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De su madre pintando a ser ella misma quien se adueña de los pinceles. Natalia Vico necesitaba un punto de vista más artístico y desarrollar proyectos más artesanales que en las agencias de publicidad donde trabajaba no tenían cabida. Así que tuvo claro que era lo que había que hacer: dar un cambio de rumbo. Empezó por mudarse de ciudad y, después, la ilustración llegó de forma natural.

Ahora que vive en Francia, se siente aún más ligada a su tierra natal que antes. Algo que, inevitablemente, se refleja en su obra. “Esa predisposición nuestra de salir a la calle y sentarnos en una terraza, de la influencia mediterránea, de la luz, los horarios.” Todo esto consigue plasmarlo en sus ilustraciones, en tonos pastel, en las que, además de melancolía y calma, hay algo autobiográfico: “a veces me gusta expresar mi estado de ánimo o mis sueños, otras veces me inspiro en sitios que he conocido en algún viaje”.

Estudiaste publicidad y diseño y empezaste a trabajar como directora de arte en algunas agencias. Sin embargo, con el tiempo, decidiste apostar por la ilustración. ¿Qué hizo que te arriesgaras a tomar una decisión como esta? ¿Hasta qué punto mudarte a Annecy (Francia) tuvo que ver con este cambio de rumbo?
Después de un tiempo trabajando como directora de arte en agencias de publicidad, empecé a darme cuenta de que me interesaba siempre abordar mis proyectos desde un punto de vista más artístico o conceptual. También necesitaba alejarme un poco de los horarios de agencia, que suelen ser bastante locos, y desarrollar proyectos más manuales o artesanales, escapando de la pantalla del ordenador. La ilustración surgió de forma natural cuando me mudé primero a Ginebra y después a Annecy, me apetecía probar algo nuevo.
Sin embargo, ¿podrías decir que siempre has sido una persona creativa? ¿Desde cuándo supiste que querías pintar y cuál dirías que es tu primer recuerdo vinculado al arte?
Siempre me ha interesado la parte creativa de cualquier cosa, desde donde alcanza mi memoria. Recuerdo que en el colegio podía pasar horas decorando mis cuadernos o haciendo proyectos en clases de tecnología y plástica. También me regalaron el Alfanova (risas), y me lo pasaba increíble haciendo cosas de arcilla. Puede que mi primer recuerdo vinculado al arte sea mi madre pintando. Hace muchos años que pinta cuadros al óleo.
En las piezas que formaron parte de la exposición La lumière espagnole hablabas, en primera persona, de la influencia de la tierra natal. Más allá de ser fuente de inspiración para tus pinturas, ¿qué te ha aportado esa tierra natal a nivel personal? ¿Ha cambiado tu forma de verla ahora que vives fuera?
Creo que me ha aportado una identidad y una forma particular de ver las cosas. Es algo que siento cada vez más, ahora que vivo en Francia, me identifico más fuerte con mi tierra natal que antes. Echo bastante de menos esa predisposición nuestra de salir a la calle y sentarnos en una terraza, de la influencia mediterránea, de la luz, los horarios…

Generalmente, en tus pinturas representas a mujeres en espacios interiores, rodeadas de plantas y flores. ¿Cuánto de autobiográfico hay en esta preferencia a la hora de pintar? Además de tu tierra natal, ¿qué más inspira tus creaciones?
Puede que haya algo de autobiográfico en mis ilustraciones. A veces me gusta expresar mi estado de ánimo o mis sueños, otras veces me inspiro en sitios que he conocido en algún viaje. Me interesa mucho el diseño de interiores y de producto, siempre estoy buscando referencias de espacios y materiales. También los decorados y colores de algunas películas. Creo que mi casa y mi estudio reflejan todas estas influencias también.
Más allá del contenido, tus pinturas se caracterizan por el uso de colores pastel y la melancolía y la calma que transmiten. ¿Cómo dirías que has llegado a encontrar este lenguaje mediante el que pintas ahora? ¿Ha sido, en cierto modo, tu forma natural de expresarte o el resultado de una búsqueda consciente?
Es una mezcla entre mi forma natural de expresarme y una evolución medio consciente. Estamos expuestos a tantas referencias en estos momentos que creo que mi lenguaje se va transformando un poco cada día. Mis intereses van cambiando también, me gusta probar cosas nuevas todo el rato para no aburrirme.
Personalmente, ¿cómo le describirías tus pinturas a alguien que no las haya visto?
Soy bastante mala describiendo cualquier cosa con palabras, quizá le pintaría algo para describírselo.
Has trabajado desde pinturas gouache sobre papel hasta piezas textiles o cerámicas ilustradas. ¿Hasta qué punto el medio condiciona el trabajo? De entre todos ellos, ¿cuál es tu favorito y por qué?
En mi caso, la forma de abordar la obra es totalmente distinta dependiendo del medio. Intento buscar siempre el código que me funcione. Seguramente, las piezas textiles sean de mis favoritas, es curioso ver el trabajo que he desarrollado en papel convertido en una pieza tejida.

De la idea inicial a la pintura hay un proceso de creación que, dependiendo del artista, tiene unas u otras particularidades. En tu caso, ¿cómo es este proceso? ¿Tienes algún tipo de ritual a la hora de ponerte a pintar? De las fases por las que pasa la obra – partiendo de la idea inicial hasta que está terminada –, ¿cuál es tu favorita?
Siempre trabajo en algunos bocetos previos a mano para tener una composición más o menos clara. Luego suelo hacer algunas pruebas de color, ya sea en Photoshop o con pintura físicamente para hacerme una idea de la paleta que quiero utilizar. Cuando todo está bastante claro y creo que funciona, empiezo a pintar la pieza final. Esta parte es la que más disfruto porque ya tengo la idea en mente y puedo dejarme llevar y pintar, es bastante relajante para mí, me olvido de todo.
A día de hoy, ¿cómo resumes tu filosofía de trabajo? ¿Crees que ha ido evolucionando a lo largo de los años?
Sobre todo, voy aprendiendo a tomarme las cosas con más calma. El proceso creativo, a veces, puede ser bastante estresante. Intento tener un balance entre proyectos personales y proyectos con clientes para ayudarme mentalmente a disfrutar de mi trabajo todo lo posible.
Ahora que lo ves con más perspectiva, ¿cómo valoras tu trayectoria desde que te aventuraste a apostar por la ilustración? ¿lo mejor y lo más difícil de este camino?
En realidad, creo que aún estoy empezando. Estoy desarrollando hacia dónde quiero ir, qué cosas me funcionan y qué no. Empezar un proyecto como autónomo, donde todo depende de ti, siempre es complicado. Hay meses que todo funciona genial y otros, como en estos momentos, que estás un poco perdido en el camino. Lo mejor de este camino es poder dedicarme a algo que tiene significado para mí, veo un sentido en lo que hago y disfruto con ello. Lo más difícil seguramente es trabajar sola en mi estudio, a veces acabo hablando sola o con mi gato (risas).
Y, en cuanto al futuro –que ahora es incierto–, ¿cómo te lo planteas? ¿Algún proyecto artístico o meta por alcanzar que quieras compartir?
La verdad que no soy muy de plantearme el futuro. Quiero lanzar mi tienda online, que he tenido que posponer debido a la situación actual. Y me gustaría seguir probando cosas nuevas, como lanzarme a hacer piezas de cerámica ilustrada.

Texto
Claudia Luque

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