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Después de experimentar en varios sectores artísticos, José Duacastella se decantó por los collages surrealistas y el mundo del arte digital. “Mi sensación es que el mundo es absurdo e injusto y al mismo tiempo que absolutamente todo tiene su maravilla”, asegura.

El artista juega a crear historias semiestásticas con texturas y colores suaves. Sus obras suelen girar en torno a los mismos conceptos: pequeñas figuras que conviven en soledad y rodeados de escenarios imponentes. De hecho, piensa que “la belleza del mundo que nos rodea es abrumadora y nuestra presencia cada vez más visiblemente insignificante”.

Otra de las fascinaciones del argentino es el movimiento del agua. Por eso, para hacer realidad las ilustraciones animadas en 3D como Arctic Lodge suele recurrir a ella. “El agua es el tiempo real y nosotros somos una anécdota”, nos cuenta. Sin duda, no hay obra suya que no invite a la reflexión y, ya sea con colaboraciones de artistas como Franco Meconi o a solas, Duacastella nos ha conquistado.

Trabajas como compositor de música, pero una de tus grandes pasiones son la construcción plástica y el arte digital de fotomontaje. ¿Cuándo empezó a interesarte el mundo del arte?
Siempre me interesó el arte, estuve en bandas de música, escribí poesía y cuentos… cuando era pequeño incluso dibujaba mucho. Pero en la facultad de música tuve clases de artes plásticas como materia complementaria y me apasionó el recorrido que hicimos de la historia del arte. Muchos años después empecé a usar el Photoshop para experimentar con imágenes y aquí estoy, viviendo de hacer este trabajo todos los días.
¿Cómo describirías tu estética en pocas palabras?
Creo escenarios surrealistas. Mi intención es que sean interesantes a la vista, y que contengan la cantidad justa de información como para contar una historia, transmitir una emoción, generar cierta movilización en el espectador. Mi sensación es que el mundo es absurdo e injusto y al mismo tiempo que absolutamente todo tiene su maravilla. Esas dos consideraciones siempre están presentes cuando intento comunicar algo.
Creas historias semiestáticas, con texturas y colores suaves, y también cierto humor. ¿Qué te inspira a diario para realizar las composiciones artísticas? ¿Vienen de tu imaginación, se basan en experiencias y emociones personales…?
El trabajo que hago tiene como base fotografías de magníficos fotógrafos. Ellas mismas representan de por sí una inspiración. Mi trabajo es hacer algo nuevo con el material. De hecho, estoy empezando a crear mis escenarios con softwares 3D que me permitan conseguir el mismo objetivo desde cero. Cada trabajo es resultado de un juego. Me divierto haciéndolo. Es mi imaginación puesta a trabajar a diario con un objetivo concreto y, claro, siempre termino hablando de los mismos temas. Me veo a mí mismo haciendo trabajos que incluyen personajes pequeños inmersos en escenarios imponentes, y eso es porque pienso que la belleza del mundo que nos rodea es abrumadora y nuestra presencia cada vez más visiblemente insignificante.
También pienso en la soledad, en las cosas que se oyen solo cuando hay silencio, en la maravilla de lo sutil. Mi trabajo Wind es un ejemplo de ello. Una pileta en medio de la nada con un inflable de unicornio flotando sobre el agua y dejándose mecer. Es la magia de lo que sucede, aunque nadie lo vea, de una danza ridícula y hermosa. A mí esos juegos me resultan hipnóticos.
¿Qué es el arte gráfico para ti?
No lo sé bien, pero creo que me atrae mucho del arte gráfico su capacidad para narrar una historia sin los recursos del movimiento en el tiempo, es maravilloso. Y me hace pensar mucho en la poesía. Es la imagen que cuenta la historia en economía de recursos. Poco a poco voy agregando movimiento a las obras, pero no deja de ser un detalle. Es casi imperceptible, pero obliga al espectador a detenerse. Eso también me gusta del arte gráfico: la obvia detención puede ser más veloz que todo.

Has creado proyectos donde muestras que la sencillez, el misterio y la belleza pueden estar en perfecta sintonía como por ejemplo en High Door Orange, donde elegiste la luz, el cielo y, por supuesto, la puerta como escenario; u Océano mar, donde la superposición es la clave. Ambas obras me trasladan del mundo real a un sueño, ¿es esa la intención que hay detrás? ¿Qué esperas que perciba el espectador con ellas?
Es que en los sueños uno construye cosas maravillosas. Escenarios delirantes, arquitecturas complejas, movimientos de cámara, texturas. Evidentemente tenemos una capacidad de diseño fantástica. A mí me gusta hacer uso de alguna de esas contradicciones que se presentan en los sueños: el mar que termina en una pared (sueño que, mejor que nadie, tuvieron los creadores de The Truman Show) el cielo que ofrece una puerta de oficina, el firmamento que se parte como un escenario de teatro, el mar que se quiebra a noventa grados… nada que no se haya visto antes. Yo intento disfrutar del resultado visual de lo que creo. Espero que el espectador haga lo mismo y que se permita sumergir en un sueño por unos instantes.
Aparte, también trabajas con ilustraciones animadas en 3D como en el caso de Arctic Lodge, Vertex o Every Man Is an Island, donde el agua es el elemento en movimiento en cada una de ellas. ¿Qué simboliza el agua para ti? ¿Por qué elegir su movilidad?
El movimiento del agua es algo que me apasiona. Dicho así suena raro, pero si pensamos que hay cursos de agua que no se han detenido en cientos de miles de años y cuya fuerza no merma… ¡es de locos! Agua que está desde antes que nosotros y que seguirá estando cuando nos vayamos. El agua es el tiempo real y nosotros somos una anécdota. Y el hecho de que todo eso suceda con o sin nosotros para verlo me da pavor, un pavor hermoso. Elijo la movilidad del agua para ilustrar aún más lo estáticos que somos. Lo puntuales que somos en el curso de la historia; es algo lindo.
¿Cuánto tiempo sueles dedicar a una idea de este calibre hasta que la haces realidad?
Una vez tengo clara una idea no suelo tardar mucho más de 3 o 4 días de trabajo intenso hasta terminarla. Pero puedo pasar muchos días buscando el mejor punto de partida para elaborar una composición.
Me he fijado que Solitaire, Thought-loop Room o Recurrent Dream, entre otros, tienen en común un ser humano diminuto rodeado de un gran paisaje abstracto. Me pregunto si es una alegoría la importancia de la salud mental.  O quizá que tener tiempo para uno mismo está bien... Al menos eso es lo que a mí me sugiere...
No, no se trata de eso. ¡Pero eso no está mal! Es fundamental cuidar la salud mental. En general es esto que vengo contando: la asimetría que existe entre nosotros y el mundo que nos rodea. Somos mínimos entre tanta maravilla. Y, sin embargo, una figura diminuta puebla un espacio. Alcanza con ver la silueta del personaje para entender que ese espacio ya está conquistado, que ya tiene quien lo ocupe. Esa es la fuerza que tiene nuestra presencia también. Son dos caras del mismo encuentro entre nosotros y lo que nos rodea. ¿Qué somos en relación con lo que nos rodea? ¿Cómo ocupamos el espacio? ¿De qué manera nos vinculamos con él? Siempre incluyo personajes que están contemplando e imagino que es porque pienso que es lo mejor que podemos hacer.

Cuéntanos un poco el mensaje de Future Nostalgia. Afirmas que “vamos a extrañar la tierra que dejamos atrás, la que tuvimos que dejar atrás. En el apogeo del futuro distópico, decoraremos el nuestro con las imágenes de la naturaleza descarriada”. ¿Dirías que hay que hacer un cambio de percepción sobre el mundo en el que vivimos?
Sin duda creo que no hemos entendido nada respecto a cómo vincularnos con el espacio que ocupamos. Ni con el tiempo que ocupamos. No lo he entendido yo tampoco, no es que venga a compartirlo con ínfulas de iluminado. Pero todos pensamos en algún momento en el fin del mundo, que no es otra cosa que nuestro fin solamente, e incluso no dejamos de fantasear con ello. Es otro tema que me apasiona, porque el fin del mundo nos pondría en una situación límite y el misterio está en cómo reaccionaría cada uno de nosotros. No deseo en absoluto el fin del mundo, pero creo que su posibilidad nos sobrevuela constantemente y sin duda la pandemia lo puso de relevancia.
En un mundo en el que nos vemos obligados a permanecer encerrados, el exterior cobra un valor sin precedentes. En un futuro distópico donde no tengamos acceso a esto que amamos puede que se nos dé por decorar las casas con imágenes de la naturaleza extraviada. Y que lo hagamos incluso sin haber extraído una cabal enseñanza sobre nuestra responsabilidad al respecto.
Pasemos a hablar del proceso creativo. ¿Sueles tener claro desde el principio cómo enfocar una idea y los elementos que utilizarás o van improvisando sobre la marcha? ¿Sueles trabajar directamente en formato digital o eres de hacer primero un dibujo a mano?
Voy improvisando sobre la marcha. Primero elijo un escenario de referencia: un espacio determinado, algún tipo de luz, un material particular (tierra, agua, arquitectura) y sobre ello voy armando la obra. Siempre trabajo en formato digital. Si de pequeño tenía alguna capacidad para dibujar a mano alzada la perdí en el camino.
Recientemente, has colaborado con el astrofotógrafo, Franco Meconi, para Man & the Moon. Has utilizado una de sus fotografías sobre nubes para hacer uno de tus, estéticamente, simples collages, pero con detalles muy elaborados. ¿Cómo ha sido trabajar con él? ¿Os ha costado poneros de acuerdo o más bien al contrario?
No, ha sido un placer enorme. Franco es un amigo y un artista al que admiro muchísimo. No conozco a nadie que sepa lo que sabe él sobre su especialidad. Yo lo invité a permitirse una exposición más artística (además de la de divulgador científico) porque creo que lo que hace requiere de un arte finísimo. Nos pusimos de acuerdo muy fácilmente y mi trabajo fue sencillo. Le di cierta materialidad a su nube, la transformé en plataforma para este hombre fascinado por la luna. El mérito es de la gran fotografía de Franco.
¿Te has planteado hacer más colaboraciones en el futuro? ¿Con quién te haría especial ilusión?
Si, tengo varias en carpeta. Algunos artistas como Disturbug, Claudio Fabietti, Nathalie Huijbers, y una nueva colaboración con Franco Meconi. Me encantaría trabajar con artistas que admiro como Andrea Marcias o Catelloo y quizás algún día de hecho suceda.

Texto
Blanca Roca Porta

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