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Conversar con una mente tan rica como la de Elena Martín es todo un privilegio, supone tal torrente de conocimiento, pasión y generosidad que ha convertido a Martin Lamothe en algo que va mucho más allá de ser una marca de moda. Su visión avant-garde, su culta sensibilidad y frescura, así como su innovación en tejidos y estampados, se reflejan en cada una de sus colecciones haciéndolas inconfundibles. Tras su último desfile, uno de los más espectaculares y del cual nos confiesa que ha sido para ella el más emotivo y cinematográfico que ha hecho hasta el momento, nos cuenta su proyecto soñado del que estoy segura, más de uno querría formar parte.

Estudiaste Historia del Arte a la vez que Moda y supongo que eso repercute en tu forma de concebir las colecciones pero, ¿es para ti la moda una forma de manifestación artística?

Lo que ocurre es que la moda en España está mal titulada. Hay que saber diferenciar que una cosa es la tendencia y otra cosa es la moda como cultura. La tendencia es lo que aquí se considera moda, es decir, necesitas vestirte para salir a la calle, de una forma más o menos decente, pero al final es vestirse para no ir desnudo. La pronto moda ha logrado que la gente vaya muy actual y fresca de forma que pueda pasar por tener más cultura de moda de la que realmente tiene, pero en definitiva son personas que siguen las tendencias. Una cosa es la ropa que sigue una tendencia y otra diferente es la creación de moda y creación artística de moda. Para mí la moda es una parte muy importante de la cultura. Es una actividad artística que filtra lo que está pasando en estos momentos y lo expresa de una manera muy concreta a través del universo de un creador. Por lo tanto, la creación de moda sí que es una representación artística, es lo que ahora mismo llamaríamos alto prêt-à-porter, alta moda y vanguardia. Un claro ejemplo de esto es la filtración tan grande del mundo del deporte en la moda que estamos viviendo y que cada temporada va a más. Tiene su origen y ha nacido al mismo tiempo que la obsesión por los ultraman y el culto al deporte semi-profesional. Los que ahora dan charlas en las empresas no son pensadores ni sociólogos como antes, son personas que practican muchísimo deporte y hacen una profesión de ello porque dan conferencias de autoestima y todo esto supone un cambio en la sociedad. El hombre, ahora mismo, se rige por superación personal de forma muy individual y no de trabajos en grupo, esto es algo muy concreto que la moda ha absorbido incluso al mismo tiempo que estaba pasando. Y eso es lo que serían creaciones artísticas salidas de la vanguardia, esos creadores viven en un mundo donde absorben lo que está pasando, lo expresan y lo atienden.

Estudiar en Central Saint Martins, trabajar para Westwood y McQueen, estilista de personajes de la talla de Kylie Minogue y todo esto unido al hecho de vivir en una ciudad como Londres, ¿cómo han influido todas estas experiencias en ti como persona y en tu creatividad?

Creo que se alcanza el sumun como diseñador cuando consigues moverte en la línea entre la fealdad y la belleza, y en Saint Martins me enseñaron lo que es la sensibilidad y la frescura, que es precisamente eso, estar en esa línea en la que lo bello y lo feo se dan la mano y puedes danzar en ello sintiéndote cómodo. Yo diría que esto es lo que más me influyó de mi experiencia en Londres. Otra cosa que aprendí, con los diseñadores, es a trabajar como yo trabajo ahora en mi estudio, y es que todo siempre es mejorable, la exigencia siempre va a más y mientras queden dos minutos siempre hay posibilidad de mejora, y esto es algo que, aunque puede llegar a ser enfermizo, lo vives. Por otro lado me mostraron que todo es susceptible de colaboración: entre artistas, crear conexiones con la gente, utilizar lo que haces para relacionarte con otros creativos y estar abierto absolutamente a cualquier forma de expresión. Y después a nivel de música, lo que hacíamos era construir los personajes. Analizábamos mercados a nivel de tendencias, pero no de moda, sino de música, comida, ocio, de todo porque tenías que montar caracteres y luego eso se extrapolaba al personaje que ellos tenían que reflejar para que el público se sintiese identificado. Al final de cada cosa he aprendido algo diferente. Me encanta analizar mercados, además de diseñar, el mundo del estudio, hacer las colecciones, es por lo que vivo y Londres es esto mismo pero multiplicado por mil.

Estuviste mucho tiempo en Londres pero Martin Lamothe lo fundaste en España, ¿crees que habría sido más fácil desarrollarlo desde Londres?

En realidad durante siete años estuve unida a London Fashion Week con Martin Lamothe y los primeros cinco años todavía estaba a caballo entre Londres y Barcelona. London Fashion Week tiene la parte de show y la parte de showroom, donde somos solamente unos 20 los escogidos. Estuve presentando las colecciones en los showrrooms durante cinco años, ya que para poder desfilar tienes que tener residencia fija allí y yo lo que tengo en Londres es un estudio de diseño para temas de análisis y freelance. Además, para entrar en el mercado americano y en el japonés, lo hice a través de Londres. Ahora se ha centralizado todo en París a nivel comercial y de venta al por mayor, pero antes se hacía todo a través de oficinas en Londres.

Además de ser la Directora Artística y Diseñadora de Martin Lamothe, das clases en la universidad, eres consultora de moda, estilista, coolhunter, diseñas para otras marcas… ¿Cómo lo haces sin morir en el intento?

Bueno, trabajando mucho (risas). Todo esto lo hago para poder tener libertad artística en Martin Lamothe y no estar supeditada a lo que el cliente quiera, de forma que he tenido que generar mucho trabajo de freelance, haciendo que Martin Lamothe no sea solo una marca de moda y sea un estudio de consultoría. A mí lo que me interesa es crear y generar a partir de un concepto que a veces se vende como ropa, otras como estampación o como patente de tejidos. Lo que en definitiva he intentado es diversificar, en parte porque a mí me gusta hacer un poco de todo y también para evitar encerrarme en mí misma. Por otro lado me encanta enseñar, que es más vocacional que otra cosa. Comencé porque un amigo estilista me pidió que le sustituyera cuando acababa de llegar de Londres y realmente disfruto mucho, te mantiene joven, despierta, la gente de veinte años solo piensa en hacer cosas y proyectar, la energía que tienen y el hecho de pensar hacia arriba y no hacia abajo.

¿Para quién diseñas?

Diseño para dar poder. La persona que se lleva la prenda se siente fuerte, poderosa, a veces se siente más sexy, otras más irónica o más pop, pero la base es siempre el poder. Después, según la colección y como yo me encuentre, puede ser más romántica, más divertida, más kitsch, pero el poder es siempre una base. Son prendas que te colocan en una situación muy concreta con respecto a ti mismo y que tienen una identidad muy definida, de manera que, o eres compatible con ella o no te sientes cómodo. Cuando te vistes de pies a cabeza de Martin Lamothe tienes que pensártelo bien, es una acción que realizas de forma premeditada y eso es algo que me gusta. Yo no hago casual wear, diseño un jersey extraño de piel estampada con una serie de características que hacen que cuando te lo pongas llame la atención, por lo que la persona que lo lleva ha de saber cómo ponérselo y con qué. En definitiva, es una acción controlada y estudiada, y es algo que como diseñadora hago de forma intencionada. Hago lo que me enseñaron en Saint Martins y lo que realmente me gusta que es alta moda, alto prêt-à-porter. Mi estilo es occidental y es ponible, lo que ocurre es que, o el tejido o el color o el tratamiento hacen que sean prendas que no se pondría cualquiera. Los que compran Martin Lamothe son personas sensibles y capaces de combinar las prendas.

¿Cuál es tu visión y cuáles son los valores de Martin Lamothe?

Los tengo muy claros porque finalmente estoy en un momento muy cómodo de la marca. Dar poder, que la persona se sienta poderosa y la sitúe en una tesitura muy concreta de poder. Que se sienta sexy y que sienta el lado sexy de tener poder, es decir, sentirse fuerte pero a través de una ropa muy estricta y muy fresca, a través del color y las texturas. Es una marca que responde mucho a una sensibilidad muy concreta de la persona porque las texturas es lo que gana a la gente, la prenda o es esponjosa o profunda o el estampado tiene algo que no entiendes pero te gusta, la atemporalidad. Yo no sigo la tendencia para nada, me alejo absolutamente y hago lo que me apetece, respondo a un concepto con un brainstorming concreto. Y por encima de todo, como valores de marca, está la responsabilidad social. Tengo muy buena relación con mis proveedores y clientes, además sigo lo del km0, es decir, si se puede hacer alrededor tuyo mejor que hacerlo en el otro lado del mundo, lo que además conlleva un control absoluto de todos los procesos de elaboración. Todo sigue la normativa europea, todo el mundo está muy bien tratado, están contentos, mis proveedores me vienen a ver a los desfiles, a los talleres, al final se crea una amistad y en definitiva un trato muy humano. Es un trabajo en el que paso muchas horas al día y odiaría estar a disgusto o no ser querida en eso. Todo esto me lo ha hecho pasar mal económicamente muchas veces, pero activamente lo decidí y por eso también comencé a dar clases y consultorías con empresas donde doy servicios de conocimiento.

Para tus colecciones sueles colaborar con diferentes artistas y diseñadores y en alguna ocasión comentaste, “un creador sin cultura no puede dar nada”. ¿Qué más cosas buscas en los artistas con los que colaboras?

Para el calzado trabajamos con Pedro Antonio Burgos, que es una persona muy abierta y con una sensibilidad muy concreta y que hace una colaboración más vanguardista con nosotros por amor al arte y por enriquecimiento personal. Por otro lado, el estilista Jorge Bolado Moo viene del mundo del arte digital y de la escenografía y eso me encanta. Es una persona que sabe captar lo que tengo en la cabeza, sabe lo que es Martin Lamothe y respeta mucho. Y con Hugo de la Rosa he colaborado mucho porque cogía Martin Lamothe, lo metía por su filtro, y le daba una visión muy concreta. Es un artista que no tiene nada que ver con la moda y es precisamente eso lo que me gustó, esa sensibilidad que tiene viene de otro mundo. En relación a la forma de colaborar tienen mucha libertad. Les explico la colección, les digo el brainstorming y ellos que piensen lo que quieran, es a partir de mi punto de vista que ellos tengan su punto de vista, pero obviamente han de pensar en intelectual, estricto, frescura, poder, es decir, los valores de Martin Lamothe tienen que estar.

Tus colecciones son muy conceptuales y esto lo llevas hasta el último detalle, como en “Mechanics” donde las prendas estaban ensambladas con tornillos. Todo tiene un por qué. Y no es solo un concepto, lo conviertes en toda una historia. ¿Qué es para ti más importante, el concepto, el proceso o el producto final?

El concepto es lo más importante. Necesito tener un brainstorming con el que me sienta cómoda como punto de partida, de hecho he empezado muy tarde colecciones porque no tenía un brainstorming redondo. Yo no hago ropa por hacer, tengo un concepto en la cabeza y partir de ahí creo una historia, sin él sería incapaz de hacer la colección porque no me la creería. En cada una de mis colecciones hay un mensaje muy concreto y hay una serie de palabras con las que cada look debe identificarse y cada prenda tiene que responder a esto. Si no tengo un concepto inicial, el problema es que no sé cómo definir si algo está bien o está mal. El proceso para crear todas esas sensaciones y la forma de hacerlo, tiene que tener mucha casualidad y sensibilidad, de manera que sean piezas que no se puedan hacer con una máquina. Todo ha de tener muchísima creatividad, es lo que se llama la nueva artesanía: todo ha de salir de la mente del diseñador y de su sensibilidad. Y por último, el resultado final es muy importante porque yo soy de la escuela inglesa y en Saint Martins el calificativo principal para una prenda es “it works” or “it doesn’t work” así que al final, por mucho esfuerzo que hubiera dado la colección o aunque el proceso hubiera sido muy bonito, he anulado medias colecciones completas porque no funcionaban. Para mí lo más importante es que el concepto, el dibujo y el resultado final sea exactamente lo que tenía en la cabeza.

La investigación textil y de materiales que realizáis es espectacular, creando nuevas líneas como la de la “piel de goma” de vuestra última colección. ¿Concebirías ser diseñadora sin esta faceta?

A nivel creativo cuando tengo un concepto en la cabeza lo tengo también en la textura y en el tejido, por ejemplo en la colección de Water Olympics pensaba en agua y necesitaba que todos los tejidos pareciesen mojados, que estaban bajo el agua o que flotasen como agua. No pienso en la línea hasta que no tengo los tejidos y las texturas. Cuando veo un tejido me resulta muy fácil saber lo que necesita para llegar a la sensibilidad que tengo en mi cabeza, porque los genero a través de pruebas, es prueba y ensayo, prueba y error e intuitivamente voy probando sensaciones, hasta que llego a la que me interesa. Supongo que ahora sería muy difícil para mí no hacer esto, ya que enseguida cuando veo un tejido se lo que tengo que hacer para conseguir mejor esa sensación.

¿Hay algún material con el que no hayas experimentado aún y que te gustaría hacerlo?

Estoy bastante obsesionada con el 3D, pero no a lo Iris Van Herpen, que es construir mecanizados enormes, me encanta lo que hace a nivel avanzar, pero no es eso a lo que yo me refiero. Se necesita crear un tejido real, con la humedad relativa y la torsión que necesitan las fibras y si lo conseguimos en 3D va a ser la bomba. Tiene que llegar un punto en que sean tejidos flexibles, no sé cómo, porque hay una serie de aspectos muy concretos que en estos momentos no te lo permiten, pero creo que se avanzará técnicamente hacia ello.

¿Cómo te gustaría que siguiera creciendo Martin Lamothe?

El proyecto que tengo entre manos para llevar a cabo a través de Martin Lamothe está relacionado con la unión entre el arte y el textil. Me gustaría crear algo así como un centro de investigación textil avanzada y colaborar con artistas para hacer las dos cosas a la vez. Ese es mi gran sueño.

TEXTO
CARLOTA WINDER – FOTOS
ANDREE MARTIS Y DEMIAN DUPUIS

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