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Pareja tóxica en la ficción, hermanos cómplices (aunque no de sangre) en la realidad. Desde que Fernando Valdivielso vio a Milena Smit entrar al casting de No matarás, película que acabarían rodando juntos y que les valdría dos nominaciones a los Premios Goya, tuvo claro que debía ser la elegida. Prescindiendo de guion y aprovechando las vivencias de los propios actores, el proyecto ha cautivado a la crítica especializada, que ha visto en la fuerza y la verdad del dúo actoral un diamante en bruto.

Un día, Milena recibió un mensaje por Instagram en el que la ofrecían participar en el casting de un proyecto cinematográfico aún incipiente. Ella trabajaba como recepcionista en un hotel, y aunque siempre había estado conectada a la poesía y la fotografía, su experiencia en el ámbito artístico se reducía al modelaje y apariciones puntuales en videoclips. Ahora, parece haberse convertido en la gran promesa del cine español. En menos de veinticuatro horas sabremos si finalmente se alza con el galardón a mejor actriz revelación en los Premios Goya, pero lo que está claro es que No matarás es tan solo el principio de un largo camino. Y es que el mismísimo Almodóvar ya ha llamado a su puerta invitándola a participar en su próximo proyecto, Madres paralelas, después de haber visto en la joven actriz un talento abrumador.

En el caso de Fernando, quien también se disputa un galardón (en su caso, a mejor actor revelación) en la gala de mañana acogida por la ciudad de Málaga, la actuación ha sido una constante en su vida. Convertida en su compañera de viaje, la interpretación le ha acompañado desde que saliese de la RESAD, llegando a protagonizar la escena clave de la película en la que comparte reparto con Milena y Mario Casas (también nominado a los Goya). Su escena en la película es, a pesar de su brevedad, un ejercicio sobresaliente en términos de acción, improvisación y autenticidad, en la que somos testigos de una sobrecogedora y sincera brutalidad. Y es que la pequeña herida que tiene en la cara y con la que se presenta a la entrevista, provocada por su bóxer, no es nada comparado con la intensidad y la violencia de su secuencia.
Milena, Fernando, estáis nominados a los Premios Goya 2021 en las categorías de mejor actriz y actor revelación, respectivamente, por vuestro trabajo en la película No matarás. Y me imagino que compartir la experiencia entre compañeros de rodaje es aún más emocionante. ¿Cómo lo estáis viviendo?
Fernando: Yo me siento un poco apabullado con todas las entrevistas y la exposición mediática, es bastante intimidante. Pero también muy agradecido porque los académicos hayan dado valor a mi trabajo, y este nivel de visibilidad que tenemos es muy bueno para crear nuevos proyectos.
Milena: Yo lo estoy llevando bastante mejor de lo que pensaba. Intento afrontarlo con mucha naturalidad, no generarme expectativas y vivir lo que toca ahora, que es disfrutar de la nominación, no estar pensando en qué va a pasar el día seis de marzo. Y muy importante, no proyectarse en lo que la gente cree que debería ser tu actitud en este momento. No me quiero poner un no en la cabeza porque entonces me daría igual, y tampoco un sí porque no tiene sentido vivir con esa presión. Yo creo que más bonito que el resultado, es el camino que hemos vivido juntos.
Mario Casas, Dani en la ficción, también compite por alzarse con el Goya a mejor actor protagonista. Un triplete de nominaciones salido de una mismo film, del que la crítica especializada ha destacado su ritmo de escalada, su calidad interpretativa y su adrenalina constante. ¿Qué es lo que más os impactó como espectadores la primera vez que visteis No matarás?
Fernando: A mí, David Victori, el director de la película, me había pasado un montaje previo porque aún había que cambiar algunas cosas. Y sí, me gustó, pero no me fascinó. Sin embargo, cuando la vimos acabada en el laboratorio fue una locura. Con el sonido y la imagen, la potencia se había incrementado muchísimo. A David le cambié el nombre y empecé a llamarle Gaspar Victori, porque lo que había hecho podría ser una obra de Gaspar Noé perfectamente (risas).
Milena: Yo lo viví llorando, como siempre (risas). Soy una sensiblona, y ver todo el curro que habíamos hecho después de ocho o nueve meses… Fue muy emocionante. Y no me reconocía para nada, me despersonalizo mucho cuando me veo.
Desde que empezasteis a preparar vuestros personajes, David Victori no dejó de descolocaros y poneros a prueba tratando de sacar y exprimir todo lo que teníais dentro. ¿Ha sido este un rodaje particular?
Fernando: Teníamos absoluta libertad, ni siquiera teníamos que seguir el texto escrito. No teníamos marcas. De hecho, yo irrumpí en escena sin que Milena y Mario supiesen que yo aparecía. El primer día que entré eché la puerta abajo, e incluso rompí el móvil personal de Mario pensando que era el de acción (risas).
Milena: A mí me dijo David, dos semanas antes de rodar, que dejase de estudiarme el guion. No había nada mecánico.

Milena, tú no contabas con experiencia previa en el campo de la interpretación. “No sabía ni lo que era una claqueta, era como un bebé”, comentabas en una entrevista anterior. ¿Crees que la libertad que os ha dado David te ha ayudado a la hora de meterte en el papel, o ha supuesto un reto actoral todavía mayor?
Milena: Yo soy bastante bruta, me va la marcha. A mí esa situación me ponía mazo, fue la mejor escuela. Eso fue un máster en potencia. Cuando tienes una cámara al lado y no puedes bajar la energía, estás en un estado tan potente que no te sales del personaje en ningún momento. Llegaba al hotel después del rodar, y a veces no me podía dormir hasta las once de la mañana de la energía que tenía.
Fernando: Era un trabajo muy duro. David acumuló escenas para rodarlas, entonces podíamos hacer cinco seguidas, o planos de cincuenta o sesenta minutos sin parar. El cámara sudando, Milena afónica…
Sí, he leído que perdiste la voz por completo durante el rodaje.
Milena: Me tuvieron que dar pastillas para la gente que canta ópera para recuperarla. Esto fue un fin de semana, y el lunes teníamos que repetir una escena en la que necesitaba tener la voz perfecta. Ochenta litros de zumo de jengibre.
Milena, cuando el equipo de la película te contactó interesado en tu perfil, tú trabajabas de recepcionista en un hotel. Un trabajo que, de una u otra forma, también tiene algo de interpretación, ¿no? Tener que fingir con un cliente impertinente y ponerle buena cara es todo un reto…
Milena: Yo estaba sin curro y necesitaba trabajo. Lo de cara al público está bien, pero cada vez menos (risas). Estar ahí en una oficina, atendiendo llamadas y ya está, me daba bastante igual.
Y te encontraron por Instagram después de haber visto una foto en la que no aparecías tú, sino una mano con sangre.
Milena: Sí, cuando decidieron que tal vez podría encajar en el papel, fue cuando vieron una foto de mi perfil un poco creepy. Yo todo mi Instagram lo tengo bastante artístico, y en ese momento estaba pasando una etapa bastante difícil. Reflejo mucho a través del arte, siento que me expreso de una manera bastante sana a través de la fotografía. Y en el texto que acompaña la foto decía, “no sabéis a qué huele la muerte, por eso no sabéis escribir”.
¿Tienes claro que te quieres dedicar profesionalmente a la actuación?
Milena: Sí, lo tuve claro desde que terminé la peli. Lo que pasa es que tenía que pagar facturas. Ahora, por suerte, puedo dedicarme a ello.
Y para ello decidiste formarte con Cristina Rota, entre otros.
Milena: Sí, yo creo que una de las mejores cosas que me han pasado es que he entrado en esta industria sin tener ni idea de nada. Y eso hace que no te generes cosas innecesarias. No estás, de alguna manera, intoxicado de información o de prejuicios. Yo desde que he empezado he currado mucho, y para mí eso es lo lógico y lo normal. Si te gusta algo, lo normal es formarte en ello, escuchar a tus compañeros y poner todos los sentidos. Yo siento que lo que me sale es de dentro. Puedo coger tablas con la formación para resolver situaciones más chungas, pero me doy cuenta de que con lo que más trabajo es con lo que aprendo currando a tope. Cuando no estoy rodando me estoy montando tres mil historias, o preparando escenas con colegas. Es algo que me gusta. No creo que sea mejor actriz porque ahora me haya formado. Lo que creo que tengo es algo que ni yo misma sabía que estaba ahí, y es verdad que la formación te ayuda a definirlo.
Es evidente la complicidad que tenéis, pero vuestros caminos han sido muy distintos para llegar hasta aquí. Mientras a ti, Milena, te contactaron a través de redes sociales para decirte que estaban buscando un perfil para un proyecto, tú, Fernando, pareces haber tenido claro que querías ser actor desde siempre. Estudiaste en la RESAD y llevas dedicándote a ello profesionalmente desde hace más de 10 años. ¿Dirías que No matarás ha sido uno de los trabajo más duros hasta la fecha?
Fernando: Para mí ha sido el rodaje más diferente, porque normalmente cuando llegas a rodar sabes perfectamente cuál es tu marca, el texto, no te puedes salir de lo que te dicen, etc. Puedes improvisar en según qué curros. Todo lo que creó David alrededor de la película lo llenó de vida y de realidad. A mí me gusta tenerlo todo muy cogido, y de repente me encontré con un terreno totalmente inhóspito. O estoy dentro, o me quedo fuera. No puedo decir que sea el más difícil, pero sí el más distinto y el más libre. Nos ha puesto a todos en un lugar precioso interpretativamente, completamente desnudos.

Tu escena supone un contrapunto en la película, a pesar de la brevedad de la misma. ¿Cómo preparaste el personaje?
Fernando: Crearon un engranaje perfecto, una bomba de relojería, porque con cada uno de nosotros jugaron con unos tips distintos. En mi caso, jugaron con mi seguridad. Con Milena jugaban con lo olfativo, lo personal. Y con Mario, minaron su personalidad de estrella. Cada uno de nosotros estaba cogido por un lado distinto, nos hicieron una radiografía perfecta. Su cometido era activarnos.
Milena, entiendo que tú también has recibido bastantes consejos antes de enfrentarte a Mila, el personaje que encarnas. Incluso has llegado a decir que David debería hacer una película del propio film, un making of que nos permitiese ver como se grabó todo. ¿Qué destacarías del rodaje? ¿Fue complicado a nivel emocional?
Milena: David me hizo un test con cincuenta preguntas sobre cosas de mi vida, situaciones que había vivido. Recuerdo que me preguntó por el olor de la colonia de alguien a quien no quisiese volver a ver en mi vida. Y después de decírselo, se la pusieron a Mario durante todo el rodaje. También nos ponían audios de nuestros seres queridos.
Ha pasado más de un año desde que terminaseis de rodar No matarás. Unos meses difíciles marcados por la pandemia y la cancelación de eventos, producciones y proyectos. ¿Cómo habéis vivido la espera? ¿Qué habéis estado haciendo?
Fernando: Yo he estado currando, no a ese nivel, pero no me puedo quejar. Tampoco he notado mucha diferencia.
Milena: Para mí ha sido un año buenísimo. Pero es verdad que cuando terminé de rodar, me gasté toda la pasta en formarme. Es muy raro porque echo la vista atrás y veo que a principios de 2020 estaba currando de teleoperadora y de auxiliar de información en el metro, y en octubre estaba presentando la película en Sitges y vestida de Palomo (risas).
“Una vez que empiezas no puedes parar”, dice el personaje de Mila en un momento de la película. Si no me equivoco, mientras le hace un tatuaje a Dani (Mario Casas). ¿Ocurre lo mismo con la interpretación?
Milena: Sí, esa parte fue improvisada, como la mayor parte del texto (risas). Y sí, me está pasando lo mismo con la interpretación, la verdad.
Lo sensorial, lo psicológico y la toma (o no) de decisiones son algunos de los pilares sobre los que se construye la trama. Pero las escenas de acción también son protagonistas. Cuando pensáis en la película, ¿cuál es el primer recuerdo que se os viene a la cabeza? ¿El primer día de rodaje, alguna escena concreta, la presentación en Sitges…?
Fernando: A mí me ve viene el loft en el que se desarrolla nuestra escena. Recuerdo que estábamos los tres en un trance. Esa luz roja, un ambiente venenoso... Heavy pero bonito.
Milena: Te consumía, estábamos sacando ahí todos nuestros demonios, era una verdad abrumadora. Yo a veces me tenía que salir a que me diese el aire. Te hacían estar en un sitio completamente incómodo.
¿Y es verdad que siempre te llevas algo de los personajes que interpretas, y que te acompaña durante el resto de tu vida?
Fernando: Siempre, siempre, siempre. Es una lección aprendida. Para hacer algo que sea veraz, tienes que entenderlo, tienes que saber por qué es así. Si estás interpretando a un asesino, tienes que justificar humanamente sus actos y entenderlo para no juzgarle. Y eso se nota en que de repente estás un día viendo el telediario con tu madre, ves un caso de este tipo y dices, “habrá hecho esto porque…”. Aprendes a entender un poco la cabeza humana.
Milena, ¿tú qué te has llevado del personaje?
Había veces en las que los ensayos con David consistían simplemente en hablar. Nos tirábamos hablando más de seis horas. Le conté toda mi vida y le dije que podía hacer lo que le diese la gana con ello. Me propuso hacer de la película un punto de inflexión con el que dar comienzo a una nueva etapa. Para mí fue como un exorcismo, porque de alguna manera el personaje de Mila me ha permitido no quedarme atascada continuamente en las experiencias del pasado. Aprendí a dejar todo eso allí, fue una especie de catarsis.

Desde que la película viese la luz, todo han sido buenas noticias. Y la nominación a los Goya os llegó mientras estabais en un bar, junto a vuestros representantes. ¿Cómo recibisteis la noticia?
Fernando: Fue un momento de shock. Primero dijeron las nominaciones a actor revelación. Yo esperaba que Milena estuviese nominada, pero es que mi curro es tan solo una escena. Lo veía como algo súper improbable. El mío fue el último nombre, y me puse a llorar. Treinta segundos después dijeron el de Milena, fue una locura. La camarera se quedó loca.
Milena, tú has terminado de rodar la serie Alma, una producción del gigante Netflix que verá la luz próximamente. ¿Qué te llevas de esta experiencia?
Ha sido un currazo, muchos meses. Hemos estado en Asturias, en pleno invierno, con mucho frío. Ha sido bastante duro. Hay una historia muy compleja en la trama, pero muy interesante. Es bastante diferente a lo que ya he hecho.
¿Sientes que te ha ayudado el trabajo emocional que habías hecho preparando No matarás en este proyecto?
Siento que he trabajado desde otro sitio porque el personaje me lo pedía así. Este ha sido mi segundo rodaje, pero he notado una gran diferencia entre rodar una serie y una película. No es uno mejor que otro, son diferentes. Ahora con la pandemia, en las series tienes que estar muy encima del personaje para que no se te vaya. Pero he tenido la suerte de trabajar con un equipo maravilloso, y con unos actores que son unos monstruos.
Y ahora, Almodóvar ha llamado a tu puerta. Madres paralelas es el nuevo proyecto del director manchego, donde rodarás con Penélope Cruz y Aitana Sánchez-Gijón. Dos nombres esenciales de nuestro cine a las órdenes del embajador más internacional que tenemos. Sé que no puedes desvelar nada del proyecto pero, ¿has llegado a sentir vértigo en algún momento? ¿Te sientes cómoda con el término ‘chica Almodóvar’?
Milena: Desde luego, es el sueño de cualquier actriz trabajar con un director tan maravilloso y tan interesante como Pedro. Yo cada vez que estoy con él pienso que su cabeza es un infinito constante. Es una persona muy interesante a nivel personal, no solo como director. Y no, no me incomoda la etiqueta. Lo que sí siento que me cuesta más es lo que el resto de gente proyecta en mí. Esto es un regalo y yo quiero dar todo de mí, porque con su curro y el mío creo que podemos hacer algo muy potente. Lo que quiero es estar al cien por cien, a la altura de lo que él tiene en su cabeza y quiere contar. Tenemos una complicidad muy grande, porque haber podido captar su manera de trabajar siendo mi segundo proyecto, y que él haya visto en mí algo que puede explotar, me parece algo muy bonito. Lo que pasa es que la gente tiende a proyectar en ti algo que no es natural. Es una oportunidad increíble y quiero darlo todo, porque no me han regalado nada. Soy una persona muy celosa de mi intimidad, de mi vida privada. De repente, estoy percibiendo que la gente da por hecho que te tiene que encantar estar expuesto continuamente. No se dan cuenta de que soy la misma persona, y de que hace dos meses no me conocía ni dios. Yo siento que toda mi órbita, de alguna forma, está cambiando; pero yo no. Sigo cuidando lo mío, intento tener tiempo para mí. No que todo dependa de este momento, porque si no tu vida es solamente la exposición y el único tema de conversación eres tú.
Y tú, Fernando, ¿qué nos puedes adelantar sobre tus próximos proyectos?
Fernando: Acabo de terminar una serie para El Terrat que se llama Maricón perdido. Terminé de rodar la semana pasada. Sigo en Cuéntame, y más cosillas por ahí que no puedo desvelar aún.
Los últimos meses han estado cargados de buenas noticias para vosotros, y este año ha empezado con muy buen pie. ¿Qué le pedís al futuro?
Fernando: A mí me apetecería seguir viviendo de esto, y ya está. Seguir contando historias.
Milena: A mí igual. Una vez que entras en esto, no puedes parar. Espero seguir siendo la misma persona y seguir haciendo lo que más me gusta. Para mí este es el oficio más bonito del mundo, y si además estás bien contigo mismo y te sientes satisfecho de la persona que eres, lo tienes todo en la vida.

Texto
David Alarcón
Fotos
Lucía Sun
Estilista
Emma del Hoyo
Peluquería y maquillaje
Rebeca Trillo
Asistentes de luces
Leticia Lozano y Amparo Vargas
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