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Desde términos acuñados para referirnos a las tendencias mayoritarias como ‘mainstream’, hasta etiquetas de las que servirnos para difundir mensajes que responden al nombre de ‘hashtags’. En una era marcada por la conquista de los anglicismos y la sumisión ante las tendencias provenientes de Norteamérica, Miss Beige vuelve a conectar con sus raíces contradiciendo la hegemonía de lo viral y lo instagrammeable.

Mientras los filtros amenazan con convertirse en parte de nuestro atuendo diario y los tutoriales impartidos por ‘expertos’ en todas las disciplinas habidas y por haber no dejan de ganar terreno, el personaje creado por Ana Esmith lo apuesta todo al silencio, al beige y a la libre interpretación. “En el proceso de creación hay que eliminar para alcanzar claridad y, en este caso, la voz solo manchaba la imagen”, explica la actriz, periodista y artista en el sentido más amplio de la palabra, quien regresó a su Madrid natal tras más de 15 años viviendo en el extranjero, y acabó dando vida a la ya conocida como ‘heroína de la normalidad’.

Su performance Paseo el Glovo, en la que recorría las instalaciones de la feria de arte contemporáneo ARCO con la enorme mochila amarilla que cargan a diario los riders, le valió su expulsión del pabellón de Ifema que acogía el evento. Y no, no fue el martillo que portaba en su bolso lo que alertó al personal de seguridad, sino la molestia y el desconcierto consecuencia de su intervención artística. “Dice mucho de lo que es peligroso y lo que no”, añade la creadora. Miss Beige es denuncia, crítica y sarcasmo. Es un personaje creado a conciencia, pero no por ello menos humano que el resto de miembros de la sociedad en la que se integra para materializar sus ideas. “Decido salir a la calle, el espacio público por excelencia, para poder interactuar con las miradas y las reacciones ajenas”, explica Ana en relación al proceso de humanización de su particular justiciera.

Ya sea camuflada entre los Guerreros de Xian o sumergida hasta la rodilla en las abarrotadas playas del litoral levantino, Miss Beige no pasa desapercibida. Y es que, detrás de su evidente hieratismo y su aparente apatía, se esconde un profundo discurso (no verbal) con el que invita a debatir sobre la concepción del género o las connotaciones de la apariencia. “Cuestiona los estereotipos establecidos que han influido en quién queremos ser y cómo queremos mostrarnos”, comenta. Es precisamente esta autonomía en la interpretación del mensaje la que conmueve a la madrileña, para quien una performance que promoviese el pensamiento único sería una auténtica aberración. “Si todo el mundo entendiera lo mismo, ¡menudo fracaso!”. Su estética, tan comedia como atrevida, llegó incluso a oídos de Balenciaga, invitándola a participar en su desfile (pospuesto por la pandemia) como Miss Beige. “A ver qué pasa en 2021”.

Somos conscientes de que Miss Beige prescinde de la voz desde sus comienzos en 2015, por lo que entendemos que es Ana Esmith, artífice del personaje, quien responde por ambas. Pero, ¿qué hay de Ana en Miss Beige? ¿Y del personaje de ficción en su creadora?
En el colegio, mis profesores ya me llamaban “la defensora de los pobres”. Siempre he defendido al que no se atrevía o al que no tenía voz, y creo que ese el espíritu de Miss Beige cuando sale a tomar las calles. Ya sea en una foto, vídeo o performance en vivo, la denuncia viene de mí. Sale como un volcán, pero luego tiene que canalizarse para encontrar el modo en el que lo diría y haría Miss Beige. Así que compartimos la denuncia a cualquier abuso de poder, aunque Miss Beige me ha enseñado que el silencio todavía puede oírse más.
Tras 15 años viviendo en Londres y girando por el mundo, decidiste volver a tu Madrid natal, ciudad a la que reconoces ver con otros ojos después de haber pasado tanto tiempo en el extranjero. ¿Cómo describirías esta nueva toma de contacto con la capital? ¿Qué es lo que más te impactó?
Pues me ha dado la oportunidad de redescubrir mi ciudad, y la perspectiva necesaria para observar el carácter español revisando nuestras costumbres del día a día. Lo que más me impactó a mi vuelta, fue la facilidad con la que comenzamos conversaciones con desconocidos.
No es de extrañar que tuvieses que hacer frente a un mayúsculo choque cultural. Desde los horarios hasta los saludos, pasando por el clima y la forma de entender (y practicar) el humor, son muchas las diferencias entre ambos países. ¿Fue el personaje de Miss Beige una respuesta al shock inicial?
Miss Beige surgió a los cuatro meses de aterrizar de nuevo en Madrid. Yo no sé si fue una respuesta, pero me salvó la vida tenerla en mi imaginario porque todo el mundo me preguntaba qué iba hacer y por qué había vuelto con lo bien que se está fuera. Cuando comencé a subir fotos, empezaron con “por qué lo haces”, “qué es eso”, “por qué miras a cámara”… Y supongo que ahí seguirán con sus preguntas.
Vestida en tonos ocre de pies a cabeza y portando un martillo sin renunciar por ello al bolso (por supuesto, también beige), el personaje de Miss Beige surge en 2015. Sin embargo, no es hasta 2017 cuando se presenta públicamente en redes sociales. ¿Qué recuerdo guardas de estos dos primeros años?
Pues mucha ternura y afecto, porque Miss Beige fue querida desde la primera vez que salió a tomar las calles. Mi primer shooting fue en el Mundo Fantástico, el antiguo sexhop de la calle Atocha, y mi primera performance fue en La Juan Gallery como parte una performance colectiva en 2015. Me animé, por fin, a abrir mi propia página de Facebook en enero de 2016. Durante este tiempo gozaba de la misma libertad que ahora, pero lo que sí ha variado es una cierta responsabilidad social.

La interpretación y la comunicación de mensajes (en todas sus formas) han estado presentes en tu trayectoria profesional desde tus comienzos, mucho antes de que Miss Beige viese la luz. Licenciada en periodismo y diplomada en arte dramático, estoy seguro de que la experiencia te ha ayudado a crear a la ya conocida como “heroína antiselfie”. ¿Tuviste claro desde un principio cómo enfocarías el personaje?
Yo vengo de las artes escénicas y, por lo tanto, de la creación e interpretación de personajes. Cuando surge Miss Beige, descoloca todo lo aprendido hasta el momento porque, por primera vez en mi trayectoria, la potencia de la imagen me obliga a prescindir de la voz. Al tratarse de una exploración en un trabajo no verbal, comienzo a investigar a través de la performance, el vídeo y la fotografía. Para humanizarla, decido salir a la calle, el espacio público por excelencia, para poder interactuar con las miradas y las reacciones ajenas.
La ausencia de voz es uno de sus rasgos más representativos. Una peculiaridad que, lejos de silenciarla, dota de mayor potencia visual a su mensaje. ¿A qué responde esta decisión?
Menos es más. En el proceso de creación hay que eliminar para alcanzar claridad y, en este caso, la voz solo manchaba la imagen.
El tiempo no pasa por Miss Beige. Sus guantes, sus medias, sus gafas y su reconocible melena grasa parecen no tener fecha de caducidad. No obstante, sí es testigo de la realidad de su tiempo, y por tanto, de sus cambios. La proliferación del color beige (ahora convertido en tendencia) en las tiendas, la irrupción de nuevos partidos políticos, el auge de las redes sociales… ¿Estamos ante un personaje atemporal, o ante un agente más conectado al presente que el resto de los mortales?
Pues yo creo que justamente es atemporal, pero con sus acciones está conectada al presente que vivimos todos y por ello ha logrado jugar con lo que nos rodea mezclando realidad con ficción.
Escancia sidra en Oviedo, se baña en las playas de Benidorm y pasea en bicicleta por la Gran Vía madrileña con una mochila de Glovo a la espalda. Miss Beige se lanza a las calles, haciendo de las escenas costumbristas y el mobiliario urbano su decorado predilecto. ¿Eliges las localizaciones de forma instintiva, o responden a un análisis previo en fondo y forma del mensaje que quieres transmitir?
Pues depende de la foto. Al principio, María Dain (mi amiga fotógrafa) y yo salíamos a tomar las calles a ver qué pasaba, pensado principalmente en temáticas sociales y políticas para luego darles la vuelta y hacerlas propias. Y aunque esa frescura no se ha perdido, ahora también tengo en mente fotografías que me exigen una localización/acción concreta. Además, siempre llevo el vestido conmigo cuando salgo de Madrid por lo que pueda pasar. Muy a lo Superman.

Hay quienes recurren al arte como forma de generar preguntas y suscitar debates. Mientras, otros se esfuerzan por comunicar un discurso, un concepto o una idea, haciendo al público partícipe de su pensamiento. También hay quienes no persiguen ningún objetivo más allá de la emoción. ¿Qué busca Miss Beige?
Los rituales de la apariencia, la estética del artificio y la reflexión sobre el género forman parte del trasfondo conceptual de mi trabajo, donde invito a jugar y, de esta forma, liberar la imagen de la feminidad entendida como construcción cultural basada en convenciones arbitrarias y a menudo impuestas a lo largo de los siglos de los siglos. La presencia de Miss Beige, ya sea en foto o en una performance, cuestiona los estereotipos establecidos que han influido en quién queremos ser y cómo queremos mostrarnos. O mejor dicho, quién quieren que seamos y como quieren que nos mostremos.
Si tuvieses que definir a Miss Beige con un único adjetivo, ¿cuál sería?
Justiciera.
No dudas en posicionarte a favor de las sinergias creativas, rechazando las etiquetas y los términos limitantes, apostando en su lugar por las propuestas interdisciplinares y la experimentación continua. ¿Por qué crees que tendemos a compartimentarlo todo? ¿Es un mecanismo de defensa ante de lo desconocido?
¡Esa necesidad de tener que explicarlo todo! ¡Dejemos a la gente que comprenda lo que quiera! Por eso yo no doy detalles del personaje, porque me gusta que cada persona haga la lectura que quiera. Si todo el mundo entendiera lo mismo de una performance, ¡menudo fracaso!
Has confesado sentir admiración por el trabajo de Esther Ferrer y por la fotografía de Martin Parr, entre otros muchos. ¿Hay alguna época, movimiento o disciplina artística por la que sientas especial debilidad?
Fluxus, por su libertad de no responder a nada.

JustMad, Hybrid Art Fair, Desvelarte, La Encartada Moda… Has participado en infinidad de ferias y festivales, además de haber protagonizado instalaciones performáticas como La Miss Beige de Michelangelo o ¡Se nota, se siente, el beige es incluyente! ¿Qué es lo que más disfrutas de estas acciones? ¿Cuál de todas ha supuesto un mayor reto?
Mi proyecto favorito hasta el momento es la performance grupal Se nota, se siente, el beige es incluyente, por tratarse de una acción en la que el ciudadano de a pie puede convertirse en un miembro protagonista. Un encuentro sin juicios donde cada uno puede sentirse libre de mirar o ser mirado. Entiendo el arte como un instrumento definitivo para el pensamiento crítico. Por ello, creo que hay que tratar de salvar la distancia entre el artista y el visitante, y emprender un diálogo y una investigación colectiva, en vez de comunicar solo a través del monólogo. Es la obra abierta por excelencia y, por consiguiente, la obra en la que no hay ningún dogma posible, ya que se encuentra destinada a dar rienda suelta a estímulos generados colectivamente en el aquí y ahora. Alentar a la reflexión sobre el espacio que existe entre lo que somos y la imagen de aquello que se supone que somos y, al mismo tiempo, cuestionar la mirada del espectador, pero también la del artista.
Paseo en Glovo fue una de tus perfomances más sonadas. Y es que tu paso por la feria de arte contemporáneo ARCO ataviada con una enorme mochila amarilla perteneciente a la empresa de reparto no dejó a nadie indiferente, llegando a convertirte en fenómeno viral tras ser expulsada de las instalaciones de Ifema. ¿Qué nos puedes contar acerca de esta acción?
Mi presencia les molestaba por la gran bolsa de Glovo que llevaba a la espalda, pero a nadie pareció inquietarle el martillo que llevaba de frente en mi bolso. Nadie del servicio de seguridad se percató, lo que dice mucho de lo qué es peligroso y lo que no. Además, aunque ARCO sea la gran feria del arte español, no podemos olvidar que la precariedad en el arte es tan real como sus precios.
Las mismas redes sociales que aceleraron la difusión de la performance se convierten en tus mejores aliadas a la hora de dar a conocer tu trabajo. Desde que compartieses tu primera publicación en 2017, una fotografía junto a Alex de la Croix en el desfile de García Madrid, hasta ahora, has cautivado a más de 26.000 personas, quienes comparten y comentan cada una de tus apariciones. ¿Qué importancia le concedes al universo digital? ¿Lo que no está en la red no existe?
Es obvio que el universo digital está aquí para quedarse, pero también hay muchas cosas interesantes que se escapan de las redes y brindo por ello. Que cada cual haga lo que quiera, sabiendo que las redes son un juego y no un referente de vida.
Fue precisamente a través de Instagram como te contactó Balenciaga, invitándote a participar en uno de sus desfiles. ¿Cómo fue este momento? ¿Te veremos desfilando próximamente?
Pues ojalá. El momento fue un sábado por la mañana, cuando te pones a contestar correos atrasados; y casi me caigo de espaldas. El 2020, debido al Covid-19, ha echado a perder grandes proyectos. Así que a ver qué pasa en 2021.

Tu última performance, Miss Beige: Taking the Streets, provocó largas colas a las puertas de la galería Ponce + Robles durante varios fines de semana consecutivos. Una evidente muestra de respeto (y afecto) por parte de tus incondicionales fans. ¿Cómo viviste esta convocatoria, la primera celebrada después del confinamiento?
Con mucha emoción. Inauguramos la exposición el jueves 5 de noviembre, cuando corría la voz de que Madrid iba a ser cerrado de nuevo a cal y canto. Y por ello, cada convocatoria de performance podía ser la última. Al final, logramos hacer todo lo que estaba programado, y creo que la gente valoró y participó de ese ímpetu de ‘tirar pa’lante’ contra viento y pandemia.
¿Qué piensas del panorama artístico español actual? ¿Cuáles son sus fortalezas y qué desafíos tiene por delante?
El panorama artístico nacional es, como siempre, difícil. Pero es parte de la profesión. Se sabe que es una carrera de fondo donde parece que van moviendo la meta cada vez que te sientes cerca para que no te confíes. Mi fortaleza es mi persistencia en la certeza de que tengo algo que añadir.
¿Por qué deberíamos llevar un martillo en el bolso?
Para dejar claro que los prejuicios tendrían que salir caros.
Ahora te preparas para incorporarte al elenco de Otelo, la emblemática obra de Shakespeare cuyo estreno se prevé para mayo. Pero, ¿te veremos pronto en la gran pantalla?
Si, además con Miss Beige. A finales de junio me incorporé en Asturias al rodaje de un largometraje, Tristesse, que llegará a la gran pantalla en enero.
¿Qué le pides al 2021?
Llorar de risa.

Texto
David Alarcón
Portada
ALLA DONDE FUERES, HAZ LO QUE VIERES. Foto: Maria Dain.

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