interior–, diseñadas por nombres tan conocidos como Miguel Milá o Antoni Arola. Para conocer más el concepto que hay detrás hablamos con Nina Masó, cofundadora y editora del catálogo indoor.

Santa & Cole se define como una editorial de diseño que vela por la propiedad intelectual de los objetos. ¿Cómo surgió esta idea?

Santa & Cole es una empresa editorial de diseño fundada por Javier Nieto Santa y Gabriel Ordeig Cole. El primero viene del mundo de la empresa y el segundo era artista y diseñador. Yo, Nina Masó, soy interiorista, y era la mujer de Gabriel Ordeig. En el momento de presentar a los dos hombres, Javier se enamoró del mundo del diseño y quiso montar una empresa; a la par, Gabriel y yo ya estábamos haciendo nuestras lámparas por encargo en los 80, así que pensamos que sería una buena idea. En contraposición al diseño de líneas frías de los 80, nosotros nos decantamos por el confort, el estar bien en casa y el conseguir una línea de luz cálida. Y así empezamos. Pero lo curioso es que La Colilla, la primera lámpara que editamos, casi no da luz. Solo sirve para conversar, escuchar música o hacer el amor…
Luego buscamos productos que nos dieran calor, armonía, etc. El trabajo de una editora es escoger, mirar. Así lo refleja el logo de Santa & Cole, que lleva unas gafas porque, para nosotros, el mundo del diseño es la selección, el buscar aquello que hay detrás de una mirada, o ese objeto que te impresiona por algo. Como editores nos gustaba el concepto de seleccionar objetos y buscar quién nos los podía hacer: proveedores cercanos, artesanos, la figura del pintor, del taller... No queríamos meternos en procesos de fabricación, sino simplemente seleccionar esos objetos, producirlos y venderlos.

Algunas de las características que os definen son la selección y la calidad (frente a la acumulación y la cantidad). ¿Bajo qué criterios se selecciona a los diseñadores o a los productos?

Hay una cosa que tenemos clara desde el primer día: todos los productos del catálogo nos gustan. Cuando los que formamos parte del comité editorial introducimos un producto en el catálogo lo hacemos porque sabemos que lo vamos a tener en casa. Y es fundamental que, con este producto, se pueda hacer un restaurante, un hotel o una oficina.
No tenemos muchas lámparas de pie que sean parecidas o similares, sino que seleccionamos tres buenas. A veces, cuando los diseñadores me enseñan productos, me quejo porque me presentan variaciones del mismo tema y digo, “¡pero si esto ya lo tengo! ¡Preséntame una idea original!” Otra tarea que hacemos es la de recuperar objetos, como por ejemplo, los que no han tenido prácticamente vida comercial. Es un poco como el mundo del libro. El editor de un libro le da la oportunidad a un autor de que su obra salga a la luz pública, y el editor de un objeto le da la misma oportunidad a un diseño.

Un movimiento que citáis como influencia en vuestro trabajo es la Bauhaus y su trilogía de solidez constructiva, sobriedad estética y calidad funcional. ¿Qué otros movimientos o artistas influyen vuestro trabajo?

La Bauhaus para nosotros es realmente importante, lo veo como el movimiento pionero que sentó las bases fundamentales de lo que es el diseño. ¿Qué otros movimientos nos han interesado? Pues aquí en España hubo un momento muy bueno en los años 50. De hecho, tenemos muchos productos de aquella época, de autores como Miguel Milà, que tiene una manera de trabajar que se ha convertido en nuestro verse line: “emocionar con lo simple.” También nos gusta Antoni Arola, otro diseñador de la casa, al que consideramos un poeta de la luz. Al final, esto es lo que nos inspira: qué podemos hacer con la luz para que sea poesía, o qué podemos hacer con un objeto para que sea funcional.

Vivimos en una sociedad que impulsa al consumo constante y en la que existen empresas que crean productos con obsolescencia programada. Sin embargo, vosotros apostáis por diseños de calidad y atemporales (algunas piezas fueron diseñadas hace décadas). ¿Por qué mantenéis esta filosofía? ¿Es difícil hacerlo?

No, no es difícil mantenerla. Al revés, es una idea muy fundacional y de nuestra filosofía, y que ahora, además, está de moda. Jamás hemos tenido la conciencia de la famosa obsolescencia programada. En el momento en que alguien se gastó un dinero en una lámpara, es porque quiere que le dure años. Lo bonito es que las generaciones jóvenes nos vienen con “esta lámpara era de mi abuela y la tengo yo.” ¡Eso es una maravilla!
Yo simplemente te estoy vendiendo una pantalla porque hay que cambiarla. Ver cómo la Cesta se vende más ahora que cuando se diseñó (en 1964) es fantástico para nosotros, y ni te cuento para Miguel Milà, que ahora tiene 84 años. No somos de la cultura de usar y tirar y no nos interesa para nada.

Ikea ha revolucionado el mercado del diseño y del mobiliario mediante el DIY y el bajo coste de sus productos. ¿Cómo ha afectado esta expansión al mundo del diseño en general y a Santa & Cole en particular? ¿Creéis que ha favorecido la apreciación por el buen diseño o, por el contrario, la ha devaluado?

Nosotros hemos visto el fenómeno Ikea, que muchos creían que era una amenaza, como un movimiento muy importante que ha culturizado a las masas. Hace unos años, la gente que no tenía medios no se podía comprar nada decente para su casa. ¿Qué pasa ahora? Pues que la gente joven se puede hacer un apartamento en Ikea por cuatro duros, pero de repente se compra una lámpara que le vale un dinero. ¡Eso es lo interesante! Ikea nos ha ayudado a que el mundo del diseño se haga extensivo a todo el mundo y se entienda.
Sin embargo, nosotros estamos en un target más alto, no se puede comparar. Coges una lámpara de Ikea y otra de Santa & Cole y verás cuántos procedimientos diferentes se realizan en la producción de una y de la otra, y entenderás por qué no pueden valer lo mismo. Pero igualmente nos ayuda: después de Ikea pasan a nosotros. No es tanto una cultura de usar y tirar, sino que es más bien de poder comprar y entrar en un mundo de difícil acceso. Que la cultura llegue a todos los estratos de la sociedad es una de las cosas más importantes que hay, e Ikea ha democratizado el diseño. Nunca me he sentido amenazada por Ikea, sino más bien por los fabricantes que copian.

Santa & Cole persigue a aquellos que copian sus productos para proteger los derechos intelectuales de los diseños. Sin embargo, Madonna dijo una vez que el hecho de que otras cantantes la copiaran era la forma más elevada de un halago. ¿Podrías relacionar este comentario con la tarea de Santa & Cole?

Me ocurre el mismo fenómeno que a Madonna, se podría decir. Santa & Cole no va con las modas, pero a veces sí que da ideas que son fáciles de copiar y la gente se apunta rápido al carro. Nos copian los productos que se venden más, pero así y todo, curiosamente –como Madonna– tenemos una lámpara llamada “Trípode” que es líder de ventas desde el año 1994. No hay manera de que la desbanque ningún otro producto, y eso que es la lámpara más copiada que hay en el mercado.
Llegará un momento en que la propiedad intelectual acabará por extinguirse si el mundo del diseño y las personas que trabajamos en él no la defendemos. No puedes estar todo el día dando ideas para que otro vaya y las copie. Las ferias, sin ir más lejos, son el primer sitio donde vienen a copiarnos. Hay stands en los que hay carteles de “no hacer fotos.” Pero a mí me da igual que me hagan la foto porque me van a copiar de todas formas… ¡Te copian y luego, a lo mejor, venden más que tú!

Una selección de vuestros productos urbanos se encuentran en sitios tan emblemáticos de Barcelona como el paseo de Gracia, la avenida Diagonal y del DHUB en las Glorias. ¿Qué se siente al decorar la ciudad que consideráis vuestra casa?

Esto fue una apuesta muy bonita que hicimos en el año 1988. Aquel año, cuando se proclamó la Barcelona olímpica, nos preguntamos, “ya que con los JJOO Barcelona va a cambiar, ¿por qué no nos ponemos a hacer lámparas para la calle?” Es decir, mobiliario urbano destinado a la gente. Ahora mismo, Barcelona es referente mundial en mobiliario de diseño porque es una de las pocas (y primeras) ciudades donde cada cinco metros (o menos) hay un banco para sentarse. En otros sitios como Milán, que es capital del diseño, no te puedes sentar en ningún banco, ¡es espectacular! También hay ciudades como Nueva York que son muy duras, y yo creo que cada vez tienen que ser más humanas.
Ahora mismo, tener farolas en un sitio como Paseo de Gracia es una maravilla. Además, son unas estructuras que casi no se ven, que es lo bonito. No son ni estridentes ni llamativas, y ceden el protagonismo a las modernistas. Simplemente están allí para su función: dar luz. Y con los bancos, igual: son confortables, cómodos, ergonómicamente muy estudiados para que la gente pueda pasar horas sentada. Eso es muy bonito, y estamos muy contentos de que ese mobiliario esté en tantos sitios para que la gente pueda disfrutarlo.

También estáis presentes en edificios, plazas y calles de ciudades como París, Hamburgo, Buenos Aires y Seattle. ¿Cómo lográis comunicar y transmitir vuestra filosofía y valores a otros países?

Esa ha sido una labor de muchos años. Barcelona ha sido un espejo: cuando la gente venía a la ciudad y veía ese ejemplo de mobiliario urbano, quería copiarlo. Ha sido una labor de los mismos arquitectos y profesionales del sector, que ven en Barcelona un buen modelo para reproducir en su ciudad. Ocurre lo mismo que cuando vas a casa de alguien y tiene una lámpara bonita en el comedor: la quieres para ti. Pues cuando llegas a Barcelona y ves que hay un banco cómodo, piensas igual. Por supuesto que hemos hecho catálogos y asistido a ferias, pero tampoco hemos hecho mucha publicidad. A ver, llevamos treinta años de oficio, ¡que ya es un largo recorrido! De hecho, ahora mismo vendemos en más de 70 países. Esto ha sido muy importante porque hemos podido superar una crisis, precisamente, gracias a la exportación durante estos años tan duros.

Relacionado con la pregunta anterior, ¿cómo conseguís mantener vuestra estructura local e independiente pudiendo expandiros por todo el mundo?

Por más que tengamos un nombre internacional, somos de aquí. Lo que intentamos transmitir es que somos de Barcelona, que tenemos un aire mediterráneo (en vez de nórdico). Sí que algunos de nuestros productos pueden tener un toque nórdico pero… somos del Mediterráneo. Nos gusta Barcelona, y seguimos aquí.

Las instalaciones del parque de Belloch donde trabajáis son impresionantes: enmarcado por el Montseny y la Sierra Litoral, rodeados de árboles (plantados por vosotros mismos), en un antiguo colegio reformado y lleno de piezas de diseño. ¿Cómo influencia este entorno a la forma de trabajar de las personas?

La verdad es que en Santa & Cole siempre nos ha gustado trabajar en un espacio apropiado para lo que estamos haciendo. Nuestra intención para Belloch es crear en un parque de conocimiento, algo que no solamente saboreemos los que trabajamos aquí, sino que podamos compartir con mucha gente y que se conozca como un campus del mundo del diseño. ¡Ojalá podamos hacerlo!
Te puedo asegurar que cuando llego aquí pienso en lo bien que se está, y no lo cambio por ir a trabajar a Passeig de Gràcia. Este es un sitio de calma, donde creo que las ideas fluyen de otra manera: no hay estrés más allá del propio creado por el trabajo. Desde aquí invito a la gente para que lo venga a conocer, porque vale la pena.

TEXTO
ARNAU SALVADÓ
FOTOS
ANNA ROIG

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