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Estamos acostumbrados a verla entre telas, más específicamente entre los preciosos estampados de SuTurno –el estudio creativo donde trabaja junto con el diseñador Javier Gutiérrez Bayo– dando vida a piezas que emanan elegancia y sensibilidad, pero hoy venimos a presentaros su último proyecto, Wood meets Wind, un trabajo hermoso hecho a partir de maderas encontradas en las que el mar y la sal están muy presentes.

Como todo lo que toca Julia Vergara, estos barcos de madera son un ejemplo de belleza atemporal. En ellos se refleja el poder del paso del tiempo, ya que han sido construidos a partir de pedazos de barcos de pesca abandonados a la orilla del mar Menor, que ella misma ha ido recolectando a lo largo de los años para finalmente devolverles la forma de lo que inicialmente fueron: barcos de colores.

¿Quién es Julia Vergara?

Profesionalmente me dedico al diseño de estampados. Tengo una marca propia, SuTurno, y también trabajo de forma freelance para otras empresas de moda y decoración. En mi perfil de Instagram muestro mis intereses visuales y otros proyectos más personales como Inútiles, un trabajo modular sobre cerámica, papel y madera, o Wood meets Wind.

Te hemos oído hablar de Wood meets Wind como una regata de barcos hechos con maderas encontradas, un entretenimiento durante las vacaciones con tu padre, pero no nos podemos creer que algo tan bello sea el resultado de un mero pasatiempo de verano. ¿Cómo y dónde nace Wood meets Wind?

¡Pues la verdad es que sí! Esto es una muestra de que, al menos en mi caso, la mejor inspiración llega cuando me permito jugar y los plazos o el resultado no son lo más importante. Los barcos de madera están realizados a partir de tablones de barcos de pesca abandonados que he ido recogiendo a lo largo de los años. Después, como si de un collage se tratara, cada pieza va encontrando su sitio y se convierte en vela, mástil, ola o casco. Un barco desaparece para transformarse en otro.
Estos tablones tienen un encanto especial, pues con el paso del tiempo han quedado desgastados y dejan al descubierto las capas de pintura anteriores, generando texturas muy atractivas; pero también me interesan sus diferentes formas, por lo que intento modificarlas lo menos posible, jugando con ellas hasta que cada pieza va encontrando su lugar y función. Así nunca hay dos barcos iguales. El montaje lo realizo en el taller de carpintería que tenía mi abuelo en el mar Menor, y aquí la ayuda de mi padre es definitiva. Me encanta trabajar con él porque nos entendemos a la perfección, es un maestro de la sierra y la lija, y tiene herramientas para todo. A su lado siento que no hay límites para la imaginación, porque además conserva como nadie su lado infantil, lo que resulta vital para cualquier proceso creativo.

No es la primera vez que trabajas con madera, pero sí la primera que lo haces de una forma tan artística. ¿Te aporta este material algo que no encuentras en otros soportes?

La madera es un material muy cálido e interesante para aprovechar con todas sus particularidades, como la veta, la dureza, el color, incluso sus imperfecciones. También admite muchas intervenciones, se puede cortar, tallar, lijar, pintar, pegar, tornear… Comencé a usarla de manera natural porque estoy familiarizada con ella desde niña gracias a que mi abuelo era un gran aficionado a la carpintería. Su hobby llegó a un punto casi profesional, y convirtió el garaje de su casa de verano en el mar Menor en un taller en toda regla. Mi abuelo ya murió pero conservamos su maquinaria y todo lo que nos enseñó, así que cada vez que voy de vacaciones aprovecho para materializar allí alguna de mis ideas. Para mí no hay nada más gratificante que hacer las cosas con tus propias manos, poder controlar todo el proceso sin necesidad de tener que explicar a un tercero cómo debería ser cada detalle.

¿Cómo ha sido el camino y los pasos a seguir para llegar a ser quien eres a nivel profesional y creativo?

Siempre he tenido una importante inclinación hacia los ámbitos más artísticos, pero cuando terminé la selectividad y ‘tocaba’ elegir carrera no me encontraba lo suficientemente convencida como para cambiar de ciudad y apostar por unos estudios de bellas artes o diseño gráfico, que eran las dos opciones que existían en aquella época, así que me decanté por arquitectura técnica. Al comenzar a ejercer la profesión me di cuenta de que aquello no era lo mío y no me sentía realizada, así que en mis ratos libres me dedicaba a dibujar, hacer collages, fotografía… Al cabo de unos años vi que todo mi trabajo tenía una orientación muy clara a la repetición, y ¿qué es un estampado si no eso? ¡Ya lo tenía! Quería dedicarme a diseñar estampados. En aquel momento en España prácticamente no existía formación especializada en este tema, así que fui haciendo cursos aquí y allí, hasta que me matriculé en un máster en el IED sobre diseño textil y de accesorios que me sirvió para conocer el mundo de la moda desde dentro y tener un portfolio más serio. Mi portfolio de estampados fue creciendo y había diseños que eran demasiado personales como para encajar en otras empresas, así que me decidí a producirlos bajo la marca que fundé con Javier: SuTurno.
La verdad es que haber estudiado previamente otra carrera, lejos de ser un error, me parece algo enriquecedor. De la arquitectura aprendí muchas cosas que posteriormente me han servido en la manera de abordar el diseño, como el comportamiento de los materiales, la visión espacial o, simplemente, adquirir una disciplina.

Has trabajado para diferentes firmas de moda, como es el caso de tu colaboración con Marc Jacobs. ¿Qué le pides a un proyecto para que te resulte interesante y te apetezca trabajar en él?

El caso de Marc Jacobs funcionó al revés. Yo ya había diseñado unas bolsas a partir de sacos antiguos y fueron ellos quienes se interesaron por ese mismo producto, pero adaptado a una edición especial para sus tiendas.
Suele ser más inspirador que el proyecto sea afín a mis referencias estéticas, pero también me parece un reto trabajar a partir de elementos que siempre he detestado o que nunca me han llamado la atención y tratar de llevarlos a mi terreno.

Tus trabajos emanan belleza, sensibilidad y elegancia, pero ¿dónde o en qué encuentra la inspiración Julia Vergara?

En mi caso, más que en un lugar o en algo material, la inspiración más eficaz llega con un estado de ánimo que me permita mirar y analizar las cosas con calma. Por ejemplo, salir de mi entorno y no tener prisa. Romper con el circuito conocido, aunque sea un barrio diferente dentro de mi ciudad, hace que agudice los sentidos porque todo es nuevo. Me encanta ir a los sitios sin el tiempo medido, para poder desviarme del camino y detenerme tantas veces como me apetezca. Nunca sabes de dónde va a nacer una idea.

Eres un referente para muchos estudiantes de moda y diseño. ¿Crees que es cuestión de talento o de formación, o una mezcla de ambas? ¿Qué consejo les darías?

Todo el mundo tiene talento para algo, sólo se trata de dedicar tiempo a conocerse para descubrirlo y, sobre todo, una vez detectado ser valientes y no menospreciarlo, aunque en un primer momento nos parezca una tontería o que no encaja en ningún canon establecido. En realidad, no sé si es el talento lo que hay que descubrir, sino más bien con qué disfrutas realmente. La formación viene después, puede que no exista una carrera que se amolde a tus intereses, pero si realmente es algo que te motiva eso no es problema, irás encontrando tú mismo las fuentes.
En mi labor docente en escuelas de diseño a menudo me encuentro con estudiantes poco motivados, sin bagaje visual y que van a clase por inercia. Me parece una pena, y creo que es fruto de un sistema educativo erróneo. Creo que quizá aprovecharían más esa formación si antes de matricularse en una carrera dedicaran unos años a conocerse, a madurar como personas y descubrir sus verdaderos intereses. Tampoco creo en la forma de educación clásica en la que un profesor te lo da todo masticado, para aprender y profundizar en algo realmente primero debe existir en el alumno un ansia de aprender, ser proactivos. Mi consejo es que dediquen tiempo a detectar sus aptitudes de la forma más sincera posible y después apuesten por ellas. Que no intenten encajar en un patrón ya existente ni copiar fórmulas ya empleadas por otros, que se atrevan a crear las suyas propias, con las que se encuentren más cómodos.

Sabemos que Wood meets Wind está expuesto en el DoDesign de Madrid. ¿Hasta cuándo podemos pasarnos a disfrutar de tus barcos y hacernos con uno de ellos?

Estarán expuestos hasta el 16 de septiembre. El miércoles 2 de septiembre daremos un vino para quien se anime a acompañarnos. Do Design está en la calle Fernando VI, 13 de Madrid.

¿Tienes algún nuevo proyecto ya en mente?

Sí, pero prefiero no desvelarlos hasta que tomen forma…

TEXTO
ANA MUÑOZ

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