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Fin de siglo son las palabras que le vinieron un día a la mente a Lucio Castro. A partir de aquí, la cosmopolita Barcelona, con su playa y su arquitectura; Ocho, un hombre de cuarenta años que está viviendo un cambio en su vida; y Javi, un amor del pasado. Estos son los ingredientes que el cineasta argentino fue añadiendo al guion y que se transformaron en su ópera prima. Una historia de amor interrumpida por dos décadas que nos hace viajar por presente, pasado y futuro. Huye de los convencionalismos románticos típicos en el cine mainstream y nos deleita con la gran conexión que existe entre ambos.

Ganadora del premio a la Mejor Película Argentina en BAFICI 2019, la película se presentó en la última edición del festival L’Alternativa en Barcelona y llegará oficialmente a las pantallas españolas el 13 de diciembre (distribuida por Filmin). Allí, después de su proyección, entre gente que viene y va, hablamos con Lucio Castro sobre su otra vida en el mundo de la moda, su pasión cinéfila o la industria cinematográfica. También nos acompaña Ramon Pujol, el actor que interpreta a Javi en el film.

Tras cinco años en una escuela de medicina de Argentina, decidiste mudarte a New York para estudiar moda. Paralelamente a una exitosa carrera en ella, trabajaste en Marc Jacobs y Georgio Armani entre otros, también hacías cortometrajes. ¿Cómo ocurrió esta evolución?
Lucio: De hecho estudié cine antes de ir a Nueva York, en Buenos Aires. Ahí también trabajé en una producción de documentales de indígenas. En el año 2000 decidí irme a Nueva York. Había la posibilidad de hacer un doctorado de cine en Columbia, pero como quería quedarme en Nueva York ya que me gustaba mucho la ciudad, quería hacer algo que me permitiera tener una visa para quedarme. Decidí meterme en diseño porque tengo un amigo de Argentina que tiene un local de ropa y siempre me había gustado el proceso, era muy directo. En cine el proceso es mucho más largo. Así empecé a estudiar diseño, pero siempre hice cortos a la vez, pues siempre fui muy cinéfilo. Seguí haciendo ropa de hombre después de estudiar, y, de hecho, esa sigue siendo mi principal fuente de ingresos. Sin embargo, el cine siempre se ha mantenido en mi vida.
Entonces, ¿el diseño y el cine siempre han ido paralelos?
Lucio: Sí, siempre fue paralelo. Honestamente, el cine siempre ha sido mi gran pasión. Dedico un tiempo todos los días al cine. De la ropa me interesa más la parte de las telas, el cómo está hecho, la historia de una colección y todo eso, que la idea de la moda en sí. La respeto y es interesante, pero a mí me interesa menos. Por esto, dedico más tiempo al cine que a la ropa fuera de mi horario de trabajo.
Has explicado que en Armani para diseñar te inspirabas en la marca y en lo que la gente buscaba en las temporadas. ¿En qué se parece y en qué no este proceso creativo al que utilizas para la creación de tus obras audiovisuales?
Lucio: En la moda, la ropa empieza siempre con una colección, con una idea. Por ejemplo, ahora trabajo para una marca en China. La nueva idea de la colección son los barriletes históricos de la parte norte de China. Entonces yo me dedico a ir a ese lugar en China, ir a museos, sacar fotos, leer la historia, etc. De ahí veo cómo todo este material se puede transformar en ropa, por ejemplo, el botón puede tener forma de barrilete o como pueden ser los tejidos o los colores. Después, los diseñadores diseñan las prendas en base a esto. En cine cuento una historia que se me ocurre. Escribir es lo que me da más placer de todo lo que hago. Es una invención total, es decir, mientras la ropa sí está basada en una colección que me tengo que adherir, o a unas telas o a un precio, escribir es pura fantasía.
También hay restricciones, y esta película tuvo restricciones ya que quería que fuera relativamente barata. No quería que hubiera muertes, asesinatos y defunciones, pero en general la invención de la historia fue bastante libre.

Aunque antes ya habías realizado cortometrajes, con Fin de siglo das el salto a los largometrajes. ¿Cómo y por qué decides dar este salto?
Lucio: Primo me vino a la mente este título, y después me puse a escribir para intentar descubrir de dónde venía. Empecé a ver estos personajes en Barcelona, conociéndose y hablando. Ahí me di cuenta de que esta idea era más para un largometraje, pues necesitaba más tiempo y más espacio, ya que en los largometrajes hay más tiempo para elaborar ideas y sensaciones. Requería otro lenguaje.
Durante los 84 minutos que dura el film, se entrecruzan el pasado, el presente y lo que tan solo reside en nuestra imaginación porque nunca llegó a pasar. Sin embargo, me dio la sensación de que cualquiera de esos momentos podía ser real. ¿Crees que la vida es una suma de lo que pasa, lo que pasó y de lo que tan solo vive en nuestra imaginación? ¿Por qué decidiste aventurarte en este tema?
Lucio: Creo que es exactamente lo que has dicho. La vida es un presente, que es ahora, un pasado, con recuerdos por ahí incorrectos, y un futuro, que no existe, pues yo puedo decir que voy a hacer algo, pero por ahí no pasa, es como una ilusión que tenemos. Queremos adivinar qué va a pasar y vivimos en un estado constante entre estos tres tiempos. La película empieza muy concretamente en un presente muy físico y cada vez se va haciendo más etéreo. Es decir, pasa al pasado, pero un pasado que no es un tiempo real, porque los personajes siempre son iguales, no cambian; se trata de una memoria que ellos recuerdan. También se mezcla la memoria con el presente y con el futuro, que es en realidad una proyección del presente y del pasado.
Ramon: El otro día, Jaume Ripoll de Filmin, que es la distribuidora de la peli, comentaba en un coloquio el inicio de los cuatro cuartetos T.S. Eliot. Dijo algo como que el tiempo presente y el tiempo futuro están presentes en el tiempo pasado. Con esto quiero decir que se trata de un concepto que está hablado y filosóficamente tratado.
¿Es un tema que ya te interesaba de antes, puesto que ha sido tratado por varios filósofos y académicos, como dice Ramon?
Lucio: No sé, no la escribí pensando en ese tema, sino que el tema surgió y entonces la escribí. Pero ahora que estoy escribiendo el nuevo largometraje y también empieza a haber algo de esto, me doy cuenta de que es un tema que me interesa. Sin embargo, no es algo que planeo desde antes, es algo que descubro.

Precisamente porque es una historia de amor interrumpida por veinte años, las épocas retratadas son sumamente diferentes, sobre todo para los protagonistas, pues en los años 90 no tenían los mismos derechos. ¿Está relacionado con el título de la película Fin de siglo?
Lucio: Sí, creo que el título tiene muchos aspectos escondidos. Primero tiene un sentido literal, pues Javi está haciendo un documental sobre el fin de siglo en el año 1999. Asimismo, Ocho está en un fin de algo, pues ha terminado una relación larga y también tiene un segundo encuentro con Javi, que significa un cierre a lo que ocurrió en el pasado y a la vez un nuevo comienzo.
A la vez pone en manifiesto todos los avances en la comunidad LGTBIQ. Es evidente que ha habido un cambio dramático. El SIDA era una enfermedad muy letal en los 90 y a ahora hay muchos tratamientos, aunque sigue siendo letal en muchos países en donde no pueden pagar los medicamentos; tener hijos era muy extraño hace años y ahora es bastante normal; y la forma de conocer gente también ha cambiado, pues en esa época no había Grinder. Lo que más me interesaba a mí, era ver un mismo personaje con 40 años y con 20 años, cómo uno recuerda todo. Me gustaba la idea de contrastar a este personaje con lo que piensa ahora, las cosas que son distintas y las cosas que son iguales.
La historia de amor gira alrededor de dos hombres. También aparecen otras tipologías de relación, como las abiertas. ¿Detrás de esto hay un objetivo de dar más visibilidad a diferentes tipos de relaciones en el cine? ¿Crees que el cine, sobre todo en las películas románticas, sigue habiendo poca representación LGTBIQ?
Ramon: Un poco. No es algo sobre lo que me había parado a pensar, pero sí que, sobre todo en el cine más comercial, todo lo que sea una relación entre dos personas de carácter amoroso, sexual o de atracción, sigue unos patrones, metidos en diferentes cajones, pero son o uno o el otro, y hay poco más. Y en realidad creo que la vida no pasa casi nunca por ahí, o si pasa por ahí, es casi por imposición de las películas que hemos visto. Intentamos reproducir el cliché romántico de Hollywood o del sexo salvaje. Es obvio, pero no me había parado a pensarlo, y creo que sí es uno de los valores de la película, retratar un encuentro entre dos personas que está en un territorio mixto. De hecho, creo que es lo que funciona y lo que hace que se vea que hay algo muy tierno en una relación que tampoco es especialmente romántica. La peli habla más de la conexión con alguien, de encontrar a gente con la que conectar, independientemente si te vayas a acostar o enamorar, pero de generar conexiones.
Lucio: O no lo muestran o se enfocan demasiado, por ejemplo, ‘la película de la relación abierta’. Me encanta el momento en que Javi dice que tiene una relación abierta porque Ocho no se mosquea, pues mucha gente esperaría que dijera ‘¿qué, tienes marido?’. Creo que es un forma mucho más real de retratarlo que convertirlo en ‘el momento’. Esto es lo que hace un poco más especial a la película, que no se le pone tanto énfasis en eso, sino que se normaliza.
Hablando de salirse de la norma, ¿es difícil salir de la norma en la industria cinematográfica?
Lucio: Para mí no, de hecho es incluso conveniente. Es verdad que si tienes una película financiada por grandes productoras, uno tiene que ser mucho más cuidadoso porque hay mucha gente que te está mirando y va a poner trabas. Esta película fue muy libre, nadie me dijo, no pongas trece minutos de silencio. Esto me parece importante porque es la única forma de avanzar hacia adelante.
Ramon: Sí, totalmente es esto. Depende de la gente que haya puesto dinero para esa película van a querer controlar el material. Si no hay ese control, se puede ser mucho más libre. Está muy bien ser capaces de levantar películas con poco dinero, pero también pienso que estaría bien un mayor respaldo de las instituciones, es decir, poder trabajar con dinero y con medios y ser libre igualmente.
Ojo al decir, que guai es poder currar así, está muy bien, pero, coño, también queremos que la gente puede trabajar y vivir de esto. También es verdad que, como se ha visto en el cine y en la vida, las cosas que ocurren primero fuera de los límites son las que van moviendo y las que condicionan lo que pasa luego en el cánon. El mainstream se mueve porque se mueve lo que no es mainstream.

A nivel de apoyo de instituciones, como tú, Lucio, has vivido en Nueva York y Buenos Aires, y Ramon, tú actúas en España, ¿me podrías decir un poco si hay diferencias?
Lucio: El problema de Estados Unidos es que no hay muchas producciones estatales, son todas privadas. Esto es malo porque siempre hay un interés económico detrás. En Francia, y creo que aquí también, y en Argentina, el estado paga muchas películas, con lo cual no espera un beneficio sino que tiene un dinero que está hecho para fomentar el cine. A mí, esto me parece importantísimo.
Ramon: En España pasa esto, pero también pasa otra cosa. Hace un tiempo se hizo una ley en la que las grandes cadenas tienen que invertir en cine. Esto que al principio parecía que era bueno, se ha acabado convirtiendo en un lastre porque en las mismas producciones en las que hay dinero público, también hay dinero privado de los dos grandes grupos, A3Media y Mediaset, que quieren controlar sus producciones, por lo que todo acaba tirando hacia un cine muy mainstream. Realmente si no estás en una de estas dos grandes cadenas, lo que queda es algo muy alternativo, se puede levantar, pero se necesita un montón de esfuerzo. Aunque hay dinero público, debería haber más y debería garantizarse la independencia creativa a los creadores.
La película trata de estas pequeñas decisiones en nuestro día a día que llegan a modificar el rumbo de nuestras vidas. Esto se puede extrapolar al cine, pues un diálogo improvisado o un cambio de luz puede hacer variar el resultado final. ¿Tienes alguna anécdota del rodaje que tenga que ver con esto?
Lucio: Una gran decisión de la película fue decidir que los actores no cambiaran físicamente. Para mí este aspecto la ha mejorado muchísimo. Cuando recordamos el pasado nos recordamos iguales, es decir, no recordamos tiempos pasados y nos vemos jóvenes. Creo que es extraña la convención de envejecer en el cine. Por ejemplo, cuando cambian al actor es extraño porque nadie crece para ser otra persona; o, cuando ponen una peluca o maquillaje, aunque sea muy bueno, siempre pienso, ah, es una peluca o es maquillaje. Yo quiero que se entienda esta evolución por la inteligencia de las actuaciones y por la situación. Por supuesto que la gente tarda un poquito en entenderlo, porque no está anunciado, pero a mí eso me interesa, como que el espectador tenga un trabajo.
En una entrevista has dicho que pasaste un verano en Barcelona y que por eso querías hacer una película aquí. Hay muchos planos de la ciudad y de sus edificios… ¿Qué fue lo que te cautivó? ¿Qué querías transmitir con estos planos?
Lucio: Quería ponerme en los ojos de un turista, de una persona que no conoce la ciudad. Si la hubiera escrito de Buenos Aires o Nueva York, ya las conozco mucho para poder imaginarlas como turista. Pero aquí podía imaginar, casi como inventarla. A la vez, me encanta que la ciudad tenga mar, que tenga edificios, que se hable castellano, que haya mucha luz en verano y no llueva demasiado, la arquitectura, las calles o que se puede ir a lugares radicalmente diferentes caminando porque están a cuadras. También tiene un aura de lo pasajero, hay mucha gente que pasa, mucha que se queda y mucha que se va. Una ciudad preciosa y bella.

Un elemento que me ha cautivado es el silencio. Cada vez nos estamos acostumbrando más a vivir deprisa, sin pausa, sin silencio, y que durante los diez primeros minutos no hubiera un diálogo, me pareció muy interesante. ¿Que recurso adopta el silencio en la película?
Lucio: Quería contrastar al personaje de Ocho estando solo en la ciudad con el personaje de Javi. Cuando tu estas solo en una ciudad, te fijas más en los edificios, el tiempo pasa más lento, te tomas un café, comes un sandwich, lees un libro etc. Eres más observador, porque cuando estás con una persona se crea un diálogo y la ciudad como que desaparece. Quería marcar eso en la película, e incluso quería destacar el silencio de como Ocho iba afinando su foco en Javi –cuando lo mira desde el balcón o cuando lo mira en la playa–, para que pareciera como un animal tratando de cazar a una presa. Cuando empieza el diálogo quería mostrar ese contraste de ‘de la nada al todo’.
Ocho me parece un personaje muy interesante, pues me parece que está en un momento de transformación en su vida. Me ha recordado a tu historia el hecho de que decidiera dedicarse a ser poeta. ¿Hay elementos biográficos en la película?
Lucio: Aunque el cine siempre fue mi pasión, puedo decir que me costó que ese fuera mi fuente de ingresos. Siempre quise escribir, y por cobardía o por no lanzarme de una a eso, me decidí por hacer otras cosas mientras también hacía cine. Creo que el personaje de Ocho también hizo eso, aunque le gusta escribir tiene una cosa asegurada para poder vivir, que no está mal, es una forma de subsistencia. Hay gente que es más arriesgada que otros, gente que dice voy a ser pintor y no importa nada; como patatas todos los días, pero voy a ser pintor. Otra gente dice, quiero hacer esto, pero bueno, quiero protegerme para tener algún tipo de sustento e ir tratando de hacer lo otro. Creo que el personaje de Ocho es muy así.
Relacionado con el tema anterior, ¿crees que es posible como creador separar por completo tu obra de tu experiencia?
Ramon: Yo creo que siempre está conectado, en el sentido de que el mundo lo ves a partir de ti y de tu experiencia. O sea, yo entiendo el mundo a partir de lo que a mí me ha pasado y de lo que yo he visto en otra gente. Inevitablemente esto condiciona en cómo yo veo la creación y en cómo veo la interpretación. Eso no quiere decir que todas las cosas sean autobiográficas, o que plasmes aspectos concretos, pero como creador o intérprete es lo que te hace diferente, tu vida. Es imposible separarlo.
Lucio: No entiendo por qué se debería separar la obra del artista. Por ejemplo, pienso en películas que me encantan o libros que me encantan. Son obras, entiendo que hubo alguien detrás, por ahí fue una persona, por ahí fueron varios o por ahí es anónimo. Si me encanta una obra de arte, me interesa saber quién es la persona que lo hizo, por supuesto. Sin embargo, es un tema que tiene muchas ramificaciones. Por ejemplo, ahora vemos que muchos artistas que nos encantan o nos encantaron en la historia, fueron asesinos o violadores. Un caso reciente es el de Polanski. ¿Cómo nos paramos ante eso? Es un tema muy complicado.

Muchas veces los directores utilizan técnicas o rituales con los actores para preparar las actuaciones. ¿Qué tipo de relación se estableció entre vosotros?
Lucio: Creo que el 99% de la actuación es el casting. Cuando eliges a un actor, estás eligiendo muchísimo. O sea, un actor no puede tampoco cambiar tanto, es decir, yo no le puedo pedir a Ramon que sea Brad Pitt. Él es él, y por supuesto él va a afinar bajo su experiencia y se va a poner en la piel de ese personaje, pero va a ser siempre él. La verdad, no hablamos mucho, creo que por tiempo y porque yo tampoco hablaría demasiado, escucharía más sus opiniones. Hay directores a los que les parece hasta peor hablar porque piensan que matan la intuición del actor. Obviamente yo escribí el guion sin conocer a los actores. Cuando ellos aparecen son personas físicas. En ese momento me di cuenta de que ya no era mi voz, era una voz mezclada entre la suya y la mía. Si yo sigo insistiendo en algo que tenía en el guion, va a ser una cosa forzada para ellos, y tampoco voy a conseguir que sea mi voz porque yo no estoy hablando. Para mí es mucho mejor elegir bien, porque creo que serías un muy mal director si tuvieras un muy mal actor. Tuve suerte que los tres actores, también la actriz, son grandes actores, inteligentes y sensibles, y mejoraron el material millones de veces.
Después de la buena acogida de Fin de siglo, ¿qué planes tienes para el futuro?
Lucio: Estoy escribiendo un nuevo largometraje, y estoy trabajando en dos más.
Ramon: Yo estoy empezando a producir una función de teatro que hicimos hace siete años en Barcelona que se llamaba Smiley. Ahora estamos preparando lo que le pasa a los personajes siete u ocho años más tarde (risas), o sea que hay un paralelismo. En principio estrenamos en mayo en el teatro Capitol.

Texto
Emma Vilagran Leal
Retrato
Pietro Bertora

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