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De tanto talento junto tenía que salir algo bueno, y es que el escuadrón de músicos que forman Nothing Places es de un nivel inmejorable. Tras debutar en 2013 con su álbum homónimo, sacarán a la luz el próximo 2 de noviembre su segundo trabajo, Tidal Love, de la mano del sello catalán Foehn Records. Si quieres ver un adelanto en directo de lo que será su disco, este viernes tienes la oportunidad de hacerlo en la sala Artte de Barcelona, dentro del ciclo que durante todo este mes dedican a Foehn.

¿Pero de quién hablamos cuando hablamos de Nothing Places? Emilio Saiz es el alma del grupo, conocido por ser guitarrista de Iván Ferreiro y Russian Red, al que se le han sumado músicos de la talla de Xavi Molero, miembro de Sanpedro, Egon Soda y colaborador de Love of Lesbian o Refree entre muchos otros, Martí Perarnau, líder de Mucho, y Ricky Falkner miembro también de Egon Soda y de los míticos Standstill, que justo se acaban de despedir de los escenarios. De su nuevo disco conocemos ya dos temas, que se mueven entre un pop envolvente y psicodélico, pero como queremos saber más, aprovechamos que están tocando mañana para que nos hagan un adelanto de lo que será Tidal Love. Al habla, Emilio Saiz. La cita, en Muntaner 83C.

Todos tenéis recorrido con otras bandas de renombre, ¿por qué decidisteis empezar con Nothing Places?

El impulso de componer me vino relativamente tarde, con 22 o 23 años, y las canciones existían en un ámbito personal de absoluta intimidad. Con el tiempo se han ido sumando amigos hasta convertir el proyecto en lo que es ahora. Ha sido una expansión muy orgánica.

¿Cómo fueron los inicios de Nothing Places?

Nothing Places surgió como un proyecto en solitario, un vehículo para canalizar todas las inquietudes musicales que no podía desarrollar en mi faceta de músico de estudio, sin más ambición que la de jugar con melodías, armonías y estructuras poco convencionales e investigar técnicas de producción y mezcla en la soledad de mi habitación, intentando aprender lo máximo posible del proceso.

Publicaréis Tidal Love con Foehn Records el próximo 2 de noviembre. ¿Qué nos vamos a encontrar?

Os vais a encontrar con canciones de raíz pop, tronco de solidez instrumental y ramas que tienden al ensueño y la psicodelia, siempre buscando la melodía que lo aúne todo en una entidad coherente. Y sudor, sangre y entraña a raudales.

¿Cómo ha sido el proceso creativo de Tidal Love?

Yo trabajo desde el hacer, soy más del proceso que del concepto. Primero surge una intuición de lo que va a ser la canción, y desde ahí vas trabajando para acercarte a esa idea. Cuando ya tengo la estructura, la melodía y una idea bastante clara del beat, viajo a Barcelona y me encierro con Xavi Molero en La Molería hasta que la cosa adquiere flow y carácter.

¿De qué hablan las letras?

La temática del disco gira en torno a la idea de los ciclos vitales ascendentes y descendentes y los bucles que pueblan éstos ciclos: la marea nos trae y nos lleva. Por supuesto, cada canción posee un subtexto propio dentro de esta idea, pero tendréis que escuchar el disco para descifrarlas.

El disco fue grabado en Red Bull Studio Madrid por Oswaldo Terrones. ¿Cómo fue el proceso de grabación?

Realmente, solo pasamos 5 días en el Red Bull Studio Madrid con Oswaldo Terrones, nos hubiese encantado estar más, pero ¡cerró a la semana siguiente de entrar nosotros! Esos días fueron tan sólo el comienzo de un proceso de grabación y mezcla que se prolongó un año. Allí grabamos Xavi Molero y yo las baterías y guitarras rítmicas en riguroso directo, la espina dorsal de nuestro sonido. Después me fui a Tough Sound, mi base de operaciones habitual, a grabar overdubs y buscar sonoridades y arreglos locos que llevasen las canciones a otro lugar, junto a Antonio Poudereux y su paciencia infinita a los mandos, y colaboraciones ocasionales de Ricky Falkner y Martí Perarnau, que aportaron su magia y saber hacer a gran parte de las canciones de Tidal Love. Las voces, muchos procesos y la mezcla, las hice mano a mano con Oswaldo Terrones en su casa, a lo largo del pasado verano, con las paredes forradas de edredones y sudando a mares. Un camino largo y enrevesado pero muy divertido, que ha sido posible a base de amistad, horas y mucho esfuerzo y talento compartidos.

Vuestro primer adelanto del álbum fue en abril con la canción Tidal Love y ya más recientemente, adelantasteis Random Pull (la Jouissance). ¿Por qué éstas dos canciones?

Tidal Love es el mejor ejemplo del espíritu polihédrico y trasfigurativo del disco. Beats contundentes y arreglos que evolucionan desde el feedback y el noise hasta una armonía expansiva con querencias de música latina. Random Pull (la Jouissance), encarna la cara más visceral y fogosa. Mostrando los extremos muestras también lo que hay en medio.

¿En qué difiere vuestro primer álbum, Nothing Places, de Tidal Love?

Si Nothing Places es el experimento de un tipo aislado en su laboratorio de la montaña, Tidal Love es la continuación de ese mismo experimento, esta vez trasladado a un laboratorio del MIT y con muchas más cabezas volcadas en él.

¿Cómo afrontáis la presentación del disco y vuestro primer concierto en Artte después de casi dos años?

Con unas ganas e ilusión tremendas. La música no cobra vida realmente hasta que no la compartes.

Texto
Marta Pons

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