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La música tiene la capacidad de cruzar las fronteras y las barreras generacionales para llegar a todo tipo de públicos, pero cuando se trata de hacer llegar la cultura y la lengua indígena, no siempre resulta tan fácil. Renata Flores parece haber encontrado la fórmula perfecta para lograrlo, y apuesta por un singular equilibrio entre lo tradicional y lo transgresor. La artista peruana reivindica su identidad indígena y comparte con orgullo canciones con ritmos trap y urbanos en quechua, un idioma originario de los Andes. Así, trata de romper con los prejuicios que se le asocian para que las nuevas generaciones lo tengan presente y reafirmen sus raíces.

“Siento que tengo una gran responsabilidad para que a través de mi canto se oigan las voces que han querido ser escuchadas durante mucho tiempo”, nos dice. Hablamos con la joven ayacuchana sobre su último álbum Isqun, cómo es crecer sin referentes, los estereotipos del quechua y la importancia de alzar la voz sobre las injusticias, especialmente en momentos clave como las pasadas elecciones de Perú, que fueron mediáticas por temas de corrupción. Y no solo eso, sino que también nos adelanta que ya está trabajando en un nuevo disco. Parece que a Renata Flores aún le queda mucho por compartir con nosotros.

Cantas sobre la cultura indígena, reivindicas la importancia del quechua y alzas la voz por la lucha feminista. ¿Tu música es puramente activista? ¿Nace siempre de luchar en contra de las injusticias?
No siempre, también hice canciones de amor como Miradas, que está en mi álbum Isqun. Siento que tengo una gran responsabilidad para que a través de mi canto se oigan las voces que han querido ser escuchadas durante mucho tiempo. Los pueblos indígenas han sido siempre los más olvidados y los quechuas seguimos siendo resistencia.
¿Te siguen recomendando no posicionarte social o políticamente aunque sepan que tu arte va ligado al activismo?
Siempre hay quien me dice que debería ser ‘más comercial’ para lograr ‘más fama’. La verdad es que empecé mi carrera con fines reivindicativos y fui desarrollándola con más fuerza cuando me iba dando cuenta de mi papel como ciudadana, como hija y como descendiente de un pueblo que resiste aún. Sigo pensando que lo demás viene por añadidura, de hecho, hoy trabajo con un equipo que ayuda a que mi música se escuche con sonidos más actuales y que mis redes sociales también sean una forma de comunicar el mensaje que quiero dar.
Recibes a diario mensajes de agradecimiento y de admiración por hacer llegar el quechua mediante géneros como el trap o el rap; pero a la vez, también hay quien te critica por no conservar su esencia. ¿Cómo reaccionas frente a comentarios de este tipo? ¿Por qué crees que es importante incluir el quechua en géneros musicales modernos?
Sí, hay muchos mensajes de agradecimiento, también hay comentarios –pocos la verdad– de reproche por no cantar ritmos tradicionales. La música siempre está evolucionando. Por ejemplo, en mi región se suele usar mucho la guitarra en la música tradicional, instrumento que trajeron los españoles, y sí, ha enriquecido nuestra música que ahora le llaman tradicional.
Tomo con tranquilidad esos comentarios, la música tiene que seguir evolucionando, podemos seguir conservando nuestra esencia con nuestro idioma y los sonidos que nuestros antepasados nos han ido heredando, la fusión es una muy buena opción.
El quechua, como todos los idiomas, contiene saberes, vivencias, creencias, virtudes, ciencia y cultura. Es un idioma solidario y tiene mucho respeto por la Madre Tierra. En estos tiempos tan complicados, ¡necesitamos rescatarlo!

“Los pueblos indígenas han sido siempre los más olvidados y los quechuas seguimos siendo resistencia.”
Tu éxito empezó tras subir covers en quechua de canciones de artistas como Michael Jackson o Alicia Keys. ¿Qué ha cambiado de ti desde que subiste el cover de The way you make me feel (que hoy suma más de 2 millones de visualizaciones)?
Han cambiado muchas cosas. Ahí tenía 14 años y en muchas entrevistas me preguntaban: ¿por qué cantas en quechua? Y yo me hacía la misma pregunta. Desde entonces ya pasaron 6 años y ahora sé muy bien por qué canto en quechua.
De hecho, en tu documental Quién soy, tu madre cuenta que al ver cómo subía el número de visualizaciones tú le dijiste: mamá, ¿dónde nos hemos metido?. Sentías miedo por la carga y responsabilidad que podía suponer eso. Ahora que ya llevas más tiempo, ¿cómo llevas esa presión?
Sí, tenía mucho miedo a enfrentar las cámaras y los interrogantes que me hacían. Ahora sé muy bien qué hago y por qué lo hago. Estoy muy feliz porque hay mucha gente que está conectada con mis mensajes y muy orgullosa de sus raíces, en especial las nuevas generaciones.

“Yo miraba que a mi abuelita quechuahablante la discriminaban por saber quechua. Incluso una vez sentí vergüenza de estar con ella, y hasta ahora me arrepiento”, dices también en el documental. Siendo hija de inmigrantes (y con padre peruano), entiendo bien esto que expresas. Yo también he tenido épocas de rechazo de mis raíces para poder encajar con la gente del país en el que resido, hasta que crecí y lo supe valorar. ¿Crees que esto se debe a la falta de referentes? ¿Cómo hiciste frente a este sentimiento?
Definitivamente los referentes son importantes. Al inicio de mi carrera, no había tenido un o una cantante que sea un referente quechua. Sin embargo, me puse a investigar mucho más, a leer buena bibliografía, a escuchar más música, a estudiar quechua y la cosmovisión andina. Encontré a Yma Sumac, a José María Arguedas y a muchos otros que enriquecieron y avivaron mis motivos de cantar y emular mi cultura. ¡Hoy puedo decir que valoro ser descendiente quechua en su real magnitud! ¡Mi respeto es infinito hacia mis ancestros! Y estoy muy agradecida de tener a mis abuelas y abuelos por los saberes que todavía me trasmiten.
Con el quechua, más que por las diferencias es por lo que se le asocia: el analfabetismo y la pobreza. ¿Cómo crees que se consigue cambiar esos estereotipos? ¿Es ignorancia?
Sí, es ignorancia. Esos estereotipos cambiarán cuando entendamos y volvamos la mirada al olvido en el que están nuestros hermanos de los pueblos originarios que aún se encuentran distantes a recibir una educación digna y mejores oportunidades. Cuando entendamos que es importante dotarles de conocimientos muy actuales que complementen la sabiduría ancestral que aún tienen. Entonces, nos daremos cuenta de que estamos desaprovechando una gran oportunidad de progreso para todos.
Al final, este estigma es algo que viene de la educación. En tu tema Qam hina denuncias los peligros a los que se exponen los niños, y sobre todo las niñas del campo, en sus largos recorridos hasta el colegio, motivo por el que muchos dejan sus estudios. Dices que a tu abuela le pasó exactamente lo mismo: ¿ha cambiado la situación?
Todavía no ha cambiado, se ha agudizado aún más a consecuencia de la pandemia, y lo peor es que el currículo aún no ha incluido la importancia de poner en marcha una educación multicultural y bilingüe que impulse la necesidad de implementar la sabiduría ancestral con las nuevas tendencias de la ciencia. Los pueblos rurales necesitan tecnología para acortar las distancias, pero es muy importante que la ciencia retome la sabiduría ancestral del cuidado del medio ambiente y las prácticas ancestrales de cultivo, siembra y cosecha del agua. Creo que si complementamos ambas sabidurías lograríamos grandes avances.

Una de tus canciones más exitosas es Tijeras, en la que animas a las mujeres a no callarse ante todo el machismo y los feminicidios. ¿Cómo se traslada la corrupción existente en Perú en problemas tan graves como este?
La corrupción siempre hará lenta o inexistente la justicia en el Perú. Al escuchar unos audios (divulgados por los medios de comunicación) de servidores públicos corruptos y de altos cargos donde el juez pacta el costo en dinero de otorgar una pena menor por la violación de una inocente niña, nos abre los ojos sobre la urgencia de desmantelar la corrupción desde arriba.
En 2021 sacaste tu primer álbum Isqun, un álbum conceptual en el que rindes homenaje a heroínas peruanas como Francisca Pizarro, Chañan Cori Coca o María Parado de Bellido. Rescatas las historias de mujeres a las que se le ha invisibilizado, y va ligado con el lema que tanto defiendes: “no nos han contado bien la historia”. Cuéntanos un poco más sobre esta idea.
En este álbum debut hago un recuento de nuestra historia en sus diferentes etapas a través de mujeres peruanas que tuvieron papeles importantes en las distintas épocas por las que atravesó el Perú. Empiezo desde la época Incaica con Chañan Cori Coca, una guerrera inca que ayudó al Pachacutec a vencer a los chankas, luego este lograría ser nca. Luego viene Francisca Pizarro, donde trato de explicar cómo fue la invasión española y el mestizaje –pues Francisca fue hija del invasor Francisco Pizarro y de la hermana del inca Atawalpa– así sigo con otras mujeres que demostraron valentía y heroísmo, de las cuales se sabe poco o se desconoce su existencia. Me imagino que es a consecuencia de su procedencia indígena o por el hecho de ser mujeres. En el colegio nos han enseñado y nos siguen enseñando del heroísmo de varones en su mayoría, y poco sobre mujeres. Hay muchas que aún nos falta conocer, reconocer y emular.

No puedo no preguntarte acerca de las últimas elecciones en Perú, unas elecciones muy reñidas y que además se le sumaba la difícil situación que vivíamos por el Covid. ¿Cómo las viviste?
Las últimas elecciones fueron muy particulares y se llegó a una segunda vuelta con dos candidatos muy específicos. Por un lado, teníamos a una candidata con graves indicios de corrupción. Y por otro, un profesor rural con dificultades de expresar sus pensamientos, con un lenguaje no tan fluido por su procedencia indígena y la poca preparación que nos refregaba en la cara, una vez más, la carencia de educación digna en provincia. El racismo se sintió a flor de piel.
¿Sentías que tenías que contribuir de alguna manera?
Tuve que alzar mi voz a través de las redes sociales, al igual que muchos ciudadanos, cuando quisieron anular unas actas de votación en zonas rurales. Si este hecho se consumaba, anulaba los votos de muchos ciudadanos que vivían en zonas alejadas. Muchos de ellos eran quechuas y aymaras, habían caminado horas para llegar a sus lugares de votación para así cumplir con su deber ciudadano y hacer valer su derecho al voto. Se estaba difamando a muchos de estos que habían sido miembros de mesa, aduciendo que habían suplantado y/o habían falsificado firmas. Estas personas se defendieron como pudieron, pues incluso corrían riesgo de ir a la cárcel. Felizmente, estas protestas mediáticas hicieron que todo se aclare y se haga valer legalmente dichos votos.
Es evidente que las redes son un gran herramienta para la difusión de contenidos, tanto artísticos como de mensajes sociales y políticos. ¿Qué piensas de los artistas que tienen este gran altavoz y no lo aprovechan para hablar de estos temas?
Pienso en las oportunidades que se desperdician de cambiar el rumbo de este mundo en el que se está tornando cada vez más caótico
¿Qué artistas peruanos te gustaría destacar?
Me encanta la labor de los artistas que están innovando, resaltando y llevando por todo lo alto nuestra cultura: los músicos Lucho Quequezana y Gian Marco Zignago, la música Eva Ayllón, la actriz quechua Magaly Solier, la directora peruana de cine Melina León y el director aymara de cine Óscar Catacora.
Por último, ¿qué nos puedes adelantar de tus próximos proyectos?
Este 18 de marzo se estrenará la primera película peruana producida por Netflix, y la canción Francisca Pizarro de mi primer álbum Isqun será una de las piezas musicales de la película. Además, tendré una pequeña participación en ella. También estoy produciendo un nuevo disco que tiene mucho contenido de la cosmovisión andina, como el respeto a la Madre Yierra, la solidaridad, la complementariedad de género y la necesidad de la unión de nuestros pueblos a pesar de sus diferencias. Y estamos produciendo dos videos de dos sencillos del nuevo disco que lanzaremos en abril y mayo.

Texto
Giulia Ramírez

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