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¿Es más gratificante comprarnos un abrigo nuevo o descalzarse y notar la hierba mojada entre los dedos de los pies? ¿Aceptas todas tus partes, esas que más te gustan y esas que no tanto, o miras para otro lado y muestras la parte de ti que crees que los otros quieren ver? Estas son algunas de las preguntas que plantean Nara Camps y Adriá Uyà en sus proyectos multidisciplinares colaborativos.

Ella, con el arte floral, la escritura creativa y la fotografía; y él, con el diseño gráfico y la pintura, nos advierten que no hay respuestas correctas o incorrectas sobre las cuestiones anteriores. Conscientes de que vivimos en un mundo que cada vez va más rápido, con obras como The Red Dot pretenden parar nuestras miradas veloces e invitarnos a la reflexión. Para un momento. Respira. Y escucha lo que esta pareja creativa nos tiene que decir.

Nara, tu especialidad es el arte floral, y Adrià, tú te especializas sobre todo en diseño gráfico y pintura. ¿Cómo decidisteis empezar a hacer proyectos juntos? ¿Cómo se gestaron estas colaboraciones?
Para nosotros, la creatividad, el arte, es un tema de valores y de cómo transmitirlos a través de la estética. Se trata de cómo observamos y de qué queremos reivindicar; en eso siempre hemos coincidido. Tenemos la misma visión del mundo y nos hemos retroalimentado siempre en nuestras creaciones individuales. Es cierto que cada uno usaba su propia vía para expresarse, pero era casi inevitable que, teniendo las mismas ideas e inquietudes, encontrásemos un punto en común para unir las dos disciplinas.
En vuestros proyectos, cada uno se encarga de los aspectos que casan con su especialidad. Por ejemplo, en The Red Dot, Nara se encarga del arte floral, la fotografía y el texto; y Adrià, de la pintura y del diseño gráfico. Pero, aunque cada uno se encargue de una parte, ¿el proceso de creación es un constante diálogo entre los dos?
Exacto. El concepto nace de una inquietud, un diálogo, un querer expresar una idea. Esto siempre lo creamos juntos, es lo más estimulante. Creemos que es el punto esencial para co-crear con alguien, que el punto de partida sea el mismo, que la idea sea compartida. A partir de ahí, nace casi solo, cada uno aportando las herramientas que tiene.
La cultura japonesa está presente en muchos de vuestros proyectos, especialmente en Rising Flowers (Ikebana) y en Concrete Cubes (Wabi Sabi). Nara, sabemos que esto viene más de ti… ¿Cómo conociste y te empezaste a interesar por la cultura japonesa? ¿Qué encontraste en ella?
Me sentía muy atraída ya desde pequeña simplemente por mi nombre, Nara. Me dijeron que era el nombre de una ciudad japonesa y eso siempre me creó curiosidad. Más adelante, cuando ya estaba más centrada en las plantas y en la naturaleza, descubrí el Ikebana (arte floral japonés) y me fascinó, encontré mi lugar. Siempre me había sentido un poco incómoda con la manera que tiene la cultura occidental de ver y tratar las plantas. Es como un reflejo de la sociedad: cuantas más mejor y siempre perfectas; si una tiene una hoja rota se la quitamos, molesta.
El Ikebana forma parte de la filosofía japonesa del Sintoísmo, el culto a la naturaleza. Para ellos, lo importante no es decorar o embellecer sino observar, sentir y entender. La belleza ya está ahí; valorar las formas de cada tallo, las imperfecciones de cada hoja es lo esencial como metáfora y tributo a nuestros propios ‘defectos’. Me pareció precioso y terapéutico, una forma de meditación, de entrar en contacto con tu vulnerabilidad y aceptarla como es. Si eres capaz de ver la belleza en una rama que se ha torcido para llegar a la luz, en el fondo eres capaz de ver que tus imperfecciones, tus heridas, te hacen más bello.

Adrià, tú sueles escoger una paleta de colores muy viva y tus diseños nos recuerdan al ‘street code’. De hecho, de ahí nace tu pasión por el arte. ¿Cómo y por qué sucedió esta transformación? ¿Qué aspectos del graffiti podemos encontrar en tu pintura y en tus diseños?
En cierto modo, lo que estoy haciendo ahora a nivel de diseño y arte es una progresión hacia lo menos figurativo, tomando como punto de inicio y referencia el graffiti y las calles. De alguna forma estoy rompiendo con estas estructuras internas que me abren nuevos caminos creativos, siempre desde el gozo y la obsesión por desarrollar nuevas vías de expresión. En el graffiti, el color y el impacto están siempre presentes, y eso me lo llevo a mi campo para transformarlo también a nivel formal y conceptual.
Nara, dices que tu pasión por el arte floral es porque creciste rodeada de naturaleza. Se trata de un arte efímero. El graffiti, en cierto sentido, también puede ser efímero. ¿Creéis que lo efímero, lo fugaz, puede convertirse en algo duradero?
Creemos que el hecho de que sea efímero le da un valor añadido. Pierdes el control sobre esa pieza, esa creación, y no sabes cuánto tiempo más podrás disfrutar de ella; nace y muere. También cambia tu perspectiva al crearla porque sabes que va a morir, no la haces con la intención de que permanezca sino más como una necesidad de expresión. No creemos que lo efímero y lo fugaz pueda convertirse en algo duradero, en ello reside su gracia, pero sí que puede transformar tu manera de valorar eso, las posesiones, el tiempo y de cómo disfrutarlo.
Vuestros proyectos requieren observar y reobservar, ver la historia que hay detrás de los detalles. De hecho,  el proyecto The Red Dot habla justo de esto. Se trata de una metáfora de que solo vemos lo más ruidoso y de que nos olvidamos de ver lo más importante. En vuestras palabras, “todo el mundo mira y nadie ve.” ¿Creéis que es una cuestión de falta de tiempo, de falta de costumbre o cultural?¿Con vuestras obras, queréis ‘entrenarnos’ a observar?
Sí, la idea sería esa, levantar una pequeña bandera para que, si alguien la ve, se pare un momento y se cuestione algunas cosas. Vamos a gran velocidad, hemos adquirido y aceptado una inercia imparable generada por la sociedad actual. No es una cuestión de tiempo, es una cuestión de cómo enfocamos las prioridades, del valor que le damos a las cosas. ¿Estamos seguros de que comprarnos un abrigo nuevo es más gratificante que descalzarse y notar la hierba mojada entre los dedos de los pies? ¿Estamos seguros de que un iPhone nuevo es mucho más fascinante que observar detalladamente una flor, con todos sus colores, olores, texturas… vida?
¿Nos cuestionamos estas cosas? ¿O simplemente hacemos caso a lo que nos dice la sociedad, inmersos en esta inercia? Aquí no hay respuestas correctas o incorrectas; simplemente levantamos la mano en pro de la reflexión para que cada uno, parando un momento, pueda crear su propia escala de valores en lugar de adquirir la que nos viene dada actualmente.
En Concrete Cubes reflexionáis si algo, para ser bello, tiene que ser perfecto. Cada vez es más fácil huir de las imperfecciones, por ejemplo, con aplicaciones como FaceTune. Esto provoca una frustración constante en las personas, pues aunque rozan la ‘perfección’, nunca la alcanzan del todo. ¿Por qué creéis que vivimos en una sociedad en guerra consigo misma?
Porque vivimos en la era de la inmediatez, porque lo que es difícil y requiere esfuerzo no es valorado, pues parece que no genera recompensa. El reto más complicado que tenemos cada uno de nosotros es la aceptación personal. La aceptación de todas nuestras partes, las que nos gustan más y las que no. En lugar de hacer este trabajo, que es complicado, estamos en una sociedad que está potenciando constantemente el ‘que puedas mirar para otro lado’ y casi sin esfuerzo, mostrar una parte de ti que crees que es la que los otros quieren ver. Trabajar estos conceptos a través de metáforas como hacemos nosotros puede ser transformador, te abre nuevos caminos para abordar este tema. A veces necesitas verlo desde fuera para sentirlo también dentro.


Para reflexionar sobre lo anterior, trabajasteis con cemento y tintes naturales para resaltar los defectos de las superficies de las flores y sus floreros. Con esto pretendéis invitar a la reflexión de la sociedad. La pregunta de si el arte puede cambiar el mundo ha sido muy tratada pero, ¿qué pensáis vosotros?
Cambiar el mundo nos parece un término demasiado ambicioso quizás. Pensamos que el arte sirve para hacer reflexionar, para interiorizar conceptos a través de metáforas, para comunicar ideas. Creemos que esto va más ligado a una transformación personal e individual, siempre dependiendo de la experiencia y el vínculo que tengas con la obra.
Dicen que la unión hace la fuerza, y en vuestro caso es verdad. Cada vez se está expandiendo más un modelo de co-creación y colaboración entre artistas y disciplinas, creando nuevos lenguajes. ¿Creéis que esto abre un nuevo camino en el mundo del arte?
Sin duda, da mucho pie a la experimentación, y esto siempre es bueno. El arte ya no está tan encasillado en disciplinas y esto permite jugar mucho más y, sobre todo, abrir mucho más la mente encontrando nuevos caminos para la expresión.
¿Nos esperan más colaboraciones en el futuro? ¿El punto de partida seguirá siendo la estética para la reflexión y la estimulación del pensamiento crítico?
¡Eso esperamos! La verdad es que disfrutamos mucho trabajando juntos, pero sobre todo teniendo ese diálogo creativo previo, es muy estimulante. Esto da pie tanto a obras conjuntas como individuales, pero siempre inspiradas por este pensamiento crítico y reflexivo que nos mueve como dúo creativo.

Texto
Emma Vilagran Leal

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