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Se enamoró de la fotografía en un local de conciertos cuando era adolescente, y desde aquel momento se convirtió en su pasión y, más tarde, en su oficio. Juan Naranjo es comisario de exposiciones de arte y tiene una galería en la que también organiza subastas y ofrece servicios como localización de obras. Además, ha sido asesor de la colección de fotografía de la editorial Gustavo Gili y del MNAC, entre otros. Aprovechando la inauguración hace escasos días de la exposición Distinción. Un siglo de fotografía de moda, celebrada en el Museo de Diseño  de Barcelona y que ha comisariado, decidimos entrevistarle para descubrir quién se esconde detrás del montaje y la conceptualización de la muestra, pionera en España.

Ser comisario no es algo con lo que sueñen demasiados niños, me parece (básicamente, porque tampoco saben que existe esta figura, en general). ¿A qué querías dedicarte cuando eras pequeño?

Cuando era niño tenía una visión muy lúdica de la vida. Lo que me interesaba era jugar y leer, y no pensaba demasiado en el futuro.

Te has especializado en la fotografía. ¿Recuerdas cuándo empezaste a admirarla? ¿Hubo alguna foto en particular que te hiciera querer dedicarte a este mundo?

Cuando tenía 17 años fui con unos amigos a un pequeño local en el que hacían conciertos. Podías tomar copas y colgaban obras en las paredes. Una fotografía de arquitectura popular de las que tenían expuestas me llamó la atención. Ese verano fui a Andalucía y, desde un ventana, vi un fragmento de una casa que me evocó aquella fotografía. Me hizo sentir las mismas sensaciones que tuve al contemplarla, ¡fue un momento mágico! Me inició en la previsualización de imágenes, me permitió traducir la realidad, y me hizo pasar de observador a creador.

Eres comisario e investigador en fotografía pero, que yo sepa, no eres fotógrafo. ¿En algún momento quisiste y/o intentaste serlo? ¿Por qué?

Como he comentado, me interesó la fotografía como medio de expresión. Empecé a estudiar en el Institut d'Estudis Fotogràfics de Catalunya, en Barcelona, donde descubrí la historia de la fotografía, que me dejó fascinado. Poco a poco mi interés se concentró en la lectura y en la investigación; dejé de hacer fotografía y pasé a escribir y a publicar textos, y a organizar exposiciones.

El artista y comisario Rubén Grilo nos decía en una entrevista que los comisarios “son como artistas, pero a diferencia de otros, ni hacen arte ni lo exponen. Es el render final de lo conceptual, su ego se manifiesta en la exposición a un nivel puramente cognitivo.” ¿Piensas lo mismo? ¿Te consideras así (como un artista que no produce ni exhibe arte propio)?

No estoy del todo de acuerdo con esta definición. No me siento un artista. Ellos pueden ser mucho más libres en sus planteamientos, parten de otro tipo de premisas, cumplen otras funciones. La historia está presente en muchos de mis proyectos. Como comisario soy muy respetuoso con los usos y las funciones que han tenido las imágenes en cada época. Intento acercar al observador para que pueda entender y tener una visión más amplia, más crítica del tema o del autor que muestro. El comisario acerca, revela, da sentido a lo que expone; obviamente no es un trabajo neutro. Las exposiciones hablan tanto de los artistas que han creado las obras que contienen como de la visión, el conocimiento o el gusto del comisario. La selección, la forma en la que agrupas, la conceptualización que haces, afecta al sentido de las obras. Comisariar, para mí, es una forma de comunicar.

Supongo que en tu casa debes de tener las paredes llenas de fotos. Cuéntame la historia de alguna de ellas…

No tengo las paredes llenas de fotos, mi casa tiende más al minimalismo que al gabinete del coleccionista (risas). Entre las imágenes que tengo expuestas hay fotografías, pero también obras realizadas con otras materias artísticas, como una de las aguadas expresionistas y abstractas que realizó Eugenio Lucas en 1850 y 1860. Entre las fotografías, tengo una que Constantin Brancusi realizó de una de sus esculturas; el estudio para el retrato de la baronesa R.F., c. 1908; una de Pere Jaume, pintura para exteriores de 1990; y una fotografía de Alejandro Cabrera que hizo para Loewe Hombre en 1988.

A pesar de tener una empresa que se encarga de localizar y adquirir obras, siempre habrá alguna que se escape. ¿Qué fotografía imposible de conseguir ahora mismo te gustaría añadir a tu colección personal en algún momento?

Tengo una galería que organiza exposiciones, subastas y ofrece diversos servicios como la localización de obras. Sé lo difícil que es, muchas veces, poder comprar o incluso conseguir el préstamo de una obra que te interesa mucho para una exposición, subasta, colección… Aunque lo más difícil para mí, que estoy todo el día viendo imágenes, es encontrar algo que no forme parte de los manuales de historia, de las colecciones de museos que hacen soñar a los coleccionistas. Lo que más me ilusiona es poder ver o adquirir lo que no soy capaz ni de imaginar que existe.

Tu proyecto más reciente es la exposición Distinción. Un siglo de fotografía de moda en el Museo del Diseño de Barcelona. Has organizado el discurso de las más de 140 fotografías a través de siete ámbitos distintos. ¿Por qué decidiste hacerlo así? ¿Qué otros planteamientos surgieron?

Uno de los grandes retos de la exposición era crear una narrativa que ilustrase la evolución de la fotografía de moda, ya que es la primera vez que se hace en España. La fotografía de moda es un género que no ha estado categorizado, no se ha estudiado. La exposición se ha organizado en una serie de ámbitos conceptuales que son los que mejor muestran los debates, la conexión de la fotografía de moda con el arte y con las corrientes de pensamiento innovadoras, con la evolución de comunicar y promocionar la moda a través del medio impreso.

La exposición combina obras de artistas ya fallecidos con la de figuras actuales como Txema Yeste o Manuel Outomouro. ¿Has trabajado personalmente con ellos? ¿Han visto el resultado final?

No he trabajado con ninguno de los fotógrafos que participan en la exposición; hasta el final de proyecto no han sabido qué fotografías se habían seleccionado. Después de inaugurar la exposición, la opinión general que ha suscitado ha sido buena.

A lo mejor es un poco difícil pero… dime cuál es la foto de toda la exposición que más te gusta y por qué.

Es una exposición planteada en términos de representación. Todas las imágenes se han escogido por su importancia, para ilustrar la conexión de la fotografía de moda con los debates y con los planteamientos de las épocas en las que fueron hechas. Todas son importantes. Esto se ve perfectamente en la forma de organizar la exposición, en la agrupación de las fotografías.

En mi opinión, y a lo mejor me equivoco, en este país acostumbramos a no hacer caso del talento nacional y a confiar más en personajes internacionales. Nombres como Tim Walker, Inez & Vinoodh o Nick Knight suenan en muchas cabezas, pero el de Manel Esclusa o Antoni Bernad no. ¿Qué opinas tú? ¿Por qué se admira tanto a los artistas de fuera?

Los fotógrafos de moda internacionales tienen mucha más visibilidad institucional y en los medios que los fotógrafos españoles. La fotografía de moda en EE.UU, Francia, Reino Unido, Alemania o Italia hace mucho tiempo que está presente en museos, colecciones, exposiciones y publicaciones, a través de las que se han proyectado los nombres de determinados creadores a los que les han dado una gran visibilidad. En España, la fotografía de moda es un género que ha estado muy poco valorado, que no ha sido estudiado, ni ha estado presente en las colecciones de los museos. Estos hechos hacen que los fotógrafos de moda históricos españoles, por importantes que hayan sido, sean prácticamente desconocidos y no tengan visibilidad. La labor pionera del Museo del Disseny de Barcelona con la realización de una colección de fotografía, junto con la organización de exposiciones y publicaciones como la de Manuel Outomuro y Distinción. Un siglo de fotografía de moda empieza a solucionar esta gran carencia que había en España.

¿En qué otros proyectos trabajas actualmente?

Estoy preparando diferentes proyectos: una exposición de fotografías de época de Antoni Arissa que presentaré en mi galería en enero de 2016; una subasta de fotografía latinoamericana del siglo XX; y estoy terminando un texto sobre Julia Margaret Cameron para el catálogo de una exposición que organiza la Fundación Mapfre.

¿Cómo te ves dentro de cinco años? ¿O cómo te gustaría verte?

Entre dispositivos, libros, fotografías, obras de arte; imaginando, jugando, escribiendo como ahora, o como cuando era un niño.


Texto
Jorge Lorenzo

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