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Agente Morillas es el alter ego de Mamen Morillas, quien empezó con el diseño gráfico para perseguir una carrera artística –aunque sin rumbo claro– y ha acabado con una expo en Osaka junto a su pareja, también artista, hace apenas unas semanas. Su trabajo está estrechamente ligado a la fantasía y ha conseguido crear un imaginario personal que combina lo mágico con lo real. Hoy descubrimos qué la mueve, qué relación guarda con el Studio Ghibli, y qué faceta de su profesión la satisface más.
Antes que nada, ¿quién es Mamen Morillas y en qué se diferencia de la Agente Morillas? ¿El deber hacia el arte es ineludible en ambas?
Mamen Morillas soy yo desde que me levanto hasta que me acuesto, cada día de mi vida desde que nací. Agente Morillas es mi alter ego. Nació como un guiño a mi amor por X Files cuando se estrenó la serie, y sin darme cuenta y de manera natural, se convirtió en mi otro yo, el que firmaba mi obra. Por aquel entonces solo me dedicaba a la ilustración digital.
Últimamente he tenido problemas de identidad porque es cierto que no logro separar una de otra, pero mi obra ya no es la misma. Lo que está pasando es que he empezado a firmar mis obras de arte como Mamen Morillas porque parece más serio y porque quiero separar, de alguna manera, mi obra artística de mi trabajo por encargo como ilustradora. En el fondo, y aunque de alguna manera similares estéticamente (no puedo negar quien soy, ni quiero), no tienen nada que ver técnica ni discursivamente.
La mayor parte de tu trabajo se caracteriza por unos seres que se encuentran entre lo real y lo ficticio, entre lo animal y lo inventado. ¿De dónde salen?
Mi trabajo se nutre fuertemente de mi vida, mis vivencias y mis sentimientos. Mantengo unos vínculos muy estrechos con mi infancia: los dibujos animados que veía, los juegos a los que jugaba, los cuentos que leía, las canciones que cantaba, etc. Sobrevivo en el mundo adulto gracias a mis recuerdos, a la fantasía y al humor. No me considero una niña grande pero fui una niña muy feliz hasta que mi madre sufrió un infarto cerebral cuando yo tenía doce años; desde entonces, me he resistido a dejar de jugar y de soñar.
Mis personajes nacen de la línea que separa mis dos mundos: el presente y el pasado, y a través de ellos construyo puentes entre quien soy ahora y quien fui de niña. Y como mi trabajo tiene un punto muy personal y autobiográfico, a través de estos personajes puedo hablar de lo que siento de una manera tierna y simpática, sin sonar demasiado dramática, seria o adulta.

Viendo tu trabajo, algunos de tus criaturas/personajes me han recordado a algunos de los que aparecen en las pelis de Studio Ghibli, como Totoro o No Face de El viaje de Chihiro. ¿Guardas alguna relación especial con el estudio de animación?
No puedo negar que Studio Ghibli para mí es una fuente de inspiración, tanto por su estética, que me encanta, como por su narrativa y su poética, que me parecen de una belleza indescriptible. Aunque yo también encuentro en ocasiones similitudes entre algunos de los personajes, considero más mi estética como el resultado de una evolución formal en mi trabajo, que tiene un gran contenido narrativo y que, debido a mis formación en diseño gráfico, he ido simplificando en un intento de comunicar de la manera más simple y efectiva posible.
Tu creatividad se expande por la ilustración, la pintura (incluso el mural) y la escultura. Y además, por el diseño gráfico –que, al fin y al cabo, es lo que estudiaste. ¿Cómo ha sido esta evolución y expansión por distintos campos creativos? ¿Alguno que te falte y al que le tengas ganas?
En su momento estudié diseño gráfico porque quería estudiar algo creativo y no tenía ni idea de por dónde tirar. No vengo de una familia vinculada al arte o al diseño y, en Málaga, mi ciudad, por aquel entonces no había ni museos ni facultad de bellas artes, ni yo tenía posibilidad de irme fuera a estudiar. Luego sí que pude y me fui a Barcelona a estudiar ilustración en la escuela Massana.
Empecé a publicar mis primeros trabajos antes de terminar los estudios pero todo lo que hacía era digital y, poco a poco, el cuerpo me pedía más, así que a la par que publicaba ilustraciones digitales para diferentes clientes, empecé a pintar. Al principio lo hacía mucho con rotuladores sobre lienzo y, de vez en cuando, le daba a la pintura mural. Luego empecé a ser más detallista y me tiré al lápiz y a la pintura acrílica.
Me encanta aprender y emocionarme con cosas nuevas y hace unos años empecé a trabajar con cerámica y bordado. La cerámica me ha cautivado por completo y ahora mismo estoy muy volcada en ella. Aún así me encantaría aprender muchas cosas, desde talla en madera a animación, cosa que no descarto; y por supuesto, tirarme a la cerámica en gran formato.
Si hablamos de variedad, también cabe remarcar tus encargos o clientes: desde carteles para eventos en la sala Apolo de Barcelona o el CaixaFòrum en Madrid hasta ilustraciones para medios de comunicación, pasando por festivales de música e incluso ONGs. Eres una todoterreno. ¿Cuáles son los trabajos que más satisfacción te dan?
Si hablamos de trabajos gratificantes, sin lugar a dudas es la enseñanza. Desde que empecé a dar clases de ilustración en BAU y en el London College of Contemporary Arts, he descubierto una profesión que me llena mucho. Pero si hablamos de trabajos que realmente me satisfagan y llenen interiormente, para mí no hay nada como encerrarme en el estudio a trabajar con las manos; el tiempo se hace tan corto.
Me encanta todo el proceso creativo, la sensación de empezar algo nuevo es muy bonita: investigar, leer, pensar, idear y, por supuesto, el desarrollo técnico. En la actualidad, a parte de dibujar, trabajo mucho con cerámica y bordado, y sin lugar a dudas, lo que más me apasiona en este momento es el modelado y la escultura cerámica, concretamente la porcelana, a la que intento dedicarle el mayor tiempo posible porque es un material apasionante, complejo, y muy técnico del que no paro de aprender cosas nuevas.

“Sobrevivo en el mundo adulto gracias a mis recuerdos, a la fantasía y al humor.”
Hace nada presentaste tu primera exposición en Japón, titulada Unexpected Landscapes, en la que participas a cuatro manos junto con Jean-Philippe Illanes. ¿De qué forma el país y el trabajo de Illanes influyen y se complementan con el tuyo? ¿Por qué allí y por qué con él?
A Jean-Philippe lo conocí hace ocho años en un Primavera Sound al que ambos fuimos invitados para pintar. Casi desde entonces somos pareja, pero en estos ocho años, pese a compartir inquietudes y estudio, es la primera vez que colaboramos. Siempre hemos dicho de hacer algo juntos pero su trabajo y el mío son muy diferentes, y como compartimos demasiadas cosas, nunca ha sido una prioridad compartir el trabajo también. En esta ocasión, los astros entraron en conjunción.
A Jean-Philippe lo conocí hace ocho años en un Primavera Sound al que ambos fuimos invitados para pintar. Casi desde entonces somos pareja, pero en estos ocho años, pese a compartir inquietudes y estudio, es la primera vez que colaboramos. Siempre hemos dicho de hacer algo juntos pero su trabajo y el mío son muy diferentes, y como compartimos demasiadas cosas, nunca ha sido una prioridad compartir el trabajo también. En esta ocasión, los astros entraron en conjunción.
Planteamos una serie de dibujos que se basaran en el concepto de paisaje, como lo entendiera cada uno. De esa manera, uno empezaba dibujando un paisaje en gris y el siguiente recreaba una escena a color dentro de ese paisaje. Como consecuencia, hemos creado una serie de ocho dibujos acrílicos bastante divertidos e interesantes.
Planteamos una serie de dibujos que se basaran en el concepto de paisaje, como lo entendiera cada uno. De esa manera, uno empezaba dibujando un paisaje en gris y el siguiente recreaba una escena a color dentro de ese paisaje. Como consecuencia, hemos creado una serie de ocho dibujos acrílicos bastante divertidos e interesantes.
Los mayores retos a los que me he enfrentado son el calor y la humedad, que son realmente insoportables. Y por supuesto, el idioma. En general, la gente no habla mucho inglés y, desgraciadamente, yo de japonés no tengo ni idea. Lo que peor he llevado ha sido no entender la carta de los menús de los restaurantes o no poder más que sonreírle a la gente, pero he sobrevivido muy bien.
Y en cuanto a lo que más disfruto, no sé, todo ha sido una explosión de contrastes, sobre todo en Tokio, donde pasas de un barrio súper tradicional a otro súper futurista en lo que tardas en bajarte del metro. Todo me llamó poderosamente la atención, pero sobre todo, el uso que hacen del grafismo. La ilustración forma parte del día a día y de la comunicación visual de una manera brutal y efectiva. Todo el mundo consume cómics, ilustración, juguetes y juega a videojuegos; es una maravilla. Eso, ¡y la cantidad de material de papelería que no sabía ni que existía!
Y tras la expo en Japón, ¿qué más viene? ¿Planes de futuro que puedas desvelarnos?
Ando con un proyecto cerámico en porcelana de edición limitada entre manos, que ha de ver la luz antes de acabar el año. Aunque ahora está en pausa por falta de tiempo, estoy trabajando con mi hermano en un videojuego indie que esperamos podamos lanzar el año que viene.

Texto
Arnau Salvadó

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