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Rojo, blanco y negro: estos son los tres colores claves que caracterizan las piezas de Salustiano. La obra del pintor sevillano rechaza cualquier punto intermedio; es rotunda y absoluta. Y lo consigue mediante el valor simbólico de este tridente cromático: el rojo representa el color por excelencia, y es el más significativo al estar asociado a la sangre, la religión y la fuerza. El blanco y el negro son los extremos, los contrarios, de donde se parte y a donde se llega. Y toda esta intensidad se recoge en unos retratos sobrecogedores que no dejan a nadie indiferente. Con un perfil tan interesante, hablamos con él sobre la función mágica del arte, del simbolismo y de su andadura internacional como artista.
Eres un artista con una gran trayectoria profesional. ¿Cuándo descubriste que querías dedicarte a la pintura?
El 5 de enero de 1970, alrededor de las doce de a mañana. Tenía cinco años –era Navidad– e hice un dibujo de los reyes magos y se lo enseñé a mi madre. Ella me besó llena de admiración y cariño. Se lo mostró a mi padre, a mis tíos, a mis vecinos, a todo el mundo. La respuesta fue tan estupenda que caí en la cuenta de que ser pintor era una maravillosa manera de conseguir un plus de cariño. Ese día tomé la decisión.
Tus obras tienen un sello propio que te caracteriza, entre influencias renacentistas y orientales. ¿Cómo llegaste a dar con él?
Durante un viaje que realicé a Italia en 1992. El contacto con el Renacimiento italiano hizo que me replantease de nuevo mi carrera. Me interesé muy principalmente en la composición matemática de los cuadros y la forma como estaba depositada la pintura sobre el lienzo: suavemente, sin esfuerzo aparente. Volví a España con la decisión de provocar emociones semejantes a las que yo había sentido al contemplar aquellas obras de arte. Por otro lado, es cierto que mi obra tiene mucha relación con el arte japonés. Pero eso se debe a mi personalidad austera y tendente al ensimismamiento.

¿Cuál es el sentimiento que domina tu obra?
El anhelo: ese sentimiento hacia lo ideal, que tiene como término final lo absoluto.
¿Cómo te enfrentas a una nueva creación?
Primero busco un nuevo concepto (que intento resumir en una frase que luego será el título), y después la manera de contarlo a través de los elementos que uso: una figura humana, un fondo plano y un determinado formato. Intento que la idea original y el resultado coincidan. No hay improvisación, si bien es cierto que a veces el cuadro se resiste y hay que domarlo.
Los colores rojo, negro y blanco predominan en tus cuadros. ¿Qué te sugieren estos colores?
Porque me gusta lo absoluto. Son colores definitivos. El rojo es el color por excelencia. El rojo tiene el poder de trascender a su propia condición de color. Es más que un color, es un símbolo que provoca sentimientos de belleza, de absoluto, de ausencia de tiempo, de sosiego, siendo a la vez la expresión de la fuerza, el color de la sangre, de la religión y de los elegidos.
El blanco es la luz, es decir, todos los colores, y el negro, la ausencia de ella. Ambos son el yin y el yang de los colores. El alfa y la omega. Los extremos contrapuestos desde donde se parte y donde se llega.

En tus lienzos podemos ver que utilizas diferentes técnicas como el óleo, el acrílico e incluso lápices de colores. ¿Cuál es el motivo que te lleva a utilizar cada una de estas técnicas?
Para poder inocular una determinada emoción en el espectador debes usar el vehículo adecuado. A veces me interesa que el cuadro tenga más vibración de color y uso un acrílico que yo mismo preparo con pigmentos naturales. Otras veces prefiero una superficie más pulida, parecida a la textura que tienen los sueños, y uso óleo.
Los rostros de tus retratos poseen una fuerte carga emocional. ¿Cómo escoges a los modelos que aparecen en tus obras?
Son gente de la calle a las que propongo posar, simplemente. Son personas no necesariamente bellas, pero que presiento que pueden ayudarme a transmitir una determinada emoción. Luego he descubierto que, en todos los casos, estas personas eran gente muy especial y, curiosamente, muchos de ellos estaban relacionados con la música. Para mí, un modelo es como un actor: un motor de transmisión de emociones hacia el espectador. Establezco con la gente que ve mis cuadros la misma relación que un director de cine tiene con el espectador. El modelo-actor es quien transmite la emoción.
¿Qué o quiénes te inspiran?
Stanley Kubrick, la publicidad de los 70, los viajes, y mi hijo, Horacio.

Has participado en varias exposiciones de carácter benéfico como The Missing Peace. ¿De qué es capaz el arte?
Es cierto, he participado en muchas exposiciones benéficas, aunque esto no tiene importancia, ya que todos deberíamos ayudar si está al alcance de nuestra mano. Pero creo que tu pregunta no va por ahí, sino por todo lo que el arte ha hecho y puede hacer por la humanidad.
Creo que el arte, junto con la ciencia, ha conseguido que la humanidad alcance las mayores cotas de dignidad y excelencia. Curiosamente, estas dos disciplinas tuvieron en su origen un componente eminentemente mágico y religioso. El chamán era un hombre de ciencia que basaba su ‘magia’ en la observación de la naturaleza y sus fenómenos. Por otro lado, el arte nace con una intención religiosa y mágica, no decorativa, como pudiéramos pensar. El hombre de cromañón representaba en las cuevas todo lo que deseaba que le fuera dado por la naturaleza, estaba representando su anhelo.
El ser humano es el único ser vivo capaz de crear conscientemente y esto enlaza con lo que muchas religiones proclaman: que dentro de cada uno de nosotros hay una parte de Dios. Es el artista el que le pone ‘alma’ a la materia y convierte un trozo de materia en algo lleno de significado capaz de emocionarnos y conmovernos. También a los científicos se les pueden atribuir cualidades propias de un Dios: hacen curaciones, trasplantan órganos, ponen a humanos en órbita. El arte y la ciencia alejan al hombre de su lado más bruto y salvaje y le hacen tomar conciencia de sí mismo.
Respecto a la actualidad, creo que el arte tiene un papel muy importante que desempeñar. Al igual que ocurría en el siglo XV, cuando la pintura se adelantó a las concepciones filosóficas, teológicas y humanísticas del momento, el arte contemporáneo debería volver a situar al hombre en el centro del Universo. Si bien entonces hubo que arrancar al individuo del Teocentrismo, ahora deberíamos darle entidad propia rescatándolo de un Capitalismo que lo deshumaniza y lo convierte en una simple pieza de un engranaje
¿Tienes algún proyecto entre manos?
Sí, varios. Hace nada he estado en Basel con la galería Victor Lope. En septiembre tengo dos individuales en Berlín con Galerie Brockstedt y en Madrid con la galería Lucía Mendoza. Luego tomaré parte en varias ferias de arte de Estambul, Múnich y Madrid. Y para acabar el año, estoy preparando una instalación para la galería Lucía Mendoza para Art Miami. Se titulará Territorio de ternura y la palabra hablada tendrá una parte muy importante en su concepción.
Como vemos, ya has expuesto por todo el mundo, y se ve que eres ya un artista con éxito. ¿Qué consejo le darías a alguien que está empezando?
Si solo quiere hacer arte no le daría ningún consejo, no soy quién para dar consejos en este aspecto. Pero si quiere dedicarse al arte como profesión, mi consejo sería que se buscara un buen abogado. Los artistas somos confiados e ingenuos por naturaleza. Y en el negocio del arte hay muchos bucaneros.

Texto
Paula Mínguez
Retrato
David Palacin

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