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Considerada por la prestigiosa editorial Taschen como una de las cien mejores ilustradoras del mundo, el trabajo de la artista Maria Herreros pretende ir mucho más allá de mostrar una estética perfecta e idealizada. Solo necesita un lienzo y ponerse manos a la obra para crear unas pinturas auténticas, esporádicas y cercanas que nos recuerdan a aquellas fotografías que almacenamos en nuestras galerías personales. ¿Es posible liberarse de la imagen que proyectamos en nuestras redes sociales? ¿Mostrar lo más recóndito de nuestra galería personal es la nueva moda? Las respuestas a estas cuestiones se encuentran en su última muestra Photodump The Show, que puede visitarse hasta el próximo 29 de noviembre en la galería Modus Operandi de Madrid.

Fruto del trabajo y duro esfuerzo que ha tenido desde sus inicios, Maria Herreros se ha consolidado como una de las grandes referente en el mundo de la pintura y la ilustración. Para su último proyecto nos explica cómo ha sido el proceso de comunicar sin belleza, aprender a abrazar nuestras imperfecciones, y descubrir una mirada más genuina alejada de la superficialidad que suele encontrarse en las redes. Hablamos con ella sobre estos conceptos y en los planes en los que se encuentra sumergida.

Hace un par de años tuvimos la ocasión de entrevistarte, desde entonces tu trayectoria como artista, ilustradora y pintora no ha dejado de crecer. Ahora presentas tu última exposición, Photodump The Show, en la galería Modus Operandi de Madrid. ¿Cómo has recibido estos últimos años de trabajo?
Parece menos, pero fue en 2015 y me han pasado tantas cosas que parece una eternidad. Casi me cuesta verme en esas fotos analógicas preciosas que me hizo Marina de Luis, acababa de instalarme en Barcelona, ahora vivo en Madrid.
Estos últimos años de carrera he notado el cambio de una artista que empieza y recibe la atención de la novedad (no se habla mucho de esto, pero las carreras no son lineares), a recibir menos atención, pero mejores proyectos de los que recibía antes. A la vez me siento mucho más sabia y segura que hace 6 años, aunque también tengo mucho más que perder y eso a veces da miedo.
Photodump The Show es una muestra que explora la reciente tendencia a postear en nuestras redes sociales un seguido de imágenes en carrusel que no tienen relación entre sí, y que la mayoría de veces tampoco tienen un fin estético, solo la pretensión de enseñar nuestra vida diaria. ¿Dónde viene tu inspiración en convertir algo que inicialmente puede parecer insustancial en una completa obra de arte?
Siempre he buscado la parte más inquietante o que al menos perturba la belleza normativa, pero lo hacía a partir de imágenes o contenido ya curado, buscando el conflicto o el contraste. Ahora directamente he abrazado la parte más banal de todos nosotros, esa que te hacía pensar que los demás deben estar haciendo algo mejor que tú o que tu vida es más cutre, cuando el otro lo que hace es ocultarla como nosotros.
Me fascina el concepto del photodump y de los finstas porque me hace pensar en la tremenda presión a la que nos sometemos para dar una imagen de éxito. Que necesitemos este tipo de desahogos de las apariencias es muy revelador, y el hecho de que ahora nos estemos presionando también, pero en el sentido contrario: para parecer lo más auténtico, relajado y poco posado posible.
En el mundo del arte, muchas veces el mensaje que hay detrás de un trabajo puede quedar eclipsado por la estética de este mismo. Para este proyecto, uno de tus retos era comunicar sin belleza, sin orden y sin sentido. ¿Cuál ha sido el proceso que has llevado a cabo para conseguirlo?
Usar imágenes de mi carrete del iPhone, las que mandas al grupo de WhatsApp para trolear, los memes, pantallazos... Al final lo he reducido a mis fotos personales, pero sí, con la premisa de que fueran siempre fotos no pensadas: la típica que haces para ilustrar un suceso y lo mandas por WhatsApp para enseñar algo sin escribir. La idea era buscar la ‘belleza’ en lo banal, o comprobar si puede convertirse en arte.
También estoy en un proceso en el que estoy abrazando todas las partes más visiblemente mediocres de mi vida, pero que en el fondo están cargadas de más autenticidad que las partes pensadas. El mundo del arte puede ser muy snob, y ahora veo que siempre he tenido complejo de no pertenecer a él, por no tener raíces del mundo de la cultura, no ser de clase alta o carecer de un entorno parecido.

En tu obra se destaca especialmente una inclinación a crear retratos, desde selfies, personas que forman parte de tu vida, animales e incluso personajes célebres e icónicos, como Leonardo DiCaprio o Frank Ocean. ¿A qué detalles das más importancia a la hora de realizar un retrato?
Me expreso a través del retrato porque es algo que me sale instintivo, no tengo que pensar. Antes buscaba excusas racionales para lo que hago, ahora valoro mi intuición para el retrato y sacar lo más humano de cada sujeto sin necesidad de argumentarlo.
Asimismo, tu estilo es muy personal y característico, puesto que profundizas mucho más allá de una belleza vacía y trivial, resaltando incluso algunas imperfecciones. ¿De dónde nace esta peculiaridad de la que normalmente intentaríamos evitar de cualquier manera?
Lo único que hago es no idealizar, y puesto que estamos acostumbrados a las representaciones idealizadas, las mías chocan. Pero yo creo que todo lo que le pongo a las personas en mis retratos está ahí, o al menos yo lo veo así. Lo de no idealizar parece muy simple, pero lo tenemos tan integrado que no es fácil.
Además, algunos de tus cuadros están acompañados de cartelas con conversaciones irónicas extraídas directamente de WhatsApp. Me llama mucho la atención este contraste porque es como si realmente nos adentráramos en tu móvil y pudiésemos ver tu galería personal. ¿Cuál era el objetivo detrás de esta idea?
Exactamente eso, mostrarnos con nuestras vulnerabilidades, la parte menos cool de nosotros, la que nos genera más inseguridad, pero que al final todos tenemos en común y nos une, o nos uniría si no la escondiéramos.


Las redes sociales se han convertido en una extensión más de nosotros mismos, y en ocasiones, eso ha podido influenciarnos a la hora de proyectar una imagen pública que muchas veces no se corresponde con la realidad. Como artista, ¿es complicado alejarse de esa superficialidad?
Es complicado, porque si en vez de mostrarte mi mesa de pintura tal y como es, la limpio antes de la foto, le pongo flores y te hago creer que pinto con una paleta bohemia de madera, escondo el rollo de papel de cocina y la botella de agua... pues seguramente me van a salir más anuncios de marcas (ojo, bienvenidas, pero me gustaría que fueran más reales), y seguramente si tuviera una talla treinta y seis, no me pondrían un saco o un vestido que parece una bata de algodón que lo tapa todo cuando me hacen fotos para alguna revista. Aun así, sé que tengo algunos otros rasgos de belleza normativa que son un privilegio respecto a otros compañeros o compañeras.
Algunas veces te has posicionado en contra de convertirte en una marca, humanizando la figura que hay detrás de un artista.
Se trata de bailar el difícil equilibrio entre utilizar nuestra imagen cuando lo necesitamos para vivir (que bastante difícil es mantener una carrera en las artes, y más siendo mujer y todavía más teniendo hijos) sin llegar a pervertir quién eres, o al menos en mi caso a lo que me niego es a perder tiempo de pintar para dedicarme a proyectar una imagen. Tampoco quiero engañar a quien lo esté viendo, y que crea que esto es fácil y que por algún motivo para ellos no.
Por otro lado, eres una artista freelance. Destacando principalmente Instagram entre otras redes sociales, ¿se podría decir que también es una ventana de oportunidades profesionales?
Sí, innegablemente salen proyectos por Instagram, y yo he podido conocer personas increíbles y viajar por el mundoM ero claro, es una espada de doble filo y puedes acabar dependiendo de una plataforma que mañana cambia el algoritmo y te hace creer que eres peor artista que el año pasado o que ahora tu trabajo es una mierda o que la gente se ha cansado de ti.


Que existe una cierta precariedad en el mundo del arte es un secreto a voces. Especialmente en la pintura y la ilustración hay una propensión a idealizar o romantizar el trabajo, a pesar de que realmente puede ser muy complicado dedicarse plenamente a esta disciplina. Sin embargo, la distinguida editorial Taschen te ha nombrado como una de las cien mejores ilustradoras del mundo. Desde tus inicios, ¿hay muchas horas de trabajo duro y exigencia detrás de cada uno de tus proyectos?
Sí, es muy duro a veces. Sobre todo cuando te cansas de dedicar el 100% de tu energía a la carrera y quieres tener vida personal o familiar. En el fondo, si solo trabajamos, ¿de dónde sacamos las experiencias? ¿De qué temas hablamos? Es muy difícil mantenerse sin estar todo el día invirtiendo esfuerzo duro. Hay momentos de mucha gratitud y mucha satisfacción en los que te sientes plena y realizada, y hay otros momentos de lloros, ansiedad y dudas.
Este último año publicaste el libro Georgia O’Keeffe, en forma de cómic, con motivo de la primera exposición monográfica retrospectiva dedicada a la artista norteamericana en el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid. Empezaste a crear el libro durante la cuarentena. En una etapa donde la situación era tan incierta, ¿cómo viviste el proceso de realizar un libro de este carácter? ¿Hubo un antes y después?
Totalmente. Me ha cambiado para mejor, como artista, como mujer y como persona. Pero el proceso fue tan duro (cuarentena, maternidad sin ayuda y trabajando, proyectos y viajes que se cancelaban, nevadas… pasó de todo) como maravilloso: el hecho de conocer una personalidad tan fuerte, magnética y asertiva cuando más necesitaba reafirmarme, de viajar mentalmente por esos paisajes de desierto de Nuevo México cuando estaba encerrada en mi piso de Madrid... Todavía no he terminado de procesar todo lo ocurrido en esos meses.
Salta a la vista el uso del color amarillo, desde el color del título del libro hasta algunos detalles de los mismos dibujos. El color amarillo representa la alegría, positividad, la energía y también nos da una sensación de calidez. ¿Hay alguna intención detrás de esto o es una simple casualidad?
Más que de alegría, de electricidad, de energía y de magnetismo es un color que apenas he usado por ser tan potente, y ahora me sentía preparada.

En el libro narras e ilustras las distintas etapas artísticas de Georgia, desde sus recurrentes paisajes de flores, los rascacielos de la ciudad neoyorquina o su querido Nuevo México. Pero también resaltas su importante papel como mujer y artista feminista adelantada a su época; siendo un espíritu libre. Después de tanto tiempo investigando su obra, ¿qué es lo que más destacarías de su figura?
Es una pionera en muchas cosas: en controlar su propia narrativa, (ahora todos comprendemos lo que supone dar imagen, pero ella fue de las primeras en tomar el control sobre ello) y hablaba de ecología y de vivir el momento presente y de la observación trascendental (tan de moda ahora) ya en los años 30, recompró sus obras maestras, no dudaba en decir lo que quería y lo que no, y tenía sus contradicciones, como toda persona real.
Para finalizar, no solo has trabajado en la exposición Photodump The Show, sino que recientemente has colaborado con la plataforma de comida a domicilio Just Eat y ahora estás trabajando en tu próximo libro La Machorra. ¿Qué nos puedes adelantar de estos proyectos? ¿Tienes otros planes de futuro?
La Machorra es un libro que me hace mucha ilusión, con mi editorial habitual (Lunwerg, Planeta), sobre un conflicto de género que nos ha sucedido a muchas niñas que creciendo no queríamos convertirnos en mujeres. Me baso en mi infancia en los años 90, yo no encajaba con lo que la sociedad proyecta para una niña, y me daba miedo lo que veía que suponía ser mujer. No había (al menos no a nuestro alcance) un movimiento feminista o queer con el que entender lo que nos pasaba y el sexismo estaba muy normalizado. El universo prepúber y adolescente siempre me ha fascinado, creo que son años claves y que ahora que me conozco mucho mejor, soy capaz de revisitarlos y entender muchas cosas que me pasaban, y que pienso que le han pasado a muchas y muchos. No creo que sea un libro solo para las que fueron niñas en los 90, todos, independientemente de nuestro género, identidad o edad deberíamos aprender para mejorar el futuro.

Texto
Alba Fabregat

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