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Retratar puede parecer evidente, aunque teniendo en cuenta que se trata de captar el áurea de cada individuo, no lo es tanto. Lo que para los demás puede pasar desapercibido, María lo percibe y lo plasma, siempre con un trazo intuitivo e inesperado. Ya sean personajes anónimos o celebridades, una historieta de cómic o un retrato en gran formato, los rostros que dibuja son el espejo de la inmensidad del alma y la personalidad de cada personaje. Hablamos con esta joven ilustradora barcelonesa de su recorrido y de su visión sobre el futuro de las artes ilustradas en nuestro país.
Hola María. ¿De dónde sale esa curiosidad y esa sensibilidad para retratar?
Creo que lo que más me interesa es el ser humano, las emociones humanas. Sobre todo, recoger en el retrato lo intuitivo y lo primitivo que todos tenemos. Siempre he tenido mucha empatía para leer gestos, entender la psique a través de los rostros me fascina.
Precisamente, tus retratos son imperfección y belleza en la misma medida. ¿Cómo consigues ese equilibrio, esa dualidad?
Siempre que abordo un retrato soy consciente de que hay una doble lectura: la primera es rápida, intuitiva, sale de las tripas. La segunda lectura es más reflexiva. Teniendo esto en cuenta, en una primera lectura mis retratos tratan de ser estéticos, pero es en una segunda lectura donde se descubren las diferencias o los defectos, que es de lo que me gusta hablar. Lo concibo como una especie de trampa que pongo para captar la atención y después desequilibrar ideas preconcebidas sobre la belleza.
Además de retratos, también te mueves en el mundo del cómic, tanto adaptando gráficamente textos de otros escritores como escribiendo tus propias historias. ¿Qué puntos en común hay entre ambos campos, las historietas de cómic y los retratos?
Intento que cada vez tengan más en común, romper las barreras entre géneros es algo que cada vez me da menos miedo. En mi último libro ilustrado, Marilyn tenía once dedos en los pies (Lunwerg), ya rompí bastante los esquemas y en el próximo libro que estoy preparando, pienso hacerlo todavía más. En la historieta de cómic la narrativa es temporal, pero en el retrato también hay narrativa e historia.

¿Dónde te sientes más cómoda: ilustrando para un texto ya escrito o creando la narrativa desde cero tú misma?
Las dos tienen retos estimulantes. Si es el texto de alguien a quien admiro, o con quien hay buen entendimiento, lo disfruto muchísimo. Pero indudablemente opto por la libertad de crear yo.
Marylin tenía once dedos en los pies o Fenómeno son algunos de los libros que has publicado. En el primero presentas la biografía de personajes de Hollywood centrándote en curiosidades y extravagancias que fuiste recopilando; en el segundo, recopilas casos de humanos con diferencias que los hacen excepcionales ¿Te atrae lo secreto, lo oculto, lo bizarro?
No han sido elecciones meditadas, aunque con la perspectiva del tiempo, creo que tienen mucho en común. Sí, me atrae mucho lo oculto del ser humano porque creo que lo que escondemos, aquello de lo que nos avergonzamos, es lo más sincero de nosotros mismos; lo más primitivo y animal.
Adentrándonos en el mundo del cómic, he leído que eres lectora asidua de fanzines y de cómics underground. ¿Qué es lo que te atrae de este tipo de relatos? Quizás podrías recomendarnos algunos nombres o editoriales.
La editorial DeHavilland está sacando cómics excelentes, al igual que Fulgencio Pimentel y Ediciones Valientes. ¡Y esto sólo en España! La frescura y la manera de romper moldes que se permite en este formato es genial.

Formas parte de la Asociación de Autoras de Cómic (AAC), un caso claro de discriminación positiva a favor de la mujer. ¿Qué puedes decirnos sobre las distinciones de género en el mundo del cómic y de la ilustración?
Creo que los que tienen un problema con este tipo de asociaciones tienen que distinguir entre igualdad y equidad. Equidad significa equilibrar la balanza hasta que se consiga igualdad (que todavía no la hay). No es que a una autora le cueste más publicar, es que a veces se espera de ti algo determinado por ser mujer. Va desde algo tan global hasta otras pequeñas cosas a tener en cuenta, como que a una mujer típicamente no se le educa para ser inquisitiva o exigente con un editor, un cliente, etc. Aunque esto ya trasciende el cómic y la ilustración, es general.
Los campos creativos han sido tradicionalmente un trampolín para lanzar bombas ideológicas. Te hemos visto utilizar esas armas políticas de forma explícita como cuando te manifestaste en contra de la campaña del aborto, pero también implícita y sutilmente, como en la serie Botanical Rage, donde, con la alegoría de las flores, hablas de los estereotipos que encadenan a las mujeres.
Los detalles sutiles del sexismo son muy nocivos porque estamos tan programadas para tolerarlos que pasan desapercibidos. En Botanical Rage, las botánicas representaban la presión que se ejerce en las mujeres para ser siempre jóvenes, bellas, fértiles y complacientes.
¿Cómo se está llevando el boom del mundo de la ilustración en nuestro país? ¿Crees que todavía queda mucho por hacer para valorar y proteger vuestro trabajo?
En general creo que es positivo. Como todo, cuando se populariza, surgen muchas opciones, calidades, acercamientos. A algunos les incomoda que se haya abierto tanto; yo creo que simplemente hace necesario seguir trabajando duro para destacar o distinguirse. Por supuesto, en el tema de derechos queda mucho por hacer: desde el aspecto legal y de protección al trabajador autónomo, hasta el aspecto moral y de respeto al artista. No olvidemos que estamos aportando contenido cultural casi a diario al tejido de las artes, y por tanto a la imagen cultural que España aporta. En Alemania, por ejemplo, ‘solo’ por este hecho, a los artistas se les compensa. Y respecto a los plagios, hasta cierto punto, creo que es inevitable. Yo de momento, aparte de alguna anécdota, he tenido muy buenas experiencias tanto con marcas, empresas, editoriales, marchantes o galerías, como con clientes particulares. Estos últimos suelen ser especialmente respetuosos y me merecen un cariño especial.

Texto
Sandra Colell
Retrato
Martina Matencio

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