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Cinco años después de crear el primer Dim Sum Club de Barcelona y poner la cocina china en el ojo de la gente creativa, Meilan Kao repite su fórmula de éxito –ensalzar la cultura china a través de la gastronomía– lanzando un revolucionario concepto a caballo entre la moda de lujo y el ‘fast delivery’ más callejero: Kao Street.
Tras estudiar Comercio Internacional en Barcelona te fuiste a trabajar a Los Ángeles en moda, sector en el que estuviste trabajando durante más de tres años. ¿Por qué lo dejaste?
Así es, al acabar la carrera hice prácticas en los headquarters de Quicksilver en Los Ángeles. Estuve tocando sobre todo la parte de marketing y de visual. Cuando volví, me puse a estudiar de nuevo –Empresariales– y estuve trabajando en Fashion TV, un canal de moda adaptado al mercado español por el grupo editorial Spainmedia. Estuve un año con ellos y después de tres años en la moda dije, hasta aquí. Me gusta pero no conecté mucho con la parte más superficial. No es que me desilusionara ni me llevara un chasco porque obviamente desde fuera ya se ve que la parte superficial, de hipocresía, está ahí. Pero a mí por ese lado no me acababa de llenar y me desprendí.
¿Qué relación mantienes con la moda a día de hoy?
La moda siempre está presente en todos mis proyectos. Cuando viajo o voy a eventos, la gente se piensa que trabajo en esa industria. Pero no, yo tengo restaurantes. Es erróneo pensar que solo proyectas moda si te dedicas a ello. La moda puede estar en todos los sectores, incluso en la automoción. Para mí eso es lo cool. No estoy infravalorando a la gente que se dedica a ello, de hecho, nosotros nos nutrimos de lo que ellos crean. Pero no hay que dedicarse a ello necesariamente para proyectar moda.
Para mí es un complemento muy importante porque comunica parte de tu ser y, cuando creas una gastronomía, buscas empaparlo de tu ser para personalizarlo, y la moda ayuda mucho. Son esos detalles con los que la gente se queda: cómo está servido el dim sum, el dim sum en sí, etc. Todos mis proyectos de restauración están impregnados de moda –hasta el diseño de las botellas de agua.
Tu abuelo, Kao Tze Chien (1925-2013), fue primero de cocina en el primer restaurante chino de toda Cataluña, el Gran Dragón, y tu padre, Josep Maria, abrió con gran éxito el restaurante Shanghai. Siempre has llevado la gastronomía en la sangre y pronto diste el salto a este sector incorporándote en 2012 al negocio familiar en el restaurante Shanghai de la mano de tu padre. ¿Qué rol tenías y de qué manera te abriste camino?
Después de dejar la moda estuve un año trabajando con mi padre en Shanghai, el restaurante madre de lo que ahora es el Grupo Kao. Me ocupaba un poco del visual y empecé a aportar mi visión. Yo le decía a mi padre, tenemos que cambiar la presentación del plato, la presentación de la carta. Mi padre al principio no era del todo reticente, pero me frenaba un poco: "Sin prisas, que aquí el que manda soy yo". Es normal, somos generaciones diferentes y esto siempre ocurre, además de que todo lo que le proponía requería de una inversión. No soy diseñadora gráfica, pero de alguna forma tenía esa visión estética, de comunicación y branding, así que poco a poco empecé a hacer mis aportaciones.
A nivel de gestión también lo he llevado un poco por mi formación universitaria. También me formé en sala, físicamente en el restaurante –si no, no te das cuenta de estas cosas–, y en cocina iba haciendo alguna que otra producción manual. Lo bueno que nosotros tenemos es que todo lo hacemos a mano, entonces por ahí también me empapaba.

En 2014 abriste tu propio restaurante, Kao Dim Sum, el primer Dim Sum Club de Barcelona, un restaurante especializado en dumplings y pequeñas tapas chinas. Más adelante abristeis Mr Kao en el Hotel Claris, y recientemente un ‘pop up restaurant’ en el Hotel Park Piolets, en Soldeu (Andorra). Ahora hablaremos en detalle de tu última apertura, Kao Street pero, ¿cuál consideras que ha sido tu mayor reto hasta la fecha?
Para mí, mi padre está en un podio que, ya no hablo de igualarle a nivel de cocina, que no puedo, pero para mí ha sido un gran reto que me pongan en el mapa junto a él codo con codo. Pasar de ser ‘la hija del señor Kao’ a ‘Meilan Kao’. Por otro lado, tener que explicar a la gente y a mi padre a lo que me dedico. Porque la creatividad no se palpa, es subjetiva. No solo soy creativa, ni solo estoy en la cocina ayudando a mi padre; soy polivalente. Pero principalmente soy la que he generado ese marketing, ese storytelling, ese universo que la gente no sabe cómo definir. Y poner el nombre: es dirección de arte pero también estoy en la cocina, y mucho más. No solo me dedico a una cosa. Y también me ha supuesto un reto explicarle qué es la dirección de arte a personas que no saben lo que es, como clientes de toda la vida que me conocen desde pequeña; hacerlo palpable. Mi padre en Kao lo ha visto.
Tu última apertura ha sido Kao Street, que inauguraste hace apenas unos meses bajo el concepto de ‘Chinese Art Delivery’. ¿En qué se basa?
Nuestro core business es la gastronomía, pero a través de la gastronomía mostramos la cultura china. Este es el proyecto más canalla, el más potente a nivel visual y gráfico, frases, eslóganes, etc. Esto es lo que somos y lo que ha sido Kao siempre, pero te lo proyectamos de manera más bestia. Son frases como ‘Proudly made in China’ o ‘Made in China. Stir-fried in Barcelona’. Provenimos de ahí pero te lo cocinamos aquí. Las sinergias que hemos hecho son con Pilar Líbano, que fue quien construyó el interiorismo, todo el gráfico es de Outerview, y la dirección musical, de Yall, que son muy potentes para mí.
En Kao Street nosotros ensalzamos, a través de la gastronomía, todas las disciplinas del arte que existen. Tenemos libros, por ejemplo, libros como Momofuku, de David Chang, otros de Sotheby’s, escritores chinos…. Me gusta que la gente entre aquí y no sepa muy bien de qué va, pregunten, ¿pero vosotros aquí qué hacéis, vendéis comida, es una tienda…? Que les llame la atención. El logo podría ser perfectamente de una revista de moda. Los libros podríamos venderlos, pero todavía no. Las camisetas sí.
Haces referencia a ensalzar, a través de la gastronomía, la cultura china en sus diferentes disciplinas artísticas. En este sentido, ¿tienes pensado ir un paso más allá con Kao Street o por ahora estáis centrados en consolidar el concepto que habéis construido?
En Kao Street seguirán pasando cosas, quizá hagamos alguna colaboración, pero ha de estar muy estudiado, ha de ser el mismo rollo. La fiesta de celebración del primer aniversario de Vasquiat fue bastante representativa del estilo que quiero, ya que se juntó gente que busca esa creatividad que está fuera de lo estándar. Kao Street es un local que vende comida pero que a la vez es una concept store. Es lujo mezclado con ‘street’. Nosotros lo que hacemos es coger los ‘old Chinese patterns’, modernizarlos y darles nuestro punto de vista, hacerlos nuestros.
La idea de crear Kao Street la llevamos gestando desde hace un año. Nos ha costado mucho y acabaremos cambiando cosas. El concepto ya está, nos falta comprar cuatro cosas y ponerlas, estamos cerca. Quiero que sea como una galería. Muchas veces, de noche, dejamos las letras chinas de neón (de la entrada) encendidas e imágenes proyectándose en la pared. Los fines de semana ponemos videoclips de Daft Punk, por ejemplo, y entonces ya sí que la gente no sabe qué hacemos. Pero ya me mola.

A nivel gastronómico, ¿cómo es el take away que encontramos en Kao Street?
Dentro de la comida nos hemos focalizado en lo que es el ‘noodleing’, principalmente arroz y todo tipo de noodles. Hacer comida callejera low price pero de calidad, hecha a mano. La democratización total de la comida china con ese rollo que hemos ligado desde Kao. Hacemos el ‘Every day I’m noodleing’. Igual que en algunas cadenas de noodleing coges las bases de los fideos y luego le pones las salsas y los toppings que quieres, nosotros hacemos lo mismo pero con la diferencia de que nuestros ingredientes son los mismos que utilizamos en Shangai o Kao Dim Sum, como el huevo poché o la compota de trufa, que es otro topping que se va un poco fuera de tono.
La familia Kao es una institución en Barcelona en lo que a gastronomía china se refiere. ¿Ha supuesto alguna vez un handicap para ti contar con este reconocimiento a nivel profesional o personal?
Sí, en realidad sí. A nivel profesional me ha ayudado mucho, pero el handicap es que te encasillan muy fácilmente. Para mí siempre ha sido muy duro competir con la figura de mi padre. Yo nunca llegué a estar a su nivel hasta que creé Kao.
Precisamente a raíz de crear Kao, el reconocido crítico gastronómico Pau Arenós te bautizó como la responsable de haber puesto de moda la comida china. ¿Cómo lo has hecho? ¿Cuál es tu receta de lo que es ‘cool’?
No me gusta decir coolness porque para mí es una palabra snob, pero sí que es como poner en valor de una manera gráfica ‘guay’ la cultura china de estilo callejero. Y esto lo he conseguido cuidando cada detalle: la música, el interiorismo, los visuales, usar imágenes muy potentes, los uniformes del personal… Y poniendo nosotros las normas: esto se come así. En la entrada de Kao Dim Sum te indica que está prohibido comer con cubiertos. Lo bueno de esto es que reeducas a la gente. No es cool no saber comer con palillos.

¿Cómo te mantienes a la vanguardia en cuanto a innovación empresarial aplicada a la gastronomía?
Tenemos dos vertientes para inspirarnos. Por una parte, indagando qué hacen restaurantes asiáticos con ese halo de creatividad; nos inspira mucho Mission Chinese o David Chang, de Momofuku. Pero mi padre es muy creativo por sí mismo, así que lo que más hacemos es probar. Nuestra gran diferenciación respecto a los demás restaurantes chinos aparte del empaque (toda la experiencia) es el hecho de ofrecer platos que no vas a comer en otros sitios, y siempre es técnica china con producto de cercanía.
Mi padre es muy innovador, siempre está pensando qué podemos hacer para ofrecer una tapa china que llame la atención. Buscamos productos que sorprendan y los presentamos de forma creativa. Por ejemplo, tenemos unos dim sum de pies de cerdo. Esto no hay país o ciudad donde lo vayas a encontrar –ni Londres, ni Nueva York, ni China. O podemos probar a hacer un dim sum de color verde. Ese es el sello gastronómico de la familia Kao: pequeñas creaciones con creatividades nuevas, platos de autor.
¿Cuáles son los restaurantes, negocios o tiendas que más te han inspirado?
En restaurantes diría, entre otros, Mission Chinese (Manhattan/Brooklyn/San Francisco), Hakkasan (diferentes ciudades), Yauatcha (Londres/India/Estados Unidos), Nom Wah Tea Parlor (Nueva York), Mr Chow (Londres/Estados Unidos) y Din Tai Fung (Hong Kong). Como tiendas, Chopsuey Club (Nueva York) la que más.
¿Y quiénes son tus referentes? Esas personas y marcas a las que no les pierdes la pista.
A nivel gastronómico me inspira mucho mi padre porque amo su creatividad. Y no es por tirar de lo más cercano, es porque realmente lo admiro a nivel gastronómico. Y David Chang de Momofuku es muy bueno. Otros referentes que me inspiran a nivel moda son la marca Angus Chiang, Kicki Yang Zhang, CLM Agency me gusta mucho también, el influencer y creador de performances Yu Masui (es muy moda pero siempre aparece comiendo comida asiática y está muy loco, me encanta), la make-up artist Chiao Li Hsu, la fotógrafa Zhang JiaCheng, Studio Yukiko, John Yuyi y los del Chop Suey Club también.

Trabajas a diario con tu padre y con tu hermana Nayan Kao. ¿Cómo separas el vínculo emocional del trabajo, si es que se puede?
Estoy en ello, tengo una coach. La verdad es que me cuesta muchísimo. Esta pregunta da para toda otra entrevista aparte, podemos escribir un libro. A nivel emocional me desgasta mucho trabajar con la familia porque a la hora de discutir no discuto a nivel laboral, me lo llevo a lo personal, entonces cuando hago eso me hago daño –mi hermana, mi padre me han dicho esto. Lo vinculas a nivel fraternal y te afecta mucho más. Por eso es complicado desconectar, porque no eres un trabajador, te llevas el trabajo a casa. Además, nosotros trabajamos mucho con la imagen, la prensa nos ha puesto cara y ojos, entonces los problemas van a ti; si hay un cliente molesto, sabe dónde reclamar.
Los conflictos también son a nivel generacional. Para mi padre, muchas cosas mías son ‘tonterías’. Un evento, cierta entrevista… Mientras que para mí no lo es, para mí es branding, es marca. La comida es importante, pero no solo está la comida. Tú vas a un sitio por varios factores, y hoy en día, como la competencia está por todos lados, tienes que aportar más cosas. Y ahí hay una cierta lucha.
Con mi hermana Nayan sucede que tenemos gustos muy diferentes. Somos totalmente distintas, proyectamos una energía totalmente diferente. Yo soy más masculina, ella es más femenina. Nayan trabaja más en Mr Kao y yo más en Kao, y la personalidad de cada una se refleja en los restaurantes. Pero lo bueno es que con eso no nos pisamos. Surge el conflicto cuando pisamos territorios contrarios. Pero hay un equilibrio y también es muy satisfactorio. Como dice mi padre, cuando vamos todos juntos y alineados, hacemos el mejor equipo del mundo y no hay nadie que nos pare.
Te quería preguntar lo mismo en tu relación con la comida. Cuando llegas a casa, ¿sigues creando, innovando o intentas separarlo?
No, en casa no innovo. No quiero convertir mi casa en zona de trabajo. Ahí sí que lo he separado completamente porque sino me volvería loca, además del hecho que las herramientas para crear están en el restaurante. Es como si tienes un estudio de pintura y en tu casa tienes un despacho. El espacio como tal, las brochas profesionales, las tienes en el estudio, y con eso puedes crear bien, mientras que en casa puedes hacer una pequeña reproducción pero no le estarías haciendo justicia a tu obra.
Por curiosidad, ¿cuál es tu plato favorito o tu plato estrella?
Voy a lanzar una carta a favor de la innovación y voy a decir el bikini de pato. Esto no lo puedes comer en ninguna parte más que en Kao.

¿Tienes en mente nuevos proyectos gastronómicos?
Sí, muchos, y no solo gastronómicos. Tengo en mente muchas cosas.
Y, como emprendedora nata, ¿te planteas aventurarte en otros sectores, quizá volver a la moda de alguna manera?
Sí, en otros ámbitos. En moda sí, pero sería algo muy pequeño. La restauración me gusta mucho. Si no me dedicara a esto, seguramente sería crítica gastronómica. Si no tuviera restaurantes tendría que dedicarme de una forma u otra siendo periodista. Desde muy pequeñas hemos ido a muchos restaurantes, hemos probado todos los sabores, nos han hecho comer de todo y saber de todo: tiene que estar a este punto, tiene que estar hecho de esta forma… Me gusta ir a restaurantes, ver. Ojalá tuviera tiempo para escribir. Cuando me retire (risas).
¿Qué alimenta tus ganas de emprender?
Las personas creativas nos aburrimos muy rápido. Necesitas alimentarte del, ‘¿y ahora qué hago?’ constantemente. Yo sé que voy a seguir porque me conozco. Quizá cojo un Kao, lo monto en Madrid y creo un speakasy donde para entrar tengas que decir una contraseña y son números chinos. Todo siempre desde la vertiente cultural china porque yo voy ligada a eso. Siempre acabo haciendo algo vinculado con eso, creo. Quizá en el futuro no, pero por ahora me tira mucho. Soy muy orgullosa de la cultura china.

Texto
Carla Tomillo
Fotografías
Joan March

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