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Ryan McGinley llega por primera vez a España y lo hace de la mano de La Térmica, el espacio del arte por excelencia en la ciudad de Málaga, y Contemporánea. Hemos tenido la oportunidad de hablar con Mario Pareja y Alex Brahim, los comisarios de la exposición. Para ellos, la obra de McGinley permite la empatía instintiva del espectador con el retratado, mediante un profundo clasicismo en lo fotográfico, una mirada actual y un universalismo muy personal. Retratos de estudio de cientos de modelos desnudos que catalogan a McGinley como una figura fundamental dentro de la fotografía actual contemporánea.
¿Qué verá el público en esta muestra?
Yearbook es la exposición de la serie homónima formada por cientos de retratos de estudio de cientos de modelos, siempre desnudos. La instalación impresiona visualmente por su colorido y temática. El uso de fondos de colores acaramelados, usados por vez primera en su serie Animals, y esta manera pop de exponerlos, a modo de posters pegados a la pared, invitan al espectador al irresistible disfrute de las fotografías. El efecto abrumador de la constelación de retratados expuestos en la instalación es una de sus sinergias emocionales y estéticas.
¿Qué destacarías de este artista? 
La obra de McGinley ha penetrado profundamente en la imaginería popular convirtiéndose en fundamental para nuestra concepción del mundo moderno. Sus fotografías son fuertemente contemporáneas, pero, sin embargo, tienen la intención de crear y capturar una idealización atemporal. Es un artista muy honesto con su trabajo y su lectura actual es lo que creemos que hace que haya que tenerlo en cuenta como una figura fundamental dentro de la fotografía actual contemporánea.

¿Qué crees que nos quiere transmitir McGinley con sus obras?
McGinley apunta con su trabajo a señalar, a iluminar otras formas de aproximarse al cuerpo, la identidad, la juventud, las emociones y el carácter humanos. Su propuesta es altamente meticulosa en su producción, la selección final de las imágenes que se hacen públicas es supremamente perfeccionista y exhaustiva; gracias a ello el resultado final tiene una contundente carga que permite la empatía instintiva del espectador con el retratado, haciendo de las fotografías un puente que conecta nuestra mirada con la imaginería McGinley a través de ese depósito universal de emociones y gestos que constituye su trabajo.
¿Qué tiene McGinley que no tengan otros fotógrafos del siglo XXI? 
Una habilidad ejemplar para combinar un profundo clasicismo en lo fotográfico, una flagrante actualidad en la mirada y un universalismo que es al tiempo altamente personal, heredero de una auténtica rúbrica del autor. 
Habláis de sus obras como “retratos que revelan las subculturas de los jóvenes contemporáneos con una mirada honesta”. ¿Cuánto crees que se premia la honestidad actualmente en una sociedad llena de tabús?
Como tantos otros ítems de la cultura, la lectura e interpretación de lo subalterno, lo periférico o lo subcultural depende del contexto de recepción y el receptor, y suele estar cargado de contradicciones y ambigüedades. Estas contradicciones y ambigüedades, así como cierta aleatoriedad, forman parte de ese potencial premio a lo honesto en la sociedad de las pantallas que hacen de la opacidad aparente transparencia.
¿Dónde se han expuesto estas obras anteriormente?
Esta es la sexta vez que se realiza Yearbook desde 2013, fecha en la que se hace público por primera vez este proyecto en proceso desde 2008. Las anteriores han sido en San Francisco, Nueva York, Amersfoort, Basilea y Tokio.

¿Cómo se articula el mantenimiento y la difusión de la colección Yearbook en Contemporánea?
En lo que respecta a la difusión hemos editado un catálogo bastante completo con motivo de la exposición de Málaga. Se trata de la primera edición específica sobre este proyecto y contiene el primer ensayo reflexivo sobre Yearbook, con lo cual será un recurso clave de consulta para cualquier interesado. Por otra parte, esperamos poder itinerar, adaptar y activar la instalación a otros entornos, aprovechando su carácter: dúctil, procesual, orgánico, vivo.
La muestra de McGinley se establece en la sala de La Térmica. ¿Nos puedes explicar cómo está estructurada?
Concebida como una gran instalación, las fotografías están imprimidas en vinilo cubriendo todo el espacio de la sala de La Térmica. Los posters se van superponiendo físicamente unos a otros, generando un sentido de unidad global. A pesar de que el espectador es incapaz de abarcar visualmente todos los retratos, está garantizado un momento íntimo y delicado cuando se contempla cada uno de ellos de manera individualizada.
McGinley afirma que la fotografía trata de cuestionar. ¿Cómo crees que cuestiona la propia condición humana mediante sus obras?
McGinley hace de lo habitual y reconocible un espacio para ahondar en el disenso y la novedad. Permitir que encontremos extrañeza en lo familiar es sin duda una forma de despertar cuestionamientos, no sólo sobre lo que vemos, sino sobre todo sobre cómo lo interpretamos. Hay una cierta pulsión narrativa que surge de nuestra observación sobre sus fotografías, haciendo de ellas, más que documentación, potencial de especulación.
¿Cómo ves la evolución del arte contemporáneo en la actualidad? ¿Serán los artistas críticos los que perduren? ¿Asistimos irremediablemente al fin del esteticismo?
Esto conecta de nuevo con las contradicciones, la ambigüedad y lo aleatorio, en diálogo además con el mercado, la institución, el discurso, la crítica, los medios y el público general (no olvidemos el impacto actual de las redes en la producción y circulación de imágenes). Al final es muy probable que por diversos motivos y en diversos perfiles y ámbitos trasciendan tipologías de artista bien diversas, incluyendo desde lo más matérico y ornamental hasta lo más conceptual y político, pasando por lo documental, lo metaartístico o lo poético.

Teniendo en cuenta la gran variedad de formatos en todo tipo de obras actuales, ¿es esto un indicio de que el arte actual es abierto, o se trata sólo de un modus operandi generalizado?
Retomando la anterior pregunta, asistimos a un momento de multiplicidad social, creativa, identitaria, comercial, etc. El arte y sus paradigmas no son más que el reflejo fractal de esta coyuntura.
Ahora que el arte vive quizás la peor crisis desde el siglo pasado, ¿cuál es la clave para atraer al espectador actual?
Lo del arte en crisis es un tema que podría discutirse, lo que está claro es que cada vez más es difícil anclarse en el imaginario colectivo. ¿La fórmula? No está escrita, pero sin duda es fundamental el rigor en la mezcla entre desempeño creativo y estrategia de inserción y difusión.
Y, más allá de la crisis económica, ¿cómo ha podido influir la llegada de Internet con la crisis cultural? ¿Para bien, para mal? 
Internet ha supuesto una amplitud de miras para el público. En este sentido, por un lado, tenemos que es algo positivo, pues hay un consumo mayor de cultura, pero, por otro, la sobreexposición a la gran cantidad de información llega a producir desinformación. Creemos que también está mejorando las ventas, por qué no. La tienda Contemporánea vende prints y libros. La accesibilidad del público a la compra es mucho mayor. Antes estaba muy restringida tras la visita a galerías o a ferias. Ahora pueden comprar en cualquier momento y comparando precios. No lo vemos negativo, la verdad.
Para terminar, ¿qué próximos proyectos expositivos nos esperan en Contemporánea? 
Seguimos con el tour por España de la exposición del prestigioso street artist francés C215, ahora en Sabadell (Barcelona), y próximamente, en Granada. La exposición de McGinley se mantendrá en Málaga hasta el 4 de febrero y en marzo inauguraremos la primera exposición individual en nuestro país de la fotógrafa iraní Shadi Ghadirian, en el magnífico Centro de Arte Contemporáneo de Vélez-Málaga. Acabamos de producir unas ediciones limitadas con la artista Nuria Mora (serigrafía) y con C215 (un stencil muy exclusivo sobre un billete original de la República española). Y en Navidad pondremos a la venta un estuche de lujo con una serigrafía original de Sergio Mora, que ha sido el responsable de la imagen del nuevo restaurante del chef José Andrés en Miami realizado por Philippe Starck e inaugurado hace unas semanas.


Texto
Mabel Ortega

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