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Patrícia Soley-Beltran, doctora en Sociología del Cuerpo por la Universidad de Edimburgo, nos presenta un trabajo de más de 20 años de investigación que ha culminado en una obra arriesgada. Potente. Crítica. Una auténtica revolución. ¡Divinas! Modelos, poder y mentiras, premio Anagrama de Ensayo 2015, traza un estudio sociológico y antropológico de la figura de las modelos. Pero va más allá: nos presenta, en forma de ensayo con toques autobiográficos, un estudio profundo del cuerpo, la sociedad capitalista y de consumo y, sobre todo, de “la búsqueda de sentido en el mundo y la construcción de nuestra propia identidad como seres encarnados, habitantes de una cultura visual”.

Patrícia, ¿de dónde nace la necesidad de escribir este libro?

Mi propio malestar y la sensación de fragmentación de mi cuerpo y mi personalidad durante mi trabajo como modelo me llevaron a iniciar la búsqueda. Después, en las universidades descubrí que “merecía saber acerca del mundo”, era mi derecho. Es algo que intento transmitir a mis estudiantes, y también a mis lectores. Este es un libro pensado para todas las personas que tengan un cuerpo y una identidad, que vivan en una cultura visual como la nuestra y tengan ganas de reflexionar sobre ello. Uno de los objetivos es analizar la figura de la modelo como símbolo social en una economía de consumo, descodificar sus mensajes identitarios y los valores culturales que transmite. Otro objetivo es desmitificar su imagen ideal, dándoles voz. Inevitablemente, su punto de vista ofrece una perspectiva “desmaquilladora” sobre la construcción social del ideal.

Nos encontramos ante un texto riguroso, preciso, con un objetivo claramente divulgativo – aunque el tono no lo sea. ¿Cómo lo logras? ¿Quizá por tu trayectoria como docente?

Hacer esto no es fácil. Inicialmente, yo no quería ser docente, sólo quería seguir con la investigación. Aun así, he aprendido muchísimo en la docencia, he aprendido de mi alumnado. Les das material, lo llevan a su mundo y te devuelven un trabajo con lo que han hecho suyo y, como su lugar no es el tuyo, crean una cosa nueva. Para mí la educación es un modo de crecimiento y resistencia. De hecho, yo escribí este libro para que sirva de algo. Mi intención ha sido poner al alcance de todo el mundo la investigación académica sobre este tema y la mía propia sin necesidad de lenguaje técnico. El tono también se logra hilándolo autobiográficamente, algo a lo que me resistí durante años pero que ha resultado muy útil como recurso comunicativo.

Nos muestras, además, otra necesidad apremiante: la re-construcción de la mirada, ser mucho más críticos con la industria de consumo, nuestra carga cultural y su poder sobre nosotros. Al leer el libro vemos que, de niños, aprendemos a leer palabras pero nunca nos enseñaron a leer imágenes. Esto nos hace vulnerables ante la agresividad de la publicidad y la sociedad de consumo. ¿Cómo podemos liberar nuestra percepción y comportamiento?

Lo primero es darnos cuenta, ser conscientes. Es el primer paso, y no es fácil. ¿Cómo cambiar? En este ensayo doy herramientas de análisis necesarias y comparto mi propia experiencia personal para que podamos profundizar y hacer un trabajo de reflexión propio e intransferible. Yo no dicto respuestas. Ofrezco una investigación histórica, sociológica y filosófica hilada autobiográficamente. Los pasos debe realizarlos la propia persona en tanto sujeto a normas sociales pero con una parcela de libertad de decisión. ¿Cómo actuar? Para mí el primer paso es la reflexión pausada y profunda en base a las herramientas que expongo en ¡Divinas! Espero que contribuyan al cambio, revisionando nuestro campo visual, en nuestras elecciones de consumo, negándonos a objetificar a las personas, etc.

Aun siendo conscientes del poder de la sociedad de consumo, seguimos estando dentro. Parece no haber escapatoria, “no tenemos libertad de no ser consumidores”.

¿Somos realmente conscientes? No estoy tan segura. Por eso me gusta mucho el pensamiento de Michel Foucault, ofrece una alternativa a la noción de libertad o prisión. ¿Te acuerdas del concepto del panóptico? Vivimos en un auténtico panóptico y el reto es asumir nuestra existencia en una cultura visual como paradoja y no como imposición. Rechazo la noción de la ‘dictadura de la moda’, en plan “allí está el poder de la industria de la indumentaria de cambio rápido para el consumo e ideales inalcanzables, y me oprime”. Lo innovador está en repensarse comprendiendo que el poder está dentro de mí, de cada una de las personas, nos ha constituido, nos limita y, al mismo tiempo, nos hace posibles y socialmente aceptables por estar sujetas a él.

¿Cómo podemos aprender a hacer esta lectura de imágenes?

En relación al alfabetismo visual me gustaría recordar Ways of seeing de John Berger porque sigue siendo un referente. Deberíamos revisarlo y actualizarlo. Bueno, de hecho es lo que yo llevo años haciendo. ¿Sabes que parte de ¡Divinas! está financiada con una beca de investigación Francesca Bonnemaison, cuyo objetivo era crear materiales de alfabetismo visual? Un trabajo de campo con modelos y de recopilación de imágenes que, con la colaboración de la Diputación de Barcelona, buscaba esta educación visual ofreciendo herramientas de descodificación para el alumnado de secundaria, asociaciones de jóvenes y padres, mujeres, hombres, etc. Al final, con los recortes, este proyecto quedó en un cajón y no siguió adelante. A raíz de la publicación del libro, se está intentando recuperar desde el profesorado de secundaria y universitario. Me gustaría ahora que este libro llegara al máximo de gente posible, que les sirviera para ser más libres de las definiciones corporativas.

De hecho en el libro ya das muchas de estas herramientas de lectura visual pero no hay ni una sola imagen…

En ¡Divinas! me he atrevido a establecer una relación, seguramente desigual, entre palabra e imagen, entre reflexión e instantaneidad. Analizamos representaciones visuales con palabras, sin usar ninguna imagen. No ha sido fácil. Las únicas imágenes que hemos usado son la de la portada del libro y las del álbum que Anagrama ha colgado en su Facebook, todas de mi book. Pero esto no es un problema. Las imágenes que describo en el texto son globales y, en caso de no conocerlas, podemos encontrarlas en internet.

Hay una frase en el libro que me impactó muchísimo: “El cuerpo es un campo de batalla visual”.

¿Por qué te chocó esta frase?

Me dejó paralizada, supongo que es la fuerza de la palabra, incluso a nivel personal, mi propio cuerpo ha sido un campo de batalla, te remueve muchas cosas.

Claro, el cuerpo sigue siendo un campo de batalla. ¿Sabes que se basa en una frase muy famosa? “Your body is a battleground” es un eslogan clásico de las feministas de los años 60 y 70. De hecho, gracias a su capacidad creadora de seres humanos, las mujeres están constantemente sujetas a normas y controles y también, claro está, ligadas a la lucha por la libertad y la autonomía. Yo he releído el eslogan clásico para ponerlo al día en la cultura visual tan seductora e invasiva que tenemos hoy en día y que no tenía tanta fuerza en los 60s o 70s. Ahora debemos aunar lo personal y lo político, con lo social y lo académico.

También muestras cómo la moda actúa como un segundo cuerpo, como máscara transformadora y creadora de identidad. La indumentaria como una extensión de nuestra propia personalidad. Y aquí se nos presenta un problema, ¿qué pasa cuando la personalidad se construye a partir de los objetos de consumo? La ropa recoge y expresa características personales. ¿Dónde estamos nosotros? ¿Dónde queda la autenticidad?

Exacto, se genera una dependencia absoluta de los productos hasta el punto de engendrar preguntas sobre el ser y la autenticidad. ¿A qué nos referimos con autenticidad? ¿Quiénes somos realmente? En realidad nos vamos construyendo con los años, y a mí ya me da un poco igual quién soy o dejo de ser. Me parece más importante el devenir en sí y poder disfrutar del tiempo como el gran regalo que es. Evidentemente siempre nos gustará lo material, tenemos una existencia material pero hay que aprender a vivir con la colonización visual sin que nos domine, sino dominándola nosotros. Eso pasa por una reflexión personal y una obligación social, ¿a qué damos valor? ¿A una mujer por su físico? ¿A un hombre por su poder? Cuestionemos y cuestionémonos. Cuanto más entiendes los códigos y los mensajes encriptados en los códigos visuales, más entiendes y puedes ahondar. Qué quieres y qué no.

La figura de las modelos se presenta como divinidad, como figuras lejanas, trascendentes. Hay una culminación en el libro donde se evoca su simbología religiosa. La palabra divinas –ya desde el título- presenta un trasfondo, ¿cierto?

Las palabras no son nunca solo palabras, las palabras son muy importantes, evocan e invocan, y las imágenes, también. Y esta confusión entre el icono y lo que representa (prenda-modelo profesional-modelo ideal) es lo que he expuesto en ¡Divinas! He historificado su construcción para separar la representación de la idea. Una representación de un concepto, como una escultura de la virgen, por ejemplo, no es el propio concepto, sino una mera representación física de ese ideal.

¿Romper la ficción/realidad o el ser/parecer?

En mi escritura hay mucha influencia barroca. Calderón de la Barca me marcó de pequeña, sobre todo La vida es sueño. Desde la primera cita de Joseph Roth, en el libro se habla de espejos, uno de los símbolos claves en el barroco. De espejos, ficciones, realidad y espectáculo, de romper la tensión que hay entre ellas. Es uno de los hilos conductores literarios y filosóficos de mi reflexión.

La crítica a las dicotomías –feminidad (emoción, sensibilidad, subjetividad) y masculinidad (razón, orden, poder, intelecto)- también tiene un fuerte peso en tu ensayo. Quería preguntarte sobre la tendencia a los extremos y qué pasa con todo lo que se queda a medio camino. Y, sobre todo, con las injusticias de esta división.

Exacto. Son injusticias derivadas de conceptos que permanecen invisibles pero que nos rodean por doquier porque estamos sumergidos en ellos, permean nuestra cotidianeidad, como muestro en algunas significativas anécdotas. En ¡Divinas! descompongo lo que oímos pero no escuchamos, lo que vemos pero no miramos. Las formas de mirar y sentir que se derivan del statu quo son difíciles de cambiar, pero yo escribo con esta intención, para que sirvan a todas las personas. Hay muchos filtros en la mirada que aún nos condicionan. Tenemos que cambiar el modelo dual por otro integrador.

También existe la ecuación absurda de belleza/estupidez frente a fealdad/intelecto.

Sí, sigue estando ahí. Es patético. Es una ecuación que se tiene que romper, pero, en realidad, no tiene nada de absurda pues entronca con una noción del conocimiento como un camino de la mente separada del cuerpo y la naturaleza, una noción fijada por Francis Bacon ya en el siglo XVII y que perdura en la actual noción de la ciencia. Desde lo personal, yo no tengo por qué cambiar mi aspecto para ser considerada intelectualmente competente o, incluso, atractiva como mujer. Se tiene que hacer un cambio de modelo, un cambio de paradigma. Acabar con las preguntas en blanco y negro. Es necesario y liberador, tanto para mujeres como para hombres.

Y para cambiar esto conviene romper el espejo, como afirmas al final del libro…

Sí. Es necesaria la desmitificación del glamour. Las máquinas de poder de esta industria van por detrás de la opinión pública. De las tendencias, de los deseos, de la emoción de la calle. Los hombres están cuestionando los dictados de la masculinidad clásica. Las mujeres trabajamos duro, estamos consiguiendo mayores logros profesionales y no queremos sentirnos mal, queremos sentirnos bien. Y esto nos motiva más a comprar. Soy negra o aborigen australiana o lo que sea, pero soy guay, tengo 50 años o más, pero soy guay, no estoy super delgada, pero soy guay. ¡Clash! Si ese espejo no me refleja voy a incidir sobre él o mirarme en otro. Al contrario de lo que dice la sabiduría popular, romper espejos es liberador, sobre todo si son ciegos y no te reflejan.

Texto
Laia Encinas
Retrato
Anna Roig

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