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“Uso mucho el doble sentido y me gusta despistar creando imágenes que son a veces figurativas, a veces abstractas, pero que siempre combinan una dosis de realismo y magia.” Así habla Mariano Pascual de su trabajo, en el que le gusta “llevar las formas al límite jugando con la composición, las texturas, los colores y el crear desde la ironía”. Establecido en Barcelona, el argentino empieza el año de manera inmejorable: su primera exposición individual en Miscelanea, que inaugura el próximo viernes 5 de enero.

Mariano siente una conexión con su forma de crear que roza el misticismo. “Cada vez que me dedico a crear me abro paso a un lugar desconocido que exploro en mí y del que tengo la posibilidad de hacer una imagen. Es una especie de sortilegio sin explicación, una atracción misteriosa e irresistible.” Y gracias a este conocimiento interior, combinado con una forma de trabajar meticulosa y perfeccionista, la vida parece sonreírle cada día más.

Para los que no te conozcan, háblanos un poco de ti.
Soy Mariano Pascual, un diseñador e ilustrador gráfico argentino que actualmente vive y trabaja en Barcelona. Soy ilustrador, diseñador, artista visual o un poco de todo. La cuestión es que siempre he estado en contacto con la creación artística y desde siempre sentí esa imperiosa necesidad de transmitir ideas y emociones a través del lenguaje visual. La creación artística siempre me ha servido como refugio de la vida diaria y ahora se ha convertido en mi profesión a tiempo completo.
Ilustrador, diseñador gráfico, artista multidisciplinar ¿Cómo definirías tu forma de trabajar?
Podría definirla como una combinación de distintas disciplinas porque, de alguna manera, me formé en varios campos, pero no me gusta ni catalogarme ni limitarme a ninguno en particular. Es algo siempre cambiante y me parece que en esa diversidad reside la riqueza personal. Saber tomar de la formación que hemos tenido las herramientas necesarias para crear los métodos propios que más se ajusten al espíritu de uno. Afortunadamente, en estos procesos no hay un patrón. Muchas veces enfrento un proyecto como un acto de empatía hacia otra realidad, otro sentimiento u otra persona, mientras que otras es un acto de libertad propia.
¿Siempre quisiste dedicarte a la ilustración? ¿Cómo fue tu primer contacto con este mundo? ¿Creas o te gustaría crear a través de otras expresiones artísticas?
En realidad no lo tengo muy claro o, por lo menos, no es algo que haya buscado conscientemente. Nunca soñé con ser ilustrador, pero desde que tengo uso de razón siempre he estado ilustrando. Trabajé varios años como diseñador gráfico e hice trabajos editoriales en moda pero no lograban saciar mi espíritu creativo, quizá porque simplemente aquel no era mi lugar. Llegué al mundo de la ilustración como resultado de una búsqueda personal con una mezcla de azar y suerte.

Tu obra se desarrolla principalmente en el medio digital. ¿Qué posibilidades te aporta a la hora de crear? ¿Es el único que utilizas, o también dibujas alguna que otra cosa a mano, a la antigua usanza?
Actualmente es la herramienta donde me siento más cómodo y la que estoy aprendiendo a dominar mejor. Es un medio muy versátil y práctico para el tipo de trabajo que hago, me permite hacer cambios de color o de textura muy rápidamente y en unos pocos pasos tener varias opciones sobre las que decidir.
Por lo general todo mi trabajo parte de lo digital. Puedo hacer algún sketch a mano, pero es solo para visualizar la idea. Utilizo muchas formas geométricas donde busco una extrema precisión y el formato digital logra esa exactitud – tengo pleno dominio sobre los detalles, rasgos, gestos, trazos, etc. Es algo que nunca podría conseguir a mano. Aunque a veces parezca que haya cosas libradas al azar, por lo general todo está pensado de forma minuciosa y con mucho rigor.
Háblanos un poco de tu identidad como artista. ¿Cómo definirías tu estética?
Una amalgama mágica, una mezcla confusa de cosas de distinto origen o naturaleza. Un viaje en un estado de ultra fantasía: el contacto sutil, casi imperceptible, con otro mundo. Una ilusión, un efecto surreal. Un truco simple pero eficaz con los elementos suficientes para modificar la realidad.
Volumen, forma y colores que nos trasladan a otro mundo, casi onírico. De hecho, muchas de tus ilustraciones nos trasladan a un cielo nocturno que, de alguna forma, nos hace tomar distancia de la realidad. ¿Qué te inspira en tu día a día? ¿Cuáles dirías que son tus principales influencias?
Creo que lo que más me inspira en mi día a día es lo desconocido; eso me atrae sobremanera. Me gusta investigar sobre temas que no conozco, mundos extraños, cuestiones sobrenaturales, los sueños. El hecho de poder representar algo que no pertenece a este mundo o a esta realidad es algo que me estimula mucho.
Tengo una marcada influencia del arte oriental; retomo un poco esa estética como algo que al mundo occidental le es, en cierta manera, incomprensible. Esa concepción antigua de que se trata de ‘otro mundo’ me encanta. Me inspiran todas las disciplinas artísticas y en eso soy muy curioso. Me pierdo en bibliotecas online donde puedo ver manuscritos o grabados de otras épocas, aunque encuentro inspiración en cualquier lado.

“La creación artística siempre me ha servido como refugio de la vida diaria y ahora se ha convertido en mi profesión a tiempo completo.”
Te formaste en ilustración y diseño gráfico en Argentina, pero has continuado con tu formación en Europa y actualmente resides en Barcelona. ¿Dirías que este cambio de aires ha afectado de alguna manera a tu forma de crear?
Totalmente; considero que el entorno siempre influye en la manera de crear. He tenido la oportunidad de estudiar y ampliar mis conocimientos en Europa por lo que me ha dado un panorama mucho más amplio y otras influencias, referencias e inspiraciones. Barcelona en concreto es una fuente de inspiración inagotable por lo que la he elegido como lugar para desarrollarme. Al principio el cambio fue un poco difícil pero ahora no puedo estar más feliz de haber tomado este rumbo.
Muchas veces se dice que la formación artística puede poner límites a la creatividad de los artistas. ¿Qué opinas de esta premisa?
Es relativo, depende de qué formación y depende de qué artistas. Creo que a una persona que utiliza un proceso artístico para crear no hay nada que pueda ponerle límites, o en cualquier caso, no la formación. Según la experiencia que tengo los límites que aparecen en general son internos, y son los más difíciles de derribar y/o superar.
En mi caso no he tenido formación artística como tal, por lo que muchas veces mi manera de crear viene de otro lado. A mí la formación me sirvió para aprender las herramientas necesarias para darle forma al impulso creativo que venía innato en mí y hay cosas que no se aprenden en ningún lado.
En cuanto al proceso creativo, ¿hay alguna parte que tome más relevancia? ¿Cómo es tu día a día en tu espacio de creación?
Lo que toma más relevancia es el momento previo al que me siento a ilustrar. Creo que es el momento clave, ya que cuando me llega un encargo o tengo una idea, trabajo mucho interiormente antes de plasmar algo. Pensar y darle vueltas al asunto es la parte fundamental, y luego varias horas más de trabajo puro y duro (risas).
Por otro lado, la forma de trabajar de freelance que llevo ahora me ha permitido en estos últimos años estar constantemente en movimiento. Mi espacio de creación soy yo mismo, sin importar donde me encuentre. Si bien la mayoría del tiempo vivo y trabajo en Barcelona también paso varios meses al año en Argentina y además estoy continuamente viajando –mi gran fuente de inspiración– por lo que me cuesta tener un único lugar. Trabajar de forma digital me da esa libertad: voy con mi ordenador a todas partes.

En tu obra se percibe una clara obsesión por las texturas. De hecho, da la sensación que los objetos toman la materialidad de otros muy diferentes. ¿Qué te decanta a realizar este tipo de tratamientos? ¿Qué se esconde detrás de este juego de formas y texturas?
Lo de las texturas y la materialidad es realmente una obsesión, al igual que la composición de las formas. Le dedico mucho tiempo y tengo una suerte de código o guía personal que parece ser irrompible. No sé exactamente qué me lleva a hacer este tipo de tratamientos, pero siempre busco que las texturas representen una materialidad en concreto y logren marcar la diferencia entre los distintos elementos. Que sean corpóreos, tangibles, palpables.
En tus proyectos se ve una clara influencia del grupo Memphis. ¿Qué es lo que más te atrae de su obra? ¿Cómo dirías que se integra en tu estilo?
Del movimiento Memphis siempre me atrajo la exuberante filosofía que cuestionó los cánones establecidos, esa forma particular de concebir la estética. En su época el carácter del grupo irrumpió de tal forma que hizo cuestionar el ‘buen gusto’ y el ‘porque sí’ de manera que ya no había techo a la hora de dejar volar la imaginación. ¿El resultado? Una serie de creaciones de todas las disciplinas con una gran cantidad de referencias e inspiración.
Las texturas, los colores y sus combinaciones siempre me han atraído e influido notablemente. He tratado de incorporar lo retorcido de sus proporciones, el escándalo en lo inesperado de sus composiciones y la audacia con la que se utilizan formas geométricas básicas; la forma de aplicar texturas y ese desenfado que roza la anarquía barroca de lo kitsch; su paleta de colores chillones que se yuxtaponen con una marcada intención: evocar estados y emociones.
Me llama especialmente la atención el proyecto Quit Smoking, una serie en tonos pastel y puntos focales en rojo en el que una extraña forma, como una nube de humo sólida, se materializa a través de cada una de las obras. ¿Qué idea hay detrás de este proyecto? ¿Realmente es una campaña artística personal para que la gente deje de fumar? ¿Cómo esperas conseguirlo? 
En realidad no fue concebido como una campaña para que la gente dejara de fumar, aunque me ha gustado mucho esta interpretación. Creo que nunca lo había pensado de esa forma y es lo que me gusta de mi trabajo, la posibilidad de dar lugar a distintas interpretaciones. Quit Smoking está inspirada en una canción con la que siempre me identifiqué bastante. En ella, un robot da una empalagosa y sentida declaración de amor. Después de expresar toda esa serie de sentimientos la única respuesta que obtiene es, bueno, creo que deberías dejar de fumar. Me gustó esa contraposición entre lo sentimental y lo absurdo.

Podríamos decir que en la mayoría de tus series el uso del color es de vital importancia. Pero también encontramos algún trabajo monocromático como Nightview, Read Nothing o Dark Interiors, donde la luz pasa a ser el punto focal de la obra al incidir en cada uno de los elementos que conjugan el espacio. ¿Qué te llevó a trabajar de esta manera tan concreta en estas obras en particular? ¿Qué te aporta el uso del blanco y el negro en estas piezas?
Me encanta el uso del color y le pongo mucho énfasis a la búsqueda de la armonía, pero también disfruto al hacer piezas en blanco y negro. Creo que le da otro carácter y depende del encargo o del mensaje a transmitir decido por cuál de los dos tirar. Son como las dos caras que me componen, esa bendita dualidad. La luz y la oscuridad.
Hacer piezas en blanco y negro me da equilibrio y cuando estoy cansado del color hago una serie monocromática para variar. En ellas utilizo más al límite las texturas porque me sirven para hacer los medios tonos y las sombras, es otro tipo de enfoque. Tengo que utilizar una paleta de tramas en lugar de colores, de forma que el razonamiento es distinto y, por consiguiente, el proceso y el resultado también.
En la serie 36 Days of Type ilustras el abecedario con una visión plástica, colorida, en el que parece que puedas palpar cada una de las letras. Ha sido un proyecto que ha tenido una gran relevancia. ¿Ha afectado a tu forma de concebir y plasmar tus ideas? ¿Dirías que ha habido un antes y un después desde este proyecto?
¡Sin duda! Estoy profundamente agradecido y orgulloso de este proyecto. Ha caído en un momento justo de mi carrera profesional y me ha servido para definir las bases que creo que forman mi estilo. Fue un punto de inflexión en mi búsqueda; después de ese proceso empecé a sentirme más cómodo con lo que quería y podía hacer. Me sirvió para encontrar los elementos necesarios para todo lo que vendría después. Creo que ningún proyecto ha tenido tanta relevancia como este.
¿Tienes algún proyecto por el que sientas predilección o del que te sientas más orgulloso?
Como dije anteriormente, el proyecto de 36 Days of Type ocupa un lugar importante y me ha dado muchas satisfacciones. Aunque también tengo proyectos que me llenan de orgullo, como trabajar activamente para el sello portugués Discotexas. Diseñar portadas de discos es algo que disfruto ampliamente y esta empresa me brinda la oportunidad –además de trabajar con gente que admiro muchísimo.
También me gustaría destacar uno de mis últimos trabajos para Tend Map Barcelona, del cual no puedo estar más feliz, en el que he diseñado portadas de cada barrio de Barcelona para la guía más cool de la ciudad. Trabajar para It’s Nice That o el periódico alemán Die Zeit también son logros que me gusta destacar.
Para terminar, hablemos de futuro ¿Te encuentras con algún proyecto entre manos? ¿Puedes adelantarnos algo?
Acabo de cerrar un gran año a nivel profesional, por lo que comienzo el nuevo con mucha ilusión y con una colaboración con los genios de Achos que resultará en una experiencia web interactiva inspirada en mi imaginario. Además, presento mi primera exposición en solitario, titulada Plastic Thoughts, en la galería Miscelánea (Barcelona), que inaugura el 5 de enero en carrer Guardia 10. ¡Así que espero veros por allí!

Texto
Maria García Prades
Retrato
Alba Ricart

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