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Allá donde colindan los caminos, en la línea que desdibuja las fronteras, hallamos el trazo de Lucrecia Píttaro. A través de su obra demuestra la virtuosidad de la hibridación: la ambigüedad entre lo textil y lo plástico, la función y el capricho, la abstracción y la figuración. Como vehículo utiliza un uso explosivo del color, casi fauvista, que conquista y arrasa todo tipo de superficie desde la seda hasta el lienzo. Una visión particular de la creación artística y la técnica que la ha transportado hasta París, Milán y Londres; sin nunca perder de vista su Argentina natal.
Para empezar, por favor, ¿podrías presentarte y presentar tu trabajo?
Como artista plástica y diseñadora de moda y textil trabajo entre la función y el capricho. En ambas disciplinas disfruto de trabajar en torno al ornamento porque me permite construir desde lo figurativo del gesto y desde la abstracción del color. Sin embargo, la gran diferencia es que en la moda prima la utilidad mientras que el trabajo plástico está sujeto únicamente a la arbitrariedad de mis deseos.
Esta entrevista se publica junto a unas fotos que se han hecho en colaboración con el fotógrafo Javier Tles y la estilista Yolanda Armengol. Cuéntanos un poco acerca de las piezas que se han disparado. ¿Qué son exactamente? Parecen… ¿pieles pintadas? ¿Son alfombras? ¿Forman parte de algún proyecto concreto? ¿Dónde se ubican estas piezas dentro de tu trabajo?
Las piezas forman parte de un proyecto llamado La peau creado en 2017, que explora el concepto de máscara considerándola como un cuerpo. Cada retrato está compuesto de restos de múltiples rostros y patterns. Al utilizar cuero como soporte, la superficie no es rígida y fluctúa en función de su peso, acercándose a la escultura blanda. La idea no es presentar las piezas extendidas sobre una pared. El exceso de información en la superficie se equilibra gracias a los pliegues del cuero que interrumpen el discurso plástico y focalizan la atención en áreas que se crean aleatoriamente. De esta manera se potencia el concepto de máscara, multiplicándola como en un juego de espejos. Si pensamos al rostro como objeto, este se convierte en un parachoques mímico que actúa como defensa frente al peligro de vivir entre desconocidos.
Argentina es pionera en la vanguardia artística de Latinoamérica. También Italia, con la que mantiene un estrecho vínculo, es alma mater de algunos de los mejores artistas y diseñadores de la historia. ¿Crees que la transdisciplinariedad propia de los creadores de tus raíces ha influido en la tuya?
Probablemente, pero de forma inconsciente, supongo que todos traemos restos de donde venimos. Y esos restos son el futuro.

Tu uso del color es explosivo, casi fauvista. Tu obras se distingue por generar una sensación de horror vacui a través de la paleta de colores que inunda la mirada del espectador. ¿Cómo decides qué tonalidades usar y por qué?
Generalmente me guío por una pulsión de color que me va llevando a lo largo de cada pieza. Y a medida que avanzo trabajo por sectores. Esto provoca que cada detalle sea igual de importante que la totalidad. Me interesa cuando el color hace vibrar la superficie, cuando genera electricidad.
¿Qué te aporta trabajar con el color?
Me gusta pensar el color como una herramienta que da forma al contenido. Que construye morfológicamente, pero al mismo tiempo, es capaz de desfigurar y desenfocar los límites de la composición.
Al igual que este movimiento fauvista que antes mencionábamos, también disfrutas de la representación de entornos o animales salvajes. ¿En qué conectas con estos motivos?
La representación de animales es propia de la última serie Voyage des ancêtres, basada en Cuentos de la selva de Horacio Quiroga. Me intriga la monstruosidad de los seres vivos y creo que la naturaleza puede llegar a ser extremadamente cruel y despiadada, si la juzgamos desde un sistema de valores.


Tu estilo pictórico recuerda al collage, sin embargo, la técnica que utilizas es pictórica. ¿Cómo configurar la composición, especialmente siendo tan abstracta, previamente a plasmarla?
Intento desarmar la noción de fondo y figura. Eliminar la jerarquía entre ambos y forzar el ojo a despejar por sí mismo los elementos de la composición. Mi trabajo participa de la idea del falso collage.
Tu formación combina el estudio del arte contemporáneo con el universo textil, ¿qué te enseña o te aporta el ejercicio de ambas?
Lo interesante son los límites entre disciplinas. Un lugar que concibo como un área y no como una línea estrecha que delimita y separa. Jugar a ensanchar ese territorio donde las pautas no están establecidas y habitarlo hasta apropiárselo. Es gracias al ir y venir entre ambas disciplinas que se genera un nuevo espacio.
Has estudiado en algunas de las escuelas más prestigiosas del mundo como son la Central Saint Martins y el Istituto Marangoni y actualmente resides en París, otra de las grandes capitales del diseño. ¿Qué distinguirías de la forma de concebir la moda de cada una de estas ciudades?
El punto en común entre estas ciudades es el valor que se le da al trabajo artesanal y al savoir-faire que éste conlleva. Es decir, la búsqueda de la calidad, el tiempo que toma formarse y perfeccionar una técnica específica para desarrollar una pieza artesanal y el costo que esto implica. Son nociones que están profundamente arraigadas en la consciencia colectiva, así como en la toma de decisiones a la hora de producir.

Habiéndote criado fuera de Europa, ¿cómo has vivido la confrontación entre lo que pensabas que sería emigrar y lo que finalmente ha sido?
El viaje siempre me interesó mucho más que el punto de llegada. Era una aventura que sólo dependía de mí, mientras me gustara la vida en ese lugar, ahí seguiría. Y ahí sigo estando, sin haber llegado.
¿En qué otra ciudad te gustaría vivir si pudieras?
Londres.
A pesar de residir en París, trabajas desde hace varias temporadas con la diseñadora Chebar, cuya sede y marca se ubica en Argentina. ¿Cómo se da un proceso creativo con tantos miles de kilómetros de por medio?
La colaboración empezó hace 19 años cuando yo todavía vivía en Buenos Aires y luego, desde 2008, continuamos a distancia. Hemos logrado desarrollar un lenguaje particular que nos permite visualizar una idea hablando por teléfono.

Teniendo en cuenta la perdurabilidad de esa colaboración, ¿qué es lo que más disfrutas de trabajar junto a Chebar?
Disfruto del reto de reinventar el imaginario de la marca una y otra vez. Intento aportar soluciones creativas a cada temporada para contribuir en el desarrollo de ese universo.
¿Qué objeto te gustaría diseñar que no esperemos?
Más que un objeto, un lugar: un parque de atracciones.
¿Algún plan de futuro?
Actualmente, estoy trabajando en una exposición individual en la galería Trinta para marzo del 2022.
Todas las piezas pintadas son de Lucrecia Píttaro.

Texto
Alexia G. Ferrer
Fotos
Javier Tles
Estilismo
Yolanda Armengol
Concepto & Dirección de arte
Yolanda, Lucrecia y Javier
Modelo
Mateo Cabrera
Retoque
La Crin Studio

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